Opinión
Es tiempo de transformación, de mujeres, de presidenta, no de cacicazgos
“Comentario a Tiempo”
Por Teodoro Rentería Arróyave*
Destaco la siguiente frase de la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, por considerar que es “el mensaje del Mensaje a la Nación que pronunciara a continuación de rendir la protesta de ley: “El 2 de junio de este año, el pueblo de México, de forma democrática y pacífica, dijo fuerte y claro: ‘Es tiempo de transformación y es tiempo de mujeres” en consecuencia es tiempo de Presidenta, no de cacicazgos.
En nuestra familia de periodistas, hemos comentado que en el momento en que la o el flamante primer mandatario se coloca la banda presidencial en el pecho, se asume el poder pleno, mismo que no se comparte, así lo ha registrado la historia, salvo el periodo de la “nopalera”, que canceló el presidente, Lázaro Cárdenas del Río.
Los que fuimos testigos como periodistas y, actores como estudiantes, de los prolegómenos y de la matanzas del 68 y del Jueves de Corpus de 1971, movimiento donde participaron los padres de la actual primera mandataria, Carlos Sheinbaum y Annie Pardo, podemos asegurar que la moldearon y luego ella, participante en 1987 en el movimiento en contra de la intención de “elitizar” y privatizar” a la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, y en 1991 contra el régimen de Carlos Salinas de Gortari para exigir la ampliación democrática de México, con sólo recordar esos sucesos resulta un verdadero insulto, como lo afirmó el propio Andrés Manuel López Obrador al refutar la aseveración del presidente de España, que con Claudia Sheinbaum Pardo, se crea un maximato. Desde luego que los agoreros del desastre, nuevamente se quedarán con su frustración.
“En mi casa se hablaba de política en el desayuno, en la comida y en la cena”, ha recordado Sheinbaum Pardo, y agregó, todo lo anterior marcó profundamente ni vida, suele decir que es “hija del 68”. Uno de los momentos más destacados de esa participación fue la huelga de hambre que lideró en 1978 Rosario Ibarra de Piedra, la primera candidata presidencial de México en 1982, férrea defensora de los derechos humanos y una de las grandes inspiraciones de la sucesora de AMLO.
Con aquella huelga -que se realizó en la Catedral Metropolitana-, 84 mujeres y cuatro hombres exigían la libertad de presos políticos en medio de la llamada “guerra sucia”, durante la que se cometieron crímenes y graves violaciones a los derechos humanos en contra de miembros de movimientos sociales y disidentes. Sheinbaum tenía 15 años y el 28 de agosto decidió acudir a la Catedral para apoyar la causa. En un homenaje a Ibarra de Piedra, la presidenta recordó que esa fue la primera vez que durmió fuera de su casa y, por cierto, en un ambiente hostil, con el hostigamiento constante de policías y militares.
Participó activamente en el movimiento estudiantil de 1986 y 1987, que se enfrentó a las “políticas neoliberales”, y formó parte del Consejo Estudiantil Universitario, CEU, que luchó también por mejorar la calidad académica de profesores e investigadores. En registros de la época, se la ve liderando asambleas y dando discursos al resto de sus compañeros. Incluso, como ya notamos, cuando estuvo fuera del país continuó participando de protestas, como una que se realizó ante la visita a California del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en la que se exigía la ampliación democrática en México y un “comercio justo” entre ambos países.
En junio de 2023, a través de su cuenta de X antes Twitter, compartió una foto de esa marcha y señaló: “Ya han pasado unos años, pero conservo el mismo sentimiento y anhelo de justicia social, para que haya patria para el pobre y patria para el oprimido”.
Por ahora destaco los 10 puntos de Sheinbaum Pardo, después de afirmar: “Hoy, 1 de octubre del 2024, inicia la segunda etapa: el Segundo Piso de la Cuarta Transformación de la vida pública de México. Por ello, “para bien de México, de todas y todos, vamos a continuar con El Humanismo Mexicano, con la Cuarta Transformación”, así lo resumió con los siguientes principios básicos de su gobierno:
“Uno. Para que haya prosperidad, debe ser compartida, o, dicho de otra forma: por el bien de todos, primero los pobres.
Dos. No puede haber gobierno rico con pueblo pobre. Esta es una frase de Benito Juárez García que los gobiernos de la transformación hacemos realidad y que sostiene que el gobernante debe vivir en la justa medianía, sin lujos, parafernalias o privilegios, y que el gobierno no debe ser una carga para el pueblo. A eso le llamamos austeridad republicana.
Tres. Las y los gobernantes debemos ser honrados y honestos. El uso de las estructuras de gobierno para el beneficio personal o de un grupo ensucia el servicio público. La corrupción debe combatirse por ética y por principios, pero, además, como lo hemos visto, porque ahí radican los recursos necesarios para el bienestar del pueblo y el desarrollo de la nación. En pocas palabras, la honestidad da resultados. Además, la autoridad moral es lo más importante, y esa no se compra en la esquina, se construye con una sola mística, la de luchar con honradez todos los días por un México con justicia, democracia y libertad.
Cuatro. El principio máximo de que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; o, regresando a Juárez: con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada.
Cinco. Prohibido prohibir, la libertad es esencia de la democracia.
Seis. El desarrollo y el bienestar del pueblo sólo pueden fortalecerse con el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales.
Siete. Las mujeres tenemos derecho a la igualdad sustantiva.
Ocho. México es un país soberano, independiente, libre y democrático. Queremos la paz. Queremos la paz y la fraternidad de las naciones. Y nos coordinamos, mas no nos subordinamos.
Nueve. La política se hace con amor no con odio. La felicidad y la esperanza se fundan en el amor al prójimo, a la familia, a la naturaleza y a la patria.
Diez. Condenamos el clasismo, el racismo, el machismo y cualquier forma de discriminación. No es solo un asunto de tolerancia, es el reconocimiento de que la profundización de las desigualdades llevará siempre a la injusticia. La fraternidad significa vernos a los ojos como iguales.
Con esto en mente, les manifiesto: en nuestro gobierno garantizaremos todas libertades, la de expresión, de prensa, de reunión, de movilización. La libertad es un principio democrático y nosotros somos demócratas.
Se respetarán los derechos humanos y nunca usaremos la fuerza del Estado para reprimir al pueblo.
Respetaremos y garantizaremos la diversidad religiosa, política, social, cultural y sexual de nuestra sociedad. Cualquiera que diga que habrá autoritarismo, está mintiendo”.
Desde que se creó en mayo de 2002, la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, y en el 2012 el Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE, acuñamos la frase: “Este Siglo es de las Mujeres”, sin discusión, “ES TIEMPO DE TRANSFORMACIÓN, ES TIEMPO DE MUJERES”, ES TIEMPO DE PRESIDENTA, NO DE CACICAZGOS.
*Periodista y escritor; presidente del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE; secretario de Desarrollo Social de la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP; presidente fundador y vitalicio honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, miembro del Consejo Consultivo permanente del Club Primera Plana, Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional y Académico de Número de la Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré sus comentarios y críticas en teodororenteriaa@gmail.com Nos escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio.
EN LA OPINIÓN DE:
La cuesta de enero: finanzas, consumo y estrés emocional
El peso psicológico del dinero: enero, cobra la factura de diciembre con estrés emocional
Conciencia Saludablemente
Psicol. Alex Barrera**
Enero suele llegar con una resaca silenciosa. No sólo termina el periodo festivo; también aparecen los estados de cuenta, las deudas acumuladas y una sensación difusa de preocupación que muchos describen como “nervios”, pero que en realidad es ansiedad financiera.
Como profesional de la salud mental, he visto cómo este mes concentra un malestar particular: el cuerpo vuelve a la rutina, pero la mente queda atrapada entre obligaciones económicas y una percepción de escasez que no siempre se nombra, pero se siente.
El estrés financiero se define como la respuesta emocional y cognitiva ante la percepción de no contar con recursos suficientes para cubrir las demandas económicas actuales o futuras. No se trata solo de falta real de dinero, sino de la interpretación que hacemos de nuestra situación financiera. Esta percepción activa en el cerebro los mismos circuitos que otras amenazas: el sistema de alerta se enciende, aumenta el cortisol y se reduce la capacidad para planear, concentrarse y tomar decisiones con calma.
Diversos estudios han documentado que los problemas económicos se asocian de forma consistente con síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad e insomnio. Una revisión publicada en The Lancet Psychiatry señala que la inseguridad financiera incrementa significativamente el riesgo de trastorno mentales comunes, incluso en personas sin antecedentes previos. En enero, este fenómeno se intensifica porque coincide con pagos diferidos, créditos adquiridos en diciembre y el regreso a exigencias laborales y familiares. Que en contraste con el descanso que se tuvo por las fiestas, resulta especialmente avasallador debido al súbito cambio.
Desde la neurociencia, el fenómeno es comprensible. La preocupación constante por el dinero mantiene al cerebro en un estado de hipervigilancia. Investigaciones en psicología cognitiva muestran que la escasez —real o percibida— consume recursos mentales, reduciendo la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva (Mullainathan & Shafir, 2013). En otras palabras, cuando la mente está ocupada “sobreviviendo”, le queda poco espacio para pensar con claridad, lo que a su vez puede llevar a decisiones financieras impulsivas que perpetúan el problema.
Este círculo vicioso tiene un impacto emocional profundo. Las personas suelen experimentar culpa por “no haber previsto”, vergüenza por endeudarse o miedo constante al futuro. Estos afectos no son triviales: la evidencia sugiere que la vergüenza financiera se asocia con evitación, aislamiento social y menor búsqueda de ayuda, tanto económica como psicológica. Así, el estrés financiero no solo afecta al individuo, sino que deteriora relaciones familiares, dinámicas de pareja y el clima emocional del hogar.
Enero también pone en evidencia una narrativa cultural dañina: la idea de que los problemas económicos son exclusivamente resultado de fallas personales. Desde la psicología social sabemos que esta creencia incrementa el malestar, porque internaliza un problema estructural y lo convierte en una identidad: “soy irresponsable”, “no sirvo para administrar”. Estudios sobre estigmatización económica muestran que esta autoatribución negativa se asocia con mayores niveles de depresión y menor autoestima .
No es casual que el estrés financiero esté relacionado con conductas de riesgo para la salud. Investigaciones han encontrado asociaciones entre presión económica y aumento en consumo de alcohol, trastornos del sueño y síntomas psicosomáticos. El cuerpo, una vez más, expresa lo que la mente intenta contener.
Cuando los pensamientos negativos constantes invaden nuestra vida es imposible no caer en conductas poco favorables ya que disminuye la serotonina por lo que el cerebro busca una compensación, además dejamos de dormir por ejemplo lo cual nubla nuestra claridad y nos deja a la deriva para adoptar comportamientos que no parecen alineados a las dificultades, por ejemplo, comer de más, realizar compras innecesarias, episodios de ansiedad o psicóticos, así como cuadros de estrés crónico. Físicamente pueden presentarse, dolores de cabeza, migrañas, dolores de espalda entre otros.
En algunos casos incluso hay una mayor irritabilidad por lo que algunas personas se tornan especialmente violentas o suelen tener mal humor, lo cual afecta sus relaciones personales, o provoca situaciones que empeoran la situación como la pérdida del empleo o el aislamiento social.
Frente a este panorama, es importante decir algo con claridad: sentirse ansioso en enero es una respuesta humana ante la incertidumbre. Sin embargo, cuando esta ansiedad se vuelve constante, paralizante o empieza a interferir con la vida diaria, es una señal de que necesita atención. La psicología ofrece herramientas para intervenir en este punto crítico.
La terapia psicológica ayuda, en primer lugar, a diferenciar entre el problema real y la catástrofe anticipada. A través de enfoques como la terapia cognitivo-conductual, se trabaja la identificación de pensamientos automáticos asociados al dinero: “nunca saldré de esto”, “todo va a empeorar”, y se desarrollan estrategias para regular la ansiedad y recuperar una sensación de control . Además, el espacio terapéutico permite abordar emociones como la culpa y la vergüenza, que suelen ser el núcleo más doloroso del estrés financiero.
En muchos casos el acompañamiento profesional reduce significativamente los síntomas de ansiedad y depresión asociados a problemas económicos, incluso cuando la situación financiera objetiva no cambia de inmediato, mejorar la salud mental no requiere primero “arreglar” el dinero; muchas veces, es al revés
Enero, entonces, puede convertirse en algo más que un mes difícil. Puede ser un punto de inflexión para revisar la relación que tenemos con el dinero y con nosotros mismos. Entender que el estrés financiero es un fenómeno psicológico y social, no un fracaso individual, abre la puerta al autocuidado y a la búsqueda de ayuda. Porque cuidar la salud mental también es una forma de ordenar la vida económica: con mayor claridad, menos miedo y decisiones más conscientes.
Documentos de interés:
Frasquilho, D., Matos, M. G., Salonna, F., Guerreiro, D., Storti, C. C., Gaspar, T., & Caldas-de-Almeida, J. M. (2016). Mental health outcomes in times of economic recession: A systematic literature review. The Lancet Psychiatry, 3(7), 666–676. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(16)30059-1
Fitch, C., Hamilton, S., Bassett, P., & Davey, R. (2011). The relationship between personal debt and mental health: A systematic review. Mental Health Review Journal, 16(4), 153–166. https://doi.org/10.1108/13619321111202313
Hofmann, S. G., Asnaani, A., Vonk, I. J., Sawyer, A. T., & Fang, A. (2012). The efficacy of cognitive behavioral therapy: A review of meta-analyses. Cognitive Therapy and Research, 36(5), 427–440. https://doi.org/10.1007/s10608-012-9476-1
Mullainathan, S., & Shafir, E. (2013). Scarcity: Why having too little means so much. Times Books.
Richardson, T., Elliott, P., & Roberts, R. (2013). The relationship between personal unsecured debt and mental and physical health: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 33(8), 1148–1162. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2013.08.009
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte directamente por:
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EN LA OPINIÓN DE:
“Cuando el descanso termina: el camino invisible hacia la depresión postvacacional”
De vuelta a la rutina: ¿Y el regreso? Un mirada a las funciones neuronales luego de las vacaciones
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol. Alex Barrera**
Tal vez te ha pasado…
… Vuelves de vacaciones con la maleta llena de ropa sucia, fotos bonitas… y una sensación difícil de explicar en el pecho. No es tristeza pura, pero tampoco es calma. Es algo parecido a la resistencia interna de quien sabe que el descanso terminó y ahora toca regresar a la rutina.
Muchas personas viven este momento con una mezcla de nostalgia, cansancio anticipado y desmotivación. Y aunque solemos minimizarlo con frases como “es normal, ya se te pasará”, la verdad es que ese malestar tiene nombre y sentido: depresión postvacacional.
No se trata de una enfermedad formal descrita en los manuales psiquiátricos, pero sí de una experiencia emocional ampliamente documentada en la psicología. Aparece cuando pasamos de un periodo de libertad, descanso y placer a otro de exigencias, horarios y responsabilidades. Es, en pocas palabras, el choque entre dos mundos internos: el del descanso y el del deber.
Quizá por eso David Sandua en su libro “De vuelta a la rutina” pone el acento en algo fundamental: volver no es automático, es un proceso de reajuste emocional. No basta con cerrar la maleta y prender la computadora; nuestra mente necesita tiempo para adaptarse al nuevo ritmo. Cuando ese tiempo no se respeta, surgen la irritabilidad, la apatía, el cansancio crónico y esa sensación de estar “funcionando en automático”.
Y aquí vale la pena decirlo con claridad: si te sientes así, no estás fallando, estás reaccionando como lo haría cualquier ser humano frente a un cambio brusco.
La psicología nos explica que durante las vacaciones se activan con más fuerza los sistemas de recompensa del cerebro: dormimos mejor, reímos más, convivimos sin prisas. Al regresar, ese circuito se interrumpe de golpe y aparecen pensamientos como: “No quiero estar aquí”, “ya empezó lo pesado”, “otra vez lo mismo”. No son simples quejas: son señales emocionales que indican que la transición no está siendo amable contigo.
Pero el cambio no es solo conductual, se trata de una respuesta a los cambios que experimenta el cerebro de manera químico biológica, y es que, durante las vacaciones, el cerebro funciona en un modo de “descanso y recompensa”: disminuye la producción de cortisol, la hormona asociada al estrés, y aumentan neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que favorecen el placer, la motivación y la sensación de bienestar, dormimos mejor, tenemos más control sobre nuestro tiempo y reducimos la presión de las obligaciones, además el ambiente en muchos sentidos parece mucho más tranquilo, lo que refuerza este equilibrio emocional.
Al regresar a la rutina ocurre un cambio brusco: reaparecen los horarios rígidos, las exigencias laborales o escolares y la presión por rendir. El cerebro interpreta este contraste como una amenaza, eleva nuevamente el cortisol y reduce los químicos del bienestar. Este desajuste temporal genera cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una sensación de desánimo que muchas personas confunden con “flojera”, cuando en realidad es una respuesta biológica natural al cambio repentino de ritmo.
Algunas personas lo resienten más que otras. Quienes viven con alta autoexigencia, quienes trabajan en ambientes poco flexibles o quienes ya cargan con ansiedad o tristeza previa suelen sentir el regreso como una cuesta empinada, algunos incluso lo hacen tan de repente que se torna una caída libre. Entonces el problema no es sólo la rutina, sino la manera en que nos hablamos a nosotros mismos cuando volvemos: con dureza, con prisa, sin permiso para sentir.
Y no es algo poco común, en el día a día escucho a muchas personas decir: “Necesito vacaciones, para las vacaciones” o el típico “no me alcanzaron los días”, normalizando el asunto sin saber que este efecto puede ser dañino para su salud. La cosa es que el descanso no borra los conflictos internos, solo los pone en pausa. Y cuando regresamos, todo vuelve al mismo lugar… a veces incluso con más fuerza.
Por eso es importante hacernos conscientes de que necesitamos regresar de forma gradual y replantear la narrativa del regreso; no como un castigo, no como el fin de lo bueno, sino como un proceso que también necesita cuidado. Así como planeamos las vacaciones, podríamos aprender a planear el retorno: ajustar horarios unos días antes, dejar espacio para actividades agradables en la primera semana, no exigirnos productividad inmediata, permitirnos volver poco a poco.
Es importante de la misma forma aceptar que quizá algunos malestares están ahí desde hace tiempo y es necesario empezar a trabajar en ellos, sobre todo en este periodo vacacional que nos invita a iniciar cambios. En este punto la terapia psicológica juega un papel fundamental. No sólo cuando el malestar ya es profundo, sino también como herramienta preventiva. Un espacio terapéutico ayuda a entender qué hay detrás de esa resistencia al regreso: ¿es cansancio emocional?, ¿insatisfacción laboral?, ¿miedo a perder el equilibrio?, ¿exceso de autoexigencia?
En terapia se aprende algo que rara vez nos enseñan: volver también puede hacerse con amabilidad. Se trabajan pensamientos rígidos, se fortalecen habilidades para manejar el estrés y, sobre todo, se recupera una idea esencial: escucharte y atender tus necesidades es parte de una vida saludable, para adaptarte y tener tu máximo potencial es necesario conocer tus límites y generar estrategias que te permitan cumplir tus tareas sin que signifique vivir en constante estrés.
La depresión postvacacional no significa que seas débil ni que no agradezcas lo que tienes. Significa que tu mente está pidiendo una transición más humana. Escuchar ese mensaje puede marcar la diferencia entre vivir el regreso como una carga o transformarlo en una oportunidad para reorganizar tu vida con más conciencia.
Volver a la rutina no debería ser sinónimo de volver al desgaste. A veces, lo más sano que podemos hacer después de descansar es preguntarnos: ¿cómo quiero vivir ahora que regreso? Y si la respuesta no llega sola, pedir acompañamiento profesional no es un lujo, es una forma de cuidado.
Porque sí, el período de vacaciones termina… pero tu bienestar no tendría por qué hacerlo.
Documentos de interes:
Sanduás, D. (2023). De vuelta a la rutina. Independently Published.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte directamente por:
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