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Extorsión: violencia económica que se vuelve trauma emocional 

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Aunque es un delito del que mucho se habla, pocos toman en cuenta la factura a la salud mental que significa no resolverlo.


Conciencia Saludablemente

Por: Psicol. Alex Barrera

La reciente aprobación en el Congreso de la Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar los Delitos en materia de Extorsión marca un antes y un después jurídico en México: la reforma aspira a homogeneizar criterios, perseguir el delito de oficio y endurecer sanciones frente a una práctica que se ha disparado en los últimos años. La votación responde a una urgencia tangible: la extorsión ya no es un daño sólo económico, es una máquina de erosionar vidas. 

Los números lo confirman y, a la vez, ocultan realidades. Según la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE) del INEGI, en 2023 se cometieron 747 mil delitos de extorsión contra unidades económicas, cifra que ilustra la magnitud del fenómeno entre negocios formales.  Cabe señalar que las estadísticas oficiales de carpetas de investigación son mucho menores por no decir engañosas, precisamente es por la altísima “cifra negra” (cantidad de delitos que no se registran en las estadísticas oficiales) que la mayoría de las víctimas no denuncia, es decir las víctimas tienen miedo o desconfianza institucional.  

El impacto económico también aparece con cifras contundentes. Coparmex y diversas estimaciones señalan pérdidas multimillonarias: sólo en 2025, hasta septiembre, las extorsiones han significado una erogación que supera los 21 mil millones de pesos para empresarios, además de multiplicar costos en seguridad privada y obstaculizar la inversión. 

El daño no se limita a lo material. La extorsión induce estrés crónico, ansiedad, insomnio y sensación de indefensión tanto en propietarios como en trabajadores. Pequeños comerciantes describen la extorsión como un “perdón a cambio de sobrevivir”: pagar para continuar operando. Esa lógica genera culpabilidad, vergüenza y un desgaste emocional que se transmite al núcleo familiar y comunitario. Estudios sobre victimización muestran que la repetición del ataque y la impunidad fomentan trastornos de estrés postraumático, depresión y paranoia colectiva, los cuales han sido publicados por ENVE/INEGI y reportes de victimización.  

Las consecuencias secundarias son palpables: zonas enteras ven cerrar negocios ante la imposibilidad de sostener pagos extorsivos o por la pérdida de clientes ante la percepción de riesgo. En Sinaloa, por ejemplo, Coparmex reportó el cierre de alrededor de 2 mil empresas en el primer semestre de 2025 atribuible al clima de inseguridad local; sin embargo, no existe aún una cifra nacional homologada sobre cierres empresariales exclusivamente por extorsión.  

Ese silencio la llamada la cifra negra agrava el golpe psicológico. No denunciar porque temes represalias o porque “las autoridades no harán suficiente” es una doble privación: económica y emocional. La persona queda aislada, sin redes de apoyo formales, normalizando el temor y enquistando el daño. A nivel comunitario, esa normalización mina la confianza social y la capacidad de resiliencia colectiva, además activa un mecanismo de defensa en el cerebro sobre todo porque como miembro de una comunidad el miedo se agrava pues ya no tienes libertad de acudir a lugares recreativos, esto se convierte en una viciosa cadena, que impacta también la economía, pues la extorción desmotiva la inversión, reduce fuentes de ingreso y atemoriza a la comunidad, es decir que el daño es sistémico. 

Frente a este panorama, la ley y las acciones policiales son necesarias pero insuficientes por sí solas. Es imprescindible integrar respuestas que atiendan la salud mental de las víctimas: protocolos de contención, orientación jurídica y fundamentalmente atención psicológica especializada.  

La terapia ayuda a procesar el trauma, recuperar la calma y volver a sentir que se tiene control sobre la propia vida. También permite desarrollar estrategias para manejar el miedo y evitar que este se vuelva permanente. Intervenciones breves, apoyo psicoeducativo y programas comunitarios de resiliencia pueden reducir la ansiedad, mejorar el sueño y favorecer decisiones más seguras, ya sea sobre denunciar o reestructurar la actividad económica. 

La extorsión ataca hogares y tejido económico, pero también hiere la confianza que sostiene la vida cotidiana. Por eso la política pública debe ir más allá de la cárcel para extorsionadores: debe contemplar la reparación integral del individuo y la comunidad, incluida la salud mental para que las personas y comunidades recuperen no sólo su patrimonio, sino su confianza. Si la ley ayer fortaleció la respuesta penal, hoy la prioridad es que la respuesta humana, psicológica y social. llegue al mismo ritmo. Buscar ayuda profesional no es solamente una medida individual: es un acto de reconstrucción colectiva. 

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**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App.


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DESDE MI RECLUSIÓN (TERCERA PARTE)

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“MEMORIAS DE UN EMPRESARIO”
POR: EL VIEJO

*Años de desfalco, pandemia y huracanes, el principio del fin

*Contabilidad fraudulenta nos engañó a todos, menos al SAT

Tarde descubrió “El viejo” que había sido víctima del engaño de su administradora Leontina confabulada con el contador de su empresa. Nunca lo hubiera descubierto a no ser por el apoyo de un contador externo que le hizo ver que los registros financieros habían sido manipulados dando una imagen falsa de la realidad: le ocultaron pérdidas, evadieron impuestos y saquearon sus fondos.

Tras el derrumbe de las Torres Gemelas y sus efectos en la industria hotelera de Cancún y de otras partes del país quedó al descubierto la vulnerabilidad de mi empresa. No éramos capaces de hacer frente a esta contingencia. No me explicaba el por qué si en el papel aparecía como una empresa sana, en la práctica no había dinero para nada. Entonces me culpé de mi descuido y de la sobrada confianza que tuve en mi administradora y mi contador: desde hacía mucho tiempo me estaban mintiendo.

Con esa preocupación y sin comprender la magnitud del desfalco acudí a la Ciudad de México, ahí me encontré con mi hermano Elías a quien le confié parte de mi gran preocupación. Agobiado por esa situación me presentó a su amigo Toño, un contador público con vasta experiencia en el tema, quien contagiado por mi preocupación accedió a viajar de inmediato a Cancún.

Al día siguiente, con diferencia de una hora y en vuelos diferentes llegamos a Cancún. Él llegó a las 9:00 y yo a las 10:00, me esperó en el Aeropuerto y de ahí nos trasladamos a la oficina. Sin perder tiempo solicitó la contabilidad a su nervioso colega y se dispuso a revisar. No pasó mucho tiempo, dos horas si acaso, cuando Toño pidió hablar conmigo.

-“Don José -me dijo- esto está muy mal: su administradora Leontina en confabulación con su contador, Jonás, llevan mucho tiempo defraudando a su empresa”. Para mí fue un golpe terrible. A estas dos personas de la tercera edad les había dado toda mi confianza y así me pagaban. Y nuevamente volví a equivocarme: no tuve el coraje para demandarlos. Tal vez por su edad y por el aprecio que les tenía decidí pedirles solo su renuncia.

Para el contador Toño, más que el fraude cometido por esas dos malas personas, lo peor del caso fue la forma en que habían manejado la Contabilidad desde hacía varios años y se tenía que rehacer. Sin embargo, nunca se pudo corregir y aunado a eso vino el huracán Wilma, en el 2005 y la Pandemia de gripe A-H1N1, en el 2009, hasta desembocar en el problema que hoy me tiene bajo proceso en la cárcel por no poder pagar impuestos.

A partir de la caída de las Torres Gemelas, el huracán Wilma y la pandemia de Gripe A-H1N1 mi empresa resintió graves efectos por el desplome de la ocupación hotelera a niveles nunca vistos, razón por la cual muchos de nuestros clientes nos dejaron de pagar, incrementando de manera significativa la cartera vencida; en tanto, algunas de nuestras ventas se tornaron incobrables, mientras que nuestras deudas con proveedores se fueron incrementando alarmantemente por los recargos.

Ante el sombrío panorama y con el afán de que nuestra empresa se recuperara, con el apoyo de los suegros de mi socio y míos, decidimos aceptarles que fueran avales para obtener un préstamo. A ellos no les importó arriesgar su patrimonio, que para nosotros fue un gran compromiso y responsabilidad. Con el crédito obtenido pudimos pagar parte de los impuestos, dar un abono a proveedores y otra parte para el pago de la nómina.

Sin embargo, el crédito con apoyo de nuestros suegros fue solo un paliativo que nos quitó un poco de presión, pero no fue solución. Al paso de los días, quincenas y meses, la situación de nuestra empresa se complicaba cada vez más sin importar los resultados de nuestro trabajo. Las pocas ventas que logramos nos daban pequeños respiros, pero la cartera vencida seguía aumentando mientras los hoteleros nos forzaban a aceptar cubrir sus deudas a 90 y 120 días, pero eso no era garantía de pago. Si presionábamos, simplemente cambiaban de proveedor. (Continuará Cuarta parte)

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LA PREVISIBLE RECESION TURISTICA

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“El Minotauro”
Por Nicolás Durán de la Sierra

La escalada belicista del gobierno de Estados Unidos no sólo se reciente fuera de sus fronteras, sino también en su propio país, como lo muestran con gran crudeza los atropellos a los derechos civiles en Nebraska; no es el único estado afectado por andanada de la Casa Blanca, pero sí el que más cuota de sangre ha pagado. La crisis interna es evidente y la destitución de Donald Trump se hace cada vez más posible.

Mas aún, de entre los analistas políticos de aquel país, comenzando por los del consejo editorial del New York Times, su salida está próxima. El prestigioso diario, en abono a tal posibilidad, recién publicó en portada que el año pasado, “por corrupción”, el presidente se había embolsado, al menos, mil 408 millones de dólares. En pocas palabras, no sólo los mata, sino además los roba.

En este ámbito de crispación tanto dentro como afuera, la agresión a Venezuela, las amenazas militares a Irán y Groenlandia, y hasta México y la “guerra comercial” con Europa, el turismo doméstico y externo ha disminuido a niveles parecidos a los de los años del Covid 19, según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, el que se encarga de la gestión de esta industria.

En el detallado análisis del Consejo Mundial de Viajes y Turismo, por la política exterior restrictiva de ese país, en el 2025 Estados Unidos dejó de percibir unos 12 mil 500 millones sólo en el rubro de entradas y salidas, y todo hace prever que en este año la tendencia a la baja será mayor. Por ejemplo, el turismo canadiense hacia su vecino del sur disminuyó más del 22 por ciento.

Sin siquiera considerar la posibilidad de una incursión del gobierno de Donald Trump a México, funesta para ambas economías, pero un psicópata es impredecible; sin considerar tal, analistas de aquel país prevén que, si no se relaja la crisis interna, el turismo norteamericano seguirá a la baja y ello se reflejará en nuestro país, su principal socio comercial hasta el momento.

El dilema no es si se va o no Trump, lo que por hecho se da, sino cuándo.

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