Conecta con nosotros

Opinión

Con los niños, ¡NO!

Publicado

el

“Caminos del Mayab”


Por Martín G. Iglesias

Quintana Roo fue elegido por la Organización Mundial del Trabajo (OIT) sede México, para llevar a cabo el proyecto “Accionnar”, que es una campaña para fortalecer las capacidades de respuesta de las instituciones de gobierno que actúan como primeros respondientes ante posibles casos de trata de personas, particularmente, con fines de explotación sexual comercial, un trabajo que prevén dure un año.

Me motivó a escribir sobre este tema, la plática con un colega quien me enfatizó que “cada día desaparecen más niños en Quintana Roo”; así como el reclutamiento de adolescentes por parte del crimen organizado para realizar la distribución de estupefacientes; le dije enfático, ¡con los niños no!

Recuerdo la expresión de Arturo Benavides, coordinador nacional del proyecto Accionnar de la OIT, quien en entrevista hace unos días nos dijo a los medios que durante este año, en Quintana Roo “se realizará un diagnóstico de identificación de líneas de reporte, como el 911 y el 089, y sus retos, se elaborarán planes de fortalecimiento de los servicios de atención; reporte y canalización o referencia de casos de trata de personas y explotación sexual comercial. Además de una evaluación de protocolos de actuación, guías técnicas, y manuales a nivel estatal”, para que las empresas y los gobiernos sepan cómo actuar ente este fenómeno ilegal que representa millones de pesos en ganancias para los explotadores.
Y usted preguntará ¿a qué viene todo esto? Le comento que desde los 90 del siglo pasado, los “Succar Kuri” empezaron a operar desde Quintana Roo con el tema de la explotación sexual infantil, tanto de niños como de niñas; manejaban catálogos donde estaba impresa la foto del menor, el número telefónico para contactar al “proveedor” y se manejaban en los círculos políticos y empresariales más encumbrados del país y del mundo. Ahora, con las nuevas tecnologías toda esa actividad ocupa un espacio en la llamada “red profunda”.

No en vano Américo Furtado Oliveira, director de la oficina de la OIT para México y Cuba, nos dijo que las alianzas con la Iniciativa Privada y los gobiernos, son con la finalidad de prevenir que más niños, niñas, adolescentes, puedan caer en este delito, pues por cada víctima hay 20 que no son registradas, y es por ello la importancia de esta campaña en Quintana Roo, por su condición de destino turístico.

Es alarmante y vergonzoso para la sociedad quintanarroense, pero más para los gobiernos, que de acuerdo a las cifras de incidencia delictiva del fuero común del Secretariado Ejecutivo de Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), 92 personas de 0 a 17 años (79 mujeres y 13 hombres) han sido víctimas de trata de personas en Quintana Roo de enero de 2015 a julio de 2023.

La cantidad de personas de 0 a 17 años que fueron víctimas de trata de personas en la entidad aumentó de 9 durante el periodo de enero a julio de 2022 a 32 en los mismos meses de 2023. Quintana Roo era la tercera entidad del país con más víctimas de trata de personas de entre 0 y 17 años entre enero y julio de 2023.

El promedio mensual de niñas, niños y adolescentes víctimas de trata de personas en Quintana Roo ha aumentado de 0.4 entre enero de 2015 y noviembre de 2018 a 1.3 entre diciembre de 2018 y julio de 2023; como consecuencia, durante esta administración Federal (de diciembre de 2018 a julio de 2023) el número de personas de 0 a 17 años que han sido víctimas de trata de personas en la entidad se ha elevado a 75 casos (66 mujeres y 9 hombres).

A esto hay que agregar que, de acuerdo al estudio “Reclutamiento y utilización de niñas, niños y adolescentes por grupos delictivos en México” de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC), entre 1 mil 490 y 2 mil 577 mil niñas, niños y adolescentes estaban en riesgo de ser reclutadas o utilizadas por parte de grupos delictivos en Quintana Roo durante 2020.

Ya hay muchas voces en Quintana Roo que reclaman justicia para sus desaparecidos, padres de familia que buscan a sus pequeños quienes fueron separados del hogar a edad temprana. No imagino el dolor de la incertidumbre si su hijo(a) está vivo o muerto; pero lo que sí imagino es una autoridad indiferente ante el dolor humano de lo que piensan que a ellas o ellos no les llegará: la explotación sexual de un menor de edad, el reclutamiento para servir de “mula”, “halcón” o “sicario” de un grupo criminal.

Si todos hiciéramos nuestra tarea, estoy seguro que la incidencia de explotación infantil en cualquier modalidad sería menor o casi nula; repito, ¡con los niños NO! Ahí se las dejo…

SASCAB
La civilidad política en Lázaro Cárdenas se hace presente, ayer la excandidata del PAN a la presidencia municipal Aurora Pool Cauich, tuvo una reunión con el presidente electo, Josué Nivardo mena Villanueva, todo por el bien de los lazarozardenses. Como debe ser, la política fue creada para evitar las guerras. Al tiempo…

Compartir:
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EN LA OPINIÓN DE:

“Cuando el descanso termina: el camino invisible hacia la depresión postvacacional”

Publicado

el

De vuelta a la rutina: ¿Y el regreso? Un mirada a las funciones neuronales luego de las vacaciones

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol. Alex Barrera**

Tal vez te ha pasado…

… Vuelves de vacaciones con la maleta llena de ropa sucia, fotos bonitas… y una sensación difícil de explicar en el pecho. No es tristeza pura, pero tampoco es calma. Es algo parecido a la resistencia interna de quien sabe que el descanso terminó y ahora toca regresar a la rutina.  

Muchas personas viven este momento con una mezcla de nostalgia, cansancio anticipado y desmotivación. Y aunque solemos minimizarlo con frases como “es normal, ya se te pasará”, la verdad es que ese malestar tiene nombre y sentido: depresión postvacacional

No se trata de una enfermedad formal descrita en los manuales psiquiátricos, pero sí de una experiencia emocional ampliamente documentada en la psicología. Aparece cuando pasamos de un periodo de libertad, descanso y placer a otro de exigencias, horarios y responsabilidades. Es, en pocas palabras, el choque entre dos mundos internos: el del descanso y el del deber. 

Quizá por eso David Sandua en su libro “De vuelta a la rutina pone el acento en algo fundamental: volver no es automático, es un proceso de reajuste emocional. No basta con cerrar la maleta y prender la computadora; nuestra mente necesita tiempo para adaptarse al nuevo ritmo. Cuando ese tiempo no se respeta, surgen la irritabilidad, la apatía, el cansancio crónico y esa sensación de estar “funcionando en automático”. 

Y aquí vale la pena decirlo con claridad: si te sientes así, no estás fallando, estás reaccionando como lo haría cualquier ser humano frente a un cambio brusco. 

La psicología nos explica que durante las vacaciones se activan con más fuerza los sistemas de recompensa del cerebro: dormimos mejor, reímos más, convivimos sin prisas. Al regresar, ese circuito se interrumpe de golpe y aparecen pensamientos como: “No quiero estar aqu픓ya empezó lo pesado”“otra vez lo mismo”. No son simples quejas: son señales emocionales que indican que la transición no está siendo amable contigo. 

Pero el cambio no es solo conductual, se trata de una respuesta a los cambios que experimenta el cerebro de manera químico biológica, y es que, durante las vacaciones, el cerebro funciona en un modo de “descanso y recompensa”: disminuye la producción de cortisol, la hormona asociada al estrés, y aumentan neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que favorecen el placer, la motivación y la sensación de bienestar, dormimos mejor, tenemos más control sobre nuestro tiempo y reducimos la presión de las obligaciones, además el ambiente en muchos sentidos parece mucho más tranquilo, lo que refuerza este equilibrio emocional.

Al regresar a la rutina ocurre un cambio brusco: reaparecen los horarios rígidos, las exigencias laborales o escolares y la presión por rendir. El cerebro interpreta este contraste como una amenaza, eleva nuevamente el cortisol y reduce los químicos del bienestar. Este desajuste temporal genera cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una sensación de desánimo que muchas personas confunden con “flojera”, cuando en realidad es una respuesta biológica natural al cambio repentino de ritmo.

Algunas personas lo resienten más que otras. Quienes viven con alta autoexigencia, quienes trabajan en ambientes poco flexibles o quienes ya cargan con ansiedad o tristeza previa suelen sentir el regreso como una cuesta empinada, algunos incluso lo hacen tan de repente que se torna una caída libre. Entonces el problema no es sólo la rutina, sino la manera en que nos hablamos a nosotros mismos cuando volvemos: con dureza, con prisa, sin permiso para sentir. 

Y no es algo poco común, en el día a día escucho a muchas personas decir: “Necesito vacaciones, para las vacaciones” o el típico “no me alcanzaron los días”, normalizando el asunto sin saber que este efecto puede ser dañino para su salud. La cosa es que el descanso no borra los conflictos internos, solo los pone en pausa. Y cuando regresamos, todo vuelve al mismo lugar… a veces incluso con más fuerza. 

Por eso es importante hacernos conscientes de que necesitamos regresar de forma gradual y replantear la narrativa del regreso; no como un castigo, no como el fin de lo bueno, sino como un proceso que también necesita cuidado. Así como planeamos las vacaciones, podríamos aprender a planear el retorno: ajustar horarios unos días antes, dejar espacio para actividades agradables en la primera semana, no exigirnos productividad inmediata, permitirnos volver poco a poco. 

Es importante de la misma forma aceptar que quizá algunos malestares están ahí desde hace tiempo y es necesario empezar a trabajar en ellos, sobre todo en este periodo vacacional que nos invita a iniciar cambios. En este punto la terapia psicológica juega un papel fundamental. No sólo cuando el malestar ya es profundo, sino también como herramienta preventiva. Un espacio terapéutico ayuda a entender qué hay detrás de esa resistencia al regreso: ¿es cansancio emocional?, ¿insatisfacción laboral?, ¿miedo a perder el equilibrio?, ¿exceso de autoexigencia? 

En terapia se aprende algo que rara vez nos enseñan: volver también puede hacerse con amabilidad. Se trabajan pensamientos rígidos, se fortalecen habilidades para manejar el estrés y, sobre todo, se recupera una idea esencial: escucharte y atender tus necesidades es parte de una vida saludable, para adaptarte y tener tu máximo potencial es necesario conocer tus límites y generar estrategias que te permitan cumplir tus tareas sin que signifique vivir en constante estrés.

La depresión postvacacional no significa que seas débil ni que no agradezcas lo que tienes. Significa que tu mente está pidiendo una transición más humana. Escuchar ese mensaje puede marcar la diferencia entre vivir el regreso como una carga o transformarlo en una oportunidad para reorganizar tu vida con más conciencia. 

Volver a la rutina no debería ser sinónimo de volver al desgaste. A veces, lo más sano que podemos hacer después de descansar es preguntarnos: ¿cómo quiero vivir ahora que regreso? Y si la respuesta no llega sola, pedir acompañamiento profesional no es un lujo, es una forma de cuidado. 

Porque sí, el período de vacaciones termina… pero tu bienestar no tendría por qué hacerlo.

Documentos de interes:
Sanduás, D. (2023). De vuelta a la rutina. Independently Published. 

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte directamente por:


Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

Compartir:
Continuar leyendo

EN LA OPINIÓN DE:

El costo de un “nuevo” yo: la factura invisible de la autoexigencia

Publicado

el

Querer cambiar puede convertirse en una carga, en este sentido los propósitos de año nuevo pueden convertirse en una trampa emocional

Conciencia Saludablemente

Psicol. Alejandra Barrera

Enero comienza cada año con un entusiasmo contagioso: gimnasios llenos, agendas nuevas, cursos promotores de “mejor versión de ti”, y tantas listas de propósitos que parecen promesas ineludibles. Sin embargo, también es la época en que la ilusión se encuentra con la realidad, y muchas de estas metas quedan resumidas en dos palabras dolorosamente familiares: frustración temprana. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué distingue un propósito que nutre del que desgasta? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver la autoexigencia con nuestra salud mental?

Motivación vs. autoexigencia: una línea que se rompe con facilidad

La motivación es un motor interno que nos impulsa hacia lo que valoramos: salud, aprendizaje, relaciones más profundas, productividad con sentido. En cambio, la autoexigencia está más cerca del juicio: “tengo que hacer más”, “debo lograr esto”, “si no, fracaso”. La diferencia parece sutil, pero en términos psicológicos marca un abismo. La motivación se alimenta de propósito y esperanza; la autoexigencia se alimenta de miedo y de comparaciones.

Algunos expertos en psicología del bienestar describen una distinción entre los tipos de motivación, mencionando que mientras que la motivación autónoma (aquella que surge del interés genuino o del valor personal) se asocia con mayor persistencia y bienestar, la motivación controlada (basada en presión interna o externa) se relaciona con ansiedad, burnout y abandono de metas. La autoexigencia cae en esta última categoría: nos presionamos a cumplir estándares que muchas veces no se alinean con nuestras necesidades reales, o que realmente no son deseos propios, sino que se sostienen en el ideal que queremos alcanzar a fin de complacer a otros o en lograr el estándar socialmente aceptado.

La trampa de los propósitos rígidos

Los propósitos típicos de año nuevo suelen ser rígidos: perder peso, correr alguna cantidad de kilómetros, leer cierto número de libros, renunciar a vicios “perjudiciales”. El problema no está en las metas per se, sino en su rigidez. Las metas inmutables presuponen un camino directo y sin tropiezos, lo cual es profundamente contrario al modo en que funciona la vida humana.

Modelos contemporáneos de fijación de objetivos, como el enfoque SMART (Specific, Measurable, Achievable, Relevant, Time-bound), sugieren que los objetivos sean específicos, medibles y alcanzables, pero también relevantes y sensibles a nuestra realidad personal. Si una meta no tiene en cuenta nuestro contexto emocional, físico y social, tiene altas probabilidades de convertirse en fuente de estrés y autoevaluación negativa.

Además, investigaciones en Journal of Personality and Social Psychology muestran que las resoluciones de año nuevo tienden a fallar porque se basan en cambios de comportamiento externos sin atender el estado interno que sostiene ese comportamiento. Por ejemplo, querer comer “perfectamente” sin explorar cómo lidias con el hambre emocional es un atajo errado. Lo que cambia la conducta a largo plazo es atender las raíces (emociones, creencias, hábitos automáticos), no solo la forma.

Por qué fallan los propósitos (y cómo reconocerlo sin culpas)
  1. Expectativas irreales: Muchos propósitos están diseñados más para impresionar a otros o cumplir un estándar social que para nutrir nuestro bienestar.
  2. Falta de autoempatía: Nos decimos “si fallo, significa que soy débil”, cuando en realidad el fracaso es parte del proceso de aprendizaje.
  3. Rigidez cognitiva: El cerebro humano no prospera en rigideces; prospera en adaptación. Las metas que no permiten flexibilidad emocional son proclives a derrumbarse bajo estrés.
  4. Comparación social: Las redes (y las vidas editadas que vemos en ellas) establecen estándares imposibles que agravan la sensación de insuficiencia.
Cómo plantear objetivos emocionalmente sostenibles

Si los propósitos de enero se diseñaran desde el autocuidado, en lugar de la autoexigencia, cambiaría radicalmente su impacto en nuestra salud mental. Algunas claves para replantear la narrativa:

  • Haz preguntas, no decretos: En lugar de “voy a perder 10 kilos”, pregunta “¿por qué quiero perder peso?” “¿Qué beneficio voy a tener si pierdo peso?”
  • Valora el proceso, no solo el resultado: Celebra cambios pequeños y consistentes. El refuerzo positivo es más eficaz que el castigo interno. Recuerda tus conductas negativas se crearon después de muchas repeticiones, por lo tanto quitarlas requiere el mismo tiempo, ten paciencia contigo mismo.
  • Ajusta tus metas a tu realidad emocional: Si estás en un momento de estrés, quizás priorizar descanso, conexión o límites sea más saludable que embarcarte en objetivos exigentes, recuerda que el estrés no es un buen aliado para lograr objetivos por el contrario puede provocar retrocesos en tu proceso, si te exiges demasiado los resultados probablemente no serán lo que esperas, no porque no lo estés haciendo bien, sino porque estas presionando demasiado.
  • Planea con flexibilidad: En vez de metas únicas y rígidas, establece marcos de intención: “quiero mejorar mi salud este año” después establece objetivos, medibles y alcanzables, ve de lo menos a lo más y se realista.

Estas recomendaciones no son una panacea mágica. Transformar comportamientos arraigados exige tiempo, paciencia y, sobre todo, gentileza interna. Y ahí es donde la salud mental y el autocuidado se encuentran.  Si necesitas ayuda no dudes en pedírsela a especialistas de cada área, a veces es importante tener el acompañamiento adecuado para aprender a regular y encontrar los puntos que no estamos viendo, en la vista de alguien que nos lo hará saber de manera profesional y neutral.

Replantear la narrativa del “nuevo yo” desde el autocuidado

La narrativa imperante del “nuevo yo” suele prometer una versión más productiva, más delgada, más eficiente, más… Más de lo que quizás necesitas en este momento. El costo de esa narrativa suele pagarse con angustia, autoevaluación negativa y una relación deteriorada con nosotros mismos.

La psicología contemporánea nos ofrece una visión alternativa: el cambio duradero no ocurre desde la crítica implacable hacia uno mismo, sino desde la comprensión puntual de cómo funcionamos. Los enfoques basados en terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia cognitivo-conductual (TCC) han demostrado que trabajar con la flexibilidad psicológica, la aceptación emocional y la reorientación de valores personales es más efectivo y sostenible que perseguir estándares autoexigentes.

Por ejemplo, la ACT propone que la rigidez (aferrarse a metas fijas sin adaptación) genera sufrimiento, mientras que la apertura y la acción comprometida con los valores personales brinda una dirección significativa incluso en presencia de dificultad. En otras palabras, cambiar tu vida no tiene que parecer una batalla; puede parecer una construcción paciente y consciente.

En conclusión, los propósitos de año nuevo no están destinados a colapsar bajo el peso de la autoexigencia. Pueden ser una invitación a conocerte mejor, a descubrir qué te nutre y qué te agota, y a construir hábitos que se sostengan en tu bienestar emocional. La diferencia entre una meta que abruma y una intención que ilumina no es menor: radica en si la planteas desde la autoexigencia o desde el autocuidado. Este año, en lugar de prometerte un “nuevo yo”, pregúntate: ¿qué versión de ti merece apoyo, paciencia y compasión? A veces, eso es más revolucionario que cualquier resolución de enero.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App


Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

Para saber más en relación al tema puede revisar ls siguientes documentos.

Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2ª ed.). Guilford Press.

Doran, G. T. (1981). There’s a S.M.A.R.T. way to write management’s goals and objectives. Management Review, 70(11), 35–36.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.

Norcross, J. C., Mrykalo, M. S., & Blagys, M. D. (2002). Auld Lang Syne: Success predictors, change processes, and self-reported outcomes of New Year’s resolvers and nonresolvers. Journal of Clinical Psychology, 58(4), 397–405.

Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55(1), 68–78.

Compartir:
Continuar leyendo

Facebook

RECIENTE

LAS + DESTACADAS

CONTACTO: contacto.5topoder@gmail.com
Tu opinión nos interesa. Envíanos tus comentarios o sugerencias a: multimediaquintopoder@gmail.com
© 2020 Todos los registros reservados. 5to Poder Periodismo ConSentido Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier uso de los contenidos sin permiso previo.