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En Residuos de Manejo Especial, tache

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“Humanosfera”

Por:Wilberth Esquivel

En materia de residuos sólidos la carrera de las políticas públicas contra el consumo y desperdicio de la población es incesante, sin estaciones, sin tregua y solo tiene un fin último: Limpiar la ciudad.

Tenemos 3 tipos de residuos sólidos:

a) Residuos Sólidos Urbanos o RSU, que son los que se generan en los domicilios y establecimientos comerciales del tipo convencional como el l plástico de envases, latas, papel, cartón, vidrio, restos de comida, pañales o similares. Su generación no representa un problema de contaminación por el tipo de residuos que son, el problema es su gigantesco volumen y que al descomponerse la materia orgánica puede generar líquidos lixiviados que pudieran arrastrar metales pesados como el cadmio procedente de pilas, de pantallas de electrónicos o similares.

Sabemos que la vulnerabilidad principal de nuestro ecosistema es la roca caliza sedimentaria y porosa llamada kárstica, que es capaz de permitir una infiltración de líquidos al subsuelo superior al 70%.
Entonces, toda generación e infiltración de lixiviados es altamente perjudicial para el acuífero subterráneo.

b) Residuos Peligrosos o RP, son químicos producto de procesos industriales, solventes, residuos líquidos con carga tóxica, los desperdicios biológicos infecciosos de laboratorios, hospitales o centros de investigación, grasas y aceites, básicamente los hospitalarios como jeringas, gasas o frascos de medicamentos. Los restos de comida de los hospitales también lo son, algunos en sus prácticas de separación hospitalaria para reducir los costos que se pagan a las empresas especializadas en recolectar y procesar los RP, reducen la materia orgánica (que es la que más pesa) y la envían al relleno sanitario. En tiempos del Covid se trabajó sobre este problema, ya que había restos de alimentos de infectados con el virus que se mezclaban con la basura de las cafeterías y los trabajadores de limpia entraban en contacto con esos residuos.

c) Residuos de Manejo Especial, siguiendo el espíritu de la Constitución, son aquellos residuos sólidos que no son ni RSU ni RP, como muebles, el colchón, electrónicos, llantas, escombro de obras, jardinería, sargazo (aún discutible por los metales pesados), automóviles viejos, cacharros, chatarra, tablaroca, fierros viejos, jardinería, tuberías y poliductos, lodos de depuradoras, tripas y restos de rastros, restos de centrales de abasto, de terminales marítimas o aeroportuarias que por restricciones diversas no pueden ir al relleno sanitario.

La problemática de los residuos sólidos es concurrente y compete a todos los niveles de autoridad. Es como la educación, la seguridad, el deporte o el turismo. No se pueden lavar las manos en ninguno de los 3 niveles de autoridad Federal, Estatal o Municipal.

Pero la ley si es muy clara deslindando competencias y responsabilidad y por ende los RSU son Municipales y será el Ayuntamiento el encargado de la recolección y disposición final, que reitero que por su volumen va a ser central en una administración pública municipal, el manejo integral de los residuos sólidos urbanos puede llegar a ser el eje de gobernabilidad o ineptitud de un Ayuntamiento.

En Cancún el sistema de recolección alcanza las 120 rutas diarias y las 1,400 toneladas diarias y el relleno sanitario está a días de una crisis ambeintal y de ineptitud sin precedentes.

La Federación se encarga de los RP mediante la certificación de empresas especializadas en su recolección y destino final que llegan y facturan al hospital y entregan un manifiesto que el hospital deberá integrar a su comprobación ante la

Profepa o Cofepris, en caso de ser inspeccionados y todo bien.

Pero en RME, Residuos de Manejo Especial de competencia estatal estamos en pañales, no entienden que no entienden y siguen equivocándose, ¿cuál es el procedimiento para deshacerse de unas llantas? ¿Llevarlas a la llantera?, es un ejemplo. ¿Por qué están llenos de colchones y sillones los caminos vecinales? ¿Por qué proliferan tiraderos clandestinos por doquier?. Por qué no funciona esa área?.

La apuesta es a que los “Grandes Generadores” de RSU o generadores de algún residuo de manejo especial hagan un “Plan de Manejo”, que en este incluyan a un “Transportista” de residuos autorizando por Sema y además este compruebe que el destino final del residuo fue a un “Centro de Acopio” también autorizado por Sema.

Lo mismo aplica para las aguas negras y residuales que no son conducidas a un drenaje hidrosanitario, por ejemplo las cientos de letrinas de obra a lo largo del Tren Maya donde cagan miles de militares y albañiles a diario.

Pero la falta de capacidad y profundidad en esas “áreas” limita acciones contundentes e impide que el gran generador visualice la importancia de un Plan de Manejo y por ende lo ve como un impuesto más que se inventó el estado y el gobierno que ya no busca qué inventar para cobrarle más y más, claro, los pésimos manejos de impuestos como el Saneamiento o similares ayudan bastante a esta idea.

No hay motivación, no hay preocupación y no hay interés en los grandes generadores. Hay más de 500 Oxxos pero solo 100 planes de manejo de estos, hay 7 elévens, más de 80 en Cancún, pero parecen estar exentos, hay GoMarts y Circle k ¿no aplica para ellos? Es responsabilidad extendida por si dudan. Los pongo solo de ejemplo, así hay miles y miles de negocios sin plan de manejo.

Tenemos más de 1,100 hoteles en el Caribe Mexicano y todos son Grandes Generadores ¿cuántos tienen Plan de Manejo?.

No hay transportistas autorizados suficientes o con buenos vehículos para todo tipo de problemáticas o Centros de Acopio con instalaciones o procesos industriales por qué la regulación no llega a pérmear.

La falta de una política pública seria, profunda y bien aplicada limita el crecimiento de un sector industrial con una capacidad enorme, no apto para novatos.

¿Sabrán en esa área qué hay un comercio desmedido de manifiestos desde 500 pesos hasta 10,000 según el tipo y cantidad de residuos?

Claro, para muchos la responsabilidad termina al subir el escombro o el sargazo al volquete y recibiendo una hojita que dice: Ya puedes dormir tranquilo.

He preguntado por ejemplo a muchos hoteleros sobre su sargazo ¿donde lo tiran para destino final? El 90% responderá, no se, yo tengo un manifiesto de buenas prácticas, es bronca del transportista.

Y el transportista compra bloques foliados de manifiestos que firmotean pues es más económico voltear el volquete en la selva que ir hasta él relleno sanitario y además pagar al relleno sanitario.

No hay regulación por qué no hay capacidad.

Básico.

El potencial es gigantesco para quien tiene visión, pero para las mentes cortas es una frase: No es de mi competencia, una frase típica mediocre y simplista por que los Residuos Sólidos Urbanos en volúmenes superiores a 10 toneladas al año son Residuos de Manejo Especial y claro que son de la competencia de Sema.

Cuando los responsables de los RME se intentan lavar las manos, lo que sucede es que los Grandes Generadores buscan soluciones fuera de regulación o en el Municipio y eso es sobrecargar la de por sí complicada labor Municipal.

¿Cuándo tendremos el primer sitio de acopio de residuos de manejo especial en Qroo?

¿Cuándo tendremos 10,000 planes de manejo o más operativos?

¿Cuándo entenderemos que el que limpia una playa de sargazo, se convierte en un generador de un residuo de manejo especial sujeto a plan de manejo?

¿Cuándo comprenderemos todos que nuestros parques, terracerías, selvas y terrenos baldíos están llenos de basura y eso nos afecta a todos?

Pónganse a trabajar …

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El amor entre paredes: el impacto invisible del espacio físico en la relación de pareja

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El lugar donde se dan las relaciones puede calmar al cuerpo, facilitar la conexión emocional o intensificar el conflicto.
Conciencia Saludablemente

Por:Psicol Alex Barrera **

Llega febrero y es imposible por lo menos para las culturas occidentales no hablar del amor por ello este mes, mi estimado lector llenaremos este espacio de amor, no ese que nos dan a torrentes en las películas donde siempre triunfa el romance, o aquel de las novelas románticas donde los protagonistas pasan por todo para finalmente encontrarse en aquel paraje encantador donde pueden consumar su amor. No, hablaremos del amor en su forma genuina, ese que perseguimos incansablemente, aunque ya exista dentro de nosotros, pero que se seca porque no hemos encontrado la manera de acceder a él. Hablemos del amor como ese vínculo que está en el ambiente, ese lenguaje sagrado que habita en cada momento pero que tenemos que aprender a descifrar.

Iniciemos nuestro recorrido por febrero… iniciemos nuestro recorrido por el amor…

FACE 1. ¿Dónde habita el amor?

Pensar el amor únicamente como una experiencia emocional entre dos personas es una mirada incompleta. Las relaciones no sólo se sienten: se desarrollan en espacios concretos que influyen de manera directa en cómo nos acercamos, nos regulamos y nos vinculamos. El amor tiene química, sí, pero también tiene contexto.

Desde la psicología ambiental y la neurociencia afectiva, investigaciones clásicas de Roger Ulrich (1984) demostraron que la exposición a entornos con luz natural y menor ruido reduce la activación fisiológica y los niveles de cortisol. Estudios posteriores en neurociencia social, como los de Stephen y Rachel Kaplan sobre la Teoría de la Restauración de la Atención, muestran que los espacios ordenados y con estímulos moderados favorecen la regulación emocional. En términos simples: el cuerpo reacciona al espacio antes de que podamos interpretar lo que sentimos por la otra persona.

Cuando los espacios son caóticos, reducidos o sobreestimulantes, el organismo permanece en alerta. En ese estado, disminuye la tolerancia, se acorta la escucha y aumenta la reactividad emocional. Muchas discusiones de pareja no nacen del conflicto en sí, sino del cansancio corporal que produce habitar entornos que no permiten bajar la guardia.

Lo íntimo: el espacio donde el cuerpo se relaja

Los espacios íntimos (como el dormitorio o las áreas de descanso) cumplen una función emocional clave en la pareja. No están pensados sólo para dormir, sino para la regulación del sistema nervioso. Una iluminación inadecuada, ruido constante o temperaturas incómodas afectan la calidad del descanso, y con ello la disponibilidad emocional.

La ciencia es clara en este punto: la privación de sueño altera el funcionamiento del lóbulo prefrontal, región del cerebro encargada del control emocional y la toma de decisiones. Cuando el cuerpo no descansa, la paciencia se reduce y la irritabilidad aumenta. Así, lo que parece un problema de comunicación puede tener su origen en un espacio que no favorece el descanso compartido.

Un entorno íntimo que prioriza la calma, más que la estética, favorece la conexión emocional y la sensación de seguridad básica necesaria para el vínculo.

Los espacios exteriores: salir del encierro emocional

Los espacios exteriores (terrazas, patios, parques o incluso la calle) también influyen en la química de la relación. Compartir espacios abiertos reduce la sensación de encierro físico y simbólico, permitiendo conversaciones más flexibles y menos cargadas emocionalmente.

Desde la psicología se ha observado que el contacto con entornos abiertos y con elementos naturales disminuye la activación del sistema de estrés y mejora el estado de ánimo. No es casual que muchas conversaciones difíciles fluyan mejor caminando que sentados frente a frente en un espacio cerrado. El movimiento y la amplitud espacial facilitan una regulación emocional más natural.

Incorporar espacios exteriores en la vida de pareja no resuelve los conflictos, pero sí crea condiciones más favorables para afrontarlos.

Más allá de lo funcional, los espacios construyen identidad. Un hogar compartido comunica acuerdos, cuidados y reconocimiento mutuo. Cuando los individuos en una relación se sienten representados en el espacio, se fortalece el sentido de pertenencia, y la experiencia del nosotros; cuando uno queda excluido, el vínculo comienza a resentirse.

El espacio como parte del “nosotros”

El espacio puede decir, sin palabras: aquí hay lugar para ambos… o todo lo contrario. Incluso en el tema del romance el espacio debe enviar un mensaje claro “aquí podemos encontrarnos”.

La pasión necesita espacios que inviten a quedarse, no a huir. Luz cálida, orden visual, privacidad y ausencia de interrupciones permiten que el cuerpo se relaje y el deseo aparezca. Cuando el espacio baja el ruido externo, facilita la conexión interna, admitiendo una conexión más fluida con el otro. Crear un entorno para la pasión, no es decorar, es cuidar las condiciones donde la intimidad puede suceder.

Terapia psicológica y espacios relacionales

La terapia psicológica permite explorar cómo el entorno físico interactúa con las dinámicas emocionales dentro de las relaciones interpersonales. Ayuda a diferenciar qué conflictos pertenecen al vínculo y cuáles están sostenidos por estrés ambiental, agotamiento o falta de espacios de autorregulación.

Cuando observo cómo las parejas se relacionan, confirmo que el amor no solo se sostiene con palabras o emociones, sino con el cuerpo que habita un espacio en todas sus formas. El entorno modula el estrés, permite o bloquea el descanso, abre o cierra la comunicación y, finalmente, condiciona la intimidad.

Cuidar los espacios que compartimos es una forma silenciosa pero profunda de cuidar el vínculo. Cuando el lugar que habitamos nos permite bajar la guardia, mirarnos y respirar, la relación deja de resistir… y vuelve a encontrarse, porque el amor está en todos lados, y no sólo se siente se habita.

Si desea conocer mas sobre el tema se recomienda:

Evans, G. W. (2003). El entorno físico y el comportamiento humano. Madrid: Alianza Editorial.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano. y diplomado en psicología clínica.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App


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Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación

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La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol.Alex Barrera**

En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.

En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.

Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.

La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”

Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.

Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.

Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.

La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.

Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.

Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.

En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

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