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Opinión

El agua de Cancún en riesgo por la basura

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Humanosfera

Por: Wilberth Esquivel

Atención Ayuntamiento de Benito Juárez: ¿Han pensado que el final de su grupo político, podría ser la contaminación del agua de Cancún?.

Bueno, es el principal riesgo que tienen en éstos momentos con la crisis precabildeada de la basura y en la víspera del proceso 2024.

Se los digo así por que se que priorizan la política y mucho les interesa.

El principio básico y primera prioridad para decidir ¿dónde ubicar? el próximo relleno sanitario de Cancún, debe ser: el riesgo de contaminar las zonas de recarga del acuífero subterráneo.

Seré más claro: No contaminen la reserva de agua potable de la ciudad.

Un alto porcentaje del agua que cae en una precipitación se infiltra al subsuelo y eso recarga nuestros depósitos de agua subterránea, esos depósitos no son estáticos y por el contrario fluyen en dirección a las costas, por lo que desembocan en las lagunas Manatí, Chakmochuk, Nichupté o en zonas de Manglares similares que tenemos en todo el litoral costero.

No fluyen en otra dirección, normalmente para el caso de la zona norte de Cancún o parte Continental de Isla Mujeres, donde están los rellenos sanitarios de residuos sólidos urbanos, es de poniente a oriente.

Los lixiviados que se infiltren por mala operación en la Parcela 196 terminaran afectando la Laguna Chakmochuk o el embarcadero Manatí por ejemplificar.

Y la naturaleza no perdona, ni va a cambiar su curso el agua por que tengan permisos o se lancen al “va por que va”, o por que lo hagan sin estudios por miedo a ver la realidad. El papel aguanta todo, pero la geohidrologia es realidad y es diferente al papel.

Cuando hicimos el Manifiesto de Impacto Ambiental para el Relleno Sanitario en la Parcela 196, se nos exigió por parte de la Conagua un estudio profundo geohidrológico de toda la zona en 2012, por la misma razón y estábamos fuera de la reserva.

Y antes por el 2010, tuvimos los intentos de ubicar el relleno sanitario en las Parcelas 89 y 90, más al poniente y cercana a los pozos de captación de agua potable de Cancún, la Conagua nos negó rotundamente esa ubicación y nos fuimos a un debate técnico fascinante y prolongado.

Esa experiencia se las estamos regalando, ese intento de la 89/90, nos enseñó que hay un polígono sagrado, intocable y de muy alta vulnerabilidad de nuestro acuífero, entendimos que el agua no es que este debajo de nuestros pies y que está por todas partes, entendimos que si bien hay miles de ríos por todas partes también es que hay zonas de recarga gigantescas. Que están detrás de la mancha urbana y están al poniente de la ciudad.

Fue doloroso, pero entendimos que una duda razonable en temas ambientales, es suficiente para parar un proyecto.

Ya se los escribí en otro post, pero lo reiteraré por su importancia.

Es la zona achurada y no se trata de cambiarla en el POEL o Cabildearla, no es un tema de uso de suelo, simple y sencillamente, si hay una fuga de lixiviados ahí, podría contaminarse la reserva de agua que se extrae para enviar a más de 900,000 hogares de la ciudad de Cancún.

Bueno, éste artículo está motivado por nuestras investigaciones en la zona, donde resulta que en estos momentos el sascab que se está usando en la Parcela 196 para cobertura de residuos, está saliendo de un banco de material que droneamos ayer, donde está una concretera de Holcim Apasco, un poco cerca y detrás de la ciudad militar (Habitacional por cierto).

Recuerden que la NOM083 dice que a menos de 500 metros no se permite población y que no se puede poner un sitio de disposición final sobre zona de recarga de acuíferos. Dos taches lleva esta idea.

Acuérdense que en esa ciudad militar viven las esposas y los hijos de los soldados y no les va a gustar la fauna nociva como moscas o cucarachas cercanas, menos el apeste del metano.

Esta nota va dirigida para evitar éste error, por si no leyeron la previa, a evitar que perdamos varios meses intentando comprar las Parcelas 173, 174 o 175 que no sirven para Relleno Sanitario, aunque la comisión sea jugosa para no se quien y de no se quien, aunque les autoricen la MIA, aunque tengan permisos. La duda razonable será definitiva.

Tengan claro que ahí no es factible y no es cuestión de POEL, de MIA o de VaXQueVa, es cuestión de no poner en riesgo el agua potable de Cancún como ciudad y Cancún como Zona Hotelera, e isla Mujeres.

Queremos ayudarles, por que cometen demasiados errores y están perdiendo tiempo valioso.

Por qué somos cancunenses. Queremos en este blog y nuestro equipo.

Violamos el dron ayer sábado y como ven en el croquis, la ciudad militar (violeta) está a 253 metros de las parcelas azul cielo, que son la 173,174 y 175. Muy cerca de la población, es seguro que dirán que no.

Pero eso no es todo el problema, están dentro del área de recarga del acuífero y pondrían en riesgo el futuro del agua de los cancunenses.

Arriba puede verse la Parcela 196, Relleno Sanitario actual en azul marino, desgraciadamente mal operado por Promotora e Inmobiliaria Majahual y la razón por la que nos fuimos hace 11 años ahí era por alejarnos de las reservas de agua y solo como cultura general urbanista, a la derecha en verde se muestra la Parcela 1113, conocido como el Basurero de Villas Otoch, que es la av Rancho Viejo, impensable por estar sobrepoblada.

No pierdan más tiempo, queremos ayudarles, tengan humildad y hagan a untado la política y la gente nefasta que les da instrucciones y pónganse como héroes a salvar a Cancún que la gente es primero.

Nosotros los gobernados somos primero.

Al sur de la ciudad militar, a menos de 300 metros hay una pluma de acceso y un letrero de Holcim Apasco, ahí se accesa a éste camino de terracería y se cruza entre dos parcelas hasta el final de la segunda fila de Parcelas, ahí en ese banco de sascab, por cierto dentro del área de reserva de agua, no únicamente están atentando contra el acuífero hoy, también hay intenciones de poner el nuevo relleno sanitario ahí.

Vuelvo a reiterarles que por favor piensen:

¿Quieren ser el Ayuntamiento que contaminó el agua de Cancún?

Siempre se recuerda a los Ayuntamientos cuando pasan a la historia, que todos pasan tarde o temprano, por algo que hicieron.

Por ejemplo a Cardín lo recordamos por las calles de concreto, a Lara por que no generó deuda nueva e hizo el Parque Kabah, a Alor por el huracán Wilma, a Magaly por el Teatro de la Ciudad, por redoblar la Tulum, a Chacho por la Av. Andrés Quintana Roo y la Nichupté, A Greg por los dragones que repavimentaron medio Cancún y como recobró la movilidad, a Julián por que hizo Siresol, sacó el Relleno Sanitario de Villas Otoch, hizo muchas calles de concreto en colonias y supermanzanas y por oficializar la entrega masiva de útiles escolares, a Mara Lezama anunció no la recordamos por que aún no se va, su Plan Estatal nos da mucha esperanza y por que su énfasis está en redistribuir El Progreso.

Y a ustedes Ayuntamiento de Cancún actual ¿cómo los recordarán?

¿cómo los que contaminaron el agua?

No creo que quieran eso.

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El amor entre paredes: el impacto invisible del espacio físico en la relación de pareja

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El lugar donde se dan las relaciones puede calmar al cuerpo, facilitar la conexión emocional o intensificar el conflicto.
Conciencia Saludablemente

Por:Psicol Alex Barrera **

Llega febrero y es imposible por lo menos para las culturas occidentales no hablar del amor por ello este mes, mi estimado lector llenaremos este espacio de amor, no ese que nos dan a torrentes en las películas donde siempre triunfa el romance, o aquel de las novelas románticas donde los protagonistas pasan por todo para finalmente encontrarse en aquel paraje encantador donde pueden consumar su amor. No, hablaremos del amor en su forma genuina, ese que perseguimos incansablemente, aunque ya exista dentro de nosotros, pero que se seca porque no hemos encontrado la manera de acceder a él. Hablemos del amor como ese vínculo que está en el ambiente, ese lenguaje sagrado que habita en cada momento pero que tenemos que aprender a descifrar.

Iniciemos nuestro recorrido por febrero… iniciemos nuestro recorrido por el amor…

FACE 1. ¿Dónde habita el amor?

Pensar el amor únicamente como una experiencia emocional entre dos personas es una mirada incompleta. Las relaciones no sólo se sienten: se desarrollan en espacios concretos que influyen de manera directa en cómo nos acercamos, nos regulamos y nos vinculamos. El amor tiene química, sí, pero también tiene contexto.

Desde la psicología ambiental y la neurociencia afectiva, investigaciones clásicas de Roger Ulrich (1984) demostraron que la exposición a entornos con luz natural y menor ruido reduce la activación fisiológica y los niveles de cortisol. Estudios posteriores en neurociencia social, como los de Stephen y Rachel Kaplan sobre la Teoría de la Restauración de la Atención, muestran que los espacios ordenados y con estímulos moderados favorecen la regulación emocional. En términos simples: el cuerpo reacciona al espacio antes de que podamos interpretar lo que sentimos por la otra persona.

Cuando los espacios son caóticos, reducidos o sobreestimulantes, el organismo permanece en alerta. En ese estado, disminuye la tolerancia, se acorta la escucha y aumenta la reactividad emocional. Muchas discusiones de pareja no nacen del conflicto en sí, sino del cansancio corporal que produce habitar entornos que no permiten bajar la guardia.

Lo íntimo: el espacio donde el cuerpo se relaja

Los espacios íntimos (como el dormitorio o las áreas de descanso) cumplen una función emocional clave en la pareja. No están pensados sólo para dormir, sino para la regulación del sistema nervioso. Una iluminación inadecuada, ruido constante o temperaturas incómodas afectan la calidad del descanso, y con ello la disponibilidad emocional.

La ciencia es clara en este punto: la privación de sueño altera el funcionamiento del lóbulo prefrontal, región del cerebro encargada del control emocional y la toma de decisiones. Cuando el cuerpo no descansa, la paciencia se reduce y la irritabilidad aumenta. Así, lo que parece un problema de comunicación puede tener su origen en un espacio que no favorece el descanso compartido.

Un entorno íntimo que prioriza la calma, más que la estética, favorece la conexión emocional y la sensación de seguridad básica necesaria para el vínculo.

Los espacios exteriores: salir del encierro emocional

Los espacios exteriores (terrazas, patios, parques o incluso la calle) también influyen en la química de la relación. Compartir espacios abiertos reduce la sensación de encierro físico y simbólico, permitiendo conversaciones más flexibles y menos cargadas emocionalmente.

Desde la psicología se ha observado que el contacto con entornos abiertos y con elementos naturales disminuye la activación del sistema de estrés y mejora el estado de ánimo. No es casual que muchas conversaciones difíciles fluyan mejor caminando que sentados frente a frente en un espacio cerrado. El movimiento y la amplitud espacial facilitan una regulación emocional más natural.

Incorporar espacios exteriores en la vida de pareja no resuelve los conflictos, pero sí crea condiciones más favorables para afrontarlos.

Más allá de lo funcional, los espacios construyen identidad. Un hogar compartido comunica acuerdos, cuidados y reconocimiento mutuo. Cuando los individuos en una relación se sienten representados en el espacio, se fortalece el sentido de pertenencia, y la experiencia del nosotros; cuando uno queda excluido, el vínculo comienza a resentirse.

El espacio como parte del “nosotros”

El espacio puede decir, sin palabras: aquí hay lugar para ambos… o todo lo contrario. Incluso en el tema del romance el espacio debe enviar un mensaje claro “aquí podemos encontrarnos”.

La pasión necesita espacios que inviten a quedarse, no a huir. Luz cálida, orden visual, privacidad y ausencia de interrupciones permiten que el cuerpo se relaje y el deseo aparezca. Cuando el espacio baja el ruido externo, facilita la conexión interna, admitiendo una conexión más fluida con el otro. Crear un entorno para la pasión, no es decorar, es cuidar las condiciones donde la intimidad puede suceder.

Terapia psicológica y espacios relacionales

La terapia psicológica permite explorar cómo el entorno físico interactúa con las dinámicas emocionales dentro de las relaciones interpersonales. Ayuda a diferenciar qué conflictos pertenecen al vínculo y cuáles están sostenidos por estrés ambiental, agotamiento o falta de espacios de autorregulación.

Cuando observo cómo las parejas se relacionan, confirmo que el amor no solo se sostiene con palabras o emociones, sino con el cuerpo que habita un espacio en todas sus formas. El entorno modula el estrés, permite o bloquea el descanso, abre o cierra la comunicación y, finalmente, condiciona la intimidad.

Cuidar los espacios que compartimos es una forma silenciosa pero profunda de cuidar el vínculo. Cuando el lugar que habitamos nos permite bajar la guardia, mirarnos y respirar, la relación deja de resistir… y vuelve a encontrarse, porque el amor está en todos lados, y no sólo se siente se habita.

Si desea conocer mas sobre el tema se recomienda:

Evans, G. W. (2003). El entorno físico y el comportamiento humano. Madrid: Alianza Editorial.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano. y diplomado en psicología clínica.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App


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Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación

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La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol.Alex Barrera**

En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.

En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.

Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.

La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”

Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.

Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.

Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.

La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.

Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.

Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.

En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

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