EN LA OPINIÓN DE:
Cuando el estrés se vuelve hogar
En una mente estresada por años, el silencio se vuelve territorios peligrosos ocultando el verdadero mal
Conciencia Saludablemente
Por. Psicol. Alex Barrera
Hubo un tiempo en el que el estrés era una señal de alarma: algo no estaba bien y el cuerpo pedía pausa. Hoy, para muchas personas, el estrés dejó de ser un estado pasajero y se convirtió en una forma de vida. Muchas personas sin darse cuenta aprendieron a vivir aceleradas, hiperconectadas y con la sensación constante de que, si no estamos ocupados o tensos, estamos fallando en algo. El problema no es solo vivir con estrés, sino volverse incapaz de vivir sin él.
Durante años hemos aprendido a vivir con el estrés como si fuera una condición natural de la adultez. “Así es la vida”, decimos, mientras normalizamos el cansancio crónico, la ansiedad constante y la sensación de que, si no estamos ocupados, algo anda mal. Poco a poco, sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos si el estrés es inevitable y comenzamos a organizarnos alrededor de él. El problema no es sólo que vivamos estresados, sino que a de que sabemos que existe, no sabemos ni como reconocerlo, es decir, sabemos que existe el estrés, pero no sabemos cómo se siente el estrés, y mucho menos como detenerlo, aunque suene duro muchos hemos desarrollado una incapacidad real para vivir sin estrés.
Y es que cuando el estrés se normaliza, el silencio incomoda. Los espacios de calma generan culpa y la tranquilidad se interpreta como pérdida de tiempo incluso hay quien al intentar detenerlo se encuentra con la respuesta automática del cerebro una rotunda negativa, como si el propio cuerpo se negara a abandonar ese estado. Y lo grave es que aunque el cerebro lo haya normalizado, el generar estrés mantiene los mecanismos del naturales del cuerpo provocando daños clínicos en la salud de las personas.
No hablo del estrés como respuesta adaptativa —ese mecanismo biológico que nos permite reaccionar ante una amenaza real—, sino de un estado permanente de activación que se vuelve identidad. Hay personas que no saben qué hacer cuando no hay pendientes, conflictos o urgencias. El silencio les incomoda. El descanso les genera culpa. La calma se percibe como improductiva, sospechosa, incluso peligrosa. En ese punto, el estrés deja de ser una reacción y se convierte en una forma de vida.
Desde la psicología sabemos que el cuerpo no distingue entre una amenaza real y una simbólica. El sistema nervioso responde igual a un león que a un correo electrónico. Cuando vivimos en estado de alerta constante, el organismo se adapta a esa intensidad. El cortisol y la adrenalina se mantienen elevados y, con el tiempo, el cuerpo aprende a funcionar así. Entonces ocurre algo paradójico: la calma empieza a sentirse extraña, y el estrés se vuelve familiar. Incluso necesario.
Esto explica por qué algunas personas, al tener un fin de semana libre, se enferman, se angustian o buscan inconscientemente un conflicto. No es mala suerte: es un sistema nervioso que no sabe bajar la guardia. La mente, acostumbrada al ruido, interpreta la quietud como vacío. Y el vacío, para muchos, resulta insoportable.
La cultura contemporánea ha hecho del estrés una medalla de honor. Estar ocupados es sinónimo de éxito. Dormir poco es señal de compromiso. Decir “no tengo tiempo” nos valida socialmente. Hemos romantizado el agotamiento al punto de sospechar de quien vive con calma. ¿Qué estará haciendo mal? ¿Por qué no corre como los demás? Así, el estrés deja de ser un problema y se vuelve un valor cultural.
Pero el cuerpo no negocia con las narrativas sociales. El estrés sostenido tiene consecuencias claras: trastornos del sueño, problemas digestivos, enfermedades cardiovasculares, irritabilidad, dificultades de concentración, distanciamiento social, ansiedad y depresión. Lo más grave es que muchas de estas señales se ignoran porque se consideran “normales”. Vivir cansados se vuelve la norma. Sentirse mal, el precio a pagar.
Hay otro aspecto menos visible pero igual de dañino: el estrés constante empobrece la vida emocional. Cuando estamos siempre en modo supervivencia, no hay espacio para el placer, la creatividad ni la introspección. Todo se vuelve funcional. Incluso las relaciones. Escuchamos a medias, convivimos con prisa, respondemos desde la reactividad. Vivir así no sólo desgasta el cuerpo; también nos desconecta de nosotros mismos.
Con frecuencia escucho frases como: “Si me relajo, pierdo el control”, “Si descanso, me atraso”, “Si bajo el ritmo, todo se desmorona”” Hay que seguir” y la más atros “Puedo con eso y más”, todas ellas de personas que puedo ver están a punto de desmoronarse. Detrás de ellas hay una creencia profunda: la idea de que sólo somos valiosos cuando estamos produciendo o resolviendo problemas. El estrés, entonces, se convierte en una forma de sostener la autoestima. Mientras estoy ocupado, existo. Cuando paro, me enfrento al vacío de no saber quién soy sin la urgencia.
En ese sentido, la incapacidad de vivir sin estrés no es sólo fisiológica; es también psicológica. El estrés funciona como anestesia. Mantiene la mente ocupada y evita preguntas incómodas: ¿estoy donde quiero estar?, ¿esto me hace sentido?, ¿qué estoy evitando sentir? Cuando bajamos el ritmo, esas preguntas aparecen. Y no siempre estamos preparados para escucharlas.
La ironía es que muchas personas buscan “manejar mejor el estrés” sin cuestionar por qué viven en un estado que lo genera de manera permanente han olvidado siquiera como se sentían, y casi puedo asegurar que ya ni siquiera lo distinguen. Hacemos yoga, meditamos cinco minutos, tomamos suplementos… pero regresamos a la misma lógica de exigencia. No se trata de eliminar el estrés —eso sería imposible—, sino de dejar de necesitarlo para sentirnos vivos.
Incluso el cerebro puede interpretar como amenazantes los ejercicios orientados a la calma y la relajación cuando ha pasado demasiado tiempo funcionando en modo de alerta. Desde la neurociencia sabemos que el sistema nervioso se adapta a los estados que se repiten con mayor frecuencia; si una persona vive bajo estrés crónico, su cerebro aprende que la activación constante es sinónimo de seguridad.
En ese contexto, prácticas como la respiración profunda, la meditación o el silencio corporal pueden generar incomodidad, ansiedad o inquietud, porque implican “bajar la guardia”. Al disminuir la estimulación externa, emergen sensaciones internas, emociones reprimidas o pensamientos evitados, lo que el cerebro interpreta como pérdida de control.
La amígdala, encargada de detectar amenazas, puede activarse ante esta quietud desconocida, enviando señales de alarma que se manifiestan como nerviosismo, tensión muscular o necesidad urgente de interrumpir el ejercicio. No es que la calma sea peligrosa, sino que resulta extraña para un sistema acostumbrado a sobrevivir desde la urgencia. Por ello, aprender a relajarse no siempre es placentero al inicio; es un proceso de reaprendizaje en el que el cerebro necesita tiempo y acompañamiento para reconocer que el descanso también es un estado seguro.
Aprender a vivir sin estrés no significa abandonar responsabilidades ni aspiraciones. Significa recuperar la capacidad de alternar entre acción y reposo reconociendo conscientemente cual es cual. Dejar que el sistema nervioso recuerde que la calma también es segura. Que no todo es amenaza. Que no todo es urgente. Que el descanso no es un premio, sino una necesidad biológica y emocional y de usar herramientas que me permitan disminuir el estrés en momentos precisos de la vida.
Este reaprendizaje no es sencillo. Para alguien acostumbrado a la hiperactividad, el descanso puede generar ansiedad, irritabilidad o incluso tristeza. Es como quitarle una muleta al cuerpo: al principio duele. Por eso, muchas personas fracasan en sus intentos de bajar el ritmo y concluyen que “no pueden”. No es que no puedan; es que están deshabituándose de un estado que se volvió adictivo.
Aquí es donde la terapia psicológica cobra un papel fundamental. No sólo para enseñar técnicas de relajación, sino para explorar qué función cumple el estrés en la vida de la persona. ¿Qué evita? ¿Qué sostiene? ¿Qué identidad refuerza? Acompañar este proceso permite construir una relación más sana con el tiempo, el cuerpo y las emociones.
Vivir sin estrés constante no es una utopía, pero sí un acto contracultural. Implica cuestionar mandatos, tolerar la incomodidad del silencio y redefinir el valor personal más allá del rendimiento. Implica, en muchos casos, aceptar que hemos estado sobreviviendo cuando podríamos estar viviendo.
Tal vez la pregunta no sea cómo eliminar el estrés, sino algo más incómodo y honesto: ¿qué parte de mí no sabe existir sin él? Mientras no nos atrevamos a responderla, seguiremos corriendo, no porque sea necesario, sino porque detenernos nos confronta con una calma que aún no sabemos habitar.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial de manera privada.
Si le interesa el tema puede profundizar en los siguientes textos:
American Psychological Association. (2020). Stress effects on the body.
https://www.apa.org/topics/stress/body
Describe cómo el estrés crónico mantiene al sistema nervioso en estado de alerta y dificulta la activación de respuestas de relajación.
Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. W. W. Norton & Company.
https://wwnorton.com/books/9780393707007
Explica cómo el sistema nervioso autónomo puede interpretar estados de calma como inseguros cuando el organismo está habituado a la hiperactivación.
Van der Kolk, B. (2014). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Viking.
https://www.penguinrandomhouse.com/books/215391/the-body-keeps-the-score-by-bessel-van-der-kolk-md/
Aborda cómo personas con estrés prolongado o trauma pueden experimentar ansiedad al intentar relajarse o meditar.
Thayer, J. F., & Lane, R. D. (2000). A model of neurovisceral integration in emotion regulation and dysregulation. Journal of Affective Disorders, 61(3), 201–216.
https://doi.org/10.1016/S0165-0327(00)00338-4
Expone cómo la regulación emocional deficiente hace que el sistema nervioso perciba la calma como una pérdida de control.
Treleaven, D. A. (2018). Trauma-sensitive mindfulness: Practices for safe and transformative healing. W. W. Norton & Company.
https://wwnorton.com/books/9780393709780
Analiza por qué prácticas de mindfulness pueden activar ansiedad en personas con sistemas nerviosos hipervigilantes.
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EN LA OPINIÓN DE:
ALIADOS PARÁSITOS INDIGESTAN LA REFORMA ELECTORAL
“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.
• Impresentables verdes, PT y del propio Morena buscan definir el rumbo de la 4T al margen del proyecto y a favor de intereses de grupo.
El morenismo en la disyuntiva. En riesgo de ser rebasado por la basura que ha acumulado y ocupan cargos directivos y de elección, su verdadera oposición es interna. En la mañanera de este miércoles 28 de enero, una vez más, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a defender su proyecto de reforma electoral ante la oposición convenenciera de los aliados parásitos verdes y petistas.
El mismo día 28 en la tarde-noche, los tres partidos firmaron un documento intentado mostrar unidad, ante el evidente chantaje divisionista de los aliados parásitos, pero tan ambiguo el texto, que dejó las cosas igual o peor, ya que no se percibió un posicionamiento firme, sino un morenismo acorralado y a la defensiva.
Hace seis años esta misma reforma fue detenida por la oposición, cuando en el Congreso decidieron vetar todas las iniciativas y no aprobar ninguna reforma del obradorismo, lo cual dio origen al famoso plan B, que consistía en ganar la mayoría constitucional en las elecciones de 2024, cosa que logró. Pero ahora, ese veto no proviene de la oposición tan disminuida, casi desaparecida, sino del interior de la misma 4T, por parte de oscuros personajes que se subieron a la 4T cuando el mismo AMLO abrió las puertas a todo tipo de basurea política.
Claudia Sheinmbaum reiteró este día 28: “Vamos a plantear la iniciativa con los ejes necesarios y los que recogió la Comisión para la Reforma en los foros y encuestas para mejorar nuestro sistema electoral; no porque una persona u otra no esté de acuerdo no la vamos a presentar; las cámaras de diputados y senadores la discutirán, pero la mayoría va a estar de acuerdo”.
¿TRATO ADECUADO AL VERDE?
“Nosotros no hemos dicho que no, pero tampoco hemos dicho que sí” porque minimizan a los verdes. Las estructuras de Morena no le han dado un trato adecuado al Partido Verde”, así se expresó el gobernador verde (ex PRD) de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, el de la frustrada “Ley esposa”, quien lanzó ataque directo al proyecto de reforma.
Recordemos que Gallardo fue gobernador por imposición de Andrés Manuel López Obrador, quien generó una humillación a la militancia de su propio partido en SLP, que tuvo que tragarse una candidata guinda débil y sin apoyo, ya que la estructura de Morena fue puesta al servicio de Gallardo por “indicaciones” del propio Obrador, a quien no le importó su impresentable pasado.
“El Pollo”, como se le conoce, fue consignado en 2015 a un penal federal de Hermosillo, Sonora, como presunto responsable delincuencia organizada y lavado de dinero, así como el desvío de 200 millones de pesos del erario municipal de Soledad de Graciano Sánchez, a empresas de las que era accionista mayoritario. Aún así, López Obrador lo impuso y ahora él quiere imponer a su esposa; así como a él mismo lo impuso su propio padre, Ricardo Gallardo Juárez, “heredándole” la presidencia municipal.
NADO SINCRONIZADO
La oposición interna de Gallardo es parte de un nado sincronizado, en el que participan otros con casaca guinda, como Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, quien ha reiterado que sin los votos del verde y PT la reforma no pñasará.
Ahora, hay indicios de que está trabajando en su propia versión de reforma electoral que pretendería presentar al Congreso apenas inicie el periodo ordinario de sesiones el próximo 1 de febrero. El zacatecano estaría cabildeando con los del Verde y el PT para lograr una propuesta que no toque el régimen plurinominal con la intención de que su reforma si obtenga los consensos necesarios y adelantarse a Palacio Nacional.
QUINTANA ROO, MONEDA DE CAMBIO
En medio de este desafío interno al liderazgo de Claudia Sheinbaum al frente del proyecto 4T, se encuentra Quintana Roo ante un escenario de correr la misma suerte de San Luis Potosí hace seis años, doblegándola, para terminar de entregarle el estado a Jorge Emilio González a cambio de mantener el apoyo de los 62 diputados y 14 senadores verdes ganados con votos guinda, para respaldar la reforma electoral, verdadero motivo del chantaje.
EL PT EMPODERADO
El coordinador de los diputados del PT, Reginaldo Sandoval, declaró que “la 4T depende de lo que decidan el PT y el Verde; eso hay que decirlo con toda claridad, eso todo el mundo lo sabe. El que quiera engañarse, que se engañe”.
“Somos 500 diputados y para hacer una reforma constitucional se requieren 335 legisladores. ¿Y cuántos tiene Morena? 253. Faltan muchos. Sin el PT no da, sin el Verde no da. Necesitamos sumarnos todos para que dé 335, esa es la aritmética”.
“Tenemos el Poder Ejecutivo, tenemos el Poder Legislativo, ganamos por la vía de las elecciones el Poder Judicial, ¿habrá necesidad de una reforma?”
“Jorge Emilio ya decidió que no vamos con la reforma electoral”.
Así las cosas, la sucesión en Quintana Roo avanza con Eugenio Segura y Rafael Marín a la cabeza de dos proyectos. Los aliados parásitos indigestan la reforma electoral y en este proceso los mexicanos y quintanarroense veremos de qué está hecha la presidenta Claudia Sheinbaum. Usted tiene la última palabra.

EN LA OPINIÓN DE:
DE LA REFORMA POLITICA Y SALINAS PLIEGO
“El Minotauro”
Por Nicolás Durán de la Sierra
Para este mismo fin de semana o para los primeros días de la que viene, dos temas encabezarán el escenario nacional. El texto de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaun, será uno de ellos, y el otro el cómo y cuánto pagará Ricardo Salinas Pliego su descomunal deuda con la Hacienda federal, la que supera los 74 mil millones de pesos, la más alta en la historia del país.
Más que por el monto de la deuda del propietario de la TV Azteca entre otros negocios, el que tenga que pagar sus impuestos es una victoria presidencial pues, en la práctica, implica el imperio del Estado sobre poderes fácticos que sexenio tras sexenio habían sido intocables y que, como el caso ilustra, llegaron hasta amagar con la desestabilización política del país.
Recordemos que en el pasado cercano Salinas Pliego, en foros internacionales se dijo ‘perseguido político’ y hasta buscó la cercanía con Donald Trump (la ya famosa cena de los cien mil dólares) sin importarle la beligerancia de éste contra México, además de apoyar con televisión y dinero a lo más podrido de la oposición como el priista ‘Alito’ Moreno, quien por cierto está en capilla judicial.
Será pues, en los próximos días, cuando sepamos si la Hacienda federal rebajará poco más de 21 mil millones de pesos al debito del empresario (el pobre sólo tendría que pagar sólo 51 mil millones) y si, como él pretende, lo puede hacer en cómodos abonos mensuales, que no de balde es propietario también de las tiendas Elektra; podría decirse que lo abonero está en sus genes.
En cuanto a la reforma electoral, el texto presidencial se espera en breve, aunque menos acido que al principio. No se prevé el fin de las diputaciones “pluris”, que irritó a todos los actores, incluidos PT y Verde, sino de otra vía de reparto como el de las primeras minorías, algo así como “los mejores segundos lugares”, en vez de la lista de favoritos de los partidos políticos.
La reducción del presupuesto para los partidos, que en el discurso suena bien, en la práctica opera a favor de Morena como partido de Estado con todos sus recursos y vulnera a las demás opciones electorales. Vamos, hay muchas entidades en las que el poder ejecutivo absorbe a los poderes legislativo y judicial; más aún. se trata de una forma de autocracia apenas disimulada.
Se espera que en el texto tal capítulo se aplace primero, lo que es habitual, y luego se diluya. En un país con 130 millones de habitantes, 500 curules no son excesivas, ya que cada una suma, a grosso modo, a 260 mil electores, por sólo hablar de la llamada cámara baja.
Será interesante la iniciativa presidencial y más todavía la réplica del congreso, donde se discutirá. Es probable que la propia oposición venga de adentro, además de la de sus satélites políticos. Ayer el consejo general guinda insistió en que “la nueva reforma electoral no afectara la unidad del bloque Morena”, lo que es un anuncio de tormenta
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