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Gringos quieren un pez gordo, irían contra Carlos Salinas de Gortari; Genaro García Luna sostenía reuniones con este expresidente
CIUDAD DE MÉXICO, 21 DE ENERO DE 2020.- Genaro García Luna, que se declaró inocente de tres cargos de conspirar para traficar cocaína a Estados Unidos y uno de falso testimonio, ya no luce sus elegantes chaquetas: ahora viste la ropa de prisión y ya no disfruta tampoco de su lujosa residencia en Miami, que ha visto sustituida por una fría y solitaria celda en una prisión federal en Nueva York.
Genaro García Luna sostenía reuniones con el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, incluso cuando trabajada para el ex mandatario Felipe Calderón Hinojosa, dijo la periodistas Anabel Hernández en el programa “Los Periodistas”, que conducen Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela en la cadena La Octava.
La periodista expuso que si el juicio de García Luna en Nueva York busca a un “pez gordo”, ese sería el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari y no Felipe Calderón.
“Tendría que dar el nombre de peces más gordos. Y nombre más grande que Garcia Luna, sólo un ex Presidente (…) García Luna visitaba la residencia de Salinas de Gortari, antes de que terminara el sexenio de Felipe Calderón. Y ahí estamos hablando ya de otros niveles de corrupción, de cosas mucho más importantes”, apuntó.
De acuerdo con Hernández, quien dio detalles de su libro Los Señores del Narco, desde hace 10 años se tenían indicios de que García Luna trabajara para el Cártel de Sinaloa.

“No se puede entender la protección a Joaquín Guzmán Loera o a Ismael Zambada, al Vicentillo, sin la protección a García Luna. Esa es la llave secreta del proceso judicial que se está llevando a cabo en Nueva York contra Genaro García Luna. Una cosa está directamente coligada con la otra. Proteger a Genero era proteger al cartel. Hubo titulares de la DEA que durante el sexenio De Vicente Fox y Felipe Calderón, eran parte del plan para proteger a García Luna y al Cártel de Sinaloa”, detalló.
Anabel Hernández calificó como interesante saber si los acuerdos para proteger a García Luna, por parte de las autoridades estadounidenses, se terminaron.
La periodista añadió que la investigación contra García Luna empezó, al menos, en 2014. “Es un largo trayecto que agentes de la DEA llevaron a cabo para estar documentado todo el movimiento de dinero, de propiedades, estar retomando testimonios”.
Y que tomó mayor impulso cuando detuvieron, en Texas, a Iván Reyes Arzate, quien era colaborador de García Luna, ya que el ex comandante de la Policía Federal comenzó a soltar información relacionada con los sobornos que el ex Secretario de Seguridad Pública recibía por parte de los cárteles de la droga.
“Varios personajes de buen nivel están solicitando asesorías de abogados porque se están dando cuenta que el agua les está llegando a la nariz. Sí hay mucha gente que se siente en peligro por García Luna”, añadió.
Por otro lado, Hernández aseguró que Felipe Calderón sabía de las dudas que Genaro García Luna generaba en autoridades de seguridad de Estados Unidos.
Ejemplificó que fuentes le relataron una escena en la que un ex funcionario de seguridad de México aseguraba que García Luna había ocultado videos sobre el atentado contra integrantes de la DEA en Tres Marías, Morelos.
Para Anabel Hernández, García Luna “es una pieza clave“ para entender la violencia que azota al país, ya que es un individuo que estuvo inserto en el sistema.
“García Luna es un hombre inserto, que está metido en el sistema mexicano, desde 1989, cuando empezó a trabajar en el Cisen. Que es un hombre que fue criado, alimentado, para hacer el trabajo sucio”.
EL JUICIO
Este 21 de enero se realizará en Nueva York la segunda audiencia del caso García Luna. El ex Secretario de Seguridad Pública de México es acusado de aceptar sobornos del Cártel de Sinaloa.
García Luna, que se declaró inocente de tres cargos de conspirar para traficar cocaína a Estados Unidos y uno de falso testimonio, ya no luce sus elegantes chaquetas: ahora viste la ropa de prisión y ya no disfruta tampoco de su lujosa residencia en Miami, que ha visto sustituida por una fría y solitaria celda en una prisión federal en Nueva York.
García Luna, de 51 años e ingeniero mecánico de formación, fue arrestado el pasado 9 de diciembre en Dallas (Texas), luego de que el Gobierno de Estados Unidos lo acusara de tres cargos de conspirar para traficar cocaína a este país y otro por falso testimonio. Esta será la segunda audiencia de García Luna en Nueva York tras ser traído desde Texas para enfrentar los cargos en el tribunal federal para el Este de Nueva York, donde también fue juzgado el jefe del Cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, de quien, según las autoridades, aceptó sobornos.
La Fiscalía de Estados Unidos y la defensa del mexicano solicitaron el pasado viernes al juez de Nueva York 60 días de plazo entre la audiencia del próximo martes y la siguiente, debido a la complejidad del caso.
Esta nueva audiencia de García Luna, que entre 2001 y 2005 dirigió la Agencia Federal de Investigación (AFI) de México (creada en 2001 bajo la presidencia de Vicente Fox que le nombró al cargo), será también ante el juez Brian Cogan, que presidió el mediático juicio contra el Chapo, que fue condenado a cadena perpetua.
En una carta enviada el pasado viernes a Cogan, la Fiscalía pidió que el caso sea declarado “complejo” e informó que se propone presentar voluminosas evidencias relacionadas con la conducta del acusado, que se extiende por lo menos dos décadas y que incluye registros financieros, de propiedades y de su proceso de nacionalización.
En el documento de acusación, la Fiscalía indicó además que los registros financieros que obtuvo de García Luna muestran que cuando se radicó en Estados Unidos en 2012 ya había amasado una fortuna personal de millones de dólares.
Fuente: Agencias
Fama
Cristo, tres décadas viviendo a Bunbury: la historia del hombre que volvió su admiración arte
5toPoder/Alex Barrera .- El público lo llama Cristo, su nombre real es Christopher; en los escenarios, sin embargo, es algo más que un nombre: es el eco persistente de una de las voces más emblemáticas del rock en español. Desde hace casi tres décadas, Christopher ha hecho de la imitación de Enrique Bunbury no solo un oficio, sino una forma de vida.
Su historia comenzó temprano. “Desde siempre me gustó cantar e imitar a diferentes artistas, pero a los 14 años conocí la música de Héroes del Silencio”, recuerda. Fue ahí donde algo cambió para siempre, aquel chico descubrió no sólo una banda, sino una identidad artística que lo acompañaría por casi tres décadas. “Desde ahí me especialicé en imitar a Enrique Bunbury”, dice con la naturalidad de quien encontró su rumbo sin saberlo.

Hoy, con 42 años, Christopher suma cerca de 30 años dedicados a construir una carrera que lo ha llevado a recorrer escenarios de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Colombia, Costa Rica y España. No lo dice con soberbia, sino con gratitud. “Nunca imaginé que una pasión de adolescente me llevaría tan lejos”, cuenta con orgullo sereno. Para él, este trabajo no es un pasatiempo ni un proyecto paralelo: “es su vida”, que dicho sea de paso se trasmite en cada show que da, pues en su andar ha tocado miles de corazones que encuentran en él un sentimiento que los vincula, la pasión por un artista.
Esa entrega total se refleja incluso en su imagen. Christopher decidió replicar los tatuajes de Bunbury y realizar cambios físicos para lograr encarnar lo mejor posible a su ídolo. No lo hace por vanidad, sino por una convicción clara: el público no sólo quiere escuchar, quiere ver. Quiere sentir que la experiencia es completa, que por unos minutos la frontera entre el artista original y su intérprete se vuelve difusa, en sus shows, la imitación no se limita al sonido; es una puesta en escena completa donde cada detalle cuenta.
Pero hay una línea que él cuida con especial celo: la distancia emocional con el verdadero Bunbury. Aunque una vez logró tomarse una fotografía con él, prefiere mantenerse lejos. No por desdén, sino por respeto al ritual que sostiene su trabajo. “Para hacer esto con el corazón, el artista tiene que estar en un pedestal”, explica. Mantener ese misticismo es, para Christopher, la clave de la magia. Conocer demasiado al ídolo podría romper la ilusión que alimenta su interpretación.

Esa visión revela una filosofía poco común en el mundo de los imitadores: más que copiar, Christopher busca honrar. Su meta no es reemplazar, sino rendir tributo desde un lugar profundamente emocional. Por eso habla de su oficio como algo casi sagrado, donde la admiración debe conservarse intacta para que la entrega en el escenario sea auténtica.
Incluso su futuro está ligado al de Bunbury. Christopher tiene claro que se retirará cuando lo haga su referente. Hoy el cantante español sigue activo a sus 57 años, lo que, según sus cálculos, le da al menos 15 años más de camino por recorrer. “Mínimo estaré en este mundo 15 años más, y los que se vayan sumando”, añade, con la certeza de quien ha hecho de la pasión un proyecto de vida. No lo dice con cansancio, sino con serenidad: su carrera tiene un horizonte definido, marcado por la trayectoria de quien inspiró su destino.



Mientras tanto, seguirá siendo Cristo para el público, Christopher para los más cercanos y, sobre todo, el hombre que decidió convertir la admiración en arte, con la que trazó un camino, usando la imitación como una técnica llena de devoción que a cada presentación demuestra que imitar no es copiar, sino interpretar con respeto, disciplina y una devoción que trasciende generaciones.
Como parte de su gira por México, Cristo se presentará en Cancún el próximo 14 de enero, donde ofrecerá al público una noche dedicada a revivir la esencia musical de Enrique Bunbury. El espectáculo promete una experiencia completa (sonora y visual) para los seguidores del rock en español que buscan reencontrarse con la emoción de los grandes escenarios.
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EN LA OPINIÓN DE:
El costo de un “nuevo” yo: la factura invisible de la autoexigencia
Querer cambiar puede convertirse en una carga, en este sentido los propósitos de año nuevo pueden convertirse en una trampa emocional
Conciencia Saludablemente
Psicol. Alejandra Barrera
Enero comienza cada año con un entusiasmo contagioso: gimnasios llenos, agendas nuevas, cursos promotores de “mejor versión de ti”, y tantas listas de propósitos que parecen promesas ineludibles. Sin embargo, también es la época en que la ilusión se encuentra con la realidad, y muchas de estas metas quedan resumidas en dos palabras dolorosamente familiares: frustración temprana. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué distingue un propósito que nutre del que desgasta? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver la autoexigencia con nuestra salud mental?
Motivación vs. autoexigencia: una línea que se rompe con facilidad
La motivación es un motor interno que nos impulsa hacia lo que valoramos: salud, aprendizaje, relaciones más profundas, productividad con sentido. En cambio, la autoexigencia está más cerca del juicio: “tengo que hacer más”, “debo lograr esto”, “si no, fracaso”. La diferencia parece sutil, pero en términos psicológicos marca un abismo. La motivación se alimenta de propósito y esperanza; la autoexigencia se alimenta de miedo y de comparaciones.
Algunos expertos en psicología del bienestar describen una distinción entre los tipos de motivación, mencionando que mientras que la motivación autónoma (aquella que surge del interés genuino o del valor personal) se asocia con mayor persistencia y bienestar, la motivación controlada (basada en presión interna o externa) se relaciona con ansiedad, burnout y abandono de metas. La autoexigencia cae en esta última categoría: nos presionamos a cumplir estándares que muchas veces no se alinean con nuestras necesidades reales, o que realmente no son deseos propios, sino que se sostienen en el ideal que queremos alcanzar a fin de complacer a otros o en lograr el estándar socialmente aceptado.
La trampa de los propósitos rígidos
Los propósitos típicos de año nuevo suelen ser rígidos: perder peso, correr alguna cantidad de kilómetros, leer cierto número de libros, renunciar a vicios “perjudiciales”. El problema no está en las metas per se, sino en su rigidez. Las metas inmutables presuponen un camino directo y sin tropiezos, lo cual es profundamente contrario al modo en que funciona la vida humana.
Modelos contemporáneos de fijación de objetivos, como el enfoque SMART (Specific, Measurable, Achievable, Relevant, Time-bound), sugieren que los objetivos sean específicos, medibles y alcanzables, pero también relevantes y sensibles a nuestra realidad personal. Si una meta no tiene en cuenta nuestro contexto emocional, físico y social, tiene altas probabilidades de convertirse en fuente de estrés y autoevaluación negativa.
Además, investigaciones en Journal of Personality and Social Psychology muestran que las resoluciones de año nuevo tienden a fallar porque se basan en cambios de comportamiento externos sin atender el estado interno que sostiene ese comportamiento. Por ejemplo, querer comer “perfectamente” sin explorar cómo lidias con el hambre emocional es un atajo errado. Lo que cambia la conducta a largo plazo es atender las raíces (emociones, creencias, hábitos automáticos), no solo la forma.
Por qué fallan los propósitos (y cómo reconocerlo sin culpas)
- Expectativas irreales: Muchos propósitos están diseñados más para impresionar a otros o cumplir un estándar social que para nutrir nuestro bienestar.
- Falta de autoempatía: Nos decimos “si fallo, significa que soy débil”, cuando en realidad el fracaso es parte del proceso de aprendizaje.
- Rigidez cognitiva: El cerebro humano no prospera en rigideces; prospera en adaptación. Las metas que no permiten flexibilidad emocional son proclives a derrumbarse bajo estrés.
- Comparación social: Las redes (y las vidas editadas que vemos en ellas) establecen estándares imposibles que agravan la sensación de insuficiencia.
Cómo plantear objetivos emocionalmente sostenibles
Si los propósitos de enero se diseñaran desde el autocuidado, en lugar de la autoexigencia, cambiaría radicalmente su impacto en nuestra salud mental. Algunas claves para replantear la narrativa:
- Haz preguntas, no decretos: En lugar de “voy a perder 10 kilos”, pregunta “¿por qué quiero perder peso?” “¿Qué beneficio voy a tener si pierdo peso?”
- Valora el proceso, no solo el resultado: Celebra cambios pequeños y consistentes. El refuerzo positivo es más eficaz que el castigo interno. Recuerda tus conductas negativas se crearon después de muchas repeticiones, por lo tanto quitarlas requiere el mismo tiempo, ten paciencia contigo mismo.
- Ajusta tus metas a tu realidad emocional: Si estás en un momento de estrés, quizás priorizar descanso, conexión o límites sea más saludable que embarcarte en objetivos exigentes, recuerda que el estrés no es un buen aliado para lograr objetivos por el contrario puede provocar retrocesos en tu proceso, si te exiges demasiado los resultados probablemente no serán lo que esperas, no porque no lo estés haciendo bien, sino porque estas presionando demasiado.
- Planea con flexibilidad: En vez de metas únicas y rígidas, establece marcos de intención: “quiero mejorar mi salud este año” después establece objetivos, medibles y alcanzables, ve de lo menos a lo más y se realista.
Estas recomendaciones no son una panacea mágica. Transformar comportamientos arraigados exige tiempo, paciencia y, sobre todo, gentileza interna. Y ahí es donde la salud mental y el autocuidado se encuentran. Si necesitas ayuda no dudes en pedírsela a especialistas de cada área, a veces es importante tener el acompañamiento adecuado para aprender a regular y encontrar los puntos que no estamos viendo, en la vista de alguien que nos lo hará saber de manera profesional y neutral.
Replantear la narrativa del “nuevo yo” desde el autocuidado
La narrativa imperante del “nuevo yo” suele prometer una versión más productiva, más delgada, más eficiente, más… Más de lo que quizás necesitas en este momento. El costo de esa narrativa suele pagarse con angustia, autoevaluación negativa y una relación deteriorada con nosotros mismos.
La psicología contemporánea nos ofrece una visión alternativa: el cambio duradero no ocurre desde la crítica implacable hacia uno mismo, sino desde la comprensión puntual de cómo funcionamos. Los enfoques basados en terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia cognitivo-conductual (TCC) han demostrado que trabajar con la flexibilidad psicológica, la aceptación emocional y la reorientación de valores personales es más efectivo y sostenible que perseguir estándares autoexigentes.
Por ejemplo, la ACT propone que la rigidez (aferrarse a metas fijas sin adaptación) genera sufrimiento, mientras que la apertura y la acción comprometida con los valores personales brinda una dirección significativa incluso en presencia de dificultad. En otras palabras, cambiar tu vida no tiene que parecer una batalla; puede parecer una construcción paciente y consciente.
En conclusión, los propósitos de año nuevo no están destinados a colapsar bajo el peso de la autoexigencia. Pueden ser una invitación a conocerte mejor, a descubrir qué te nutre y qué te agota, y a construir hábitos que se sostengan en tu bienestar emocional. La diferencia entre una meta que abruma y una intención que ilumina no es menor: radica en si la planteas desde la autoexigencia o desde el autocuidado. Este año, en lugar de prometerte un “nuevo yo”, pregúntate: ¿qué versión de ti merece apoyo, paciencia y compasión? A veces, eso es más revolucionario que cualquier resolución de enero.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
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Para saber más en relación al tema puede revisar ls siguientes documentos.
Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2ª ed.). Guilford Press.
Doran, G. T. (1981). There’s a S.M.A.R.T. way to write management’s goals and objectives. Management Review, 70(11), 35–36.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.
Norcross, J. C., Mrykalo, M. S., & Blagys, M. D. (2002). Auld Lang Syne: Success predictors, change processes, and self-reported outcomes of New Year’s resolvers and nonresolvers. Journal of Clinical Psychology, 58(4), 397–405.
Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55(1), 68–78.



















