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La criatura que nos mira: identidad, mirada ajena y el espejo psicológico en Frankenstein de Guillermo del Toro 

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En un entorno donde tantas voces compiten por definirnos, el acto más radical es elegir seguir siendo más allá del juicio ajeno

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol. Alex Barrera**

Como fiel seguidora del cine sobre todo como una gran admiradora de la visión fantástica del director Guillermo del  Toro no podía perder la oportunidad de compartir con usted mi estimado lector un breve análisis sobre Frankenstein, la reciente entrega de uno de los directores más queridos de México. 

Y es que, al revisar sus más emblemáticas películas, no podemos dejar de lado que además del gozo increíble que significa la obra visual de quien me permito llamar maestro, se encuentra una marcada tendencia del creador a resaltar siempre temas profundamente filosóficos en sus producciones.  

En Frankenstein, una reinterpretación visualmente poderosa y emocionalmente compleja, la historia clásica de Mary Shelley recupera su esencia original: no es un relato de monstruos, sino una meditación profunda sobre lo que significa ser visto, nombrado y definido por otros. Del Toro coloca el foco en uno de los conflictos humanos más estudiados: la identidad que construimos, y en aquella que otros construyen de nosotros. 

La criatura, construida a partir de fragmentos, ensamblada desde lo roto, encarna una verdad psicológica tan vigente hoy como en la época de Shelley: somos el resultado de muchas manos, voces y expectativas que moldean nuestra forma de vivirnos. El “monstruo” no nace monstruoso; se vuelve tal cuando descubre que el mundo lo mira sin posibilidad de redención, añadiendo además que el monstruo no eligió ser así, sino que es creado por una figura incapaz de mirar en él otra cosa que su propio abismo personal, el creador sufre de igual forma por el deseo de una confirmación externa que no llega. Ese choque entre la autoimagen y la mirada ajena es, quizá, uno de los dilemas más profundos de la psicología contemporánea. 

La mirada del otro como espejo 

En psicología, la identidad se construye de manera relacional. Desde Cooley y su concepto del self reflejado, hasta los aportes más recientes sobre autoimagen y validación social, como los de Zygmunt Bauman y Judith Butler; sabemos que los seres humanos aprendemos a ser en función de cómo creemos que los demás nos perciben. Esa dinámica se intensifica cuando la mirada ajena es hostil, reduccionista o violenta, y no deja paso a lo diferente. 

Del Toro enfatiza este punto: la criatura experimenta el mundo con asombro y curiosidad, pero la sociedad le responde con miedo, miedo que se trasforma en violencia. Ante cada gesto de rechazo, él aprende una lección: “no soy quien creo, soy lo que ellos temen”. Y cuando esa enseñanza se repite, cuando la identidad se edifica con ladrillos de desprecio, el resultado es inevitable: una fractura psicológica profunda. 

La psicología clínica lo observa en múltiples ámbitos: personas que crecen bajo etiquetas dañinas, niños a quienes se les llama “problemáticos”, adolescentes que reciben rechazos por su cuerpo, su voz, su forma de ser, hasta llegar a la forma más violenta, personas que son rechazadas por su mera existencia. Como en la película, no es la naturaleza sino la experiencia social la que siembra el conflicto. Y entonces la idea queda implícitamente expresada, quien entonces engendra al monstruo, no es sino otro monstruo.  

Del Toro y la compasión como respuesta estética 

Guillermo del Toro, fiel a su visión humanista y con una inefable belleza, no demoniza a la criatura, sino que la convierte en el concepto de la dualidad, un ser que a pesar de sus características grotescas, despierta en el espectador un sentimiento de ternura representado con maestría en la bondadosa Elizabeth quien no sólo encuentra la gracia en el monstruo sino que identifica la verdadera fealdad en su creador Frankenstein, y pone al descubierto el gran fallo estructural de la sociedad que rechaza todo aquello que es diferente; así del Toro denuncia la crueldad de una sociedad que no sabe mirar desde la comprensión sino que lo hace desde el prejuicio.  

En su versión, la cámara se detiene en los ojos del monstruo, no para exhibirlo sino para invitarnos a reconocer su dolor. Es un recordatorio estético de una idea psicológica fundamental: la identidad se estabiliza solo cuando alguien nos mira con benevolencia. 

En terapia, y en la vida real, esto se traduce en el poder transformador de una mirada que valida, que reconoce y que acompaña. La criatura de Del Toro sufre esa transformación de la mano de quien no le juzga desde la apariencia, y así tiene la oportunidad de experimentar una conexión auténtica, descubriendo la verdad absoluta que nos lleva a la verdad, el deseo más profundo, que probablemente se encuentra en todo ser humano, y es: ser visto con amor por otro que es como “yo”. 

El rechazo como herida fundacional 

La película subraya un patrón: cada rechazo alimenta la narrativa interna de no pertenencia. Esto resuena con estudios actuales sobre trauma relacional, los cuales muestran que la marginación, el abandono y la deshumanización tienen efectos comparables a heridas físicas. La criatura aprende que su valor depende del juicio externo; aprende a temerse a sí misma porque teme a los otros. 

En términos psicológicos, esta es una condición ideal para la fragmentación de la identidad: cuando lo que somos y lo que se nos permite ser se contradicen, surge el conflicto interno. Del Toro lo muestra con una sensibilidad casi clínica: la criatura oscila entre la búsqueda de afecto y la ira desesperada de quien ha sido quebrado. 

¿Y si fuéramos el doctor Frankenstein? 

La película también sugiere que, como espectadores y como sociedad, ocupamos el lugar del creador. Somos quienes definimos qué merece ser aceptado y qué merece ser repudiado. Todos hemos sido, en algún momento, Frankenstein: creadores de expectativas imposibles, constructores de etiquetas, emisores de juicios que dejan cicatrices. Y en esa triada simbólica que Del Toro construye, el científico, la criatura y Elizabeth, aparece una metáfora poderosa sobre la identidad.  

La criatura, hecha de fragmentos y marcada por el abandono, se convierte en un espejo incómodo: revela lo que otros proyectan sobre ella. Elizabeth, con su mirada compasiva, es la única capaz de ver belleza allí donde otros ven monstruosidad; para ella, aquello que la sociedad desecha adquiere dignidad, humanidad e incluso ternura.  

En cambio, cuando mira al doctor Frankenstein, no encuentra brillantez ni nobleza, sino una forma más profunda de monstruo: el ser que, incapaz de empatía y preso de su propia ambición, destruye lo que crea y luego huye de las consecuencias. En esa inversión moral, la criatura como lo bello inesperado y su creador como lo verdaderamente oscuro, la película nos confronta con un dilema ineludible: ¿somos Elizabeth cuando miramos a los otros con apertura, o somos Frankenstein cuando solo vemos defectos, desviaciones y amenazas? 

La pregunta que subyace a esta analogía es profundamente ética: 
¿qué identidades estamos “creando” o deformando con nuestra forma de mirar? 

En la era digital, todos somos criaturas bajo escrutinio 

Si la criatura de Shelley sufría por la mirada directa, nuestra época añade un espejo más complejo: el digital. Redes sociales, filtros, opiniones al instante, la necesidad perpetua de ajustar quién somos para encajar con una audiencia invisible… La lógica es la misma: permitimos que la mirada del otro determine nuestro valor. Cambia el contexto; permanece la vulnerabilidad. Porque al final la autoimagen se deteriora, se fractura, se desestabiliza, cuando el de afuera devalúa a nuestro propio ser y pone en duda nuestras creencias sobre el “yo” 

Del Toro no habla explícitamente de redes sociales, pero su versión de Frankenstein dialoga con nuestra era: identidades que se modifican para sobrevivir y subjetividades que se fragmentan bajo la presión del juicio público. 

La psicología como espacio para reconstruirnos 

En medio de esa tensión, entre lo que somos y lo que creemos que debemos ser, la psicología ofrece un camino. El trabajo terapéutico ayuda a desmontar identidades construidas desde el miedo, la culpa o la vergüenza. Permite resignificar la mirada ajena, construir una voz interna propia y comprender que nuestra identidad no depende únicamente de lo que los demás interpretan. 

Porque, a diferencia de la criatura de Del Toro, nosotros podemos en conciencia, abrazar nuestras carencias, conocer y entender lo que nos hace diferentes y modificar aquello que nos causa malestar, en un espacio donde seamos vistos sin el peso del juicio: la consulta psicológica. 

Al final el monstruo vive 

La historia de Frankenstein sigue viva porque habla de nosotros: de las veces que hemos sido criaturas, rechazadas o incomprendidas; y de las veces que hemos sido Frankenstein, incapaces de mirar con compasión, dejando en otros un poco del monstruo que a veces somos. La versión de Guillermo del Toro nos recuerda que la identidad es un territorio construido entre muchas miradas, pero que merece ser reclamado. 

“Mientras permanezcas vivo, ¿qué más puedes hacer sino vivir?”

Del Toro cierra con maestría con una frase que no sólo es conmovedora, sino que invita a la resiliencia y al perdón, no hacia el que nos hizo monstruos sino a nosotros mismos por convertirnos en aquello que no es genuino y que nos separa de la bondad. “Mientras permanezcas vivo, ¿qué más puedes hacer sino vivir?” Esa pregunta, sencilla y contundente, que termina de cerrar con la única orden verdadera que un padre puede ofrecerle a su hijo “VIVE”, ofreciendo un final, que nos recuerda que la existencia sigue siendo un gesto de apuesta, incluso cuando el mundo, o la mirada de los otros, parezca negarnos un lugar.  

Vivir implica resistir las narrativas que nos reducen, cuestionar las identidades que nos impusieron y recuperar, con paciencia y valentía, la posibilidad de reescribirnos. En un entorno donde tantas voces compiten por definirnos, el acto más radical es elegir seguir siendo, seguir explorando quiénes somos más allá del juicio ajeno. Porque mientras hay vida, hay margen para la transformación; mientras respiras, existe la oportunidad de regresar a ti, de reconstruir tu historia y de reclamar una identidad que, aun frágil, sigue siendo tuya.  

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo, Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano, y especialización en neurobiología de los trastornos mentales, enfocada a la psicología.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Si desea contactar con los especialistas en terapia y salud puede hacerlo enviando un mensaje

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PABLO LEMUS; EL AGUA COMO NEGOCIO

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“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.

• Mal ejemplo de autoritarismo en estos tiempos del retorno de virreyes y virreinas.

Lo que hacen los negocios desde el poder. Las necesidades sociales, usadas para el saqueo de recursos públicos: caso Jalisco.

La represión policiaca del gobernador Pablo Lemus Navarro contra la ciudadanía y la infiltración de grupos de choque encapuchados para “reventar” la marcha pacífica y criminalizar a los marchistas que exigían agua potable en la zona metropolitana de Guadalajara, todo ello, para ocultar y justificar la concesión a empresas “carnales” de la construcción del acueducto Jalisco, mediante una Asociación Público Privada APP, modelo saqueador de recursos públicos y generador de deuda para los estados.

Cañones de agua, garrotazos, tortura en la misma Casa Jalisco, son escenas que creíamos no volver a ver otra vez en México, similares a las que vemos ahora de represiones policiacas en Francia e Italia, ante la ola de protestas en Europa por la vida cara, falta de espacios laborales, precarización de los salarios, alzas en combustibles y falta de oportunidades para los jóvenes.

Ese modelo APP, Carlos Joaquín lo impulsó en Quintana Roo en la construcción del Puente Nichupté, mismo que fue cancelado por el entonces presidente López Obrador, por ser un modelo leonino, generador de deuda pública y el cobro al público.

ENCAPUCHADOS INFILTRADOS
El grave caso de represión policiaca e infiltración de encapuchados golpeadores para reventar la marcha pacífica en Guadalajara, está dejando muchas evidencias de lo peor de la política que estamos viviendo en el país y que tiene en el centro de la polémica al gobernador de Movimiento Ciudadano (MC), Pablo Lemus Navarro, quien quería ocultar y justificar el endeudamiento público estatal ante el reclamo social.

La presidenta Claudia Sheinbaum estableció desde la conferencia mañanera que la federación se haría cargo de la inversión para el acueducto Jalisco, de unos 12 mil millones de pesos, mientras que el estado haría la inversión en plantas potabilizadoras por unos 5 mil millones de pesos.

ALITO AGREDE A MAYNEZ
El oportunismo político de Alito Moreno, vio en el caso Jalisco, una oportunidad para tomar venganza contra Jorge Álvarez Máynez, presidente nacional de MC, a quien le arrojó agua sucia a través de su “porro oficial”, diputado Carlos Gutiérrez Mancilla, en otro espectáculo político denigrante.

El enterrador del PRI vio la oportunidad de volver agredir a Álvarez Máynez, con quien ya avanzaba una posible alianza electoral rumbo a 2027, pero el regreso de Dante Delgado atajó esta intención de Álvarez Máynez con el PAN y el PRI.

MAL EJEMPLO PARA VIRREYES
El uso de la fuerza policiaca de Lemus en ataque contra niños, jóvenes y personas de tercera edad en Casa Jalisco, es como el regreso del autoritarismo priista de los años setenta. Ojalá y sea un caso aislado.

A pesar de la descalificación de la presidenta Claudia Sheinbaum a la brutal represión, Pablo Lemus es un mal ejemplo de autoritarismo en estos tiempos del retorno de virreyes y virreinas en el segundo piso. Usted tiene la última palabra.
ooOoo

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EN LA OPINIÓN DE:

Seis mujeres coordinarán su respectivo municipio

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“Caminos del Mayab”
Por Martín G. Iglesias

El hecho que los aspirantes a una coordinación municipal para la defensa de la transformación y la Soberanía Nacional se hayan inscrito en el proceso del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), no garantiza que saldrán seleccionados(as), pues hay elemento que los partidos coaligados en la 4T, como el de la equidad de género, el partido que debe siglar y la representación de grupos minoritarios, clasificados como “acciones afirmativas”.
¿Quién determinará qué género competirá en cada municipio? Será la Comisión Electoral de Morena que preside Citlalli Hernández Mora, luego entonces, en Quintana Roo serán de seis a siete mujeres las que encabezarán las coordinaciones y entre cinco y cuatro hombres.
Además, la Coalición “cuatroteísta” tiene que tomar en consideración en qué Municipio le corresponderá a cada uno siglar al candidato(a), las negociaciones a las que tienen que llegar, como el cambiar el siglado de Puerto Morelos del Partido Verde (PVEM) a Cozumel; así como el Partido del Trabajo (PT) mantenga el siglado en Lázaro Cárdenas.
Independientemente de quien sea el partido que sigle en el Municipio, lo que sí tienen que tomar en cuenta es la equidad de género, de tal manera que en Othón P. Blanco, Bacalar, Felipe Carrillo Puerto, Playa del Carmen, Tulum y Puerto Morelos, serían para mujer; José María Morelos, Benito Juárez (Cancún), Isla Mujeres, Lázaro Cárdenas y Cozumel, serían para hombres.
Lo que sì es una realidad, que tanto el PVEM como el PT no estarán dispuestos a ser tratados como “de segunda”, porque también las dirigencias estatales se han preparado para formar cuadros políticos que sean competitivos y, aunque no romperán la alianza, si podrían ir con candidatos propios en algunos municipios y distritos electorales locales. Ahí se las dejo…
SASCAB
Por cierto, para dedicarse a sus actividades proselitistas en busca de la Coordinación Municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Cozumel, Renán Sánchez Tajonar dejó la diputación y la dirigencia estatal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM); lo hace con la certeza de poder obtener la nominación y en un acto de congruencia; pero principalmente para que sus adversarios no tengan elementos jurídicos que puedan ser utilizados para bajarlo de la contienda. Al tiempo…

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