Opinión
Aterrador panorama
Opinión / Cicuta del Caribe
• Es 2021 el peor año para los ecologistas… y en 2022 no pinta mejor
• Alzar la voz por derechos humanos o el ambiente, condena a muerte
• La guerra obliga a planear el vuelo más largo de la historia: 17 horas
• Inaugura Volaris nuevas rutas a Cancún desde Culiacán y Morelia
Por: Carlos Águila Arreola
En los últimos días de marzo pasado se dio a conocer el “Informe sobre la situación de las personas y comunidades defensoras de los derechos humanos ambientales 2021”, año que se convirtió en el segundo con más asesinatos desde 2014, de acuerdo al histórico del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), presidido por Gustavo Alanís Ortega.
Con al menos 108 ataques en los que se perpetraron 238 agresiones (un solo atentado puede registrar varias), además de 25 asesinatos —tres probables ejecuciones extrajudiciales—, el año 2021 se convirtió en el año más violento para los defensores ambientales, con un incremento de eventos de 66.15 por ciento, mientras que las embestidas aumentaron 164.44 respecto a 2020.
La oenegé ambientalista calificó como “alarmante” la situación que enfrentan quienes se dedican a la defensa del medioambiente. Entre los factores que explican la violencia están los procesos en materia ambiental que se realizan de manera ilegal, además de “la lentitud y omisión del Poder Judicial para resolver los conflictos socioambientales que han sido llevados ante tribunales”.
El panorama para el activismo ambiental “es aterrador”, destacó el Cemda: por tercer año consecutivo se registró un aumento en el número de personas defensoras ambientales asesinadas, y el Estado sigue siendo señalado como el principal generador de ataques y de no proteger de forma efectiva a los defensores del medioambiente, reclama la organización.
En Quintana Roo —estado devastado por una caterva de empresarios sin escrúpulos, sobre todo en los ramos hotelero e inmobiliario—, defender el hábitat (fauna y flora) se convirtió en delito en 2003, cuando Araceli Domínguez Rodríguez, presidenta del Grupo Ecologista del Mayab (Gema), fue encarcelada por denunciar irregularidades en el manejo de fauna protegida.
El cargo fue por “difamación” tras denunciar el contubernio de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) con la empresa Propac, del conglomerado de Bernardo Zambrano Lozano (hermano del accionista mayoritario de Cementos de México [Cemex], Lorenzo), para importar 28 delfines de Islas Salomón, alojados en el extinto delfinario Atlántida Cancún.
Activismo
Front Line Defenders (Defensores de primera línea) —organización no gubernamental con sede en Irlanda—, acusó por su parte que “México es uno de los países más peligrosos para hacer activismo. Hoy, alzar la voz en favor de los derechos humanos o del medio ambiente puede convertirse en una condena a muerte. Como nunca, las agresiones se han intensificado”.
Hoy, junto con Colombia, es el país más peligroso del mundo para hacer activismo de cualquier índole: 3021 marcó un nuevo record con 42 defensores asesinados, el doble de los que hubo en 2020. Superar la barrera de los 40 homicidios, solo se había visto en 2018, el año más violento registrado por el organismo internacional.
Front Line alertó que 2022 no pinta mejor: solo en los primeros tres meses fueron asesinados seis activistas: Patricia Susana Rivera Reyes (Tijuana, 22 de marzo); Néstor Iván Merino Flores (Oaxaca, 20 de marzo); José Trinidad Baldenegro López (Chihuahua, 11 de marzo); Francisco Vázquez Domínguez (Morelos. 11 de febrero); Verónica Patricia Guerrero Vinueza (Tonalá, 3 de febrero); Ana Luisa Garduño Juárez (Morelos, 28 de enero).
El 10 de marzo, el Parlamento Europeo condenó los ataques en México y manifestó su preocupación, al afirmar que la violencia generalizada en el país, se sigue intensificando. La eurodiputada Diana Riba i Giner (de España), dijo que un reporte de la Secretaría de Gobernación (Segob) señala que “desde diciembre de 2018 han sido asesinados 98 defensores de derechos humanos y 54 periodistas, con más de 90 por ciento de impunidad en esos casos”.
Las agresiones provienen de grupos criminales, empresas privadas, funcionarios locales y distintas voces del gobierno federal que buscan callar las denuncias ciudadanas.
El Estado es señalado como el principal generador de ataques y no proteger de forma efectiva a los defensores del medioambiente, de acuredo con la oenegé irlandesa: “(…) no solo ha fallado en brindar protección efectiva, además es señalado como principal agresor contra los ecologistas”, alerta la organización.
Inquietud
El informe del Cemda identificó al sector de la energía eléctrica como el primero en letalidad con ocho asesinatos, seguido del forestal, con cinco —dos habrían sido ejecuciones extrajudiciales—. La agresión más común es la intimidación con 27.31 por ciento, seguida del hostigamiento, las amenazas, las agresiones físicas y los homicidios, entre las principales.
El incremento de violencia inquieta al organismo: “Vemos un panorama mucho más violento que en otros años”, aseveró Gustavo Alanís Ortega, dirigente de la oenegé, quien añade que “México es ya el cuarto país más peligroso para defender el medioambiente, según el índice de Global Business. El país escaló siete peldaños de 2016 a 2017, de acuerdo con este parámetro”
Más de una tercera parte de los ataques, que pueden comprender varias agresiones en un solo caso, provienen de las autoridades: 57 por ciento fue perpetrado por gobiernos estatales, 26 por municipales y por ciento por instancias federales, señala el informe
“Existimos porque el Estado mexicano no hace bien su trabajo, porque es un violador de derechos humanos”, denunció la abogada chihuahuense María Estela Ángeles Mondragón, en un testimonio recogido por el informe. “Tiene que haber un reconocimiento a nuestra labor y a que el Estado está vendiendo nuestro territorio”, acusó en otro la activista oaxaqueña Bettina Cruz.
La mayoría de agresiones suelen ser físicas: 18 por ciento; la criminalización ocupa el segundo sitio, con 16; el homicidio es tercero con 15. Los principales conflictos son por despojo de tierras y la minería, con 17 casos, los proyectos de infraestructura (14), los hidroeléctricos (ocho) y las obras o políticas públicas relacionadas con el agua (siete casos) siguen en la lista de enfrentamientos.
Los datos recopilados por el Cemda suponen solo una parte de los problemas que enfrentan los ecologistas en México, son solo las agresiones difundidas por los medios y organizaciones no gubernamentales: “Hay muchísimas agresiones que aún no han salido a la luz porque no se visibilizan ni se verbalizan ni se denuncian, ya sea por miedo o desconfianza”, explicó el activista.
El año pasado fue el más violento para la defensa del patrimonio natural en México desde que el Cemda elabora este informe (año 2014). El año con más asesinatos fue 2017, con 29. Hoy, 2021 es el segundo año con más asesinatos desde 2014, según el registro histórico del Cemda, y Oaxaca, Guerrero, Sonora y Morelos son las entidades con mayor número de agresiones letales.
Menudencias
La guerra obligaría a revivir los vuelos ultralargos ante la necesidad de esquivar las zonas de conflicto por la guerra entre Rusia y Ucrania, según Bloomberg News. Cathay Pacific planea modificar su vuelo Nueva York-Hong Kong, el vuelo de pasajeros más largo del mundo en términos de distancia: 16 mil 618 kilómetros en 17 horas, superando los 15 mil 349 del vuelo NY-Singapur, que ostenta el récord. En circunstancias normales, la aerolínea china sobrevolaría el Ártico por tierras rusas.
Volaris inauguró rutas exclusivas el fin de semana: hacia y desde Culiacán y Morelia. La aerolínea podrá atender un mercado de seis millones de personas —tres por ciudad—. El traslado en autobús de Culiacán a Cancún toma en promedio 42 horas y cuesta casi tres mil 600 pesos; para llevar más pasajeros del camión al avión, fortaleció su estrategia bus switching al ofrecer vuelos sencillos a partir de mil 310 (impuestos incluidos) desde la capital de Sinaloa.
Price Travel Holding es ahora el encargado de implementar tecnología de punta en los puntos de venta de Xcaret, al incluir los diversos parques y hoteles de lujo del grupo en sus más de 30 puntos de ventas ubicados en los principales centros comerciales del país. La alianza promete un amplio volumen de ventas presenciales en Campeche, Ciudad de México, Guadalajara, Mérida, Morelos, Querétaro, Puebla, San Luis Potosí e incluso en Quintana Roo.
EN LA OPINIÓN DE:
Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad
Conciencia Saludablemente
La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.
Por: Pisc. Alex Barrera
Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.
Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.
Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.
La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.
La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.
Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.
Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.
A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.
La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.
Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.
A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.
Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.
No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.
En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.
El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.
Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.
También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.
La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.
Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian
Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol Alex Barrera**
En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.
Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.
Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.
Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.
Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.
Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.
Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.
Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.
La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.
Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.
En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.
También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.
Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.
En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.
****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
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