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EN LA OPINIÓN DE:

OBLIGAR A LAS AUDIENCIAS PUBLICAS EN LOS MUNICIPIOS  

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Caminos del Mayab
Por Martín G. Iglesias

Me resulta un poco difícil de creer que la XVIII Legislatura haya hecho una ley para que los presidentes municipales de Quintana Roo puedan tener un día de audiencia pública para sus gobernados, la que llamaron “día del pueblo”. Además de vulnerar la autonomía municipal, me deja en claro que estos no están cumpliendo con su cometido.
¿No se supone que esa es una labor de su trabajo como presidente(a)? Por si no lo saben, el Título séptimo “de los Miembros del Ayuntamiento”, Capítulo I “de las Facultades y Obligaciones de la Presidencia Municipal”, de la Ley de los Municipios del Estado de Quintana Roo, detalla exactamente lo que debe hacer el titular del Ejecutivo Municipal.
Solo hay que ver lo que dice la fracción XXV.- Visitar los diversos centros de población del Municipio, para conocer sus necesidades y proveer a su resolución. Esto quiere decir que quien preside el Ayuntamiento debe recorrer todas y cada una de las comunidades para conocer cuáles son las necesidades de la población y poner manos a la obra.
Ahora bien, la propuesta de la XVIII Legislatura es que los presidentes(as) puedan convocar a una audiencia pública un día a la semana, ya sea en la cabecera municipal o en las comunidades, donde los asistentes podrán exponer sus necesidades, ya sea particulares o comunitarias. El único problema con el que se enfrentarían estos presidentes(as) municipales es la respuesta inmediata a las necesidades, porque no cuentan con un presupuesto adicional para hacer frente a tales demandas.
Por ejemplo, si en el 2026 cada presidente(a) municipal se apegara a lo que mandata la nueva ley de “Día del Pueblo”, tendría que cumplir cuando menos con 52 audiencias públicas; supongamos que en cada una de ellas llega un promedio de 100 ciudadanos con diferentes peticiones; hablamos que mínimo tendría que tener una caja de 100 mil pesos, para “solucionar” la demanda ciudadana; esto multiplicado por el número de semanas del año, cada alcalde deberá tener un presupuesto mínimo de 5 millones 200 mil pesos adicionales para hacerle frente a estas audiencias. Porque a esto hay que sumarle el gasto de los recursos humanos y materiales para llevarlas a cabo.
Como los ayuntamientos están en el proceso de la construcción del presupuesto de egresos del 2025 (Ley de Egresos), deberían sumarle esta cantidad para poder cumplir con la nueva ley de audiencias públicas semanales, para que así no se afecte la operatividad del Ayuntamiento. Porque desde mi punto de vista, no es crear leyes por crear leyes, hay que hacer un análisis de la viabilidad de las mismas y del costo que traerá su aplicación. La gente llega a las audiencias a pedir ayuda económica, con medicamentos o de transporte.
Quizá los municipios que tienen recaudación propia suficiente como Benito Juárez, Playa del Carmen, Tulum, Othón P. Blanco y Cozumel, no tengan problemas con la aplicación de las audiencias públicas obligatorias; pero los demás municipios como Bacalar, Felipe Carrillo Puerto, José María Morelos, Puerto Morelos, Isla Mujeres y Lázaro Cárdenas sí deberían tener una ampliación de su presupuesto de egresos ene l 2026, aunque este venga etiquetado para dichas audiencias. Ahí se las dejo…
SASCAB
Por cierto, mañana arranca “El Buen Fin 2025” que busca impulsar la prosperidad compartida mediante su alineación con la política del Plan México promovida por la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, para fortalecer la economía de las familias mexicanas a través del Programa que se ha consolidado como un esquema eficaz de colaboración público-privada.
Además, tienen como objetivo principal cumplir con la instrucción del secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, de fortalecer la articulación institucional de colaboración entre los tres niveles de gobierno y el sector privado, para fomentar el crecimiento económico a través de la estrategia de integrar las acciones vía los Corredores Económicos del Bienestar y los Comités Promotores de Inversiones.
Lo que tenemos que hacer los consumidores es no dejarnos engañar por las llamadas ofertas, sino cotejar los precios reales de un producto para ver si en verdad bajo de precios; el Buen fin concluye el lunes 17 de noviembre. Al tiempo…

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EN LA OPINIÓN DE:

LA LECCIÓN DE ANÍBAL

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“EN LA OPINIÓN DE”
Dr. Hugo Alday Nieto

Un poco influenciado por dos grandes obras literarias sobre historia del derecho y de las instituciones, puedo comprender los riesgos que enfrentan los Estados cuando depositan un exceso de confianza en sus gobernantes.
Las experiencias de Aníbal Barca durante la Segunda Guerra Púnica y el posterior regreso triunfal de Publio Cornelio Escipión a Roma constituyen dos momentos paradigmáticos en los que la relación entre liderazgo, poder y control institucional se vuelve decisiva para la supervivencia de una república.
Aníbal Barca no derrotó a Roma por tener un ejército más grande, sino por aprovechar la confianza excesiva de la República en su propia invulnerabilidad. Tras la Primera Guerra Púnica, Roma asumió que su supremacía militar era incuestionable. Esa presunción —más política que estratégica— permitió que Aníbal cruzara los Alpes, desarticulara alianzas y obtuviera victorias devastadoras como Trebia, Trasimeno y sobre todo, en Cannas.
Roma, por su parte, había relajado sus mecanismos de deliberación estratégica, y permitido que la arrogancia sustituyera al análisis y había concentrado decisiones críticas en figuras que actuaban más por impulso y soberbia que por prudencia. Roma aprendió gracias a Aníbal, que la confianza ciega en el propio proyecto político puede convertirse en un factor de vulnerabilidad estructural.
Cuando Publio Cornelio Escipión regresó a Roma tras su campaña en Hispania, lo hizo no solo como un general victorioso, sino como un actor político que entendía la necesidad de reconstruir la confianza pública sin destruir las instituciones. Su propuesta de llevar la guerra a África fue debatida, cuestionada y finalmente aprobada por el Senado.
La derrota de Cartago no fue solo un triunfo militar: fue la demostración de que una república puede recuperarse cuando combina liderazgo con controles, audacia con deliberación, carisma con responsabilidad. Escipión no pidió poderes extraordinarios ni pretendió refundar Roma; su legitimidad se sostuvo en la interacción virtuosa entre liderazgo y contrapesos. Fue una demostración de capacidad, de competencias, de conocimientos, lo que se necesita para tomar decisiones trascendentales.
En México, la Cuarta Transformación ha construido su narrativa sobre la idea de un cambio histórico que exige confianza plena en el liderazgo político. Como en otros momentos de la historia, la promesa de regeneración moral puede generar una legitimidad expansiva que debilita la vigilancia ciudadana y los controles institucionales.
Pero, como Roma antes de Cannas, un gobierno que se percibe a sí mismo como moralmente superior puede subestimar la necesidad de contrapesos, creyendo que su rectitud basta para evitar abusos; y como la República tras la guerra, México enfrenta el reto de no confundir liderazgo con infalibilidad, ni transformación con concentración de poder muchas veces en personales sin las capacidades adecuadas.
La Segunda Guerra Púnica enseña que las repúblicas no caen por enemigos externos, sino por fallas internas de prudencia y control, y, repito, exceso de soberbia. Aníbal representa el riesgo de la complacencia institucional; Escipión, la posibilidad de corregir el rumbo mediante liderazgo sometido a límites.
En el México contemporáneo, la Cuarta Transformación enfrenta el desafío de no repetir la historia de Roma confiada, sino de aprender de la Roma deliberativa. La verdadera transformación no se mide por la concentración de poder, sino por la capacidad de fortalecer las instituciones que lo contienen.
Mientras eso sucede y los próceres modernos se deciden a tomar la historia de Roma como ruta, las cosas seguirán repitiéndose, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

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EN LA OPINIÓN DE:

HUELE A PÓLVORA 2026

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“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.

• ¿Continuidad o cambio de timón?
• ¿Qué hará la 4T con el verde, uno de sus peores pasivos políticos?
• Establecer en la reforma electoral, que sea obligación para cada partido ir en solitario cada tres elecciones.

Las elecciones serán el domingo 6 de junio de 2027, pero las definiciones serán entre septiembre y diciembre de 2026. El horno ya no está pa’ bollos, diría el gachupín. El cierre de 2025, ha sido sin descanso político, lo que presagia fuerte olor a pólvora el próximo año.

Uno de las disyuntivas del grupo en el poder es ¿qué decisión va a tomar con el grupo de poder verde? convertido ya en uno de sus principales pasivos políticos; como un cuervo que ahora quiere sacar los ojos a quien lo procreó.

Para mala fortuna de los quintanarroenses, Quintana Roo está en el epicentro de este dilema, ya que de facto el estado ha sido entregado a esa entelequia política que no es un partido, sino una empresa propiedad de Jorge Emilio González en sociedad ahora con Manuel Velasco.

San Luis potosí es la otra entidad que fue entregada a esa mafia política-económica, cuyo gobernador ahora quiere imponer a su propia esposa, aún sacándole los ojos a la propia presidenta Claudia Sheinbaum, sucesora de Andrés Manuel López Obrador, quien en un exceso de pragmatismo regaló la gubernatura al ex presidiario Ricardo Gallardo en 2021.

A nivel nacional hay expectativa sobre la decisión que van a tomar sobre el caso verde, por la composición de las cámaras de diputados y senadores para la segunda mitad del actual sexenio, cuando ya se empezará a manejar los nombres de quien será el próximo presidente o presidenta para el “tercer piso” de la 4T.

El 2026 también será el año de la reforma electoral y buena parte de sus cambios se dirigirán a establecer reglas más estrictas para las campañas adelantadas, el nepotismo y quizá para la relación entre morena y los partidos satélites, cáncer que ha significado retrocesos e incumplimiento de principios. Lo que sigue es el crecimiento del desencanto ante decisiones cupulares alejadas del sentir de la ciudadanía; exceso de confianza ante la fuerza del obradorismo y la alta aprobación de la presidenta, en caso de que no haya un cambio en esa relación perversa entre el morenismo y el verdismo.

Un cambio que podría establecerse en la reforma electoral de 2026, como ya hemos mencionado desde este espacio, es que sea obligación para los partidos políticos competir en solitario cada tercera elección, ya sea federal o local.

Sería como un refrendo del registro ante el INE y daría pie a que las alianzas se realicen no antes, sino después de los resultados electorales, cuando cada partido haya llegado a las cámaras por sus propias fuerzas y, entonces, tomar acuerdos para hacer mayorías para cada votación.

El modelo actual ya ha sido pervertido y ha generado aberraciones políticas, además de crear sobre representaciones legislativas que socavan la voluntad popular y actúan en su contra. En resumen, que sea obligación para cada partido ir en solitario a las urnas cada tres elecciones. Usted tiene la última palabra.
ooOoo

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