Opinión
Desilusionó Andrés
Opinión / Cicuta del Caribe LXXIV
• “López está poseído por el odio, el resentimiento y el revanchismo”
• Activistas piden terminar tren hasta Cancún y eliminar tramos 5,6 y 7
• México, séptimo del mundo con 24 mil hoteles y 854 mil habitaciones
• Hito mundial: reservas por encima de 2019, según datos de Amadeus
• Preocupación hotelera ante verano por falta de personal capacitado
• Litiga Aeroméxico favoritismo para AIFA; desafía a “ya saben quién”
Por: Carlos Águila Arreola
Hace ya casi cuatro años que Palacio Nacional está convertido en el escenario de un drama televisado: cada mañana, de lunes a viernes, el histrión usa su púlpito para promover su agenda y arremeter contra sus enemigos. Responde preguntas de reporteros “a modo”, de medios de comunicación poco conocidos, y selecciona a periodistas independientes e irritantes para condenarlos.
Diversos analistas políticos ya están dando la alarma sobre la preocupante retórica autoritaria de Andrés Manuel López Obrador y su retórica divisiva que ha definido su presidencia: intenta moralizar y engatusar al país, pero se esfuerza por diseñar reformas políticas cuestionables, y cuando los periodistas críticos cuestionan su historial, los ataca y socava su credibilidad.
No posee el valor de la dignidad: día con día despotrica, agrede, insulta, acusa, descalifica, demoniza, denosta, humilla y ultraja a quienes simplemente no comparten sus ideas. El señor López no es un hombre bueno, no es honesto; se comporta como un hombre frustrado, poseído por el odio y la amargura, el resentimiento y el revanchismo, sin importarle dañar a terceros o a la nación.
El discurso estridente y sus soluciones simples tienen rato de irritar. En 2021 criticó al Departamento de Estado de Estados Unidos por entrometerse en los asuntos internos de México —a él le sale requetebién, como con Colombia—, y luego menospreció al respetado grupo defensor de la libertad de expresión y de prensa Artículo 19 cuando reclamó por los asesinatos de periodistas.
Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch, tuiteó: “Se nota que el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador tiene problemas de derechos humanos cuando resucita la doctrina troglodita de no comentar sobre los derechos humanos de otros países. Ese es el recurso de los dictadores”.
López Obrador no se ve a sí mismo como un autócrata, sino como un salvador que, por sí solo, está llevando a cabo una transformación histórica del gobierno, la economía y la sociedad de México… la mayoría de mexicanos creía lo mismo en 2018; tres años después, hoy, cada vez más personas de mi entorno se arrepienten de haber votado por el tabasqueño… las motivaciones son obvias.
Decepcionó por mentiroso: no acabó con la pobreza; en vez de eso, da dádivas y aplica políticas clientelares para obtener beneficios políticos; tampoco acabó con la corrupción… su entorno son unas arenas movedizas que quien se acerca termina atascado, pero sigue oponiéndose testarudamente a que su gobierno rinda cuentas sobre el uso particular del dinero público.
En la izquierda hay mucho descontento con la deriva autoritaria del gobierno, con su carácter autocrático, la fractura del principio de la división de poderes, con la militarización, con la política de odio que ha dividido a México y que, inevitablemente, dejará hondas heridas en el cuerpo social.
“Me equivoqué y nos equivocamos quienes pensamos que López Obrador era de izquierda. Hoy es perfectamente visible que su inspiración principal proviene del viejo PRI: de allí sus políticas clientelistas, sus ideas nacionalistas, su proteccionismo económico, su autoritarismo, sus ideas estatistas y su pragmatismo egocéntrico”, contó un amigo cercano.
En retrospectiva, es fácil ver que las ideas esenciales de la conducta política obradorista las extrajo de sus años de militancia priista y que su vinculación con la izquierda fue producto de un afán oportunista jaloneado por intereses políticos concretos; “Nunca ha mostrado los valores éticos que inspiran a la izquierda socialdemócrata”, vierte el mismo personaje.
Intolerable
En su libro “El mesías mexicano”, el historiador George Grayson explica: “Si bien los elementos del populismo aplican a López Obrador, él es de hecho un «mesías» político (que cree que) la justicia de su causa lo inmuniza del escrutinio y los ataques”, justo eso es lo que cree respecto a sus caprichos: el aeropuerto de Santa Lucía, Dos Bocas y el polémico Tren Maya.
La trágica ironía para López Obrador, es que son los periodistas de Animal Político, Nexos, Proceso y otros sitios, revistas y periódicos los que ayudaron a desvelar una conciencia sin precedentes sobre corrupción política, desigualdad, violencia y otros problemas, investigaciones de las que es tan cauteloso ahora, y que fomentaron la ola de frustración popular que empujó a elegirlo.
Transparencia Internacional ubica a México entre los países con peores problemas de corrupción —bandera preferida de su alteza pequeñísima—, en el lugar 124 detrás de Bolivia, Pakistán, Ucrania y Sierra Leona. El mexicano se ha vuelto cada vez más consciente y frustrado por los tratos corruptos entre la estrecha oligarquía de multimillonarios mexicanos y la clase política.
Desafortunadamente para México, a la mitad de su mandato de seis años, López Obrador se ha centrado más en la autopromoción que en abordar los problemas que prometió acabar. En promedio, sus peroratas matutinas contienen 80 mentiras, hace relaciones públicas para sus proyectos y nuevamente busca establecer relación directa con los votantes.
Como otros populistas, sigue un libro de jugadas autoritario cuando adopta un severo discurso de “con nosotros o contra nosotros” que sofoca el debate y marca a todos los disidentes no solo como incorrectos, sino ilegítimos e indignos de participar en el discurso público. López
No tolera las críticas de feministas, ambientalistas, activistas de derechos humanos y medios. Después de todo, solo un mesías puede afirmar que tiene el control de la verdad; algunas, o muchas de sus luchas se pueden atribuir a la arrogancia, la incompetencia, ignorancia o inexperiencia, pero lo preocupante es que exige adulación y conformidad de sus aliados y simpatizantes.
Muestra poco interés en aprender de sus errores. Como líder, tiene un enfoque implacable e inquebrantable en la consolidación del poder y poca ambición por ejercer el poder que ya tiene, y elige enfurecerse en lugar de comprometerse. Tres años y medio después de que fue elegido para una histórica presidencia, sigue en campaña en lugar de gobernar.
México descubrirá si su fanfarronada autoritaria es simplemente una táctica retórica, o una advertencia sobre sus ambiciones antidemocráticas. México comenzará a ver si Andrés Manuel López Obrador aspira a ser el próximo autócrata de América Latina, o simplemente se contenta con seguir interpretando a uno en la televisión.
Mientras tanto, durante la videoconferencia “La verdadera seguridad nacional es cuidar nuestro patrimonio biocultural”, científicos, académicos, activistas, abogados y sociedad civil reiteraron que no están contra el proyecto, sino como se realiza por la destrucción de la selva maya y su acuífero
El movimiento “Sélvame del Tren” y decenas de colectivos que lo conforman dicen a Tartufo “que continúe con el tren pero hasta Cancún, no el tramo cinco, ni el seis ni el siete… inaugúralo hasta ahí presidente, pero que no continúen los otros tramos porque será un tren sin destino que obligará a migrar porque no va a haber agua en el corto plazo, y hay evidencia científica.
“Esto es una preocupación legítima por la preservación de la selva, el acuífero maya, la belleza de toda la península y sin duda la calidad de vida de la gente que habita la región porque depende del turismo, que viene por los cenotes, que están riesgo si se sigue construyendo ese megaproyecto, que además no cumple con la ley ambiental, la está destrizando”, sostienen los denunciantes,

Menudencias
La hotelería es como la columna vertebral del turismo en México por la inversión, las divisas y el empleo que genera, pero además el país ocupa la séptima posición en infraestructura a nivel mundial con 24 mil hoteles y 854 mil cuartos, de acuerdo con la Secretaría de Turismo (Sectur); el porcentaje de ocupación total de 70 destinos monitoreados de enero a abril fue de 52.8 por ciento, 22.7 por encima de 2021 durante el mismo periodo, según los resultados del monitoreo hotelero del sistema DataTur.
Todo hace prever que habrá un verano turístico similar al de 2019 a nivel mundial, según los datos del software Amadeus —programa informático para gestionar y facilitar reservaciones de vuelos—, las reservas hoteleras están por previo a la pandemia, con cifras de ocupación de 63 por ciento en mayo, tres puntos más respecto al mismo periodo prepandemia. Los meses de junio, julio y agosto están a uno por ciento de los niveles de 2019.
El sector hotelero del Caribe mexicano aún no resuelve la falta de personal suficiente y capacitado para atender la alta ocupación que se espera para verano, incluso con sobreventas, y la hotelería organizada de la región ya prepara dos ferias de empleo para reclutar colaboradores, principalmente personal de cocina, camaristas, mantenimiento, administración y seguridad. Recientemente se realizó una oferta de 400 vacantes.
Aeroméxico impugnó la reducción de 61 a 49 operaciones por hora en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), ordenada por “ya saben quién” tras la apertura de su aeropuerto. La orden es llevar más vuelos a su terminal. La aerolínea también impugnó la Declaratoria de Saturación de las dos terminales, publicada por la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) el 3 de marzo, 18 días antes de la inauguración del Felipe Ángeles.
EN LA OPINIÓN DE:
Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad
Conciencia Saludablemente
La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.
Por: Pisc. Alex Barrera
Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.
Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.
Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.
La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.
La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.
Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.
Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.
A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.
La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.
Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.
A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.
Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.
No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.
En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.
El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.
Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.
También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.
La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.
Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian
Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol Alex Barrera**
En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.
Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.
Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.
Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.
Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.
Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.
Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.
Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.
La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.
Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.
En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.
También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.
Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.
En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.
****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
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