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Gobernar en la crisis

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Opinión / Visión Periférica

Por: Cliserio E. Cedillo G.

Hay que decirlo: no es fácil gobernar con arcas vacías y tener que cumplir con el servicio de una deuda que había crecido exageradamente, pero sin hechos que la justificaran. Y no solo eso, enfrentarse durante casi tres años seguidos 2020, 2021 y 2022 (casi medio periodo de gobierno)  a una pandemia que causó estragos, sobre todo a los estados de vocación turística, como Quintana Roo.

Sabemos que hay muchos lectores que les molesta que señalemos errores del presidente Andrés Manuel López Obrador y, por el contrario, les satisface que resaltemos errores de algunos personajes de la política estatal o nacional. Sin embargo, en este espacio editorial por ser la opinión de la dirección general del diario y revista semanal digitales 5to Poder Periodismo ConSentido, también hemos reconocido aciertos del jefe del ejecutivo federal, como no podemos pasar por alto el trabajo positivo de Carlos Joaquín González, gobernador de Quintana Roo.

Y es que 5to Poder tiene un compromiso con la sociedad que es la quinta fuerza que exige, regula, controla y demanda un trabajo honesto, constante, eficiente, eficaz y sin discriminación de sus gobernantes. Es así que bajo esos preceptos criticamos y condenamos aquello que nos parece perjudicial para la sociedad, como también tenemos que reconocer la habilidad de quien lleva las riendas del poder para salir adelante, pese a la adversidad. En este caso nos referimos a Carlos Joaquín.

Sí, el gobernador saliente que llegó hace seis años al Palacio de Gobierno de Chetumal, con el objetivo de rescatar la confianza perdida en la población y consolidar las instituciones, para hacer posible un gobierno de resultados, “contra viento y marea, contra sargazo, contra pandemia, contra inseguridad, pero sobre todo a base de constantes esfuerzos, pasión y trabajo permanente”.

Un reto muy difícil y mucho más cuando no se contaba con recursos y sí con una deuda que impedía la inversión necesaria para en el combate a la desigualdad y continuar con el desarrollo urbano y social en un marco de libertad de opiniones, como principales demandas durante su campaña que pudimos constatar personalmente, lo mismo que el cambio progresivo que hace hoy un mejor Quintana Roo.

Como parte de ese cambio progresivo, hay que resaltar que efectivamente se refleja en el nuevo tiempo democrático, donde siete de los 11 municipios son gobernados por mujeres y con un Congreso que lleva dos legislaturas consecutivas con mayoría de mujeres diputadas y, por primera vez en la historia del estado, con una gobernadora electa: Mara Lezama.

Es cierto, en seis años se logró también estabilizar las finanzas del estado sin aumentar la deuda pública mediante acertadas renegociaciones que, a su vez, permitieron una disminución importante de la misma sin frenar las inversiones en proyectos estratégicos, como lo explicamos en la anterior opinión editorial.

También es cierto, pese a los avances indudables que hoy hacen un mejor Quintana Roo, aún hay retos pendientes en materia de seguridad, de desarrollo, de lucha contra la desigualdad, “pero hoy podemos mirar atrás y comprobar que hemos recorrido un camino promisorio y esperanzador”, como lo reconoce Carlos Joaquín… sin duda un buen gobernador al que veremos, sin temor a equivocarnos, en una secretaría de estado, al lado de López Obrador.

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Borrando el cliché: Más allá del romance un amor que sana

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Y colorin colorado el cuento no se ha acabado:la verdad incómoda detrás del romance ideal

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol. Alex Barrera

Ya llega, si, como todos los años, en el ambiente se siente, los corazones las flores y los muñecos de peluche inundan todo, y muchas personas esperan con ilusión que sus valentines les traigan el romance, y con ello un coctel químico que les de alegría al corazón, pero y, ¿si el amor no viniera a salvarte, sino a acompañarte?

El amor romántico suele presentarse como una promesa de rescate. Crecimos escuchando que “el amor todo lo puede”, que la persona correcta llegará a completarnos, que sufrir es parte natural de amar y que los celos son prueba de intensidad. Sin embargo, quiero invitarte a cuestionar esta narrativa. Porque cuando el amor se construye desde estereotipos poco realistas, lo que debería ser un vínculo nutritivo puede convertirse en una fuente constante de ansiedad, dependencia y desgaste emocional.

Desde la psicología sabemos que muchas de nuestras creencias sobre el amor no provienen de la experiencia consciente, sino de aprendizajes tempranos, modelos familiares y representaciones culturales reforzadas por el cine, la música y las redes sociales. El problema no es idealizar; el problema es cuando esa idealización se vuelve el estándar con el que medimos nuestras relaciones reales.

La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada por Mary Ainsworth, explica que la forma en que nos vinculamos en la adultez está profundamente relacionada con nuestras experiencias tempranas de cuidado. Cuando estas experiencias fueron inconsistentes o inseguras, es más probable que en la adultez busquemos relaciones que reproduzcan intensidad, incertidumbre o miedo a la pérdida, confundiendo activación emocional con amor profundo.

En México, los datos reflejan que las relaciones no siempre son espacios seguros. De acuerdo con la ENDIREH 2021 del INEGI, el 70.1% de las mujeres de 15 años o más ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y una proporción significativa ocurre en el ámbito de pareja. Esto nos obliga a preguntarnos: ¿qué narrativa estamos normalizando sobre el amor?

Uno de los clichés más dañinos es la idea de que el amor salva. Esta creencia coloca sobre la pareja una responsabilidad imposible: sanar heridas pasadas, llenar vacíos identitarios y resolver inseguridades profundas. Pero el amor no salva; el amor acompaña. Y hay una diferencia crucial.

Cuando creemos que alguien debe “rescatar” nuestra historia emocional, delegamos nuestra responsabilidad personal. Desde la perspectiva de la teoría de la autodeterminación, el bienestar psicológico depende del equilibrio entre autonomía, competencia y vinculación. Una relación sana fortalece estas tres dimensiones; no sustituye una por otra. El amor que sana no anula la individualidad, la respeta.

También es importante comprender el papel de la neurobiología. Estudios sobre el amor romántico muestran que en las primeras etapas se activan circuitos dopaminérgicos relacionados con recompensa y motivación. Esta activación puede generar euforia, idealización y pensamientos obsesivos. Pero esa fase no es permanente ni sostenible. Confundir enamoramiento con amor consolidado lleva a frustración cuando la intensidad disminuye y aparecen las diferencias reales.

Aquí es donde muchos vínculos colapsan: cuando el ideal romántico choca con la cotidianidad. En lugar de interpretar ese momento como una evolución natural, se vive como una pérdida. Y entonces aparecen intentos desesperados por recuperar la intensidad inicial, a veces a través de dinámicas conflictivas que reactivan adrenalina y apego ansioso.

Quiero explicarte algo fundamental: el amor sano no se mide por la intensidad del drama, sino por la calidad del vínculo. Se construye en la comunicación honesta, en la regulación emocional compartida y en la capacidad de sostener diferencias sin descalificar al otro. Autores como Sue Johnson (2019), desde la Terapia Focalizada en las Emociones, han demostrado que las parejas que desarrollan seguridad emocional muestran menor reactividad, mayor estabilidad y mayor satisfacción relacional.

Borrar el cliché implica aceptar que el amor no sustituye procesos personales pendientes. Ninguna relación puede compensar traumas no trabajados, autoestima frágil o miedo profundo al abandono. Cuando intentamos usar la relación como anestesia emocional, terminamos sobrecargando al vínculo. Exigimos que el otro nos complete, cuando en realidad deberíamos pedir que nos acompañe, al tiempo que le acompañamos en su propio proceso.

Aquí la terapia psicológica juega un papel central. No porque la relación esté “rota”, sino porque puede convertirse en un espacio de comprensión profunda. En terapia individual, se exploran patrones de apego, creencias irracionales sobre el amor y estilos de comunicación aprendidos. En terapia de pareja, se trabaja la reconstrucción del vínculo desde la responsabilidad compartida, no desde la culpabilización.

Y es aquí también donde debemos considerar que el psicólogo no es un conciliador que va a funcionar como referí dentro de la relación, o que será el salvador que repare la relación, muchas veces acudir a terapia significa entender que debemos dar un paso atrás como pareja para trabajar aquello que como individuo nos está haciendo falta.

La evidencia muestra que intervenciones basadas en terapia cognitivo-conductual y terapia focalizada en emociones mejoran significativamente la satisfacción y estabilidad de pareja, sin embargo, más allá de la técnica, el proceso terapéutico ofrece algo esencial: conciencia.

Cuando comprendemos que amar no es fundirse ni salvar, sino acompañar, cambia la forma en que nos vinculamos. El amor que sana no promete ausencia de conflicto; ofrece seguridad para atravesarlo. No exige perfección; construye aceptación. No condiciona el valor personal; lo reafirma.

También implica desmontar la idea de sacrificio como prueba máxima de afecto. Amar no es renunciar a uno mismo para sostener al otro. Es encontrar un equilibrio donde ambos puedan crecer. El amor saludable no se basa en la frase “sin ti no soy nada”, sino en “contigo elijo compartir lo que soy”.

Entonces piensa esto: si una relación te exige dejar de ser tú para mantenerla, no es amor que sana. Si te genera miedo constante a perder al otro, no es estabilidad, es activación ansiosa. Si te hace sentir insuficiente, no está construyendo, está erosionando.

Más allá del romance idealizado existe un amor más profundo y realista. Un amor que no salva, pero acompaña. Que no rescata, pero sostiene. Que no promete felicidad eterna, pero sí crecimiento compartido. Porque el “vivieron felices por siempre” es solo una ilusión, porque simplemente el por siempre no existe y en la vida la felicidad no es constante, un amor sano existe en el concepto de “caminemos juntos, eligiendo estar uno con el otro, enfrentando cada una de las etapas que la vida tiene”

Porque el verdadero acto revolucionario no es encontrar a alguien que te complete, sino aprender a vincularte desde la integridad. Y cuando eso ocurre, el amor deja de ser un mito cinematográfico para convertirse en un espacio seguro donde dos personas, imperfectas pero conscientes, deciden caminar juntas.

El amor no es un salvavidas; es un puente. Y cruzarlo requiere madurez, responsabilidad emocional y, cuando es necesario, la valentía de pedir ayuda.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

Textos de interes:

Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The “what” and “why” of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268.

Fisher, H. (2004). Why we love: The nature and chemistry of romantic love. Henry Holt.

INEGI. (2021). Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021.

Johnson, S. (2019). Abrázame fuerte (ed. en español). Editorial Urano.

Lebow, J., Chambers, A., Christensen, A., & Johnson, S. (2012). Research on the treatment of couple distress. Journal of Marital and Family Therapy, 38(1), 145–168.

Si le interesa profundizar en el tema puede leer:
Abrázame fuerte. Sue Johnson. Editorial Urano.

Si te interesa la relación entre apego positivo, emociones y vínculos afectivos, este libro es una lectura muy valorada tanto por profesionales como por público general, especialmente para quienes buscan comprender y mejorar su vida amorosa desde una perspectiva emocional profunda

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El amor entre paredes: el impacto invisible del espacio físico en la relación de pareja

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El lugar donde se dan las relaciones puede calmar al cuerpo, facilitar la conexión emocional o intensificar el conflicto.
Conciencia Saludablemente

Por:Psicol Alex Barrera **

Llega febrero y es imposible por lo menos para las culturas occidentales no hablar del amor por ello este mes, mi estimado lector llenaremos este espacio de amor, no ese que nos dan a torrentes en las películas donde siempre triunfa el romance, o aquel de las novelas románticas donde los protagonistas pasan por todo para finalmente encontrarse en aquel paraje encantador donde pueden consumar su amor. No, hablaremos del amor en su forma genuina, ese que perseguimos incansablemente, aunque ya exista dentro de nosotros, pero que se seca porque no hemos encontrado la manera de acceder a él. Hablemos del amor como ese vínculo que está en el ambiente, ese lenguaje sagrado que habita en cada momento pero que tenemos que aprender a descifrar.

Iniciemos nuestro recorrido por febrero… iniciemos nuestro recorrido por el amor…

FACE 1. ¿Dónde habita el amor?

Pensar el amor únicamente como una experiencia emocional entre dos personas es una mirada incompleta. Las relaciones no sólo se sienten: se desarrollan en espacios concretos que influyen de manera directa en cómo nos acercamos, nos regulamos y nos vinculamos. El amor tiene química, sí, pero también tiene contexto.

Desde la psicología ambiental y la neurociencia afectiva, investigaciones clásicas de Roger Ulrich (1984) demostraron que la exposición a entornos con luz natural y menor ruido reduce la activación fisiológica y los niveles de cortisol. Estudios posteriores en neurociencia social, como los de Stephen y Rachel Kaplan sobre la Teoría de la Restauración de la Atención, muestran que los espacios ordenados y con estímulos moderados favorecen la regulación emocional. En términos simples: el cuerpo reacciona al espacio antes de que podamos interpretar lo que sentimos por la otra persona.

Cuando los espacios son caóticos, reducidos o sobreestimulantes, el organismo permanece en alerta. En ese estado, disminuye la tolerancia, se acorta la escucha y aumenta la reactividad emocional. Muchas discusiones de pareja no nacen del conflicto en sí, sino del cansancio corporal que produce habitar entornos que no permiten bajar la guardia.

Lo íntimo: el espacio donde el cuerpo se relaja

Los espacios íntimos (como el dormitorio o las áreas de descanso) cumplen una función emocional clave en la pareja. No están pensados sólo para dormir, sino para la regulación del sistema nervioso. Una iluminación inadecuada, ruido constante o temperaturas incómodas afectan la calidad del descanso, y con ello la disponibilidad emocional.

La ciencia es clara en este punto: la privación de sueño altera el funcionamiento del lóbulo prefrontal, región del cerebro encargada del control emocional y la toma de decisiones. Cuando el cuerpo no descansa, la paciencia se reduce y la irritabilidad aumenta. Así, lo que parece un problema de comunicación puede tener su origen en un espacio que no favorece el descanso compartido.

Un entorno íntimo que prioriza la calma, más que la estética, favorece la conexión emocional y la sensación de seguridad básica necesaria para el vínculo.

Los espacios exteriores: salir del encierro emocional

Los espacios exteriores (terrazas, patios, parques o incluso la calle) también influyen en la química de la relación. Compartir espacios abiertos reduce la sensación de encierro físico y simbólico, permitiendo conversaciones más flexibles y menos cargadas emocionalmente.

Desde la psicología se ha observado que el contacto con entornos abiertos y con elementos naturales disminuye la activación del sistema de estrés y mejora el estado de ánimo. No es casual que muchas conversaciones difíciles fluyan mejor caminando que sentados frente a frente en un espacio cerrado. El movimiento y la amplitud espacial facilitan una regulación emocional más natural.

Incorporar espacios exteriores en la vida de pareja no resuelve los conflictos, pero sí crea condiciones más favorables para afrontarlos.

Más allá de lo funcional, los espacios construyen identidad. Un hogar compartido comunica acuerdos, cuidados y reconocimiento mutuo. Cuando los individuos en una relación se sienten representados en el espacio, se fortalece el sentido de pertenencia, y la experiencia del nosotros; cuando uno queda excluido, el vínculo comienza a resentirse.

El espacio como parte del “nosotros”

El espacio puede decir, sin palabras: aquí hay lugar para ambos… o todo lo contrario. Incluso en el tema del romance el espacio debe enviar un mensaje claro “aquí podemos encontrarnos”.

La pasión necesita espacios que inviten a quedarse, no a huir. Luz cálida, orden visual, privacidad y ausencia de interrupciones permiten que el cuerpo se relaje y el deseo aparezca. Cuando el espacio baja el ruido externo, facilita la conexión interna, admitiendo una conexión más fluida con el otro. Crear un entorno para la pasión, no es decorar, es cuidar las condiciones donde la intimidad puede suceder.

Terapia psicológica y espacios relacionales

La terapia psicológica permite explorar cómo el entorno físico interactúa con las dinámicas emocionales dentro de las relaciones interpersonales. Ayuda a diferenciar qué conflictos pertenecen al vínculo y cuáles están sostenidos por estrés ambiental, agotamiento o falta de espacios de autorregulación.

Cuando observo cómo las parejas se relacionan, confirmo que el amor no solo se sostiene con palabras o emociones, sino con el cuerpo que habita un espacio en todas sus formas. El entorno modula el estrés, permite o bloquea el descanso, abre o cierra la comunicación y, finalmente, condiciona la intimidad.

Cuidar los espacios que compartimos es una forma silenciosa pero profunda de cuidar el vínculo. Cuando el lugar que habitamos nos permite bajar la guardia, mirarnos y respirar, la relación deja de resistir… y vuelve a encontrarse, porque el amor está en todos lados, y no sólo se siente se habita.

Si desea conocer mas sobre el tema se recomienda:

Evans, G. W. (2003). El entorno físico y el comportamiento humano. Madrid: Alianza Editorial.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano. y diplomado en psicología clínica.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App


Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

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