EN LA OPINIÓN DE:
Equinoccio: la psicología de habitar la luz y la sombra
Soltar para poder reconstruir desde la consciencia despierta
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol. Alex Barrera**
Cancún, Q.Roo (24-sep).-Este 22 de septiembre se cumplió un ciclo más en la vida terrícola y es que como cada año llega la renovación con el cambio de estación, la madre naturaleza con su sutil lenguaje trae el equinoccio; este suceso que dos veces al año llega para recordarnos una lección que solemos olvidar en la prisa cotidiana: la necesidad del equilibrio. El equinoccio, ese instante en que el día y la noche se encuentran en perfecta igualdad, no es sólo un evento astronómico; sino que también es una oportunidad para reflexionar, y pensar en un espejo en el que podemos mirar nuestras propias contradicciones internas.
Tomando como base lo anterior me atrevo a introducir la materia que a mi compete y es que estimado lector, no puedo dejar pasar la oportunidad de abordar el tema desde la psicología, que siendo la ciencia que estudia las complejidades de la mente y la conducta, encuentra en este fenómeno un símbolo poderoso: aprender a convivir con nuestra luz, pero también con nuestra sombra.
La vida moderna, cargada de sus viejos ideales, suele empujarnos hacia una narrativa unilateral, en la que se nos injertó la costumbre de mostrar sólo lo “luminoso”: logros, fortalezas, momentos de alegría cuidadosamente editados. Porque Dios nos libre de que alguien se entere que no somos perfectos, esa falsa idea del común social que nos invita a esconder la “oscuridad”: el miedo, la frustración, la vulnerabilidad. Sin embargo, negar esta parte es tanto como pretender que el equinoccio sólo puede existir con sol o con noche perpetua.
Es aquí donde cabe mencionar a una de las grandes figuras de la psiquiatría Carl G. Jung, quien desde la psicología profunda, ya advertía que nuestra sombra —aquello que rechazamos o reprimimos— forma parte integral de la psique. No integrarla nos vuelve incompletos, nos fragmenta.
Así en su infinita naturaleza y como buena madre la naturaleza nos enseña como regresar al balance cada cierto tiempo. El equinoccio es una oportunidad simbólica para detenernos y reconocer la dualidad. Así como el sol y la luna se dan la mano en un mismo cielo, también nosotros podemos permitirnos la reconciliación, porque la tristeza no cancela la alegría, el miedo no invalida la valentía, el fracaso no borra los logros. Lo que nos define no es la exclusión de una o varias partes de nosotros, sino la capacidad de integrarlas todas en un relato más honesto y completo, en el que entendamos que no se evade la oscuridad, por el contrario, se integra como parte de un camino que nos llevó a construir lo que hoy somos y porque existimos.
En el campo de la psicología clínica, esta metáfora cobra especial relevancia. Los procesos terapéuticos no buscan borrar la sombra, sino iluminarla. La depresión, la ansiedad o el duelo no desaparecen por decreto; requieren ser nombrados, aceptados y procesados. Para dar pie a nuevos capítulos de nuestra existencia formando nuevos mecanismos y actitudes que nos ayuden a acercarnos a nuestro bienestar.
Del mismo modo, el equinoccio nos recuerda que la oscuridad no es enemiga de la luz: es su complemento; porque sin noche no hay descanso y sin sombra no hay profundidad.
Vivir desde esta perspectiva implica también reconocer los ciclos. El equinoccio marca un tránsito: hacia la abundancia de la primavera o hacia la introspección del otoño. Y en la vida psíquica transitamos también por etapas: momentos de expansión y momentos de repliegue.
El error está en creer que debemos permanecer siempre en un estado de “día pleno”, mientras que la psicología del bienestar nos enseña que la resiliencia no consiste en evitar el dolor, sino en aprender a transitarlo, a darle un sentido y a permitir que nos prepare para la siguiente estación, sin olvidar que las piedras que hoy te lastiman, mañana en la distancia serán las mismas con las que construiste tu camino.
Este simbolismo tiene aplicaciones prácticas. En terapia narrativa, por ejemplo, el paciente es invitado a reescribir su historia desde un nuevo ángulo. El equinoccio ofrece un punto de partida perfecto para este ejercicio: mirar atrás y reconocer qué aspectos hemos mantenido en la penumbra, cuáles hemos dejado florecer bajo la luz, y qué relato queremos construir al integrar ambas dimensiones. Así como la naturaleza nunca se queda estática, nosotros tampoco estamos condenados a repetir un mismo guion.
En un mundo que constantemente nos exige perfección y positividad, reivindicar el valor del equilibrio es casi un acto de resistencia que a la larga nos lleva a una revolución interna cuyo fin sea la libertad. Permitirnos ser seres en transición, incompletos y en movimiento, es aceptar nuestra humanidad. El equinoccio, con su exactitud cósmica, nos invita a recordar que ninguna luz es eterna y ninguna sombra definitiva.
Por eso, en este cambio de estación, la invitación no es a contemplar el fenómeno astronómico como una curiosidad pasajera, sino a asumirlo como una metáfora vital. Una muestra de la sabiduría divina de la naturaleza que nos ofrece la oportunidad de soltar todo aquello que nos ata y reconstruirnos con una mirada nueva en la que no necesitemos la perpetua luz si no que nos atrevamos a surcar la obscuridad buscando el balance necesario para vivir con libertad.
Así como el día y la noche se encuentran en el mismo horizonte, nosotros también podemos reconciliarnos con nuestras contradicciones. Y en ese acto, reescribir nuestra historia personal desde la perspectiva de equilibrio y renovación, construyendo con valentía lo que por elección deseamos ser.
***** Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
EN LA OPINIÓN DE:
OFERTAS PUBLICITARIAS DE MEDIOS DE COMUNICACION
“Caminos del Mayab”
Por Martín G. Iglesias
Al margen de las críticas banales, que si le queda bien o mal el color del vestido, que su marido es gordo chaparrito o alto; que si se le corrió el labial, que ya se puso bótox, que se hizo el balón gástrico, entre otras muchas “críticas” que realizan algunos medios contra las alcaldesas que no entran al juego del convenio; el trabajo que debemos realizar los periodistas es “revelar aquello que no quiere ser revelado” en el actuar de la vida pública de quien ostenta un cargo de elección popular, designación dentro de un puesto de la estructura administrativa o todo aquel que tenga que ver con el uso de recursos públicos.
Eso sí, nuestro deber como prestadores de un servicio, es hacer la oferta del producto que maquilamos, pero no podemos obligar al servidor público a que nos compre, es simple, cuando va al mercado (supermercado) a usted no le obligan a que tome determinada marca de jabón, están ahí, en la estantería a la vista de todos; es el cliente que decide quedarse con determinados productos, ni el gerente, ni la cajera, ni el empleado de la tienda le obligan a tomarlo, eso se llama libertad y nadie en su sano juicio acepta imposiciones al comprar.
Lo mismo sucede con la publicidad que ofertamos los medios de comunicación; lastimosamente algunos gerentes de medios no entienden esta libertad del cliente para decidir con quien si quiere anunciarse o con quien no; a quien le da convenio (por las razones que sea) y a quién no. ¿Qué es lo cuestionable? Que ese recurso público sea utilizado para alabanza de la persona y no para la promoción de obras públicas o de beneficio social; así como el exceso del gasto cuando hay otras prioridades en el Municipio, Estado o País.
No olvidemos que vivimos en un mundo capitalista, con su ley de “oferta y demanda”, con la posibilidad del retorno de capitales (al buen entendedor, pocas palabras), donde no tenemos que enojarnos porque no quieran comprar nuestros productos (o darnos convenios); el cliente, en este caso el servidor público, tiene toda la libertad para decidir a quién si y a quien no le compra publicidad; de lo que sí estoy muy seguro es que a algunos nos gustan los productos de calidad, que nos sean funcionales y otras, lamentablemente se conforman con lo corriente, lo poco efectivo y lo vulgar.
Hago una observación, algunos voceros(as) no tienen la educación de contestar las propuestas publicitarias que presentan los medios de comunicación, algunos solo dejan en visto a quien ofrece el servicio; pero lo más grave es la mentira con la que manejan las oficinas de comunicación social, pues dan la promesa que sì les interesa trabajar con tal o cual medio, pero que les aguantes unos meses, aplican “la aburridora” o dan esperanza al “patear la lata” hasta el final del trienio o sexenio. Ahí se las dejo…
SASCAB
Puerto Morelos cumplió 10 años de haber sido nominado como el onceavo municipio de Quintana Roo, aunque ya ha pasado tres procesos electorales, solo dos mujeres tienen el privilegio de haber gobernado en este periodo: Laura Lynn Fernández Piña con dos periodos (2016-2018 y 2018-2021) y Blanca Merari Tziu Muñoz (2021-2024 y 2024-2027).
En número redondos, en el 2016 el Municipio ejerció un presupuesto de más de 400 millones de pesos; hoy, a diez años de su creación, su presupuesto es de 828.4 millones de pesos, es decir, un 100 por ciento más de lo ejercido en el pasado.
Esto quiere decir, que Puerto Morelos no pende de las participaciones federales y estatales como los municipios de la zona maya, sino que tiene una recaudación propia por impuestos, derechos y aprovechamientos que entran directamente a las arcas del Municipio.
La observancia es que ni Tulum, ni Bacalar han tenido un crecimiento tan sostenido y rápido como en el caso de Puerto Morelos. Al paso que va, para el próximo trienio a quien le toque gobernar podría ejercer un presupuesto de alrededor de mil millones de pesos. Al tiempo…

EN LA OPINIÓN DE:
DE LOS MONROE, PREFIERO A MARILYN.
“EN LA OPINIÓN DE”
Dr. Hugo Alday Nieto
Inicio este artículo con una frase de Shakespeare citada por Andrés Rosler en su obra “La ley es la Ley” y que de manera muy sencilla ejemplifica la realidad que estamos viviendo en México y el mundo, estableciendo un sistema de debilitamiento del derecho para generar líderes populistas que nos llevan poco a poco al caos.
“Cade.- Todos comerán y beberán a mi cuenta,
y voy a vestir los a todos ellos con un uniforme
para que puedan estar de acuerdo como hermanos
y adorarme como su señor.
Dick.- La primera cosa que hacemos, matemos a todos los abogados.”
Después de un efervescente fin de semana en el que Donald Trump sin permiso de su Congreso y pasando por sobre todas las reglas jurídicas internacionales de convivencia política y soberana de los países, para “intervenir” o mejor dicho “invadir” a Venezuela para llevarse detenido sin juicio y violentando la inviolabilidad del domicilio de quien hasta entonces se ostentaba como presidente de esa nación, supuestamente por acciones de narcotráfico y terrorismo contra Estados Unidos. He sido muy cauto en escuchar, a veces con sorna y a veces con asco, a quienes por un lado defienden una supuesta democracia venezolana y a quienes aplauden y piden que eso mismo pase en México. Versiones, ambas, para mi criterio absurdas vistas desde el derecho.
James Monroe impuso la doctrina que lleva su apellido como una herramienta precisamente anticolonialista, para evitar que los imperios, es decir, el Reino Unido quisiera reclamar lo que consideraban como suyo, es decir, Estados Unidos. Bajo el lema de “américa para los americanos”, buscaban evitar a toda costa que los europeos se apoderaran nuevamente de su país en específico. Es decir, la cosa no nació tan mal. Sin embargo, bajo una re-interpretación de esa doctrina (siempre he sostenido que la interpretación ideológica del derecho es el origen de todos los fracasos) se adjudicaron la potestad de transformarse ellos en colonizadores, en ser los europeos de américa latina generando países bananeros, como ellos mismos decían que éramos los que vivimos en su “traspatio”.
Gracias a esa re-interpretación de la doctrina Monroe, tuvimos escenarios lamentables en Chile, Cuba, Panamá, Nicaragua, Bolivia, Brasil, Guatemala, Haití, República Dominicana, y en México, en donde la intervención de esa nación es anterior incluso a las reinterpretaciones de dicha doctrina y data de la primera elección del México independiente en 1828 en donde ganó el general Pedraza y por presiones de Joel R. Poinsett, el ministro plenipotenciario de Estados Unidos en México, terminó siendo presidente Vicente Guerrero (Léase H. Alday, Las elecciones federales de 1828, Revista Concordancias, IIJ UNAM).
Sin embargo, hoy en día lo que estamos viviendo no tiene relación con los hechos del pasado, ya que no podemos comparar a los imperios colonizadores de entonces con el mundo en el S. XXI. No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando un país con base en un derecho interno trasgrede el espacio y el derecho internacional para ejecutar ordenes extraterritoriales en otra soberanía. Roma antes de Cristo, después de la segunda guerra púnica, “intervino” a Cártago por medio de Publio Cornelio Escipión para quedarse con el comercio marítimo del “Mare Nostrum”, y lo hizo con el mismo fundamento de su derecho interno, pero hoy en día no existe rastro de Cártago en el mapa después de esa legal “intervención” (ver D. Durham, Anibal, el orgullo de Cártago, ed. B). Pero en ese momento no existía el derecho internacional ni los compromisos multilaterales de respeto a las soberanías o el principio de inviolabilidad de los domicilios que hoy tenemos. Trump no es Escipión. Estados Unidos no es Roma. 2026 no es el S. I a C., aunque así lo parezca.
Hoy lo que debe preocuparnos y ocuparnos a todos es retomar el derecho rígido y fortalecerlo desde lo interno, porque absolutamente todos los países hemos sido culpables de esta violación flagrante al derecho internacional e incluso a su propio derecho al ignorar a su congreso. Y esa corresponsabilidad es clara desde el momento en el que los ejecutivos de los países comenzaron a ser más importantes que la Ley, a tener dotes populistas y mesiánicos (ver S. Levitsky, Cómo mueren las democracias, Ed. Lecturandia).
Es precisamente el establecimiento de gobiernos populistas el que debilita al derecho como ha pasado en Rusia con Ucrania, en Palestina e Israel, en Estados Unidos y Venezuela en lo interno con Maduro y Trump, que han pasado por encima de la Ley hasta llegar a lo que estamos viviendo nuevamente en este continente. Ese adelgazamiento del derecho por parte de figuras mesiánicas es lo que nos ha llevado a la falta real de un estado de derecho en el que incluso, en México, hemos visto que los juicios se dirimen en Facebook sin fundamento legal alguno si se trata de un contrario político de quien lleva las riendas.
Hoy más que nunca debemos retomar el derecho positivo y descarnarlo de cualquier ideología política para volverlo a su estado natural coneptual y a-moral, ya que de mantenernos en esta línea seguiremos dañando a las instituciones jurídicas y repercutiendo en detrimento de los estados nación por los que tanta tinta gastó Thomas Hobbes.
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