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GUERRA DE LAS FALACIAS…

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“Columna Invitada”
Por el Dip. y Lic.Hugo Alday Nieto

En una galaxia muy muy lejana, grupos antagónicos autodenominados como conservadores y liberales, buscaban controlar políticamente el universo y para ello, comenzaron a hacer uso de diversas estrategias argumentativas retomadas de las antiguas Grecia y Roma, a las que la doctrina definió como falacias. Éstas, en estricto sentido, son enunciados que pueden ser persuasivos para las mayorías, o para el auditorio al que se dirigen los que las sustentan, y son efectivas cuando tienen un impacto psicológico o sensible en los receptores. Pero una vez que estas falacias son analizadas a detalle, pueden revelar que se trata de argumentos incorrectos desde el punto de vista lógico.
Para Aristóteles, las falacias son argumentos que parecen buenos o correctos, sin que lo sean. La característica principal de un argumento falaz, consiste en tener la apariencia de ser correcto, provocando confusión o engaño.

A su vez, Manuel Atienza, señala que existen tres tipos de falacias, las formales, materiales y pragmáticas. La falacia formal requiere la elaboración de una inferencia inválida, como puede ser una generalización apresurada. Las falacias materiales utilizan razones que no son del tipo correcto, como expresiones antiguas, o alguna falsa analogía. Y las falacias pragmáticas pueden ser retóricas o dialécticas, con el uso abusivo de un argumento de autoridad, o infringiendo las reglas del debate.

Para Stephen Toulmin, las falacias se dividen en: falacias debidas a falta de razones; falacias de razones irrelevantes; falacias producidas por razones defectuosas; falacias, propiciadas por suposiciones, no garantizadas, y falacias, ambiguas.

John Stuart Mill, por su parte, nos dice que existen las falacias, a priori, las falacias de observación, las falacias de no observación, las falacias de generalización, de confusión y de raciocinio.

Así pues, el término falacia se utiliza de manera general para definir un argumento o un enunciado que es incorrecto, o que es falso en sus conclusiones. Dentro de los casos más comunes de estas falacias, se encuentran principalmente la de apelación a la ignorancia, denominada de acuerdo a su origen como argumentum ad ignorantiam y la apelación a la autoridad o argumentum ad verecundiam.
En este sentido, vamos a hacer un ejercicio práctico con dos ejemplos semejantes, pero que han sido tratados con diversos argumentos falaces tanto de un grupo político, como del contrario:
a) La afirmación de que el expresidente Felipe Calderón sabía que García Luna, tenia tratos con el narcotráfico por ser su secretario de seguridad.

b) La afirmación de que el expresidente Andrés Manuel López sabía que el grupo de Augusto López, tenia tratos con el huachicol por ser su secretario de gobernación.
Es así como, iniciando con la falacia de apelación a la ignorancia se puede afirmar como conclusión que los enunciados son verdaderos o falsos, apoyándose en una única premisa en la que sostiene que no se ha podido demostrar la falsedad o la verdad de esa afirmación o negación que se sostiene, y como no hay pruebas suficientes para sostener los argumentos planteados por uno u otro grupo señalados en los ejemplos, entonces lo que se dice es falso. O bien, como no hay pruebas suficientes que apoyen la falsedad de lo que señala el otro grupo, entonces lo que digo es verdadero.
En nuestros ejemplos, sería más o menos así:

  • No hay pruebas que acrediten que Felipe Calderón no sabía de las operaciones de García Luna.
  • Por lo tanto, es verdadero que Felipe Calderón tuvo conocimiento.

O bien,

  • No hay pruebas que permitan afirmar que López Obrado si tenía conocimiento de las actividades delictivas del grupo de Adán Augusto.
  • Por lo tanto, es falso que López Obrador haya tenido conocimiento.

De igual forma sucede con la falacia de apelación a la autoridad, cuándo mediante una única premisa se expresa la opinión de una supuesta autoridad determinada de materia, y, a partir de ella, se defiende como conclusión la verdad, de alguna opinión, y en este caso, la apelación a la autoridad es falaz cuando la persona cuya opinión se utiliza como única premisa no tiene las credenciales legítima autoridad sobre la materia que está argumentando.

Por lo que, en la guerra de las falacias, y tomando como autoridad a aquella que no tiene las facultades para determinar la culpabilidad o no de los expresidentes, el ejemplo sería como sigue:

  • Fernández Noroña como líder del Senado, ha declarado que, es mentira que Felipe Calderon no supiese de los movimientos de García Luna con el narcotráfico.
  • Por lo tanto, es falso que Felipe Calderón no supiera de los movimientos ilícitos de su secretario de seguridad.

O bien,

  • Santiago Creel ex líder del Congreso, ha declarado que es falso que López Obrador no supiera que el grupo de Adan Augusto cuando era secretario de gobernación, haya estado vinculado al huachicol.
  • Por lo tanto, es cierto que López Obrador supiera de la relación el grupo de su secretario de gobernación y el huachicol.

En este ejemplo, la falacia está comprobada desde el momento en que, Santiago Creel Miranda y Gerardo Fernandez Noroña como apelantes, no son autoridades competentes en la materia, al no ser parte de la fiscalía o del poder judicial federal, encabezando tales asuntos.

Estos temas toman un gran interés académico cuando la teoría emanada desde la Grecia antigua encaja de manera perfecta con los hechos de la actualidad; nos deja claro que la lógica, la retórica, y la argumentación jurídica siguen manteniéndose como materias fundamentales para el ejercicio del derecho y de la política, sobre todo para evitar caer en una estéril guerra de las falacias como la que estamos presenciando.

Dr. Hugo Alday Nieto.

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El periodista no debe ser complaciente con el poder

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“Caminos del Mayab”
Por Martín G. Iglesias

Tengo la fortuna de conocer casi todos los procesos del periodismo impreso, desde la recolección de la nota en la calle o la fuente, hasta esperar semana para entregar un reportaje para medio impreso; así como conocer los pasos de la producción, la distribución, la comercialización y hasta el control de los recursos humanos; en 28 años de ejercicio periodístico, he visto y vivido casi todo.
He sido soldado raso de la redacción, cabo de la edición y general de la información; trabajé bajo órdenes hasta mayo del 2017 y aprendí (buenas y malas cosas), con jefes(as) que me aportaron y otros con los que tenía que luchar todos los días debido a su ignorancia. Hasta ahora tengo tres modestas novelas y voy por “Sentimientos de Papel”.
Quizá, ese bagaje me da cierta autoridad para escribir hoy esta opinión sobre la situación que vive en periodismo en Quintana Roo, donde los políticos y empresarios juegan a ser periodistas y, los periodistas juegan a ser políticos y empresarios. Pido disculpas anticipadas por si mi redacción ofende a algunos, no es mi interés, es solo dar mi punto de vista sobre el ejercicio que hoy nos quieren hacer creer que está muy devaluado por la sociedad.
El periodismo quintanarroense debe dejar de ser un “artículo” de complacencia para los poderosos y ponerse del lado de la sociedad, de las causas justas, darle la voz a quienes por naturaleza no pueden tener acceso a un medio de comunicación, principalmente cuando este se cotiza en niveles publicitarios altos; ¿cuál es la consecuencia?, quizá quedarse sin recursos económicos por publicidad gubernamental, porque si algo no soporta el cliente institucional es que evidencies las fallas que tiene en la administración de los dineros del pueblo, o sea “no pago para que me pegues”.
Veo con preocupación el sesgo de quien recolecta la información (reportero-corresponsal), cuando ve afectados sus intereses económicos; el silencio cómplice, cuando el gobierno en turno le cumple con su “apoyo” por no darle voz a los quejosos. Me alarma, que podamos publicar información no verificada, emitamos comentarios personales a lo que estrictamente debe ser una nota informativa, violando con alevosía y ventaja los géneros periodísticos. Resulta difícil transitar en una fauna plagada por feroces perros que defienden “la chuleta”, aunque sus amos sean unos corruptos, insensibles, ignorantes y sin calidad moral para dirigir un ayuntamiento, un Congreso, un Estado, un país y hasta una institución pública.
Lamento que la mayoría de los medios de comunicación de esta época, no generen “opinión pública”, sino solo “opinión gubernamental”, porque sugestionado por “el castigo” económico de quien ostenta el poder, no se atreven a evidenciar lo que muchas veces es del dominio público, prefieren voltear a ver hacia otro lado y, sin que nadie se los pida, lanzarse contra los opositores.
El periodista no puede tomar partido a favor de los poderosos, pueden destacar sus obras, pero no hacer mancuerna para cuidar los intereses de un gobierno retorcido en todos los sentidos; la idea infundada por los últimos gobernantes sobre conservadores y liberales, de derecha o de izquierda, a favor o en contra, entre otros muchos adjetivos calificativos imputados al periodista y a los medios de comunicación, no tiene que ser considerado en serio por los que nos dedicamos a esta profesión periodística; nosotros solo contamos historias, exponemos hechos consumados, principalmente aquellos que nos quieren ocultar.
Es más, ya ni la burla perdonan, salen todos “uniformados”, con la misma redacción y hasta con las faltas de ortografía y errores de sintaxis que trae el boletín. La forma es fondo y el fondo es forma.
Concluyo al decir que con la consabida responsabilidad contestaré cualquier comentario que el lector o los actores del periodismo y de la política tengan referente a esta opinión. Ahí se las dejo…
SASCAB
Por cierto, con 19 votos aprobatorios de las legislaturas de los estados de Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Colima, Guerrero, Hidalgo, México, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz de Ignacio de la Llave, Yucatán y de la Ciudad de México; el “Plan B” ya es constitucional.
“El Congreso de la Unión, en uso de la facultad que le confiere el artículo 135 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, declara reformados los artículos 115, fracción I, párrafo primero, y 116, fracción II, párrafo segundo, y adicionado el artículo 134 con un párrafo cuarto, recorriéndose los subsecuentes en su orden, de la Constitución Política. Se remite a la Cámara de Senadores para sus efectos constitucionales”, dijo la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso, Kenia López Rabadán.
En los transitorios, indica que el Congreso de la Unión y las legislaturas de las entidades federativas, en el ámbito de su competencia, armonizarán su marco jurídico para adecuarlo al contenido del presente decreto a más tardar el 30 de mayo de 2026. Entre tanto, se aplicarán en lo conducente de manera directa las disposiciones constitucionales en la materia y, supletoriamente, las leyes en materia electoral en todo lo que no se contraponga al citado decreto.
Las legislaturas de las entidades federativas preverán los ajustes necesarios a sus presupuestos con el objeto de que las reducciones que en su caso se realicen en cumplimiento a lo previsto en al artículo 116 constitucional, surtan efectos a partir del inicio de la legislatura subsecuente en la entidad federativa que corresponda. Al tiempo…

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Choque de trenes o por el estilo

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“El Minotauro”
Por Nicolás Durán de la Sierra

En el oficio periodístico el lograr un buen encabezado es meritorio. Llamar la atención sobre un tema sin dejarlo desnudo por completo, es un arte. El lector, el escucha, en su caso, debe ser atraído por el enunciado, pero no informado por completo. La teoría de Hmiguway dicen los gringos; oficio decimos nosotros, pero es lo mesmo, dicen en el rancho.

Todo esto viene a cuenta por el encabezado hace unos en los que se cuenta el disque enfrentamiento entre el senador Gino Segura y Rafaelm Marín, el candidato del Palacio Nacional por el gobierno de Quintana Roo por venir. “Choque de trenes” decía la cabeza. El problema es que es un choque imposible, pues sólo hay un tren, pies el proyecto verde no llega ni a armón de segunda.

Viene a mi memoria una tonadilla de finales de 1940, rescatada por Oscar Chaves, que cuenta un accidente entre un tren que iba pita, pita y caminando y un avión que andaba en el llano volando sin descansar. Huelga decir el resultado. El aeroplano es el Partido Verde con todo y su niño. Una cosa es el poder central y otra muy distinta el de una panda mafiosa avecindada en Tulum.

Esa mínima diferencia definirá el mapa político que nos gobernará dentro de poco, una puja que le abre la puerta a la diputada Marybel Villegas y saca del tablero a Jorge Sanen, alarde del analfabetismo funcional, y a otras tantas propuestas del gobierno en turno. No es que se busque para Cancún una lumbrera académica, ñero sí alguien con la instrucción básica terminada.

Desde luego la ruta aún es larga -y la maquina seguía pita y pita y caminando- y pueden ocurrir muchas cosas, pero es difícil que cambie el “no” a los verdes. Ya hicieron fortuna, ya que se vayan. Olvidan o quieren olvidar un principio político que dice que “el matancero de hoy, será la res de mañana” y que sus tropelías les regresaran. ¿Palabra de Dios? No, de Maquiavelo…

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