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Opinión

Castigan al castigador

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Opinión / Cicuta del Caribe

• Asur invertirá más de $2,000 millones para ampliar la Terminal 4
• Mujeres tardarán 100 años para alcanzar paridad laboral: ANES
• Air France también rechazó volar al aeropuerto lopezobradorista
• Peligran inversiones por 36 mil mdd para renovables en México

Por: Carlos Águila Arreola


Andrés Manuel López Obrador no halla quién se la hizo, sino quién se la pague, y en ese enfermizo sentimiento de omnipotencia que le nubló la mente desde aquel sábado 1 de diciembre de 2018, cuando inició su “administración —más bien parecía clínica geriátrica; es el presidente con más renuncias en el gabinete—, el estado de Quintana Roo se le ha indigestado, pero no por el gobierno estatal, sino por su sociedad civil, que sí piensa.

Nunca pensó que el Tramo Cinco —Norte y Sur— de su Tren Maya le fuera a provocar tantos dolores de cabeza, y todo por falta de estudios de factibilidad y manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA), entre otros requisitos, todos relacionados con el respeto a la naturaleza… creyó que ser presidente eximía a sus proyectos de cumplir las leyes mexicanas, esas que una y otra ha violentado durante los 41 meses como inquilino de Palacio Nacional.

Por lo pronto, el juez primero de distrito de Yucatán, Adrián Fernando Novelo Pérez, ordenó la suspensión provisional del trazo cinco sur —de Playa del Carmen a Tulum— por carecer de permisos ambientales. La demanda de amparo fue de buzos y activistas integrados en el colectivo “Sélvame del Tren”, un gancho al hígado de López Obrador porque la queja es de la sociedad civil, a la que detesta y denosta, según lo que ha declarado.

Como “buen” vengativo que es el tabasqueño, por sus celos y pensamientos negativos experimenta esa pulsión a causa de sus inseguridades y su baja autoestima. A veces, el simple hecho de ver a otros tener éxito despierta su frustración y deseo de hacer daño debido a su falta de empatía; en ese sentido, primero “la agarró” contra el hotelero José Antonio Chapur Zahoul, y al día siguiente contra Miguel Quintana Pali, sus socios y el Grupo Xcaret.

Por buena o mala fortuna, depende del cristal con que se mire, se me asignó la cobertura de la campaña presidencial de Andrés Manuel en el año 2000 para el Diario de México, propiedad del extinto Federico Bracamontes Gálvez, cuando Vicente Fox Quesada ganó las elecciones del domingo 2 de julio, asumiendo la Presidencia de México el 1 de diciembre del mismo año. Ya desde entonces se mostraba proclive a desquitarse de quien osara cuestionarlo.

Ese discurso de odio y división no es nuevo en él, pero hoy la situación es otra; hace años eran rabietas porque le “robaban” las elecciones, pero ahora, ya con el poder en su poder —valga la redundancia— me hizo recordar al maquiavélico Joseph Fouché, el político francés que ejerció su poder durante la Revolución francesa desde el Ministerio de Policía, solo bajo las órdenes del emperador Napoleón Bonaparte.

El duque de Otranto, fue llamado el genio tenebroso. Su falta de escrúpulos, habilidad fantástica para trabajar desde las sombras y, sobre todo, para cambiar de pensamiento político —del que carecía realmente porque siempre estaba del lado del vencedor—, lo convirtieron en uno de los ministros más temidos. En el caso mexicano no está oculto, todas las mañanas opera desde su púlpito personal adoctrinando a su rebaño y manteniéndose en campaña.

El miércoles 27 de abril, en un acto armado durante “la mitotera” por uno de sus principales lacayos, Jesús Ramírez Cuevas —que cobra como vocero del régimen—, su “alteza pequeñísima” se le fue a la yugular al hotelero yucateco José Antonio Chapur Zahoul y lo acusó de beneficiarse del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) durante el gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, con contratos millonarios.

La pregunta del achichincle fue sobre qué opinión tenía de los hoteleros que se oponían al Tren Maya, a lo que contestó que “se dedicaban a saquear, a robar, y había impunidad. Y ahora no hay impunidad para nadie —según él—. Y esto tiene que ir cambiando y no importa que se enojen”, a lo que dueño de la cadena Palace Resorts respondió que “durante 35 años en Quintana Roo, nunca le he vendido nada a Fonatur ni mucho menos construido (…)”.

Un día después, el jueves 28 (ayer), Tartufo, otro de los desopilantes apodos del tabasqueño, se abalanzó contra el Grupo Xcaret de Miguel Quintana Pali —y sus socios, los hermanos Óscar, Marcos y Carlos Constandse Madrazo— y ordenó la clausura del nuevo parque Xibalbá por violar la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA) y tampoco tener MIA.

El desarrollo pretende unir ocho cenotes por medio de ríos subterráneos artificiales en el municipio yucateco de Valladolid —156.7 kilómetros al suroeste de Cancún—. La obra incluye la perforación de paredes y bóvedas, además se desviaron ríos subterráneos y otras infracciones ambientales, según la agorera de su majestad, Elizabeth García Vilchis.

López Obrador se lanzó contra los artistas, especialmente contra Eugenio Derbez porque “no dijeron nada sobre Xcaret, que ha conectado cenotes en Cancún”. En un video en redes, el comediante le respondió; además, calificó a los artistas de seudoambientalistas porque “no se han escuchado denuncias de ambientalistas ni amparos, ni campañas como “Sélvame de Xcaret”, publicó la vocera como réplica a la campaña que frenó al Tren Maya.

Todo lo que se ha hecho en Xibalbá no es ningún secreto en la región; los propios ambientalistas aceptan que toda obra provoca destrucción y que la aprobación de una MIA depende de los planes de prevención, mitigación y restauración de daños al ambiente, que se entregan a la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que los aprueba o rechaza.

La andanada de Lopitos contra activistas, ambientalistas, y en general contra la sociedad civil organizada —¡qué ironías de la vida!, la misma que lo llevó al poder—, recién empieza, y es que si el juez yucateco se sostiene y otorga la suspensión definitiva el viernes 13 de mayo, como se espera por el cúmulo de pruebas que diario aumenta por la denodada labor del colectivo “Sélvame del Tren”, ¿a ver quién le tapa la boca y aplaca su ira? Ya veremos…

Menudencias
Invertirá dos mil 68.7 millones de pesos el Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur) en la ampliación de la Terminal 4 del aeropuerto de Cancún, y en la reconfiguración del edificio terminal para aduana y migración en Cozumel, como parte de los 12 mil 358 que el sector aéreo mexicano recibirá durante 2022, una inversión conjunta, pública y privada, destinada principalmente al mantenimiento y ampliación de las terminales de la red aeroportuaria del país.

Hasta 100 años tardará la paridad en puestos directivos, dijo Karla Graciela Cedano Villavicencio, presidenta de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES), en el conversatorio “Mujeres en energía. Cerrando la brecha de género”, donde explicó que la representación femenina creció solo 1.3 por ciento anual entre 2017 y 2020. “Si se mantiene esa tendencia el porcentaje llegará a 20 en 2050, a 30 en 2080 y a la mitad en 2120, es decir nos faltan 100 años para llegar a la paridad labora… es aterrador”.

Air France rechazó operar en el nuevo aeropuerto; se trata de otra aerolínea de renombre que declina volar a la terminal aérea de Andrés Manuel López Obrador, quien por otra parte ha pedido a Aeroméxico, Viva y Volaris revertir el fracaso que empieza a suponer el Aeropuerto Felipe Ángeles —sigue sin ser internacional—. El puerto aéreo registró 135 vuelos desde el día de su inauguración hasta el cierre de abril.

Si México mantiene su actual política energética hacia el cierre de sexenio, perderá la oportunidad de generar nuevas inversiones hasta por 36 mil millones de dólares en energías renovables, asegura Ramón Fiestas, director para América Latina del Global Wind Energy Council (GWEC). Ese monto alcanzaría para financiar cuatro proyectos de gran escala como la refinería que López Obrador construye en Dos Bocas, en su natal Tabasco.

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Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad

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Conciencia Saludablemente

La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.

Por: Pisc. Alex Barrera

Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.

Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.

Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.

La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.

La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.

Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.

Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.

A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.

La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.

Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.

A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.

Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.

No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.

En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.

El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.

Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.

También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.

La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.

Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

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Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian

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Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol Alex Barrera**

En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.

Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.

Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.

Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.

Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.

Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.

Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.

Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.

La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.

Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.

En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.

También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.

Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.

En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.

****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

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