Opinión
La explosión de peces del 2020
Humanosfera
Por. Wilberth Esquivel
Me quedaría corto tratando de describir a detalle las magnificas exposiciones que vimos ayer en el Planetario Ka’Yok’ de Cancún, con motivo del Aniversario 27 del Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc, pero hablaré de dos conferencias que hablaron y confirmaron lo mismo en formas distintas.
En 2020 cuando nos detuvimos por la Pandemia de Covid19, la presión turística sobre nuestros arrecifes cedió, las poblaciones de peces crecieron abruptamente.
Primero la Bióloga Anaid Cadena Estrada presentó: “Análisis histórico de la densidad de peces asociados a eventos meteorológicos y antropogénicos en el ANP”, confirmando la explosión de peces que hubo.

Anaid explicó que el parque tiene 3 polígonos, como se ve en el mapa y como el nombre del ANP lo dice. Dentro de éstos polígonos hay arrecifes importantes, iconos del buceo y del turismo náutico en la región.
Manchones, en Isla Mujeres.
Cuevones, Chítales y Aristos enfrente de Cancún, ojo, Punta Cancún donde está el faro y del otro lado por Playa Forum por donde están los cubos, es área natural protegida. (Lo digo por mis fans pescadores).
Y en Punta Nizuc los dos arrecifes que se conocen como 1a Barrera que es un sitio fantástico para el snorkel y 2a Barrera para bucear.
Recordó la importancia de los arrecifes para la economía y el medio ambiente, lo amenazamos que están, las enfermedades que los acosan y como atraen a millones de turistas de todo el mundo.
Luego Anaid precisó que se han registrado 393 especies de peces que son de arrecife y que en los arrecifes del Parque Nacional tenemos 165 de éstas.
Resaltó además que para manejar bien un ANP, es necesario monitorear, generar información, hacer estudios, ponerle datos duros a los temas (ésto último se me ocurrió a mi).
Para eso estudiamos las poblaciones de peces, para percibir los cambios en sus poblaciones, para implementar estrategias de manejo.
Explicó las metodologías de trabajo en campo, la presición de las mismas y la fiabilidad de los registros. La rigurosidad de la interpretación y análisis de los datos. Y los resultados.
Hasta aquí todo iba tranquilo con Anaid pero de pronto salió su gráfico postCovid y ahí dije: Wow, ¿somos nosotros el factor limitante?, ¿nuestra actividad turística inhibe las poblaciones de peces?¿Cuántas pandemias más necesitamos para que la naturaleza se recuepre?

En 2020, cuando todos estábamos en el #QuédateEnCasa y la ocupación hotelera era de “Cero”, los arrecifes descansaron de la presencia humana, de los ruidos de motores de lanchas, del movimiento humano. Las poblaciones de peces se dispararon, luego otra vez regresamos en lo que se llamó la “Nueva Normalidad” y regresó el turismo, para las actividades en las ANP se expiden brazaletes, por eso el gráfico de turistas se disparó desde cero también, pero llegó a la línea punteada como se puede observar, o sea, los turistas regresaron a las cantidades de siempre, pero los peces rompieron el gráfico.
Yo interpreto así el estudio, sin embargo Anaid aclaró que del análisis de regresión múltiple, no se puede confirmar que exista una relación directa entre el turismo y las poblaciones de peces, podría haber otros factores como los cambios climáticos, los huracanes, el calor o la mejoría en las prácticas de snorkel. Por ejemplo, un touroperador que deje de visitar un arrecife podría generar un cambio importante.
Yo ya estaba medio conforme, con eso de la regresión múltiple y luego llega la siguiente expositora con: “Monitoreo de la comunidad ictiológica dentro de la ANP” y pensé ¿es la misma conferencia?¿Cómo, es el mismo tema?.
La bióloga Lina Ramírez Nava comenzó hablando de los antecedentes de monitoreo que se tienen en los arrecifes de la zona, aunque su metodología diferente y más acorde a la relación con la comunidad bentónica, es decir, con relación a las algas que se fijan al arrecife.

Es imperativo explicar aquí, que el arrecife de coral es un animal y no una planta, el arrecife compite con las algas, a veces crean simbiósis y colaboraciones, pero cuando las especies bentónicas aumentan pueden desequilibrar el ecosistema y reducir a los corales.
Cualquier especie cuando es dominante y se excede daña a las otras y a si misma en un ecosistema.
Entonces, el estudio de Lina no era igual al de Anaid, era complementario.
Anaid relacionó la explosión de peces del 2020 con los brazaletes turísticos como una medida de la presión humana y Lina se enfocó en la guerra por el territorio arrecifal entre corales y algas bentónicas.
¿Por que estudian la proliferación de algas? Por que en la medida que la acidez del océano cambia y en la medida que los nutrientes, polución y materia orgánica buena o mala modifica la calidad del agua que llega al arrecife, en esa medida las algas ganan espacio del coral.
Y luego vino lo sorprendente, los resultados fueron los mismos. Aquí el gráfico de Lina.

Y todos dijimos, entonces si fué una explosión de vida que la ausencia de turistas favoreció y que también detuvo el avance bentónico de las algas?
Es decir, el daño que causamos como humanos no solo es directo con nuestras visitas turísticas, también indirecto con nuestras aguas residuales. Las algas proliferan (sean fijas al fondo o flotantes como el sargazo), por las nuevas condiciones climáticas del mar, hay más algas en el mar y para muestra está el sargazo. Lo mismo esta sucediendo en los arrecifes, pero hay un porcentaje que es debido a las aguas residuales que no tienen tratamiento adecuado que vienen desde nuestras manchas urbanas y turísticas.

Para terminar de entender estas dos brillantes exposiciones, pondré el último gráfico de Lina, que muestra en 3 colores las poblaciones de peces en 2020, 2021 y 2022. Para cada arrecife de los polígonos del ANP.
Bien, todos los arrecifes se comportaron igual, crecen en 2020, principalmente Manchones (Isla Mujeres), se sostienen en 2021 con peces abundantes, pero solo un arrecife, el llamado Primera Barrera (Punta Nizuc) colapsa. de hecho crece muy poco en el 2020 cuando vino la explosión de vida. Ella dijo ¡Algo pasa con Primera barrera! y yo en la sesión de preguntas y respuestas pregunté ¿Que pasa en ese arrecife?
Su respuesta fué certera y directa: Hay malas prácticas, los turistas tocan el arrecife con las manos, tienen aletas enormes que golpean los corales, usan bloqueador, le dan comida a los peces, las lanchas paran muy cerca, llegan los jungle tours a cada rato, es un desastre de mal manejo y mal aprovechamiento del área natural protegida y hay sobreexplotacion (Ya le metí de mi cosecha).
Y es que es primordial entender que podemos aprovechar sus beneficios económicos y llevar turistas a snorkear pero respetando las reglas, priorizando el arrecife y sobre todo con buenas prácticas.
EN LA OPINIÓN DE:
El amor entre paredes: el impacto invisible del espacio físico en la relación de pareja
El lugar donde se dan las relaciones puede calmar al cuerpo, facilitar la conexión emocional o intensificar el conflicto.
Conciencia Saludablemente
Por:Psicol Alex Barrera **
Llega febrero y es imposible por lo menos para las culturas occidentales no hablar del amor por ello este mes, mi estimado lector llenaremos este espacio de amor, no ese que nos dan a torrentes en las películas donde siempre triunfa el romance, o aquel de las novelas románticas donde los protagonistas pasan por todo para finalmente encontrarse en aquel paraje encantador donde pueden consumar su amor. No, hablaremos del amor en su forma genuina, ese que perseguimos incansablemente, aunque ya exista dentro de nosotros, pero que se seca porque no hemos encontrado la manera de acceder a él. Hablemos del amor como ese vínculo que está en el ambiente, ese lenguaje sagrado que habita en cada momento pero que tenemos que aprender a descifrar.
Iniciemos nuestro recorrido por febrero… iniciemos nuestro recorrido por el amor…
FACE 1. ¿Dónde habita el amor?
Pensar el amor únicamente como una experiencia emocional entre dos personas es una mirada incompleta. Las relaciones no sólo se sienten: se desarrollan en espacios concretos que influyen de manera directa en cómo nos acercamos, nos regulamos y nos vinculamos. El amor tiene química, sí, pero también tiene contexto.
Desde la psicología ambiental y la neurociencia afectiva, investigaciones clásicas de Roger Ulrich (1984) demostraron que la exposición a entornos con luz natural y menor ruido reduce la activación fisiológica y los niveles de cortisol. Estudios posteriores en neurociencia social, como los de Stephen y Rachel Kaplan sobre la Teoría de la Restauración de la Atención, muestran que los espacios ordenados y con estímulos moderados favorecen la regulación emocional. En términos simples: el cuerpo reacciona al espacio antes de que podamos interpretar lo que sentimos por la otra persona.
Cuando los espacios son caóticos, reducidos o sobreestimulantes, el organismo permanece en alerta. En ese estado, disminuye la tolerancia, se acorta la escucha y aumenta la reactividad emocional. Muchas discusiones de pareja no nacen del conflicto en sí, sino del cansancio corporal que produce habitar entornos que no permiten bajar la guardia.
Lo íntimo: el espacio donde el cuerpo se relaja
Los espacios íntimos (como el dormitorio o las áreas de descanso) cumplen una función emocional clave en la pareja. No están pensados sólo para dormir, sino para la regulación del sistema nervioso. Una iluminación inadecuada, ruido constante o temperaturas incómodas afectan la calidad del descanso, y con ello la disponibilidad emocional.
La ciencia es clara en este punto: la privación de sueño altera el funcionamiento del lóbulo prefrontal, región del cerebro encargada del control emocional y la toma de decisiones. Cuando el cuerpo no descansa, la paciencia se reduce y la irritabilidad aumenta. Así, lo que parece un problema de comunicación puede tener su origen en un espacio que no favorece el descanso compartido.
Un entorno íntimo que prioriza la calma, más que la estética, favorece la conexión emocional y la sensación de seguridad básica necesaria para el vínculo.
Los espacios exteriores: salir del encierro emocional
Los espacios exteriores (terrazas, patios, parques o incluso la calle) también influyen en la química de la relación. Compartir espacios abiertos reduce la sensación de encierro físico y simbólico, permitiendo conversaciones más flexibles y menos cargadas emocionalmente.
Desde la psicología se ha observado que el contacto con entornos abiertos y con elementos naturales disminuye la activación del sistema de estrés y mejora el estado de ánimo. No es casual que muchas conversaciones difíciles fluyan mejor caminando que sentados frente a frente en un espacio cerrado. El movimiento y la amplitud espacial facilitan una regulación emocional más natural.
Incorporar espacios exteriores en la vida de pareja no resuelve los conflictos, pero sí crea condiciones más favorables para afrontarlos.
Más allá de lo funcional, los espacios construyen identidad. Un hogar compartido comunica acuerdos, cuidados y reconocimiento mutuo. Cuando los individuos en una relación se sienten representados en el espacio, se fortalece el sentido de pertenencia, y la experiencia del nosotros; cuando uno queda excluido, el vínculo comienza a resentirse.
El espacio como parte del “nosotros”
El espacio puede decir, sin palabras: aquí hay lugar para ambos… o todo lo contrario. Incluso en el tema del romance el espacio debe enviar un mensaje claro “aquí podemos encontrarnos”.
La pasión necesita espacios que inviten a quedarse, no a huir. Luz cálida, orden visual, privacidad y ausencia de interrupciones permiten que el cuerpo se relaje y el deseo aparezca. Cuando el espacio baja el ruido externo, facilita la conexión interna, admitiendo una conexión más fluida con el otro. Crear un entorno para la pasión, no es decorar, es cuidar las condiciones donde la intimidad puede suceder.
Terapia psicológica y espacios relacionales
La terapia psicológica permite explorar cómo el entorno físico interactúa con las dinámicas emocionales dentro de las relaciones interpersonales. Ayuda a diferenciar qué conflictos pertenecen al vínculo y cuáles están sostenidos por estrés ambiental, agotamiento o falta de espacios de autorregulación.
Cuando observo cómo las parejas se relacionan, confirmo que el amor no solo se sostiene con palabras o emociones, sino con el cuerpo que habita un espacio en todas sus formas. El entorno modula el estrés, permite o bloquea el descanso, abre o cierra la comunicación y, finalmente, condiciona la intimidad.
Cuidar los espacios que compartimos es una forma silenciosa pero profunda de cuidar el vínculo. Cuando el lugar que habitamos nos permite bajar la guardia, mirarnos y respirar, la relación deja de resistir… y vuelve a encontrarse, porque el amor está en todos lados, y no sólo se siente se habita.
Si desea conocer mas sobre el tema se recomienda:
Evans, G. W. (2003). El entorno físico y el comportamiento humano. Madrid: Alianza Editorial.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano. y diplomado en psicología clínica.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación
La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol.Alex Barrera**
En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.
En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.
Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.
La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”
Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.
Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.
Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.
La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.
Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.
Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.
En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
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