Opinión
Siempre esquivo a la autocrítica
Opinión / Cicuta del Caribe LII
• Hay oposición, se acabó el país de un solo hombre: Jesús Zambrano
• Semana Santa, oasis para hoteles en atribulada situación que viven
• Antes, como ahora, se ignoraron denuncias: ambientalistas a AMLO
• Se dispararon 222 por ciento adeudos fiscales debido a la pandemia
Por: Carlos Águila Arreola
De la recesión de 2020 pasamos a una súbita recuperación que primero se vio atajada por la pandemia sanitaria que aún persiste, pero que afortunadamente ya es menos agresiva, y luego frenada por la inflación, que parece encaminarse a una nueva desaceleración económica.
En ese marco, el pasado sábado 16 de abril se celebró el Día Mundial del Emprendimiento, y los mexicanos lo celebramos con jornadas laborales de hasta 16 horas, ganando menos dinero, abaratando el trabajo y en muchos casos sumándose a la informalidad.
A tres años de distancia parece estar probado que ya saben quién se hizo con la Presidencia pero no para gobernar para todos, sin distinción de colores y credos, como prometió —de hecho, todos lo hacen en campaña, como ahorita los candidatos a la gubernatura y los suspirantes a una diputación.
El resultado: 11 millones de nuevos pobres, inseguridad alimentaria que lleva al hambre a dos de cada 10 mexicanos, y a seis de cada decena a no tener suficiente dinero para comprar la canasta básica de alimentos, datos duros de la incapacidad de gobernar de quienes llegaron a vengarse y a aprender.
Los militantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que luego se convirtieron en los ahora indefectibles chairos, los mismos que llegaron a posiciones de poder que se suponían claves para el buen caminar del país, tuvieron que pagar la llamada “curva de aprendizaje”.
(La palabra chairo viene de chaira, vocablo popular mexicano para referirse a la masturbación. Si una chaira significa darse placer a uno mismo sin contacto con otros, el chairo es alguien que se masturba mentalmente sin involucrarse con la causa que defiende.)
Tres años tomó a Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores entender cómo se dirige un país, solo que en ese “aprendizaje” se llevaron entre las patas —literalmente— no solo a la clase media “aspiracionista”, sino a la prensa crítica y arremete contra quien sea con la tranquilidad que le da creerse respaldado por los más de 60 millones de mexicanos pobres.
Recortes
Jacques Coste, investigador de la consultora Integralia, dice que el programa de austeridad de López Obrador ha afectado brutalmente a los mexicanos por las rebajas de sueldos de funcionarios o recortes en ciencia, cultura y arte, así como la cancelación de decenas de programas.
Siempre esquivo a la autocrítica, y creyendo en su “exitosa estrategia” de culpar a quien sea cuando las cosas salen mal, López Obrador empezó 2022 con la reconfiguración de la administración pública federal: desapareció institutos y dejó varios programas sociales en vilo.
En los últimos minutos del 31 de diciembre, mediante un decreto, ordenó la desaparición del Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol), lo que dejó en suspenso una decena de programas sociales destinados a las mujeres víctimas de violencia machista y a profesionalizar las asociaciones civiles, entre otros.
Ya saben quién eliminó 12 programas sociales que incidían en la pobreza; en 2018 había 150 programas sociales federales, de los que eliminó 18 y creó 14 para 146 vigentes; desafortunadamente eliminó los que ofrecían ayuda y servicios de calidad a grupos vulnerables
En cambio, privilegió la entrega de dinero como herramienta para provocar el incremento en el consumo de los pobres.
De los eliminados y que estaba comprobado, mediante evaluaciones de política pública, que eran relevantes por su contribución social, está el de las estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras, y el de Comedores Comunitarios, el de Apoyos para la Protección de las Personas en Estado de Necesidad.
De 150 que había el año pasado —la mayoría herencia de administraciones anteriores—, 93 eran considerados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) como “que sí contribuyeron a reducir la pobreza, o bien para mejorar el acceso efectivo a los derechos”.
De esos 93 que habían probado ser exitosos, solo quedan 81; de 45 programas vinculados con pobreza, 36 permanecen, pero redujeron su presupuesto en 4.4 por ciento; de 92 vinculados con derechos, 80 se mantienen, aunque les quitaron el equivalente a 16 por ciento de su presupuesto.
El panorama es desalentador: el Coneval estima que con $3,200 pesos al mes una persona satisface sus necesidades, algo lejano de la realidad en muchas zonas; además, casi 85 por ciento de la población carece de seguridad laboral o un sueldo para satisfacer las necesidades de su familia, pero lo niega, y negar la realidad impide tener demandas políticas concretas y claras.

Menudencias
Andrés Manuel no quiere asumir la derrota político-legislativa que significó la cancelación de su reforma eléctrica, dice José de Jesús Zambrano Grijalva, líder nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien añade que la unión de todos los partidos de oposición para votar contra esa reforma demostró que en México “hay oposición”, que el Poder Legislativo ganó fuerza y que, con la vuelta al equilibrio de poderes, “acabó el país de un solo hombre”.
Las buenas cifras de la Semana Santa no contentan a los hoteleros, pese a haber conseguido 90 por ciento de ocupación en promedio; “son unos buenos días dentro del difícil escenario que vive la industria turística. Los datos son una muestra de la recuperación y el deseo de volver a viajar; sin embargo, los hoteles han visto incrementar sus costos de operación un 20 por ciento”, por lo que “las vacaciones son un oasis en el difícil contexto en que se desenvuelven”.
Obstinado, Andrés Manuel volvió a dudar de los científicos al asegurar que no afecta cenotes ni ríos subterráneos, y reprochó a opositores al Tren Maya que no se hayan manifestado contra Xcaret y la minera Calica —ambas en Playa del Carmen— por los daños que provocaron en la selva y el mar Caribe; de inmediato, varios promoventes del amparo que frena el Tramo Cinco Sur, le espetaron que en su momento sí se señaló, pero aún así —justo como ocurre ahora— las autoridades ignoraron las denuncias.
La exacerbada fiscalización del Servicio de Administración Tributaria (SAT) detonó 59 mil 562 nuevos adeudos fiscales durante enero, cifra 222.1 por ciento superior a la de igual mes de 2021, y la más alta que se haya registrado en un mes similar desde 2016. El monto fue de 40 mil 45 millones de pesos, 142.6 por ciento mayor a los 16 mil 508 millones de igual mes del año pasado, de acuerdo con las cifras del propio fisco.
EN LA OPINIÓN DE:
El amor entre paredes: el impacto invisible del espacio físico en la relación de pareja
El lugar donde se dan las relaciones puede calmar al cuerpo, facilitar la conexión emocional o intensificar el conflicto.
Conciencia Saludablemente
Por:Psicol Alex Barrera **
Llega febrero y es imposible por lo menos para las culturas occidentales no hablar del amor por ello este mes, mi estimado lector llenaremos este espacio de amor, no ese que nos dan a torrentes en las películas donde siempre triunfa el romance, o aquel de las novelas románticas donde los protagonistas pasan por todo para finalmente encontrarse en aquel paraje encantador donde pueden consumar su amor. No, hablaremos del amor en su forma genuina, ese que perseguimos incansablemente, aunque ya exista dentro de nosotros, pero que se seca porque no hemos encontrado la manera de acceder a él. Hablemos del amor como ese vínculo que está en el ambiente, ese lenguaje sagrado que habita en cada momento pero que tenemos que aprender a descifrar.
Iniciemos nuestro recorrido por febrero… iniciemos nuestro recorrido por el amor…
FACE 1. ¿Dónde habita el amor?
Pensar el amor únicamente como una experiencia emocional entre dos personas es una mirada incompleta. Las relaciones no sólo se sienten: se desarrollan en espacios concretos que influyen de manera directa en cómo nos acercamos, nos regulamos y nos vinculamos. El amor tiene química, sí, pero también tiene contexto.
Desde la psicología ambiental y la neurociencia afectiva, investigaciones clásicas de Roger Ulrich (1984) demostraron que la exposición a entornos con luz natural y menor ruido reduce la activación fisiológica y los niveles de cortisol. Estudios posteriores en neurociencia social, como los de Stephen y Rachel Kaplan sobre la Teoría de la Restauración de la Atención, muestran que los espacios ordenados y con estímulos moderados favorecen la regulación emocional. En términos simples: el cuerpo reacciona al espacio antes de que podamos interpretar lo que sentimos por la otra persona.
Cuando los espacios son caóticos, reducidos o sobreestimulantes, el organismo permanece en alerta. En ese estado, disminuye la tolerancia, se acorta la escucha y aumenta la reactividad emocional. Muchas discusiones de pareja no nacen del conflicto en sí, sino del cansancio corporal que produce habitar entornos que no permiten bajar la guardia.
Lo íntimo: el espacio donde el cuerpo se relaja
Los espacios íntimos (como el dormitorio o las áreas de descanso) cumplen una función emocional clave en la pareja. No están pensados sólo para dormir, sino para la regulación del sistema nervioso. Una iluminación inadecuada, ruido constante o temperaturas incómodas afectan la calidad del descanso, y con ello la disponibilidad emocional.
La ciencia es clara en este punto: la privación de sueño altera el funcionamiento del lóbulo prefrontal, región del cerebro encargada del control emocional y la toma de decisiones. Cuando el cuerpo no descansa, la paciencia se reduce y la irritabilidad aumenta. Así, lo que parece un problema de comunicación puede tener su origen en un espacio que no favorece el descanso compartido.
Un entorno íntimo que prioriza la calma, más que la estética, favorece la conexión emocional y la sensación de seguridad básica necesaria para el vínculo.
Los espacios exteriores: salir del encierro emocional
Los espacios exteriores (terrazas, patios, parques o incluso la calle) también influyen en la química de la relación. Compartir espacios abiertos reduce la sensación de encierro físico y simbólico, permitiendo conversaciones más flexibles y menos cargadas emocionalmente.
Desde la psicología se ha observado que el contacto con entornos abiertos y con elementos naturales disminuye la activación del sistema de estrés y mejora el estado de ánimo. No es casual que muchas conversaciones difíciles fluyan mejor caminando que sentados frente a frente en un espacio cerrado. El movimiento y la amplitud espacial facilitan una regulación emocional más natural.
Incorporar espacios exteriores en la vida de pareja no resuelve los conflictos, pero sí crea condiciones más favorables para afrontarlos.
Más allá de lo funcional, los espacios construyen identidad. Un hogar compartido comunica acuerdos, cuidados y reconocimiento mutuo. Cuando los individuos en una relación se sienten representados en el espacio, se fortalece el sentido de pertenencia, y la experiencia del nosotros; cuando uno queda excluido, el vínculo comienza a resentirse.
El espacio como parte del “nosotros”
El espacio puede decir, sin palabras: aquí hay lugar para ambos… o todo lo contrario. Incluso en el tema del romance el espacio debe enviar un mensaje claro “aquí podemos encontrarnos”.
La pasión necesita espacios que inviten a quedarse, no a huir. Luz cálida, orden visual, privacidad y ausencia de interrupciones permiten que el cuerpo se relaje y el deseo aparezca. Cuando el espacio baja el ruido externo, facilita la conexión interna, admitiendo una conexión más fluida con el otro. Crear un entorno para la pasión, no es decorar, es cuidar las condiciones donde la intimidad puede suceder.
Terapia psicológica y espacios relacionales
La terapia psicológica permite explorar cómo el entorno físico interactúa con las dinámicas emocionales dentro de las relaciones interpersonales. Ayuda a diferenciar qué conflictos pertenecen al vínculo y cuáles están sostenidos por estrés ambiental, agotamiento o falta de espacios de autorregulación.
Cuando observo cómo las parejas se relacionan, confirmo que el amor no solo se sostiene con palabras o emociones, sino con el cuerpo que habita un espacio en todas sus formas. El entorno modula el estrés, permite o bloquea el descanso, abre o cierra la comunicación y, finalmente, condiciona la intimidad.
Cuidar los espacios que compartimos es una forma silenciosa pero profunda de cuidar el vínculo. Cuando el lugar que habitamos nos permite bajar la guardia, mirarnos y respirar, la relación deja de resistir… y vuelve a encontrarse, porque el amor está en todos lados, y no sólo se siente se habita.
Si desea conocer mas sobre el tema se recomienda:
Evans, G. W. (2003). El entorno físico y el comportamiento humano. Madrid: Alianza Editorial.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano. y diplomado en psicología clínica.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación
La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol.Alex Barrera**
En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.
En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.
Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.
La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”
Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.
Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.
Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.
La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.
Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.
Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.
En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
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