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EN LA OPINIÓN DE:

EN DEFENSA DEL PODER LEGISLATIVO

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En opinión de 

Dr. Hugo Alday Nieto. 

Para quienes conocemos un poco acerca de teoría del Estado, la importancia del Poder Legislativo es fundamental para poder entender a los estados nación en los que vivimos hoy en día. Pero para ello, hay que retomar desde el origen, la concepción del Estado, principalmente, del Estado, represor quien es el único ente que, en teoría, puede hacer uso de la violencia en nombre del derecho.
Para ello es importante definirnos jurídica y políticamente, como lo advierte el doctor Juan Antonio García Amado de la Universidad de Leon, España, quieren reciente entrevista en la UNAM, urgió a todos a definirnos entre hobbesianos y rousseaunianos, esto es, entre aquellos que consideramos que el origen del pacto social es el establecimiento de un Estado fuerte, con facultades represivas para ejercer la violencia e imponer la Ley, tal como lo señala Thomas Hobbes en el Leviatán como única alternativa para evitar que el hombre siga siendo el lobo del hombre; o ser del grupo de los optimistas que consideran que el pacto social, a través del cual surgen los estados se dirime de la voluntad de las personas, confiando en que todos deseamos el bien de todos, y mayormente apegados a la teoría de Juan Jacobo Rousseau.
Lo anterior nos llevaría, sin duda, a definirnos con posterioridad en el papel que debe representar un Poder Legislativo, como ente político único y sólido emanado del ejercicio democrático decisorio de las masas, y cuya función principal, es la de redactar las reglas del juego. Esto es, el de crear el marco jurídico, a través del cual el Estado compuesto de tres poderes, como son el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, pueden hacer o no hacer de acuerdo a las facultades que ese mismo marco jurídico les asigne. Y, por otro lado, la sociedad en su conjunto pueda tener la certeza de qué las reglas del juego emanadas de los representantes populares que ellos mismos eligieron, se tienen que cumplir por el Estado en su conjunto, para que sólo exista posibilidad de ejercer la violencia en defensa de ese marco jurídico, creado con la voluntad de todas las personas.
Sin embargo, en la especie no funciona así, ya que desde hace décadas, los poderes legislativos en casi todo el planeta, nacionales y locales, han sucumbido, por un lado, cediendo la facultad exclusiva de creación de normas al Poder Ejecutivo; y por otro, cediendo al Poder Judicial la facultad material para legislar en materia constitucional, y últimamente, en las demás materias con base en principios axiológico, muchas veces alejados de la realidad, normativa y jurídica que se dirime, o debería dirimirse, en los cuerpos legislativos.
Esto nos lleva a regresar un poco en la historia, y recordar la tragedia del constitucionalismo alemán, que, después de adelantarse a su tiempo con la Constitución de Weimar, sucumbió ante el nacionalsocialismo, de donde emano esa famosa y lamentable frase, que dice: “la fuente máxima del derecho, es la voluntad del Führer “que se convirtió en un principio fundamental del sistema jurídico entre 1933 y 1945 en ese país. Con este brutal ejemplo, es con el que queremos llamar la atención del legislador actual, para retomar su papel trascendental en la construcción del marco normativo del Estado mexicano.
Pero para ello, es importante definirse como también lo ha mencionado el doctor Garcia Amado, entre Carl Schmitt y Hans Kelsen, y a partir de entonces, poder definir la verdadera naturaleza del proceso legislativo actual, porque la realidad, dista mucho de lo que se encuentra plasmado en la norma constitucional.
Por otra parte, considero que es muy importante retomar la función legislativa, arrebatándole al Poder Judicial, esas facultades que se auto asignó al momento de generalizar el control constitucional a todas las materias. Si bien es cierto, la función de control constitucional tiene la firme misión de evitar que las normas emanadas de los distintos poderes legislativos, es decir, el federal y los locales, transgredan lo dispuesto en la Constitución General de la República. Pero esta función es específica a ciertos casos de acuerdo a lo plasmado por la misma Constitución; sin embargo, hoy en día, el Poder Judicial Federal, intenta, a través de la teoría de los vasos comunicantes o de la capilaridad de las sentencias judiciales, llevar esta interpretación normativa a otros campos del derecho.
Considero que, todo esto no sería posible, si el legislador moderno pudiera definirse nuevamente, pero ahora entre legislar para crear un juez desde la visión de Herbert Hart o un juzgador desde la perspectiva de Ronald Dworkin, ya que, partiendo de allí, el mismo legislador tendría las herramientas para poder ampliar o limitar las facultades del el Poder Judicial, decidiendo de manera consciente si se autolimita o no.
Sin embargo, para ello se requiere que los partidos políticos de manera responsable realicen las cribas correspondientes para poder llevar a los representantes del sector popular más aventajados en la materia para ocupar esos cargos de elección, y con ello, evitar que, sean los mismos legisladores quienes por desconocimiento, cedan sus propias facultades a los demás poderes, quedándose como meros espectadores del proceso legislativo mexicano como sucede hoy en día.
De no ser así, la construcción del derecho en este país seguirá, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
HAN

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EN LA OPINIÓN DE:

DE LOS MONROE, PREFIERO A MARILYN.

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“EN LA OPINIÓN DE”
Dr. Hugo Alday Nieto

Inicio este artículo con una frase de Shakespeare citada por Andrés Rosler en su obra “La ley es la Ley” y que de manera muy sencilla ejemplifica la realidad que estamos viviendo en México y el mundo, estableciendo un sistema de debilitamiento del derecho para generar líderes populistas que nos llevan poco a poco al caos.
“Cade.- Todos comerán y beberán a mi cuenta,
y voy a vestir los a todos ellos con un uniforme
para que puedan estar de acuerdo como hermanos
y adorarme como su señor.
Dick.- La primera cosa que hacemos, matemos a todos los abogados.”

Después de un efervescente fin de semana en el que Donald Trump sin permiso de su Congreso y pasando por sobre todas las reglas jurídicas internacionales de convivencia política y soberana de los países, para “intervenir” o mejor dicho “invadir” a Venezuela para llevarse detenido sin juicio y violentando la inviolabilidad del domicilio de quien hasta entonces se ostentaba como presidente de esa nación, supuestamente por acciones de narcotráfico y terrorismo contra Estados Unidos. He sido muy cauto en escuchar, a veces con sorna y a veces con asco, a quienes por un lado defienden una supuesta democracia venezolana y a quienes aplauden y piden que eso mismo pase en México. Versiones, ambas, para mi criterio absurdas vistas desde el derecho.
James Monroe impuso la doctrina que lleva su apellido como una herramienta precisamente anticolonialista, para evitar que los imperios, es decir, el Reino Unido quisiera reclamar lo que consideraban como suyo, es decir, Estados Unidos. Bajo el lema de “américa para los americanos”, buscaban evitar a toda costa que los europeos se apoderaran nuevamente de su país en específico. Es decir, la cosa no nació tan mal. Sin embargo, bajo una re-interpretación de esa doctrina (siempre he sostenido que la interpretación ideológica del derecho es el origen de todos los fracasos) se adjudicaron la potestad de transformarse ellos en colonizadores, en ser los europeos de américa latina generando países bananeros, como ellos mismos decían que éramos los que vivimos en su “traspatio”.
Gracias a esa re-interpretación de la doctrina Monroe, tuvimos escenarios lamentables en Chile, Cuba, Panamá, Nicaragua, Bolivia, Brasil, Guatemala, Haití, República Dominicana, y en México, en donde la intervención de esa nación es anterior incluso a las reinterpretaciones de dicha doctrina y data de la primera elección del México independiente en 1828 en donde ganó el general Pedraza y por presiones de Joel R. Poinsett, el ministro plenipotenciario de Estados Unidos en México, terminó siendo presidente Vicente Guerrero (Léase H. Alday, Las elecciones federales de 1828, Revista Concordancias, IIJ UNAM).
Sin embargo, hoy en día lo que estamos viviendo no tiene relación con los hechos del pasado, ya que no podemos comparar a los imperios colonizadores de entonces con el mundo en el S. XXI. No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando un país con base en un derecho interno trasgrede el espacio y el derecho internacional para ejecutar ordenes extraterritoriales en otra soberanía. Roma antes de Cristo, después de la segunda guerra púnica, “intervino” a Cártago por medio de Publio Cornelio Escipión para quedarse con el comercio marítimo del “Mare Nostrum”, y lo hizo con el mismo fundamento de su derecho interno, pero hoy en día no existe rastro de Cártago en el mapa después de esa legal “intervención” (ver D. Durham, Anibal, el orgullo de Cártago, ed. B). Pero en ese momento no existía el derecho internacional ni los compromisos multilaterales de respeto a las soberanías o el principio de inviolabilidad de los domicilios que hoy tenemos. Trump no es Escipión. Estados Unidos no es Roma. 2026 no es el S. I a C., aunque así lo parezca.
Hoy lo que debe preocuparnos y ocuparnos a todos es retomar el derecho rígido y fortalecerlo desde lo interno, porque absolutamente todos los países hemos sido culpables de esta violación flagrante al derecho internacional e incluso a su propio derecho al ignorar a su congreso. Y esa corresponsabilidad es clara desde el momento en el que los ejecutivos de los países comenzaron a ser más importantes que la Ley, a tener dotes populistas y mesiánicos (ver S. Levitsky, Cómo mueren las democracias, Ed. Lecturandia).
Es precisamente el establecimiento de gobiernos populistas el que debilita al derecho como ha pasado en Rusia con Ucrania, en Palestina e Israel, en Estados Unidos y Venezuela en lo interno con Maduro y Trump, que han pasado por encima de la Ley hasta llegar a lo que estamos viviendo nuevamente en este continente. Ese adelgazamiento del derecho por parte de figuras mesiánicas es lo que nos ha llevado a la falta real de un estado de derecho en el que incluso, en México, hemos visto que los juicios se dirimen en Facebook sin fundamento legal alguno si se trata de un contrario político de quien lleva las riendas.
Hoy más que nunca debemos retomar el derecho positivo y descarnarlo de cualquier ideología política para volverlo a su estado natural coneptual y a-moral, ya que de mantenernos en esta línea seguiremos dañando a las instituciones jurídicas y repercutiendo en detrimento de los estados nación por los que tanta tinta gastó Thomas Hobbes.

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EN LA OPINIÓN DE:

DE LAS IDEOLOGÍAS A LAS CONSIGNAS

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“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.

• Los partidos políticos son aparatos electorales caros, no fomentan el debate ni masa crítica ni cultura política; sólo controlan candidaturas, elecciones, presupuestos y negocios.

¿Cómo fue que los partidos políticos dejaron de tener ideologías, banderas políticas, proyectos de nación? De otro modo: ¿A partir de qué momento empezaron a funcionar como simples aparatos electorales?: controlan elecciones, monopolizan candidaturas y presupuestos; funcionan como franquicias y carecen de liderazgos reales.

El término “partidocracia” se acuñó, al menos en México, después del primer gran fraude de Estado de 1988 de Carlos Salinas contra Cuauhtémoc Cárdenas. A partir de entonces empezaron las “concertacesiones” del PRI con el PAN y así llegaron los primeros gobernadores panistas comenzando por el de Baja California y de Guanajuato, para pasar a la alternancia bipartidista PRI-PAN bajo el modelo estadunidense.

Los resultados electorales tenían un límite: algún candidato opositor podía ganar, pero había que negociar para que le reconocieran el triunfo; caso contrario, el triunfo se revertía mediante procedimientos “legales”.

En este manojo de pactos y negociaciones a espaldas del voto, se auto repartieron también cuotas partidistas en los consejos “colegiados” de los nuevos órganos autónomos, especialmente el IFE y luego INE. Los consejeros ciudadanos en realidad eran representantes de los partidos, principalmente PRI y PAN, dejando al PRD con espacios marginales y acotados. Las elecciones se pactaban desde antes del día de la jornada electoral; después del resultado, era cosa nada más de acomodar.

EL FIN DE LAS IDEOLOGÍAS
El contexto de este proceso en México fue el llamado “fin de las ideologías” que se impuso desde el Consenso de Washington (1989), mediante el cual con la caída del Muro de Berlín (también 1989) en el sexenio de Carlos Salinas, precisamente, las ideologías ya no tenían caso que siguieran existiendo porque a partir de entonces solo habría una ideología oficial: el mercado.

Los partidos políticos también se quedaron sin ideología, ni ideas, ni proyectos; sus programas de acción y principios ideológicos llegaron a ser casi iguales; no se distinguía un partido de otro; ni se hablaba de izquierda o derecha. Los partidos también se convirtieron en mercancía.

Se entró a la etapa de descalificaciones mutuas, solo consignas sin propuestas. Los partidos políticos son aparatos electorales caros, no fomentan el debate ni masa crítica ni cultura política; sólo controlan candidaturas, elecciones, presupuestos y negocios al amparo del poder. Sus dirigencias son burocráticas no de liderazgos. Por eso encabezan el rechazo social.

PARTIDOCRACIA CÍNICA
La llamada “partidocracia” ha entrado en una fase más cínica, donde una vez que llegan al poder se olvidan de sus compromisos de campaña y actúan a espaldas al pueblo que lo eligió; saben que hay mal humor social, pero estiran la liga porque en las próximas elecciones volverán a tener el control.

De este modo el sistema democrático ha sido capturado por políticos que responden a intereses de grupo político-económico dentro del mismo partido que los llevó al poder. Los partidos se han vuelto “inmunes” a la voz de su militancia y de la opinión pública.

TEMAS PARA LA REFORMA
La reforma electoral de este 2026, tendrá que enfrentar estos retos o no será; cambios en la legislación que respondan a la consulta que supuestamente se realizó en 2025 y no quede en otra simulación.

La sociedad espera una reforma de gran calado; una reingeniería del sistema de partidos y de los procesos electorales e incluir temas como:

a) Reducción drástica al financiamiento y vigilancia real del gasto en campañas y en tiempos no electorales. Actualmente son un gran negocio para sus élites dirigentes.
b) Competencia individual obligatoria para los partidos (no en alianza) cada tres elecciones, como una forma de refrendo del registro y de su fuerza real.
c) Desaparición de las listas plurinominales y establecer un mecanismo similar al de la elección actual de la cuarta Senaduría; que se adjudique a las candidaturas perdedoras más votadas en cada circunscripción.
d) Eliminación del fuero en su enfoque actual.
e) Que los candidatos solo puedan serlo por la circunscripción, municipio o estado de su domicilio particular de acuerdo a su credencial de elector.

Sobre estos temas y otros que usted sugiera, dedicaremos futuras entregas en este año de la reforma, pero como siempre, usted tiene la última palabra.
ooOoo

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