Conecta con nosotros

EN LA OPINIÓN DE:

La “chamba” de un vocero

Publicado

el

Caminos del Mayab

Por Martín G. Iglesias

Platiqué con unos estudiantes de Comunicación, quienes ya quieren salir al mundo laboral, para demostrar que están mejor preparados que los que les anteceden, como todos, quieren estar al frente de las cámaras dando las noticias o frente a micrófonos de una radio; los más intrépidos, quieren hacer su propio canal utilizando las nuevas tecnologías de la comunicación.


Pero hay un sector, quizá un diez por ciento, que me dijo que quiere incursionar en el mundo de la vocería, no solo de las empresas, sino también de gobierno; es a este último que quiero referirme, porque considero que en algunos casos, hay una mala percepción de la responsabilidad de un vocero gubernamental.


Los voceros, sea de un País, Estado, Municipio o de algunos otros niveles de gobierno y poderes del Estado, la mayor parte del tiempo la pasan en labores administrativas, sin que cumplan con su misión de preparar a su cliente para una entrevista, ni menos para informarles sobre los temas que están sobre la mesa y que tienen que ver con su desempeño gubernamental. Es por eso, que cuando la persona sale a responder sobre tal o cual tema, lo hace sin tener los “pelos de la burra en la mano”, es cuando vienen los tropiezos y en lugar de ayudar a la imagen, se la dañan.


Aunque sea muy difícil su cliente o su jefe, no le ayudan al decirle sobre el tema de la comunicación no verbal, que es tan importante como las palabras. Me ha tocado estar, tanto en entrevistas de banqueta como las de estudio y, es terrible cuando uno ve a funcionarios que dicen una cosa con las palabras y otra con su cuerpo y rostro. Expresiones de nerviosismo, evitar el contacto visual o gestos inadecuados que le restan credibilidad al entrevistado; de ahí es donde salen las críticas a través de los memes y complicar la comunicación.


Hoy, algunos voceros creen tener la verdad absoluta y envían a sus aliados a realizar todo tipo de distribución de noticias, aunque están sean “de risa” para la población, quienes son los que conocen perfectamente la manera en la que los gobiernan. Voceros que solo centran su tarea en “batear” a representantes de medios de comunicación; a darles largas a las entrevistas que solicitan con los titulares de las dependencias o las figuras públicas como presidentes municipales, diputados locales, legisladores federales, gobernadores o hasta presidentes de una República.


No tienen un Manual para una ruta crítica, para la solución de crisis de comunicación en un gobierno; minimizan el problema en detrimento de la imagen de su jefe; evadir responsabilidades o reaccionar impulsivamente puede empeorar la situación. Por eso, es fundamental contar con un plan de comunicación de crisis y seguir una estrategia clara.
Pero al fin de cuentas, solo me dediqué a responder una pregunta a un pequeño sector de la futura generación de los nuevos comunicadores en Quintana Roo. La única forma de evitar estos errores comunes es tomarse la vocería en serio y comprender la relevancia de este rol en el posicionamiento de la imagen de un gobierno.


Un buen vocero no solo informa a través de boletines, sino que también fortalece la reputación y la imagen del gobierno que le contrató. Por eso, antes de responder, contemple todas las aristas, incluyendo la propia personalidad de su jefe. Ahí se las dejo…
SASCAB
Ayer murió un hombre que asombró al mundo con su estilo de gobernar su país, con el ejemplo; me refiero a José “Pepe” Mujica Cordano, presidente de Uruguay de 2010-2015.
Comparto una de las tantas frases que dogmaron su estilo de vida; “No acompaño el camino del odio, ni aun hacia aquellos que tuvieron bajezas con nosotros. El odio no construye. Esto no es pose demagógica, no es cosa de andar eludiendo el bulto, de poner una cara linda: es cosa de principios”. Al tiempo…

Compartir:
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EN LA OPINIÓN DE:

LA LECCIÓN DE ANÍBAL

Publicado

el

“EN LA OPINIÓN DE”
Dr. Hugo Alday Nieto

Un poco influenciado por dos grandes obras literarias sobre historia del derecho y de las instituciones, puedo comprender los riesgos que enfrentan los Estados cuando depositan un exceso de confianza en sus gobernantes.
Las experiencias de Aníbal Barca durante la Segunda Guerra Púnica y el posterior regreso triunfal de Publio Cornelio Escipión a Roma constituyen dos momentos paradigmáticos en los que la relación entre liderazgo, poder y control institucional se vuelve decisiva para la supervivencia de una república.
Aníbal Barca no derrotó a Roma por tener un ejército más grande, sino por aprovechar la confianza excesiva de la República en su propia invulnerabilidad. Tras la Primera Guerra Púnica, Roma asumió que su supremacía militar era incuestionable. Esa presunción —más política que estratégica— permitió que Aníbal cruzara los Alpes, desarticulara alianzas y obtuviera victorias devastadoras como Trebia, Trasimeno y sobre todo, en Cannas.
Roma, por su parte, había relajado sus mecanismos de deliberación estratégica, y permitido que la arrogancia sustituyera al análisis y había concentrado decisiones críticas en figuras que actuaban más por impulso y soberbia que por prudencia. Roma aprendió gracias a Aníbal, que la confianza ciega en el propio proyecto político puede convertirse en un factor de vulnerabilidad estructural.
Cuando Publio Cornelio Escipión regresó a Roma tras su campaña en Hispania, lo hizo no solo como un general victorioso, sino como un actor político que entendía la necesidad de reconstruir la confianza pública sin destruir las instituciones. Su propuesta de llevar la guerra a África fue debatida, cuestionada y finalmente aprobada por el Senado.
La derrota de Cartago no fue solo un triunfo militar: fue la demostración de que una república puede recuperarse cuando combina liderazgo con controles, audacia con deliberación, carisma con responsabilidad. Escipión no pidió poderes extraordinarios ni pretendió refundar Roma; su legitimidad se sostuvo en la interacción virtuosa entre liderazgo y contrapesos. Fue una demostración de capacidad, de competencias, de conocimientos, lo que se necesita para tomar decisiones trascendentales.
En México, la Cuarta Transformación ha construido su narrativa sobre la idea de un cambio histórico que exige confianza plena en el liderazgo político. Como en otros momentos de la historia, la promesa de regeneración moral puede generar una legitimidad expansiva que debilita la vigilancia ciudadana y los controles institucionales.
Pero, como Roma antes de Cannas, un gobierno que se percibe a sí mismo como moralmente superior puede subestimar la necesidad de contrapesos, creyendo que su rectitud basta para evitar abusos; y como la República tras la guerra, México enfrenta el reto de no confundir liderazgo con infalibilidad, ni transformación con concentración de poder muchas veces en personales sin las capacidades adecuadas.
La Segunda Guerra Púnica enseña que las repúblicas no caen por enemigos externos, sino por fallas internas de prudencia y control, y, repito, exceso de soberbia. Aníbal representa el riesgo de la complacencia institucional; Escipión, la posibilidad de corregir el rumbo mediante liderazgo sometido a límites.
En el México contemporáneo, la Cuarta Transformación enfrenta el desafío de no repetir la historia de Roma confiada, sino de aprender de la Roma deliberativa. La verdadera transformación no se mide por la concentración de poder, sino por la capacidad de fortalecer las instituciones que lo contienen.
Mientras eso sucede y los próceres modernos se deciden a tomar la historia de Roma como ruta, las cosas seguirán repitiéndose, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

Compartir:
Continuar leyendo

EN LA OPINIÓN DE:

HUELE A PÓLVORA 2026

Publicado

el

“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.

• ¿Continuidad o cambio de timón?
• ¿Qué hará la 4T con el verde, uno de sus peores pasivos políticos?
• Establecer en la reforma electoral, que sea obligación para cada partido ir en solitario cada tres elecciones.

Las elecciones serán el domingo 6 de junio de 2027, pero las definiciones serán entre septiembre y diciembre de 2026. El horno ya no está pa’ bollos, diría el gachupín. El cierre de 2025, ha sido sin descanso político, lo que presagia fuerte olor a pólvora el próximo año.

Uno de las disyuntivas del grupo en el poder es ¿qué decisión va a tomar con el grupo de poder verde? convertido ya en uno de sus principales pasivos políticos; como un cuervo que ahora quiere sacar los ojos a quien lo procreó.

Para mala fortuna de los quintanarroenses, Quintana Roo está en el epicentro de este dilema, ya que de facto el estado ha sido entregado a esa entelequia política que no es un partido, sino una empresa propiedad de Jorge Emilio González en sociedad ahora con Manuel Velasco.

San Luis potosí es la otra entidad que fue entregada a esa mafia política-económica, cuyo gobernador ahora quiere imponer a su propia esposa, aún sacándole los ojos a la propia presidenta Claudia Sheinbaum, sucesora de Andrés Manuel López Obrador, quien en un exceso de pragmatismo regaló la gubernatura al ex presidiario Ricardo Gallardo en 2021.

A nivel nacional hay expectativa sobre la decisión que van a tomar sobre el caso verde, por la composición de las cámaras de diputados y senadores para la segunda mitad del actual sexenio, cuando ya se empezará a manejar los nombres de quien será el próximo presidente o presidenta para el “tercer piso” de la 4T.

El 2026 también será el año de la reforma electoral y buena parte de sus cambios se dirigirán a establecer reglas más estrictas para las campañas adelantadas, el nepotismo y quizá para la relación entre morena y los partidos satélites, cáncer que ha significado retrocesos e incumplimiento de principios. Lo que sigue es el crecimiento del desencanto ante decisiones cupulares alejadas del sentir de la ciudadanía; exceso de confianza ante la fuerza del obradorismo y la alta aprobación de la presidenta, en caso de que no haya un cambio en esa relación perversa entre el morenismo y el verdismo.

Un cambio que podría establecerse en la reforma electoral de 2026, como ya hemos mencionado desde este espacio, es que sea obligación para los partidos políticos competir en solitario cada tercera elección, ya sea federal o local.

Sería como un refrendo del registro ante el INE y daría pie a que las alianzas se realicen no antes, sino después de los resultados electorales, cuando cada partido haya llegado a las cámaras por sus propias fuerzas y, entonces, tomar acuerdos para hacer mayorías para cada votación.

El modelo actual ya ha sido pervertido y ha generado aberraciones políticas, además de crear sobre representaciones legislativas que socavan la voluntad popular y actúan en su contra. En resumen, que sea obligación para cada partido ir en solitario a las urnas cada tres elecciones. Usted tiene la última palabra.
ooOoo

Compartir:
Continuar leyendo

LAS + DESTACADAS

CONTACTO: contacto.5topoder@gmail.com
Tu opinión nos interesa. Envíanos tus comentarios o sugerencias a: multimediaquintopoder@gmail.com
© 2020 Todos los registros reservados. 5to Poder Periodismo ConSentido Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier uso de los contenidos sin permiso previo.