EN LA OPINIÓN DE:
LAS INCONSISTENCIAS DE LA REFORMA A LA LEY DE AMPARO: UN ANÁLISIS JURÍDICO
“Columna Invitada”
Por el Dip. y Lic.Hugo Alday Nieto
La reciente iniciativa de reforma a la Ley de Amparo, no ha estado exenta de críticas por parte de juristas, académicos y organizaciones defensoras de derechos humanos. Y esto se debe principalmente a la desnaturalización de un juicio cuya única razón de existir es la de defender a los ciudadanos de los abusos del poder, y que, con la reforma planteada, lejos de fortalecer el juicio de amparo como instrumento de control constitucional y convencional que refuerce el control difuso en favor de los grupos minoritarios y de aquellos en estado de vulnerabilidad, la reforma plantea inconsistencias que podrían debilitar el acceso a la justicia a los que menos oportunidades tienen, y de paso, erosionar más el equilibrio entre poderes.
Restricción indebida de la suspensión del acto reclamado
Uno de los puntos más controvertidos es la modificación al artículo 129 de la Ley de Amparo, que regula la suspensión del acto reclamado. Cuando se ponga en riesgo en interés social, mismo que a la fecha cuenta con 13 fracciones perfectamente delimitadas y definidas para que el juzgador no pueda ir más allá de lo que la Ley establece. Sin embargo, la reforma establece que no procederá la suspensión cuando se trate de actos relacionados con la seguridad nacional, la seguridad pública o la salud pública, sin definir con precisión estos conceptos y dejándola abierta a la interpretación de cualquier jugador que puede dejar en estado de indefensión al quejoso en un juico de amparo al no definirse con claridad estos supuestos.
Reiterando, esta ambigüedad normativa abre la puerta a interpretaciones discrecionales por parte de jueces y autoridades administrativas. Como señala el constitucionalista Miguel Carbonell, “la suspensión es la garantía de que el juicio de amparo no se vuelva ilusorio; sin ella, el daño puede consumarse antes de que el juez se pronuncie”. (Carbonell, M. (2025). El amparo como garantía efectiva. Revista Jurídica UNAM).
En un ejemplo del absurdo sería aquel juicio de amparo que promuevan quejosos por el inconstitucional cobro del derecho de alumbrado público, donde la suspensión del cobro inconstitucional pudiese ser negada por parte del juzgador hasta a sentencia por considerar que se pone en riesgo la hacienda municipal, y así, sostener un daño al quejoso por la fata de definición en la norma, máxime si el juzgador no tiene experiencia en amparo.
Reducción del interés legítimo: exclusión de colectivos
La reforma también modifica el artículo 5º de la Ley de Amparo, restringiendo el concepto de “interés legítimo” a quienes acrediten una afectación directa, personal y actual. Esto excluye parte del contenido de la fracción I de dicho artículo que reconoce el derecho a comunidades, organizaciones civiles y defensores de derechos difusos, como el medio ambiente o la salud colectiva, lo que limita principalmente a aquellos grupos de personas con menos recursos para contratar en lo individual a un abogado y sostener cada uno de ellos su interés, permitiendo que los actos indebidos de las autoridades prevalezcan en detrimento de grupos minoritarios.
Juristas como Luisa Conesa han advertido que esta modificación contradice el criterio sostenido por la Suprema Corte en casos como el amparo en revisión 307/2016, donde se reconoció el interés legítimo de comunidades indígenas frente a megaproyectos. La reforma, en este sentido, representa un terrible retroceso en la democratización del acceso a la justicia.
Un ejemplo de ello, pueden ser los juicios de amparo que respaldaron el rescate de Tajamar en Cancún, o bien, aquellos que lograron rescatar el agua de pueblos originarios en el norte del país. Sin duda, esta reforma a la fracción I del artículo 5 de la Ley de Amparo, además de ser contraria al artículo 1 de la Constitución Política es totalmente convencional, si es que aún consideramos que somos parte de tratados y convenciones internacionales que recogen derechos humanos.
Falacia de composición en el diagnóstico del abuso
La argumentación jurídica desde la perspectiva legislativa se sustenta en la capacidad que se tiene para fundar y motivar las pretensiones que impulsan una norma que debe contar con diversos requisitos de estudios de derecho comparado y de un estudio constitucional para no afectar el estado de derecho, independientemente de los posibles ejercicios de legisprudencia y fronética legislativa, que sirven para sostener la juridicidad de una propuesta de reformas.
En este sentido, la exposición de motivos de la reforma se sustenta en diversos juicios de amparo contra la UIF, en cintera de las obras estratégicas como el Tren Maya o el Corredor Interoceánico, y varias más, como si el ejercicio del derecho fuera un elemento negativo en una sociedad. Sin embargo, como advierte el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, esta cifra no prueba abuso del juicio de amparo, sino la magnitud de los actos impugnados y la preocupación ciudadana por su legalidad, y sobre todo, la capacidad de grupos de personas para ejercer el derecho individual y colectivo, sin que una demanda de amparo represente una afrenta a un partido o a un grupo de poder, ya que desde el siglo XIX el juicio de amparo ha tenido la finalidad de combatir actos o leyes que los ciudadanos consideran que lesionan sus derechos.
Riesgo de regresión democrática
El juicio de amparo, consagrado en el artículo 103 constitucional, es una garantía individual y colectiva frente a actos arbitrarios del poder público. Debilitarlo mediante reformas regresivas contradice el principio de progresividad de los derechos humanos, establecido en el artículo 1º de la Constitución, como ya hemos mencionado.
Además, al limitar la posibilidad de suspender actos administrativos, se reduce el margen de acción del Poder Judicial como contrapeso institucional. Como ha señalado el ministro en retiro José Ramón Cossío, “el amparo no es un obstáculo para el desarrollo, sino una válvula de seguridad democrática”. (Cossío, J.R. (2025). El juicio de amparo y la democracia. Nexos).
Conclusión
La reforma a la Ley de Amparo, en sus términos actuales, presenta inconsistencias jurídicas, democráticas y técnicas. Si bien es legítimo revisar y actualizar los instrumentos procesales, ello debe hacerse con base en principios de legalidad, proporcionalidad y respeto a los derechos humanos, y sobre todo, escuchando a los conocedores del derecho, ya que de lo contrario, se corre el riesgo de erosionar uno de los pilares del constitucionalismo mexicano y con ello, la vida seguirá como siguen las cosa que no tienen mucho sentido.
EN LA OPINIÓN DE:
El amor también se come: el vínculo secreto entre el nosotros y la comida
Porque no sólo compartimos platos: en cada comida compartida se tejen historias, afectos y vacíos que hablan de cómo amamos, cómo nos vinculamos y cómo aprendimos a sentirnos acompañados.
Conciencia Saludablemente
Por: Picol Alex Barrera
Hay algo profundamente simbólico en invitar a alguien a comer. Las primeras citas suelen ocurrir alrededor de una mesa, las reconciliaciones incluyen cenas especiales y las celebraciones importantes casi siempre se acompañan de platillos compartidos. Si lo observas con atención, gran parte de nuestras interacciones sociales —y especialmente las amorosas— están mediadas por la comida. No es casualidad. Comer juntos es una de las formas más antiguas de construir vínculo.
Desde la antropología sabemos que compartir alimentos fortalece la cohesión social y genera sensación de pertenencia. En términos psicológicos, la comida actúa como un ritual: crea un espacio de intimidad, sincroniza tiempos y favorece la conversación. Investigaciones en conducta social han mostrado que comer en compañía aumenta la percepción de cercanía y cooperación entre las personas. Cuando dos personas comparten la mesa, no sólo comparten nutrientes; comparten atención, miradas, historias.
En el contexto de las relaciones amorosas, la comida se convierte en lenguaje. Cocinar para alguien puede ser una forma de cuidado; aceptar lo que el otro prepara puede vivirse como validación. Muchas parejas construyen recuerdos afectivos ligados a sabores específicos: “nuestro café”, “nuestro restaurante”, “la receta de aniversario”. El amor se ritualiza en la experiencia sensorial.
Pero quiero explicarte algo más profundo: este vínculo entre amor y alimentación comienza mucho antes de la pareja. Desde el nacimiento, el acto de alimentar está asociado al afecto y la regulación emocional. La lactancia o la alimentación temprana no sólo cubren una necesidad biológica; también calman, organizan el sistema nervioso y generan apego. El cerebro aprende que comer está ligado a sentirse seguro. Por eso, en la vida adulta, la comida puede convertirse en un sustituto simbólico del afecto.
Aquí es donde la dimensión emocional entra con fuerza. Muchas veces, en las relaciones amorosas, la comida no sólo es encuentro, sino compensación. Después de una discusión, aparece el “vamos a cenar para arreglarlo”. Frente a la distancia emocional, surge el intento de reconectar a través de un detalle gastronómico. Y aunque estos gestos pueden ser genuinos y positivos, también pueden encubrir dinámicas más profundas.
La psicología ha estudiado cómo las emociones influyen en la conducta alimentaria. El llamado emotional eating describe el consumo de alimentos en respuesta a estados emocionales, más que a hambre fisiológica. En relaciones donde existen carencias afectivas, ansiedad o inseguridad, la comida puede funcionar como regulador sustituto. No es raro que algunas personas experimenten mayor consumo de alimentos altamente palatables[i] en momentos de conflicto o soledad.
Además, el estrés relacional activa respuestas fisiológicas. Cuando vivimos tensión en la pareja, aumenta el cortisol, hormona vinculada al estrés, lo que puede modificar el apetito y favorecer elecciones menos saludables. Es decir, los conflictos amorosos no sólo duelen emocionalmente; también impactan en la forma en que comemos y metabolizamos, ¿les suena el cliclé de comer helado cuando se sufre por amor?, aunque es un simbolismo acunado por la cultura pop, también es ciencia.
Existe otro fenómeno interesante: la sincronización de hábitos alimentarios en la pareja. Estudios muestran que, con el tiempo, las parejas tienden a adoptar patrones similares de alimentación y estilo de vida así lo demuestra el estudio realizado por Homish y que tituló “Influencia conyugal en los comportamientos generales de salud en una muestra comunitaria”. Esto puede ser protector cuando ambos construyen hábitos saludables, pero también puede amplificar conductas poco favorables si la relación gira en torno a excesos constantes o a una dinámica donde la comida es el principal canal de conexión.
Es importante que sepas que la comida no es el problema. El problema aparece cuando el alimento sustituye conversaciones necesarias, cuando el “te cocino” reemplaza el “te escucho”, o cuando la mesa se convierte en el único espacio de intimidad. El amor necesita diálogo emocional, no sólo rituales compartidos.
También ocurre lo contrario: relaciones donde la comida se vuelve campo de control. Comentarios constantes sobre el peso, la apariencia o lo que el otro come pueden dañar la autoestima y generar ansiedad alimentaria. La nutrición, en estos casos, deja de ser placer y se convierte en vigilancia. Y el amor, lejos de nutrir, comienza a desgastar.
Por eso, cuando hablo de que “el amor también se come”, no me refiero sólo al acto literal de compartir alimentos, sino a la manera en que las relaciones nos nutren o nos vacían emocionalmente. Una relación sana favorece hábitos más equilibrados, promueve el autocuidado y genera bienestar psicológico. Una relación crónicamente conflictiva puede alterar el sueño, el apetito y la salud general.
Aquí es donde la terapia psicológica adquiere un papel fundamental. En el espacio terapéutico se exploran los significados que cada persona ha construido alrededor de la comida y el afecto. Se identifican patrones aprendidos en la infancia, se trabaja la regulación emocional y se fortalecen habilidades de comunicación en pareja. Enfoques como la terapia cognitivo-conductual o la terapia centrada en emociones han mostrado eficacia tanto en la mejora de la dinámica relacional como en la reducción de conductas alimentarias desreguladas.
La terapia también ayuda a diferenciar: ¿estoy comiendo porque tengo hambre o porque me siento solo? ¿Estoy ofreciendo comida como gesto amoroso o evitando una conversación incómoda? Estas preguntas no buscan culpar, sino generar conciencia, y si el apoyo para encontrar las respuestas se hace necesario pues al ser practicas normales dentro de nuestra sociedad, es difícil identificar y sobre todo aceptar que quizá no te estoy alimentando por amor, sino para llenar vacíos que muchas veces están en nosotros, pero que no podemos identificar si no es con la ayuda de algún especialista.
Nos mintieron, nos dijeron que la abundancia alimentaria refleja el éxito, nos dijeron que “Barriga llena, corazón contento” y que “Al hombre se le conquista por el estómago”, pues no, porque no todos los vacíos se llenan con comida, una mesa llena de comida no siempre significa éxito, con la barriga llena el corazón no se repara, por el contrario, puede descomponerse más y no, por supuesto no, la comida no es el factor determinante para que alguien te ame.
Dicho lo anterior quiero dejarte con esta reflexión: compartir la mesa puede ser uno de los actos más bellos del vínculo humano. Cocinar juntos, descubrir sabores y celebrar alrededor de la comida fortalece la intimidad. Pero el amor no puede sostenerse únicamente con cenas especiales. Necesita escucha, validación, límites y cuidado mutuo.
Sí, el amor también se come, pero sobre todo, el amor verdadero nutre. Y cuando aprendemos a distinguir entre hambre emocional y necesidad afectiva, comenzamos a construir relaciones que alimentan el cuerpo sin dejar de cuidar el corazón.
[i] Alimentos palatables: productos diseñados o percibidos como altamente agradables al gusto por su combinación de azúcar, grasa y/o sal, junto con características sensoriales como textura y aroma. Estas propiedades estimulan el sistema de recompensa cerebral, aumentando el placer y la probabilidad de consumo repetido, más allá de las necesidades energéticas.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si le interesa el tema se recomienda la lectura de…
Cuando la comida sustituye al amor: La Relacion Entre las Carencias Afectivas y Nuestra Actitud Ante la Comida de Geneen Roth (2016). Editorial Urano.
Este texto aborda la relación entre alimentación, emociones y vínculo afectivo desde una perspectiva psicológica accesible para público general.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
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EN LA OPINIÓN DE:
ROMA Y LA PRIMERA COALICIÓN POLÍTICA
“EN LA OPINIÓN DE”
Dr. Hugo Alday Nieto
En Mexico y en gran parte del planeta, se relaciona a Roma como un Imperio y por lo general solo se reconoce a Julio Cesar como el mayor político, militar, abogado y estratega de aquellos entonces. Sin embargo, poco se sabe que antes del imperio que se funda con Octavio Augusto (primero en llevar el título de Augusto), existió una república que, aunque su nombre sea engañoso, fue gobernada por tiranos como Lucio Cornelio Sila, quien es prácticamente el que desató el hambre de Cayo Julio para llegar al poder.
Ese dictador, Sila, fue muy parecido en sus formas al emperador Domiciano, el menor de la dinastía Flavia que honrosamente representa Vespasiano un buen gobernante, cuyo apellido fue arrastrado por el hijo menor, Domiciano que, convertido en un tirano. Fue traicionado y asesinado por su propia familia por afinidad. Al igual que Cayo Julio termina sus días en manos del hijo de su amante. Bruto. No hay menor definición que la que lleva por nombre.
Todo esto no sería necesario mencionar de prefacio, si la nueva escuela mexicana hubiera dado resultados y no hubiese terminado como lo que es hoy, un mercado de lágrimas televisado, con corrupción expuesta a discreción y con las aulas repletas de niños y jóvenes sin preparación suficiente. Carne de cañón para la manipulación como fue con los populares de entonces.
Entrado a tema, la primera coalición de Roma fue una alianza político-económica-militar entre el 60 y el 53 aC, entre Cayo Julio Cesar, Pompeyo y Craso. Un pacto que se sostenía incluso con el patrimonio de las familias de estos por medio de matrimonios.
Esta coalición fue tan exitosa, que aún y cuando los tres sujetos eran “patricios”, lograron que los populares (algo así como el partido del pueblo) los eligieran sobre los optimaes (el partido de los patricios), logrando controlar el Senado, las legiones y con ello, el motor político y económico de la república.
Para ello usaron diversos argumentos como el de exhibir la corrupción de la dinastía Cornelia que gobernaba entonces, y que, con ayuda de varios abogados de gran poder como el mismo Marco Tulio Cicerón, abrieron el camino para ablandar políticamente al senado. Un caso fundamental fue el de Lucio Sergio Catilina, senador cuya tremenda corrupción quedó marcada en el famoso discurso conocido como “las catilinarias” elaborado de forma brillante por Cicerón.
Esta coalición logró todo lo que se planteaba, desde la búsqueda de las Galias, hasta el control comercial de toda Roma. Sin embargo, mientras la república aún y con sus tiranos esporádicos se sostenía en el gobierno colegiado como principio, y con cargos anuales rechazando siempre la monarquía. La coalición de Julio, Craso y Pompeyo, llegó a acumular tanto poder que impuso un nuevo orden.
Julio César llegó a nombrarse dictador perpetuo obteniendo del senado los poderes exclusivos en materia civil, militar y religiosa. Con ello se transforma en la única figura de autoridad de Roma y elimina todos sus contrapesos.
Este exceso de poder impulsado desde los populares desembocó en el rompimiento de la coalición, a partir de la muerte de Julia. La hija de Cayo Julio casada con Pompeyo, iniciando desencuentros entre ambos, que terminaron de estallar con la muerte de Craso en una batalla.
Cayo Julio Cesar, el máximo líder terminó traicionado a sus aliados y acumulando todo el poder de Roma. Y ese mismo poder lo llevó a su muerte en una traición de sus propios senadores en el año 44 a.C. en manos su hijastro (por así decirlo).
Su muerte provocó un aguerra civil entre optimaes y populares, que, con el paso del tiempo llevó a Roma a instaurar el primer Imperio en el 27 a.C. con el Augusto, Octavio.
Sin lugar a duda, esta historia de la primera coalición de Roma debe darnos muchas enseñanzas para que, quienes participamos de las mismas no caigamos en los mismos errores. De no ser así, las alianzas seguirán, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.



















