EN LA OPINIÓN DE:
“EL HAIGA SIDO COMO HAIGA SIDO” DE FELIPILLO CALDERÓN
“Comentario a Tiempo”
Por Teodoro Rentería Arroyave.
ACAPULCO, GUERRERO. El pasado 2 de julio el diario “El País”, publicó un análisis de la efeméride que cambió la historia de México y que tituló: “La noche del 0.56 por ciento cumple 20 años; la elección que partió a México en dos”, exacto se refería al 2 de julio de 2006, en que se llevó a cabo la elección presidencial entre Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador misma que se decidió “oficialmente” a favor del panista por 233.000 votos; y que marcó, según apunta, la división en el futuro político de México.
“Hay días que pudieron cambiar la historia de un país, pero no lo hicieron. En México, uno de esos días fue el 24 de julio de ese 2006, cuando los dos protagonistas de las elecciones presidenciales intercambiaron cartas que los distanciaron para siempre, marcando una profunda herida política que, 20 años después, sigue sin cerrarse.
A las 4:30 de la tarde, recuerda, el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, envió a César Yáñez, uno de sus colaboradores más cercanos, a la oficina de Felipe Calderón Hinojosa, el candidato conservador que acababa de ganar las elecciones. El emisario llevaba una carta con una propuesta: aceptar el recuento de todos los votos emitidos en la jornada del 2 de julio y firmar el compromiso de aceptar el resultado, ganara quien ganara. A cambio, el tabasqueño ofrecía reconocerlo como presidente electo y frenar las movilizaciones contra el fraude electoral.
“En caso de que usted no acepte esta propuesta, asumirá su responsabilidad de cara a los mexicanos. Si el Tribunal no cuenta los sufragios, y avala su ‘triunfo’, quedará para siempre la sospecha o la certidumbre de que usted no ganó en las urnas y de que hubo fraude en la elección. De ser así, para millones de mexicanos usted será un presidente espurio”, advertía Andrés Manuel, en los albores de un conflicto político y social que escalaba a pasos acelerados.
Felipe Calderón envió su respuesta a las 7 de la noche de ese mismo día con un mensajero, y en ella reiteraba su negativa al recuento, bajo el argumento de que los votos ya habían sido contados por la ciudadanía la noche de los comicios, y por el Instituto Nacional Electoral en los cómputos distritales. “Los mexicanos ya votamos. La verdadera defensa de la democracia consiste en el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas y a las instituciones responsables de organizar y calificar el proceso electoral. Respetar el voto es respetar a México”, reviró el panista.
Cinco días después, López Obrador instaló un plantón en Paseo de la Reforma, y dio inicio a una larga resistencia civil que se prolongó durante todo el sexenio de Calderón, a quien siempre se refirió como “presidente espurio”.
Esas cartas fueron el último contacto entre dos políticos que habían peleado voto a voto la Presidencia en una ruda campaña que concluyó -en la jornada del 2 de julio de 2006- con el resultado más cerrado en la historia de las elecciones mexicanas: 15.084.000 votos del candidato del PAN, equivalentes al 35,89%, frente a 14.756.350 del abanderado de la coalición PRD-PT-Convergencia, que representaban el 35,31 por ciento.
Semanas después, cuando el Tribunal Electoral hizo un recuento parcial de votos en 11.724 de las 130.477 casillas instaladas, se anularon más de 234.000 papeletas y se ajustaron las cifras. En la sentencia en la que se escribió “la verdad jurídica de la elección”, Calderón ganó por una diferencia de 0,56 por ciento, una ventaja de 233.000 votos que el propio Calderón comparaba con dos estadios Azteca llenos, suficientes para convertirlo en presidente, pero no para legitimar su triunfo y menos para augurarle un sexenio tranquilo.
No siempre fueron enemigos, recuerda el análisis, en otra época, López Obrador y Felipe Calderón confluyeron en la lucha democrática en contra del régimen priista. Ambos fueron dirigentes de los dos principales partidos de la oposición: Partido de la Revolución Democrática, PRD, y Partido Acción Nacional, PAN, e impulsaron juntos la reforma política de 1996, considerada como la pieza crucial de la transición mexicana. Pero, en 2006, estaban en las antípodas.
López Obrador había iniciado la campaña con una ventaja de 20 puntos en las encuestas, catapultado por la exposición que le había dado la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México, su confrontación permanente con el presidente Fox y el desafuero promovido en su contra en 2005, que le permitió construir la imagen de un mártir político, víctima de un complot antidemocrático que, bien narrado por él y sus voceros, movilizó a millones de ciudadanos en el año previo a las presidenciales.
Para tratar de alcanzar al puntero, Calderón impulsó una campaña basada en la frase “López Obrador, un peligro para México”. El panista se echó en brazos de cúpulas empresariales, concesionarios de televisión y radio, líderes religiosos, dirigentes sindicales y gobernadores que querían impedir, a toda costa, que el líder de la izquierda llegara a la silla presidencial. Y su equipo lanzó agresivos spots que se repetían millones de veces en radio y televisión para descalificar a López Obrador, comparándolo con el venezolano Hugo Chávez.
La campaña polarizó al electorado, que prácticamente ignoró al candidato del Partido Revolucionario Institucional, PRI, Roberto Madrazo Pintado, mandándolo a un lejano tercer lugar. Madrazo fue abandonado incluso por los gobernadores priistas que, convencidos por la poderosa lideresa del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo, movilizaron sus estructuras en favor de Calderón”.
Hasta aquí el artículo de “El País”, nosotros agregamos que todo esto se empezó a fraguar desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el verdadero creador del neoliberalismo, y voy más lejos desde su intromisión en el gobierno de su antecesor, Miguel de la Madrid Hurtado.
Desde luego también al magnicidio del candidato priista, Luis Donaldo Colosio Murrieta del miércoles 23 de marzo de 1994, que permitió que por “dedazo” del mismo Salinas, Ernesto Zedillo Pônce de León fuera su sucesor y éste a su vez entregara el poder al ignaro, Vicente Fox Quesada, en traición manifiesta a su partido y a su candidato, Francisco Labastida Ochoa
Seis años después, al término del fracasado sexenio de Calderón, nuevamente el priismo recuperó el poder en la persona de Enrique Peña Nieto. Desde aquel entonces, lo comentamos en su momento, en lo oscurito PAN y PRI quisieron copiar a Estados Unidos, trasladar a México el sistema bipartidista, sus líderes admiradores de la potencia del norte así lo habían decidido, pero se les atravesó López Obrador y la Cuarta Transformación, que ha dejado en la orfandad a la inexistente oposición representada por los tricolores y los azules.
Terminamos esta entrega con la cínica declaración del “clásico” Felipillo Calderón, Soy presidente de México “haiga sido como haiga sido”.
Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE; presidente de honor de la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional, Académico de Número y director de Comunicación de la Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré sus comentarios y críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.org, y el portal: www.irradianoticias.com
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EN LA OPINIÓN DE:
CASO AYOTZINAPA, DESBARRANCÓ A PEÑA NIETO
“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.
• La debacle peñanietista y del “neoliberalismo” originó el rompimiento el modelo bipartidista PRI-PAN que se quería imponer; ya no pudieron evitar en 2018 la llegada a la presidencia de una corriente diferente a ese bipartidismo.
De la portada de la revista Time de febrero de 2014 a la noche de iguala del 26-27 de septiembre del mismo año, se definió el rumbo del proyecto político de Enrique Peña Nieto, que ya se intentaba narrar como la continuación del proyecto interrumpido de Carlos Salinas de Gortari, para que México formara parte del primer mundo, esta vez con “reformas estructurales”.
El PRI había ganado la elección bajo el proyecto de alternancia PRI-PAN que se pretendía establecer, por parte de los poderes fácticos unidos al capital y al mismo poder constitucional de México y Estados Unidos.
EL “NUEVO” PRI
La desilusión por el cambio panista prometido y no cumplido (2000-2012) ayudó a que lo peor del priismo recuperara la presidencia de la república, con una nueva corriente de “cuadros jóvenes” el nuevo PRI dijo Peña Nieto en alusión a los Duarte, Borge, Alitos y otros jóvenes gobernadores que terminaron en la cárcel por resultar más corruptos e inmorales que los jóvenes turcos que conquistaron Armenia.
El “Pacto por México” se firmó el 2 de diciembre de 2012 (PRI-PAN-PRD), un día después de que Peña Nieto tomó posesión, y la narrativa era impulsar las llamadas “reformas estructurales” para “salvar a México” (Saving México), principalmente la reforma educativa, la hacendaria y sobre todo: la energética, que desde su discusión en diciembre de 2013 empezó a ser cuestionada en la propia Cámara de Diputados. Entonces, el PRD se salió del pacto.
“RONDAS” O CAMPOS PETROLEROS
Junto con el pacto, comenzó a ser cuestionado todo el proyecto de Peña Nieto inundado de panistas, que consistía en desmantelar a Pemex y entregar los recursos energéticos a empresas extranjeras, mediante la venta de “rondas” de pozos petroleros; usaban perversamente un eufemismo: le llamaban “rondas” para ocultar la palabra verdadera: venta-remate de campos petroleros.
Además de la resistencia social y política a las “reformas estructurales”, la sombra de los 43 normalistas de Ayotzinapa nunca se despejó del horizonte y lo acompañó junto con otras matanzas, hasta que fue derrotado y entregó la presidencia a Morena, rompiendo el modelo bipartidista estadunidense que se quería implementar en México y se sigue queriendo implementar, en América latina y otros continentes bajo influencia del imperio.
AYOTNIZAPA MARCÓ AL SEXENIO
Quizá el caso de los normalistas sea el de más importancia, el que marcó el sexenio priista de Enrique Peña Nieto, el caso emblemático, que hoy, agosto de 2026, adquiere otra dimensión diferente a la que le dieron Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Esta vez no sólo se enfoca a los autores materiales e intelectuales, sino al entramado de poder que facilitó ¿o planeó? la impunidad que prevalece después de 12 años de haberse perpetrado aquel genocidio en Iguala, Guerrero, gobernado por el perredista-expriista Ángel Aguirre Rivero, en un país presidido por el priista Peña Nieto, quien recién había recuperado la Presidencia, pero que ya vivía una guerra en el Congreso de la Unión por las “reformas estructurales”.
El país se le salió de control al peñanietismo y a quienes lo impulsaban desde México y el vecino del norte. Ahí estaba el fantasma de la noche de Iguala flotando y creciendo en intensidad.
ESTRUCTURA DE PROTECCIÓN
Ahora el modelo de investigación de la FGR se enfoca a la protección y destrucción de evidencias (a ver cómo demuestran la existencia de unas evidencias desaparecidas) y a la estructura de protección por comisión y omisión del jefe político del estado, independientemente de las ejecuciones y desapariciones que no se resuelven y es el punto central de todo: que aparezcan los cuerpos y/o los restos de quienes queden y que la narrativa sea coherente, verosímil al menos. Es el reto de la FGR; no deben quedar dudas; debe ser un caso contundente, si no, …
La debacle de Peña Nieto y del modelo “neoliberal” permitió romper el modelo bipartidista PRI-PAN que se quería imponer; ya no pudieron evitar en 2018 la llegada a la Presidencia de una corriente diferente a ese proyecto bipartidista. Usted tiene la última palabra.
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Unirme al canal de WhatsAppEN LA OPINIÓN DE:
MILITANTES PARTIDISTAS, ¿DATO INVISIBLE?
“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo.
• El 31 de agosto vence al plazo para conocer los padrones actualizados; los partidos habían perdido interés en incrementar el número de afiliados; ahora, este dato podría mostrar el nivel de competitividad electoral.
El 31 de agosto vence al plazo para que el INE dé a conocer el número de afiliados de cada partido político, cuyo padrón actualizado ya no se moverá, hasta después de las elecciones de 2027.
El INE realiza un procedimiento obligatorio cada tres años para validar el padrón mínimo exigido por ley (0.26 % del Padrón Electoral).
Actualmente los partidos políticos, independientemente de su tamaño electoral, deberán contar con unos 260 mil afiliados en todo el país; o bien, 3,000 afiliados en cuando menos 20 entidades federativas; o 300 en cuando menos 200 distritos electorales federales.
Con la distorsión de la política electoral en México, los partidos habían perdido interés en incrementar el número de afiliados; ahora hay más interés en este dato que podría mostrar el nivel de competitividad electoral.
PAN, EL MÁS POBRE EN MILITANCIA
De todos los partidos, el PAN es el que tiene el número de afiliados más pegado al mínimo que exige la ley. Entre 2025 y 2026, con su “relanzamiento”, implementó una campaña de afiliación que resultó un fracaso.
Caso contrario es Morena, que de pronto montó una campaña para afiliar a diez millones de militantes, como si fuera sinónimo obligado de votos. Número de afiliados no es sinónimo de votos, aunque sí podría reflejar cierta fortaleza, sin embargo, la falta de vida democrática interna de todos los partidos es parte de sus debilidades, de todos sin excepción.
El proceso ordinario de actualización en curso concluye el 31 de agosto de 2026, fecha en que la sociedad conocerá el número de afiliados de cada partido. Incluso los militantes podrán conocer este dato que las dirigencias partidistas han mantenido “invisible”.
Una vez que concluyen las revisiones, bajas, altas e impugnaciones ante el Tribunal Electoral, el Consejo General del INE aprueba la versión definitiva consolidada hacia el último trimestre de 2026 / enero de 2027, previo al arranque formal de las precampañas del Proceso Electoral Federal 2026-2027.
Para las elecciones de 2024 los partidos políticos llegaron a las urnas con el número de afiliados siguientes:
PAN 277,665
PRI 1’411,889
PRD 999,249
PT 457,624
PV 592,417
MC 384,005
MORENA 2’322,136
Antes que termine este mes de agosto, sabremos con cuántas personas afiliadas llegará cada partido a la contienda electoral 2027. Usted tiene la última palabra.
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