Opinión
Corrupción, autogol lopezobradorista
Opinión / Cicuta del Caribe LXVI
• En Mallorca hubo errores que México no ha hecho, acepta Trian Riu
• Aeropuerto de Puerto Vallarta destronó durante marzo al de Cancún
• La inflación ya preocupa a ocho de cada 10 mexicanos, dice Deloitte
• Covid-19 disparó 30% ventas de luces conectadas a internet: Signify
• En Santa Lucía duplicaría costos y sería ineficiente: Lufthansa Cargo
• Prevén revolución turística con el auge de los aviones supersónicos
Por: Carlos Águila Arreola
Cada mexicano que realizó algún tipo de trámite durante el año pasado y que por cualquier causa no siguió los lineamientos correspondientes, tuvo que pagar en promedio tres mil 44 pesos; en general, el costo de la corrupción —casi siempre vía soborno— en México al realizar pagos, trámites o solicitudes de servicios públicos asciende a nueve mil 500 millones de pesos.
La primera descripción es uno de los principales hallazgos de la edición 2021 de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG por sus siglas) que realiza personal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), también encontró que 86.3 por ciento de la población consideró “frecuentes” los actos de corrupción en instituciones de gobierno.
El Inegi también señala que 17.4 por ciento de la población que realizó trámites, pagos, solicitudes de servicios, o que tuvo contacto con algún servidor público experimentó corrupción durante el año 2021. El contacto con autoridades de seguridad pública fue el trámite con más corrupción, con 65 por ciento, seguido del contacto con el Ministerio Público, con 24.
En ese sentido, la encuesta encontró que solo uno de cada tres mexicanos (33.3 por ciento) confía en las policías, la segunda peor institución pública evaluada, solo por encima de los partidos políticos (27.9), mientras que el Ejército y la Marina comparten la tercera posición mejor evaluada, con la confianza de 71 por ciento de la población.
En cuanto a servicios básicos, la sociedad reportó estar más satisfecha con la recolección de basura y agua potable (en las ciudades), con grados de satisfacción de 70.5 y 53.7 por ciento, mientras que los peor calificados fueron calles (25.1) y avenidas (25.3), policía y alumbrado público (40.5 por ciento en ambos casos), revela la encuesta elaborada por personal del Inegi.
La oferta de combatir la corrupción definió el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en 2018; hoy, en su cuarto año de gobierno, México sigue sin percibir avances, pero ha mantenido un discurso constante al asegurar que ese es el principal problema para el país. “Barrer las escaleras de arriba para abajo”, ofreció; sin embargo, los datos no muestran un avance significativo.
El Índice de Percepción de Corrupción es publicado de forma anual desde 1995 por Transparencia Internacional, oenegé con sede en Berlín, Alemania, en el que México, en manos de su “alteza pequeñísima”, se estancó en el sitio 124 de 180: en 2019 fue de 29 puntos, y en 2020 de 31, en una escala 0-100 en la que cero es el nivel más alto de corrupción, y 100 es igual al más bajo.
Inmoralidad
De acuerdo con Dante Preisser, experto en políticas anticorrupción, “no sorprende” el estancamiento cuando hay un abandono sistemático al Sistema Nacional Anticorrupción y a cualquier política “seria en la materia. Ojalá gobierno y sociedad civil reconstruyan o propongan iniciativas efectivas en la segunda mitad del sexenio”, señaló en su cuenta de Twitter.
Pero no; según la Transparencia Mexicana, encargada del capítulo México, el control de la corrupción es una prioridad de la sociedad mexicana en los últimos años, y uno de los factores que definió la elección federal en 2018 y que, cuatro años después, sigue siendo el talón de Aquiles de los gobiernos mexicanos.
“La lucha contra la corrupción ha sido el eje principal de la administración federal 2018-2024; sin embargo, los casos emblemáticos —Estafa maestra, Odebrecht, Agronitrogenados, ex presidentes, entre otros—, no han sido sancionados en materia penal, como ya lo hizo en materia mediática el señor López y el séquito de “comunicadores” que lo acompañan cada mañana.
Tampoco hay una recuperación de los activos desviados en estos y otros casos de gran corrupción, y la reparación del daño a las víctimas es “prácticamente inexistente”, y es que el mexicano sigue siendo víctima de la corrupción: seguimos yendo a un Ministerio Público y nos siguen pidiendo “mordida” para presentar una denuncia.
Seguimos intentando ir a un hospital para que nos den una cama, y nos van a poner en lista de espera a menos que demos 500 pesos, esa es la corrupción a la que los ciudadanos estamos expuestos, y esa no ha cambiado… es la misma que criticó durante 18 años de campaña “Lopitos”, la misma que prometió erradicar y que no podrá desaparecer, como le gusta, por “decreto”.
Un aforismo latino que dice quod licet Iovi, non licet bovi (“lo que es lícito para Dios, no es lícito para todos”) retrata las inmorales normas de comportamiento que la élite de izquierda, encabezada por López Obrador, aplica a sí misma, y las normas más rígidas que exige a las masas, pero estoy seguro no imaginaba que quizá el golpe más duro a su sexenio, hasta ahora, se lo daría su estirpe.
La familia
Si hay un personaje en México que ha vivido, crecido y prosperado usando a los pobres, es Andrés Manuel López Obrador, y su familia ha gozado de esa prosperidad. El diálogo es exactamente el mismo de Juan Evo Morales Ayma, José Daniel Ortega Saavedra y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner: la lucha clasista de los desposeídos contra los ricos.
Antes de “La mansión del bienestar’, en la que José Ramón López Beltrán fue el protagonista y quien habría caído en conflicto de interés por habitar una casa relacionada a un contratista de Petróleos Mexicanos (Pemex) —no fue el primer escándalo relacionado a los hijos del señor López—, otro de los vástagos se vio envuelto en una polémica por unos tenis de lujo.
El escenario no es nuevo, pero el principal problema de Tartufo es que le falta un tornillo: el de la ética. Hace 13 años, en 2009, mientras denunciaba frente al Senado que “la oligarquía se ha enriquecido en los últimos 20 años traficando influencias al amparo del poder público”, su hijo Andrés Manuel López Beltrán llegó para aplaudirlo calzando unas zapatillas deportivas Louis Vuitton.
Los tenis del segundo hijo del tabasqueño costaban 900 dólares, 12 mil 600 pesos, según la cotización peso-dólar de entonces, pero los hijos solo imitan a los padres: el 9 de mayo de 2005, al anunciar que su campaña presidencial sería “austera”, López Obrador lució un reloj Tiffany de platino y correa de piel de lagarto colección “Mark” de siete mil 800 dólares (85 mil pesos de entonces).
En agosto de 2020, Jesús Ernesto López Gutiérrez vacacionaba en Acapulco, en plena pandemia y sin cubrebocas, pero con unos tenis de nueve mil pesos (seis mil 609 más dos mil 366 de importación); dos escándalos, aunque en el primero, como jefe de Gobierno del ex Distrito Federal, demandaba austeridad y menos lujos al entonces presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.
Los gustos del Pejestorio y familia por las marcas caras no llamarían la atención si no fuera por el discurso político que maneja, basado en las máximas juaristas de “austeridad republicana”, sello que le quiso imponer a su administración, que sin embargo no se ha visto librada de actos corruptos en los primeros círculos de poder, e incluso hay nepotismo, otra forma de corrupción.
No hemos disminuido la experiencia en corrupción, no veo esos resultados que Lopitos imagina, lo que se explica por la falta de una estrategia articulada de integridad pública, parecería que el de Macuspana le ha apostado a un discurso moralista, que hasta ahora, 3.5 años después, ha mostrado ser muy ineficaz en términos concretos de política pública
Menudencia
Los hoteles de la cadena Riu en el Caribe mexicano fueron el “tanque de oxígeno” en los momentos más críticos de la pandemia”, afirmó Joan Trian Riu, director ejecutivo de la hotelera española, quien añadió que “México lo ha hecho bien. Soy de Mallorca, donde comenzamos a trabajar en el turismo mucho antes, y cometimos muchos errores que México no ha hecho (…) será difícil que alguien sobrepase al Caribe mexicano porque lo tiene todo”.
Puerto Vallarta fue el aeropuerto con mejor recuperación en marzo con 612 mil 900 pasajeros atendidos, 129.6 por ciento más que en el mismo mes de 2021. Las terminales aéreas en destinos de playa mostraron una mejor recuperación, de acuerdo con la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC). El segundo sitio fue para Cancún, con 73.3 más pasajeros movilizados, y en tercero el de San José del Cabo, Baja California Sur, con 69.5 más viajeros.
La inflación es una de las principales preocupaciones para los consumidores. Según el Global State of the Consumer Tracker elaborado por la empresa de consultoría Deloitte, 80 por ciento de los mexicanos reconoce estar altamente preocupado. Ante el aumento de precios y la pérdida de poder adquisitivo, las marcas propias, de retailers —comerciantes que compran grandes cantidades y los venden en pequeñas cantidades al cliente final—, incrementan su demanda.
El encierro por la pandemia del coronavirus provocó un alza de 30 por ciento en venta de focos y luces que se conectan a internet en México, ante la necesidad de hacer más amena la estancia en casa y complementar las opciones de esparcimiento, según Signify, compañía que factura 6.9 mil millones de euros a nivel mundial al año, que el año pasado tuvo un crecimiento de 6.1 por ciento, frente al resto del mercado, que registra una tasa promedio de 3 por ciento.
Lufthansa Cargo es la primera aerolínea que se opone a trasladar operaciones al aeropuerto Felipe Ángeles porque duplicaría costos, es ineficiente y aumenta el flujo vehicular, ya que tendría que utilizar camionetas para regresar la carga al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México; además, necesitaría un almacén más, lo que aumentaría gastos para el movimiento de mercancías, declaró Frank Nozinsky, director para México de la compañía, quien agregó que la aduana jamás permitirá despachar en diferentes lugares. “Tendría que regresar y juntar todos los paquetes para pasar y entregarlos al cliente”.
La carrera supersónica que lideran Estados Unidos, China y Rusia implica tensiones geopolíticas y el involucramiento de fuerzas armadas y grandes empresas aeroespaciales que invierten en el desarrollo de un avión para generar una revolución también turística, según el rotativo español ABC. “Los aviones que viajan a velocidades hipersónicas pueden ser indetectables, y aunque se les lance un misil no lo podrán alcanzar” porque superan la barrera del sonido, conocida como Match 1, en torno a los mil 235 kilómetros por hora.
EN LA OPINIÓN DE:
Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad
Conciencia Saludablemente
La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.
Por: Pisc. Alex Barrera
Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.
Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.
Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.
La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.
La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.
Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.
Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.
A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.
La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.
Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.
A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.
Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.
No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.
En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.
El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.
Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.
También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.
La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.
Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian
Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol Alex Barrera**
En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.
Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.
Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.
Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.
Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.
Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.
Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.
Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.
La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.
Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.
En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.
También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.
Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.
En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.
****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
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