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EN LA OPINIÓN DE:

HACIA DONDE VAMOS EN LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA.

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Por el Dip. y Lic. Hugo Alday Nieto

Durante siglos, en todo el mundo se ha llevado a cabo una lucha entre conservadores y liberales haciendo que países cambien de rumbo hacia uno u otro lado por la decisión del pueblo; sin embargo, estas mismas batallas se han llevado a cabo entre distintas teorías del derecho, emanadas obviamente del iusmoralismo y el iuspositivismo. ¿Qué es esto? Prácticamente la misma lucha pero desde la filosofía del derecho, solo que ésta, aunque no sea tangible afecta a la colectividad y al origen de todas las cosas, ya que el Estado surge y se materializa a partir de una norma jurídica a la que llamamos Constitución, y esta se modifica de acuerdo a las corrientes filosóficas del derecho que dominen.

En este orden de ideas, la Constitución de cada país puede estar inclinada hacia el iusnaturalismo o hacia el iuspositivismo, siendo el primero de ellos un esquema de validación del derecho a raíz de principios y valores morales adoptados o reconocidos con una mayor validez que la norma adoptada a raíz de la Constitución. Un esquema que emana del iusnaturalismo y propiamente de las teorías teológicas. Un derecho apegado a la moral cristiana en lo general.

Por su parte, los iuspositivistas, nos encontramos más apegados a la Ley que se crea y desarrolla a partir de la decisión del hombre y su engranaje social, y que puede ser modificada o superada solamente a través del mismo proceso legislativo o bien, de criterios jurisdiccionales que se encuentren debidamente sustentados en el mismo derecho positivo, cuando surgen antinomias entre las normas para la solución de un caso concreto.

En México, tuvimos en algún momento a grades exponentes que desarrollaron debates doctrinales ricos en todos los sentidos, como a don Ignacio Burgoa Orihuela desde el iuspositivismo y a don Héctor Fix Zamudio desde el iusnaturalismo, y de la influencia de cada uno de ellos se construyó un Poder Judicial sustentado en un fuerte positivismo, emanado de gobiernos de tendencia liberal surgidos a raíz de la Revolución mexicana.

Pero con el tiempo, el Poder Judicial derivado de las distintas transiciones políticas que llevaron a México a convertirse en un estado neoliberal, adoptó distintas tendencias de corte iusmoralista, por lo que, durante décadas se comenzó a desarrollar un esquema irracionalista muy apegado al llamado realismo jurídico, donde solamente el juez el único capaz de generar derecho real o auténtico, incluso por encima del propio legislador y de quien sea.

En 2018 se crea un cambio y se hace un golpe de timón hacia la teoría racionalista donde sólo la Ley emanada del legislador en el sexenio pasado fue la única correcta bajo el argumento de que el legislador no yerra porque representa la voluntad última del gobernador, teoría emanada del siglo XIX, de la escuela exegética francesa surgida a partir del Código Napoleónico, y que se impulsó desde los poderes Legislativo y Ejecutivo en trono a la reforma judicial. La cual, tampoco me parece acertada.

Sin embargo, este conflicto puede generar un exceso en el que se puede caer hacia la interpretación objetiva emanada de la escuela de la jurisprudencia de valores alemana del S. XIX también, en donde el Poder Judicial ya no tiene una función real porque deja de interpretar la Ley y solo aplica valores constitucionales (axiología) en donde poco  o nada de valor tiene la construcción del derecho por parte de la representación del Poder Legislativo, y donde, desde el Ejecutivo, se tiende a derogar todo lo anterior únicamente por el origen político de lo existente, tal como sucedió después de la segunda guerra mundial en Alemania, en donde todo lo jurídicamente cercano al nazismo fue destruido para construir un derecho nuevo.

México ha sido ejemplo mundial en figuras jurídicas, en el juicio de amparo, en derechos laborales, en diversas sentencias que reconocieron derechos humanos; por ello hoy la gran duda es si la tendencia de los nuevos juzgadores seguirá con los extremos de la ponderación y test de proporcionalidad emanados de la teoría estándar de Robert Alexy que concentra gran parte de iusmoralismo histórico replicada por Miguel Carbonell y su neoconstitucionalismo en México, o si darán paso a varias teorías de la argumentación jurídica como el renacimiento de la iuspositivista, ya que dependiendo de ello, conoceremos la definición filosófica real de la Cuarta Transformación. Iusmoralista o Iuspositivista. Conservadurismo o Liberalismo. Pero eso lo tendremos claro cuando se generen los primeros criterios jurisdiccionales de los electos.  

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EN LA OPINIÓN DE:

LA LECCIÓN DE ANÍBAL

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“EN LA OPINIÓN DE”
Dr. Hugo Alday Nieto

Un poco influenciado por dos grandes obras literarias sobre historia del derecho y de las instituciones, puedo comprender los riesgos que enfrentan los Estados cuando depositan un exceso de confianza en sus gobernantes.
Las experiencias de Aníbal Barca durante la Segunda Guerra Púnica y el posterior regreso triunfal de Publio Cornelio Escipión a Roma constituyen dos momentos paradigmáticos en los que la relación entre liderazgo, poder y control institucional se vuelve decisiva para la supervivencia de una república.
Aníbal Barca no derrotó a Roma por tener un ejército más grande, sino por aprovechar la confianza excesiva de la República en su propia invulnerabilidad. Tras la Primera Guerra Púnica, Roma asumió que su supremacía militar era incuestionable. Esa presunción —más política que estratégica— permitió que Aníbal cruzara los Alpes, desarticulara alianzas y obtuviera victorias devastadoras como Trebia, Trasimeno y sobre todo, en Cannas.
Roma, por su parte, había relajado sus mecanismos de deliberación estratégica, y permitido que la arrogancia sustituyera al análisis y había concentrado decisiones críticas en figuras que actuaban más por impulso y soberbia que por prudencia. Roma aprendió gracias a Aníbal, que la confianza ciega en el propio proyecto político puede convertirse en un factor de vulnerabilidad estructural.
Cuando Publio Cornelio Escipión regresó a Roma tras su campaña en Hispania, lo hizo no solo como un general victorioso, sino como un actor político que entendía la necesidad de reconstruir la confianza pública sin destruir las instituciones. Su propuesta de llevar la guerra a África fue debatida, cuestionada y finalmente aprobada por el Senado.
La derrota de Cartago no fue solo un triunfo militar: fue la demostración de que una república puede recuperarse cuando combina liderazgo con controles, audacia con deliberación, carisma con responsabilidad. Escipión no pidió poderes extraordinarios ni pretendió refundar Roma; su legitimidad se sostuvo en la interacción virtuosa entre liderazgo y contrapesos. Fue una demostración de capacidad, de competencias, de conocimientos, lo que se necesita para tomar decisiones trascendentales.
En México, la Cuarta Transformación ha construido su narrativa sobre la idea de un cambio histórico que exige confianza plena en el liderazgo político. Como en otros momentos de la historia, la promesa de regeneración moral puede generar una legitimidad expansiva que debilita la vigilancia ciudadana y los controles institucionales.
Pero, como Roma antes de Cannas, un gobierno que se percibe a sí mismo como moralmente superior puede subestimar la necesidad de contrapesos, creyendo que su rectitud basta para evitar abusos; y como la República tras la guerra, México enfrenta el reto de no confundir liderazgo con infalibilidad, ni transformación con concentración de poder muchas veces en personales sin las capacidades adecuadas.
La Segunda Guerra Púnica enseña que las repúblicas no caen por enemigos externos, sino por fallas internas de prudencia y control, y, repito, exceso de soberbia. Aníbal representa el riesgo de la complacencia institucional; Escipión, la posibilidad de corregir el rumbo mediante liderazgo sometido a límites.
En el México contemporáneo, la Cuarta Transformación enfrenta el desafío de no repetir la historia de Roma confiada, sino de aprender de la Roma deliberativa. La verdadera transformación no se mide por la concentración de poder, sino por la capacidad de fortalecer las instituciones que lo contienen.
Mientras eso sucede y los próceres modernos se deciden a tomar la historia de Roma como ruta, las cosas seguirán repitiéndose, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

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EN LA OPINIÓN DE:

HUELE A PÓLVORA 2026

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“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.

• ¿Continuidad o cambio de timón?
• ¿Qué hará la 4T con el verde, uno de sus peores pasivos políticos?
• Establecer en la reforma electoral, que sea obligación para cada partido ir en solitario cada tres elecciones.

Las elecciones serán el domingo 6 de junio de 2027, pero las definiciones serán entre septiembre y diciembre de 2026. El horno ya no está pa’ bollos, diría el gachupín. El cierre de 2025, ha sido sin descanso político, lo que presagia fuerte olor a pólvora el próximo año.

Uno de las disyuntivas del grupo en el poder es ¿qué decisión va a tomar con el grupo de poder verde? convertido ya en uno de sus principales pasivos políticos; como un cuervo que ahora quiere sacar los ojos a quien lo procreó.

Para mala fortuna de los quintanarroenses, Quintana Roo está en el epicentro de este dilema, ya que de facto el estado ha sido entregado a esa entelequia política que no es un partido, sino una empresa propiedad de Jorge Emilio González en sociedad ahora con Manuel Velasco.

San Luis potosí es la otra entidad que fue entregada a esa mafia política-económica, cuyo gobernador ahora quiere imponer a su propia esposa, aún sacándole los ojos a la propia presidenta Claudia Sheinbaum, sucesora de Andrés Manuel López Obrador, quien en un exceso de pragmatismo regaló la gubernatura al ex presidiario Ricardo Gallardo en 2021.

A nivel nacional hay expectativa sobre la decisión que van a tomar sobre el caso verde, por la composición de las cámaras de diputados y senadores para la segunda mitad del actual sexenio, cuando ya se empezará a manejar los nombres de quien será el próximo presidente o presidenta para el “tercer piso” de la 4T.

El 2026 también será el año de la reforma electoral y buena parte de sus cambios se dirigirán a establecer reglas más estrictas para las campañas adelantadas, el nepotismo y quizá para la relación entre morena y los partidos satélites, cáncer que ha significado retrocesos e incumplimiento de principios. Lo que sigue es el crecimiento del desencanto ante decisiones cupulares alejadas del sentir de la ciudadanía; exceso de confianza ante la fuerza del obradorismo y la alta aprobación de la presidenta, en caso de que no haya un cambio en esa relación perversa entre el morenismo y el verdismo.

Un cambio que podría establecerse en la reforma electoral de 2026, como ya hemos mencionado desde este espacio, es que sea obligación para los partidos políticos competir en solitario cada tercera elección, ya sea federal o local.

Sería como un refrendo del registro ante el INE y daría pie a que las alianzas se realicen no antes, sino después de los resultados electorales, cuando cada partido haya llegado a las cámaras por sus propias fuerzas y, entonces, tomar acuerdos para hacer mayorías para cada votación.

El modelo actual ya ha sido pervertido y ha generado aberraciones políticas, además de crear sobre representaciones legislativas que socavan la voluntad popular y actúan en su contra. En resumen, que sea obligación para cada partido ir en solitario a las urnas cada tres elecciones. Usted tiene la última palabra.
ooOoo

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