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El sargazo en el Plan Estatal de Desarrollo 2023-2027

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Opinión / Wilberth Esquivel

Habrá recales masivos de sargazo éste año, el 2023 se espera tan devastador como aquel nefasto 2018, el peor año registrado desde que comenzó éste embate de la naturaleza sobre nuestras playas, producto de los cambios radicales en el Océano Atlántico y el Mar Caribe, por el calentamiento global, y que al fin comenzamos a reconocerlo como un desequilibrio ambiental irreversible.

Ya son 10 años de recales masivos, los dos gobiernos estatales anteriores han fracasado y resultaron incapaces de crear un protocolo serio de manejo integral para enfrentar el problema.

Millones de pesos se han desperdiciado en limpiezas ineficientes, en experimentos fallidos, en shows marinos y simulaciones, en notas periodísticas, foros sin profundidad, dimes, diretes, juntas estériles, comités interminables y una destrucción ecológica del sistema arrecifal y de nuestras playas, sin precedentes, que pagaremos caro y sobre la que se sustenta nuestra industria turística, por cierto.

Esa maldita selfie del turista con el fondo color mierda, contrastando con la belleza de nuestro mar turquesa, es en si misma indignante, debe golpear nuestro orgullo como políticos, funcionarios, empresarios, técnicos o científicos. ¿Cómo es posible que se lleven los visitantes, esa imagen de nuestra incapacidad de tenerles limpia la paya que vienen a visitar? Deberíamos morir de vergüenza ante el mundo que nos observa, al igual que pasa con los residuos sólidos. Vendemos sol y playa, pero nuestras playas ya no son blancas como en los folletos de las plataformas, son cafés como el excremento.

Es tan severo el problema y tan serio, que aparece por primera vez en el Plan Estatal de Desarrollo 2023-2027, el de la actual Gobernadora Mara Lezama, como un riesgo a nuestro desarrollo y de importancia relevante. Como prioritario de hecho, tanto como los residuos sólidos urbanos por repetir el ejemplo.

El primer acierto de la Gobernadora Mara Lezama, es que ya no se considera “probable” la llegada de sargazo, se acepta en forma contundente como “segura”, se considera recurrente, si bien se sabe que es estacional (primavera y verano), se rompe la mentira piadosa de la anterior administración: “que no es ni todos los días, ni en todas las playas” – díganselo así a los turistas para que no se asusten- decían.

Mara Lezama y su equipo ambiental fueron más allá, para dar paso a una aceptación del fenómeno, para poder enfrentarlo y mejorar su manejo integral, hay que hacerlo nuestro, como los huracanes, el arrecife, nuestro pasado maya o nuestro azul turquesa, somos tierra donde recala sargazo, lo sabemos y trabajaremos en mejorar su manejo integral, como debe ser, primero aceptaron que tenemos un problema.

La Gobernadora es clara y contundente en este sentido, y se refelejó en los Puntos siguientes del Plan Estatal de Desarrollo:

4.18.110. Fortalecer con los tres niveles de Gobierno le Gestión Integral de los Residuos.

4.18.112. Implementar estrategias para la regularización y capacitación de los sujetos obligados y gestores en el manejo de residuos de compi¡esencia estatal.

4.18.113. Impulsar normativas y permisos para la extracción y uso del sargazo, así como su monitoreo.

El Plan Estatal de Desarrollo se publicó en el Periódico Oficial del Estado de Quintana Roo el 23 de Enero del 2023. 

Ya no estamos en etapa de planeación, no es época del ¿qué haremos?, ya estamos en el “ver que se haga”. Ya esta así publicado, es un instrumento rector de las acciones a emprender.

Es momento de sumar esfuerzos, de innovar, de agregar lo aprendido, los errores reconocerlos y hacerlos a un lado, los aciertos reafirmarlos y mejorarlos, es momento de sumar para alcanzar estos tres objetivos, en éste caso enfocados al sargazo como un biorresiduo.

Veamos brevemente ésto, el sargazo es una alga pelágica que flota, nos llegan las especies natans y fluitans. Por la acidez del mar debida al calentamiento global sus poblaciones crecen y crecen, además las islas de sargazo son beneficiadas por eutrofización debida a la polución humana que se vierte al mar en todas las costas desde Africa, Brasil, Venezuela (los Ríos Amazonas y Orinoco), Panamá, Costa Rica, Honduras, Belice y nuestras mismas manchas urbanas del Caribe Mexicano. 

El sargazo flota en la corriente termohalina del Atlántico y ésta entra al Caribe, la corriente lleva el sargazo y fluye de sur a norte, debido a que nuestras costas están orientadas norte-sur, el sargazo corre paralelo a nuestras costas, pasa entre Cozumel y Playa, corre paralelo al Arrecife en Puerto Morelos, pasa por los lados de Isla Mujeres hasta que llega al Canal de Yucatán entre Isla Contoy y Cuba para hacer un remolino en el Golfo de México, alimentándose de los afluentes muy contaminados del Río Missisispi del Sur de Estados Unidos y luego cruzar el Canal de la Florida hasta el llamado “Mar de los Sargazos” frente a las Bahamas, luego se sube a la Gulf Stream y llega incluso hasta Inglaterra disparado, así fué descrito desde tiempos de Julio Verne, por el Capitán Nemo, en su libro: Veinte mil leguas de viaje submarino.

El sargazo no es nuevo, hay registros además del libro de Julio Verne de su existencia. Los que crecimos en la Península de Yucatán y conocimos el Caribe Mexicano en los 70s lo conocíamos, jugamos con el de niños. Pero la explosión brutal de las poblaciones de sargazo en toda la extensión planetaria del Océano Atlántico y la forma como golpea las playas desde las Antillas Menores, Centro América y el Caribe Mexicano son actuales, son una muestra de que el clima mundial ha cambiado y en éste caso en forma irreversible, son una muestra de que los últimos 10 años han sido distintos a los últimos 50 años.

Es momento de una política pública específica contra el sargazo. 

Así lo visualizó la Gobernadora, así se plasmó en las mesas del Eje Ambiental donde se juntaron académicos, científicos, técnicos, profesionistas, ciudadana y funcionarios. Esta vez además de las mesas típicas de Ordenamiento Urbano, de Residuos Sólidos, de Impacto Ambiental, de Areas Naturales Protegidas y las de siempre, hubo una nueva mesa: La mesa del sargazo.

En éste sentido la Gobernadora puso a la Ing. Huguette Hernández al mando de la Secretaría de Medio Ambiente, a elementos clave como el SubSecretario Oscar Rébora con experiencia Municipal y de espíritu ambientalista reconocido, rescataron a funcionarios y técnicos valiosos de administraciones pasadas como el Gabo Navarro y Jessica Nubia entre otros, se jalaron de Siresol a Gilberto Cañete conocedor de residuos ( no tanto como yo, pero bueno en su chamba jajajaja), sumaron a todas las voces técnicas en la materia, que no mencionaré por que corro el riesgo de omitir a alguna, estoy yo, por cierto ¡ jajajaja !.

Ya en serio.

La Secretaria asumió su papel, cosa que de inmediato encendió esperanza en los que hemos trabajado en los comités anteriores y me incluyo, llenos de positivismo nos sumamos a colaborar en el nuevo Gobierno, hay avances ya, principalmente por que no escuchamos la frase evasiva típica del anterior: No es del ámbito de mis competencias, por el contrario el Gobierno actual pretende precisamente lo contrario, asumir su responsabilidad constitucional en serio.

La secretaria siguiendo fielmente la intención de la Gobernadora – que dicen las malas lenguas que en lo privado es estricta y exigente con sus subalternos, como debe ser – reunió a todos los que habían participado en las mesas previas al PED y formó una Mesa de Trabajo del Sargazo, se han reunido comisiones, podemos decir que se continuaron los trabajos previos al PED avanzando a pasos agigantados en la materia, los esfuerzos están canalizándose bajo el coaching de la agencia alemana GIZ construyendo una estrategia, ya, rápido y bien.

¿Por que Sema? Por que el sargazo cuando flota es una especie viva, un ecosistema y le presta servicios ambientales a otras especies, es decir, en el mar es Federal. Pero cuando recala, muere, se descompone y hay que limpiarlo, acopiarlo, cargarlo, tratarlo, transportarlo, trasferirlo, podría aprovecharse, hay que depositarlo en un sitio de destino final y trabajarlo. Es decir, al ser limpiado, se convierte en un residuo biológico, o como define la Ley de Residuos del Estado de Quintana Roo, se vuelve un “biorresiduo” y es de competencia estatal.

Por eso, los siguientes lineamientos van juntos, los reitero:

4.18.110. Fortalecer con los tres niveles de Gobierno le Gestión Integral de los Residuos. el 4.18.112. Implementar estrategias para la regularización y capacitación de los sujetos obligados y gestores en el manejo de residuos de competencia estatal y el 4.18.113. Impulsar normativas y permisos para la extracción y uso del sargazo, asnillo como su monitoreo.

Por que al recalar y ser limpiado, es un biorresiduo.

No es un Residuo Sólido Urbano y tampoco es un Residuo Peligroso como los hospitalarios por ejemplo, eso es claro.

Por ende, corresponde al Estado, a través de Sema su regulación desde la limpieza hasta la disposición final, a los Ayuntamientos por convenio con la Zona Federal la limpieza de playas públicas, a los concesionarios privados la protección de sus frentes de playa y a la Semar, Conapesca, Semarnat o a quien designe el Presidente, corresponde el mar.

Solo dando a cada nivel de Gobierno y Privados, su responsabilidad y que cada quien asuma su ámbito de acción, tendremos protocolos y coordinación, así se logrará el punto 4.18.110. Solo logrando una estrategia de manejo integral, que va en camino con la Agencia Alemana GIZ, que incluya las etapas y la logística necesarias desde la contención en el mar,

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Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad

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Conciencia Saludablemente

La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.

Por: Pisc. Alex Barrera

Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.

Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.

Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.

La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.

La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.

Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.

Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.

A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.

La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.

Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.

A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.

Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.

No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.

En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.

El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.

Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.

También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.

La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.

Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

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Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian

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Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol Alex Barrera**

En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.

Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.

Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.

Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.

Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.

Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.

Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.

Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.

La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.

Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.

En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.

También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.

Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.

En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.

****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

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