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Golpes debajo de la mesa

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Opinión: Como veo doy

Por: Cliserio E. Cedillo Godínez

En política hay algunas máximas que pueden perdurar o fenecer con el paso del tiempo que, inclemente, arrasa con todo. Una de ellas era: “El que se mueve no sale en la foto”, frase certeramente válida del cuasi eterno líder cetemista, Fidel Velázquez, que imperaba en aquellos tiempos del sistema de partido hegemónico y del voto corporativo (que lucha por no morir), en donde el PRI era el vértice de todas las decisiones políticas fundamentales para la vida nacional, estatal y municipal.

Así llegaba hasta los espacios más recónditos de ese México que muchos aun añoran, pero que pasó a la historia. Pero el Tiempo, dichoso o desventurado (depende dónde estás parado cuando sientes la presencia de Ehecatl con su brisa o vientos huracanados), tarde que temprano, arrampla con todo.

Desde el 2000, año de la supuesta transición a la democracia, ese dicho quedó en el olvido y en su lugar se implanto la versión moderna de que “el que no se mueve se lo lleva el carajo”. Bueno, hablando en términos del ámbito político.

Pero hay algunas frases que tienen vigencia desde tiempos inmemoriales, como las que dan forma y cobrarán color con las columnas que iremos esbozando en estas líneas, precisamente ahora en que están por iniciar las campañas políticas por la gubernatura y congreso del estado, que obligan al análisis de los hechos y circunstancias locales, así como de los acontecimientos nacionales que inciden o repercuten en Quintana Roo.

Con ese telón de fondo, o más bien de presentación, empecemos: Como veo doy, sean cartas abiertas o cerradas… la política también es un juego: se pierde o se gana, derecho o con trampas, pero cuando alguien gana, pueden perder muchos que apuestan.

Luis Gamero

En las ahora oficinas de lo que antes era el hotel “El Marques” la grilla y el trabajo originado por el actual proceso electoral está a todo vapor. Primero, por el cambio de la actual consejera presidenta, Mayra Sanroman Medina, que está por cumplir el periodo de 7 años para el que fue designada. Por otro lado, el calendario electoral sigue su marcha y da cuenta que estamos a pocos días del inicio de las campañas electorales respecto a la elección de gobernador. 

Atrás han quedado muchos heridos de las batallas electorales, siendo la más cruenta de ellas la sostenido entre Mara Lezama y Marybel Villegas Canche que formalmente pasó a la historia, o una historia secundaria, a partir del pacto de paz, sellado bajo la intermediación del actual secretario de Gobernación. Pero es un acuerdo de paz tejido con un hilo muy fino, de tan fino que se puede romper.

Expliquémonos:

Los golpes bajo la mesa entre los equipos y politiquillos de ambos bandos (muchos reciclados y ex borgistas) continúan dándose, eso sí, simuladamente. Los del grupo marista no acceden a compartir posiciones de alto poder que, argumentan, puede llevar a la ingobernabilidad a su jefa en caso de que gane la elección, dado que, se preguntan en voz baja: “¿A quién se le ocurrió ceder espacios de poder como el liderazgo del Congreso del Estado, así como las fichas para alcanzar la mayoría? Es una estupidez”. Y realmente es una estupidez, pero se tienen que callar, que viene siendo otra de las frases que imperan por estos días entre los políticos nacionales y locales, sumisos a los vaivenes de “ya saben quién”.

Por eso, no pasó desapercibido un escrito “ciudadano”, dirigido al IEQROO donde se solicitó al órgano comicial “revisar” el caso de Luis Gamero, dado que es “público y notorio” que no cumple con el requisito de elegibilidad para ser diputado plurinominal, ya que está inscrito en el Registro de Personas Sancionadas en Materia de Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, determinación surgida, luego de su lucha por los espacios de poder que sostuvo con la actual presidenta municipal de Othón P. Blanco, Yensunni Martínez Hernández, alentada y promovida por Mara Lezama, las cuales, así, en dupla, le ganaron la partida a Gamero/Villegas.

Por ello, ni tarde ni perezoso, ante ese “hecho público y notorio” y ante el escrito “ciudadano” que lo alertó sobre esa situación, el nobel y diligente director de partidos políticos del IEQROO, José Juan Calderón Maldonado, “previno” a Luis Gamero Barranco para que “contestara lo que a su derecho convenga”, sobre el hecho de que forma parte de ese listado negro y, a pesar de ello, fue postulado. Es decir, lo arrinconó contra la pared porque, indudablemente, Gamero Barranco, tuvo poco que contestar sobre tal hecho “público y notorio”. Y, de nuevo y por segunda vez, fue derrotado el principal activo de Marybel Villegas, al ser “sacrificado” para ser sustituido para cubrir la cuota de la acción afirmativa referente a los grupos de la diversidad sexual, en la modalidad de diputados de representación proporcional. Cero y van dos. La tercera es la vencida o el desquite.

Otros golpes bajo la mesa han sido los arremetidos por “ciudadanos” que presentaron sendas quejas en contra de Mara Lezama (identificadas como procedimientos especiales sancionadores, las cuales, a la fecha no han sido tramitadas debidamente, ni mucho menos resueltas por el TEQROO, y sobre las cuales pesan inejecuciones de sentencia que habrá que esperar el resultado, ello a pesar de que el “ciudadano” promovente se “desistió”, hace poco, de tales juicios, a sabiendas que el órgano jurisdiccional, por tratarse de temas de interés difuso (que pueden afectar la equidad de la contienda), debe atender, forzosamente, al fondo del asunto. 

Estos “ciudadanos” marybelistas, recibieron la instrucción de su jefa de meter reversa, pero el golpe está dado, y es una espina difícil de quitar, dado que se trata de quejas bien fundadas y motivadas. 

El punto es que esos “ciudadanos”, bien adiestrados por un especialista en materia jurisdiccional, ampliamente conocido y que todos saben quién es, pueden volver a desenfundar sus misiles en contra de esa pretendida “Unidad”, “Unidad” que camina con pies de barro. El problema es que: “Parece que va a llover, el cielo se está nublando…”.

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Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad

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Conciencia Saludablemente

La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.

Por: Pisc. Alex Barrera

Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.

Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.

Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.

La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.

La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.

Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.

Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.

A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.

La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.

Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.

A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.

Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.

No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.

En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.

El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.

Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.

También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.

La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.

Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

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Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian

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Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol Alex Barrera**

En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.

Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.

Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.

Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.

Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.

Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.

Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.

Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.

La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.

Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.

En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.

También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.

Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.

En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.

****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

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