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MUERE LA MULTIPREMIADA ACTRIZ CLORIS LEACHMAN A LOS 94 AÑOS

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LOS ÁNGELES.- Cloris Leachman, una actriz galardonada con el Oscar por su retrato de una ama de casa solitaria en “The Last Picture Show” (“La última película”) y estrella de comedia como la imponente Frau Blücher en “Young Frankenstein”, así como la ensimismada vecina Phyllis en “The Mary Tyler Moore Show”, ha muerto. Tenía 94 años.

Leachman murió mientras dormía por causas naturales en su casa en Encinitas, California, dijo su publicista Monique Moss el miércoles. Su hija Dinah Englund estaba a su lado, dijo Moss.

Una actriz de carácter con un rango extraordinario, Leachman no se podía encasillar. En los primeros años de su carrera en televisión apareció como la madre de Timmy en la serie “Lassie”. Interpretó a una prostituta de la frontera en “Butch Cassidy and the Sundance Kid”, una integrante de una familia criminal en “Crazy Mama” y Blücher en “Young Frankenstein” de Mel Brooks, en la que la simple mención de su nombre generaba reacciones equinas.

Cada vez que escucho a un caballo relinchar pienso por siempre en la inolvidable Frau Blücher de Cloris”, tuiteó Brooks calificando a Leachman como “locamente talentosa” e irremplazable.

Las redes sociales se llenaron de reacciones de los colegas que la admiraron. Steve Martin dijo que Leachman “llevó los misterios de la comedia a la pantalla grande y chica”. Por su parte Ed Asner de “The Mary Tyler Moore Show” escribió: “Nada de lo que pueda decir superará la enormidad de mi amor por ti”; “aplausos en cada entrada y en cada salida”, dijo Rosie O’Donnell.

“No había nadie como Cloris. Con una sola mirada tenía la habilidad de romperte el corazón o hacerte reír hasta que se te corrían las lágrimas por la cara”, dijo en un comunicado Juliet Green, quien por mucho tiempo fue su manager.

En 1989 hizo una gira con “Grandma Moses”, una obra de teatro en la que envejecía de los 45 a los 101 años. Por tres años en la década de 1990 apareció en importantes ciudades como la esposa del capitán en la reposición de “Show Boat”. Y en la versión para cine de “The Beverly Hillbillies” de 1993, ella tomó el papel de Irene Ryan como la abuela Clampett.

También tenía un papel ocasional en “Malcolm in the Middle”, por el que ganó premios Emmy en 2002 y 2006. En total ganó ocho premios Emmy, incluyendo un trofeo por la comedia de Moore.

En 2008 concursó en “Dancing With the Stars”, no duró mucho en la competencia pero complació a las multitudes con sus brillantes trajes para danza, y por el hecho de que se sentaba en el regazo de los jueves y maldecía en la transmisión en vivo.

Aunque comenzó como Miss Chicago en el concurso Miss America, Leachman solía aceptar con gusto papeles poco glamurosos.

Básicamente no me importa cómo me veo, fea o bella. No creo que la belleza se trate de eso. En un solo día cualquiera de nosotros es feo o bello. Me rompió el corazón que no pude ser la bruja de ‘The Wizard of Oz’ (‘El mago de Oz’) Pero también me gustaría ser la bruja buena. Phyllis combina los dos.De alguna manera soy así en la vida, soy mágica, creo en la magia. Se supone que hay un punto en la vida en el que se supone que debes dejar de creer en eso, pero yo todavía no llego ahí”, dijo en una entrevista en 1973.

En la década de 1950, Leachman trabajó en dramas en vivo en la TV, demostrando su versatilidad en papeles que representaban los estándares de esa época.

Una semana era una chica china, a la siguiente una rubia de Londres y semanas después alguien con el cabello oscuro”, recordó. En 1955 debutó en cine en la saga de suspenso de Mickey Spillane “Kiss Me Deadly” (“El beso mortal )— “Era la rubia desnuda que Mike Hammer recogía en una carretera oscura”.

Su triunfo llegó con “The Last Picture Show” de Peter Bogdanovich, basada en la novela de Larry McMurtry.

Cuando Leachman recibió el Oscar a mejor actriz de reparto en 1971, dio un discurso desordenado en el que agradeció a sus maestros de piano y concluyó: “Este es para Buck Leachman, quien pagaba las cuentas”. Su padre tenía una maderera.

Su papel más perdurable fue el de Phyllis Lindstrom en “The Mary Tyler Moore Show”.

Phyllis solía visitar el apartamento de Mary para quejarse de su esposo Lars y hacer comentarios ácidos sobre Mary y especialmente sobre su adversaria, otra inquilina, Rhoda Morgenstern (Valerie Harper). Phyllis era tan inesperadamente atractiva que Leachman protagonizó su propia serie derivada “Phyllis”, que se transmitió en CBS de 1975 a 1977.

En 2009 publicó su autobiografía “Cloris”, que llevó a encabezados en los tabloides por su recuento de una noche de sexo “salvaje” con Gene Hackman.

Leachman creció a las afueras de Des Moines, Iowa, donde nació en 1926. Su gran familia vivía en una casa de madera aislada sin agua potable, pero madre tenía ideas ambiciosas para sus hijos. Cloris tomaba clases de piano a los 5 años, y como la familia no podía costear un piano, practicaba en teclas dibujadas sobre cartón.

En 1953, Leachman se casó con George Englund, quien más adelante fue director de cine y productor. Ambos tuvieron cinco hijos: Adam, Bryan, George, Morgan y Dinah. La pareja se divorció en 1979. Su hijo Bryan Englund fue encontrado muerto en 1986 a los 30 años.

Fuente: Excélsior
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Cristo revive la esencia de Bunbury ante un lleno total en Cancún

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5toPoder.- Cancún vivió una noche cargada de nostalgia, emoción y rock en español con la presentación de Cristo, reconocido imitador de Enrique Bunbury, quien se presentó con lleno total en un conocido bar del centro de la ciudad, consolidando una vez más el éxito de este espectáculo que año con año convoca a seguidores del exlíder de Héroes del Silencio.

Desde las primeras horas de la noche, el recinto comenzó a llenarse de asistentes que esperaban revivir, aunque fuera por unas horas, la experiencia de estar frente a uno de los artistas más emblemáticos del rock iberoamericano. La expectativa no fue defraudada. Con una puesta en escena cuidada al detalle, Cristo ofreció un recorrido musical que abarcó distintas etapas de la carrera de Bunbury, provocando coreos colectivos, aplausos prolongados y una conexión emocional evidente con el público a quienes por más de una hora complació de manera aleatoria, cantando solo las canciones que la audiencia pidió.

Los asistentes manifestaron que el espectáculo fue profundamente emotivo, ya que representa una de las formas más cercanas de sentirse junto al original Enrique Bunbury. Para muchos, no se trató únicamente de un concierto, sino de una experiencia sensorial y afectiva que les permitió reconectar con canciones que han marcado momentos importantes de su vida.

El evento no fue una novedad para la ciudad Pues esta presentación forma parte de una tradición que se ha repetido en años anteriores con resultados igualmente exitosos, lo que confirma la sólida base de seguidores que ha construido Cristo en Cancún y en otras ciudades del país. Cabe señalar que el artista consintió a sus seguidores desde temprana hora pues antes del show se tomo el tiempo para ir a saludar a cada persona, mesa por mesa a quienes además de escuchar, ofreció bellas palabras y un souvenir de la presentación.

La noche cerró con una presentación especial que también generó gran impacto entre los asistentes: una destacada imitadora de Mon Laferte, Angie Laferte, tomó el escenario para ofrecer un cierre potente y emotivo con un dueto del protagonista para después continuar con algunos temas mas para complacer al público. Su interpretación fue recibida con ovaciones y comentarios positivos, consolidando un final a la altura de una velada que celebró la música, la emoción y el homenaje artístico.

Con este nuevo éxito en Cancún, Cristo reafirma su lugar como uno de los tributos más sólidos y respetados a Enrique Bunbury, demostrando que la imitación, cuando se realiza con disciplina y devoción, puede convertirse en una experiencia auténtica y profundamente conmovedora para el público.

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Cristo, tres décadas viviendo a Bunbury: la historia del hombre que volvió su admiración arte

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5toPoder/Alex Barrera .- El público lo llama Cristo, su nombre real es Christopher; en los escenarios, sin embargo, es algo más que un nombre: es el eco persistente de una de las voces más emblemáticas del rock en español. Desde hace casi tres décadas, Christopher ha hecho de la imitación de Enrique Bunbury no solo un oficio, sino una forma de vida.

Su historia comenzó temprano. “Desde siempre me gustó cantar e imitar a diferentes artistas, pero a los 14 años conocí la música de Héroes del Silencio”, recuerda. Fue ahí donde algo cambió para siempre, aquel chico descubrió no sólo una banda, sino una identidad artística que lo acompañaría por casi tres décadas. “Desde ahí me especialicé en imitar a Enrique Bunbury”, dice con la naturalidad de quien encontró su rumbo sin saberlo.

Hoy, con 42 años, Christopher suma cerca de 30 años dedicados a construir una carrera que lo ha llevado a recorrer escenarios de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Colombia, Costa Rica y España. No lo dice con soberbia, sino con gratitud. “Nunca imaginé que una pasión de adolescente me llevaría tan lejos”, cuenta con orgullo sereno. Para él, este trabajo no es un pasatiempo ni un proyecto paralelo: “es su vida”, que dicho sea de paso se trasmite en cada show que da, pues en su andar ha tocado miles de corazones que encuentran en él un sentimiento que los vincula, la pasión por un artista.

Esa entrega total se refleja incluso en su imagen. Christopher decidió replicar los tatuajes de Bunbury y realizar cambios físicos para lograr encarnar lo mejor posible a su ídolo. No lo hace por vanidad, sino por una convicción clara: el público no sólo quiere escuchar, quiere ver. Quiere sentir que la experiencia es completa, que por unos minutos la frontera entre el artista original y su intérprete se vuelve difusa, en sus shows, la imitación no se limita al sonido; es una puesta en escena completa donde cada detalle cuenta.

Pero hay una línea que él cuida con especial celo: la distancia emocional con el verdadero Bunbury. Aunque una vez logró tomarse una fotografía con él, prefiere mantenerse lejos. No por desdén, sino por respeto al ritual que sostiene su trabajo. “Para hacer esto con el corazón, el artista tiene que estar en un pedestal”, explica. Mantener ese misticismo es, para Christopher, la clave de la magia. Conocer demasiado al ídolo podría romper la ilusión que alimenta su interpretación.

Esa visión revela una filosofía poco común en el mundo de los imitadores: más que copiar, Christopher busca honrar. Su meta no es reemplazar, sino rendir tributo desde un lugar profundamente emocional. Por eso habla de su oficio como algo casi sagrado, donde la admiración debe conservarse intacta para que la entrega en el escenario sea auténtica.

Incluso su futuro está ligado al de Bunbury. Christopher tiene claro que se retirará cuando lo haga su referente. Hoy el cantante español sigue activo a sus 57 años, lo que, según sus cálculos, le da al menos 15 años más de camino por recorrer. “Mínimo estaré en este mundo 15 años más, y los que se vayan sumando”, añade, con la certeza de quien ha hecho de la pasión un proyecto de vida. No lo dice con cansancio, sino con serenidad: su carrera tiene un horizonte definido, marcado por la trayectoria de quien inspiró su destino.

Mientras tanto, seguirá siendo Cristo para el público, Christopher para los más cercanos y, sobre todo, el hombre que decidió convertir la admiración en arte, con la que trazó un camino, usando la imitación como una técnica llena de devoción que a cada presentación demuestra que imitar no es copiar, sino interpretar con respeto, disciplina y una devoción que trasciende generaciones.

Como parte de su gira por México, Cristo se presentará en Cancún el próximo 14 de enero, donde ofrecerá al público una noche dedicada a revivir la esencia musical de Enrique Bunbury. El espectáculo promete una experiencia completa (sonora y visual) para los seguidores del rock en español que buscan reencontrarse con la emoción de los grandes escenarios.
Para mayores informes del evento puede presionar directamente este botón:

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