Opinión
Un gran paso contra el alga, Sargazo
“Humanosfera”
Por. Wilberth Esquivel
Les pongo el código de barras para que consulten la Estrategia Integral de Manejo y Aprovechamiento del Sargazo del Estado de Quintana Roo conocida por sus siglas como la EIMAS, para no explicarla y perder la oportunidad de compartirles que estoy muy emocionado de ser parte de este logro y prefiero reflexionar.
Iniciaré con un fragmento del libro de Julio Verne: Veinte mil leguas de viaje submarino
Capitulo XI, Segunda Parte.
Escrito quizá hace 150 años.

“Aquel día, el Nautilus atravesó una zona singular del océano Atlántico. Nadie ignora la existencia de esa gran corriente de agua cálida conocida con el nombre de Gulf Stream, que tras salir de los canales de Florida se dirige hacia el Sptizberg. Pero antes de retornar al Golfo de México, hacia los 44º de latitud Norte, la corriente se divide en dos brazos, el principal de los cuales se encamina hacia las costas de Irlanda y de Noruega, en tanto que el segundo se orienta hacia el sur a la altura de las Azores, para bañar las costas africanas y, desde allí, tras describir un óvalo alargado, volver hacia las Antillas. Este segundo brazo – que es más bien un collar que un brazo – rodea con sus anillos de agua cálida esa zona fría del océano, tranquila, inmóvil, que se llama el mar de los sargazos. Un verdadero lago en pleno Atlántico, las aguas de la gran corriente no tardan menos de tres años en circunvalarlo.”
Con la magistral forma de escribir novelas científicas, que tenía Julio Verne nos dejó un registro más, certero y claro, entre otros, de ¿cómo era el mar de los sargazos y el comportamiento de la corriente marina del Atlántico Norte, que hoy llamamos el cinturón termohalino del Atlántico.
Pero también nos plantea ¿ha cambiado éste comportamiento oceánico?, ¿el cambio climático actual ya es capaz de modificar lo que Julio Verne comenta como “una zona singular del océano Atlántico… Que … Nadie ignora la existencia de esa gran corriente de agua cálida conocida con el nombre de Gulf Stream”?.
Un comportamiento legendario que parecía inamovible en tiempos de Verne, hay registros de tiempos de Cristobal Colón.
¿Se está modificando?
Es probable que si, que esté cambiando la corriente principal y precisamente el estudio y nuestra lucha contra el recale masivo del sargazo sobre nuestras playas nos llevó a pensar y repensar, a monitorear y a tratar de entender éstas corrientes marinas y sus cambios a nivel Atlántico y Caribe.
Durante los últimos 12 años, el Caribe Mexicano ha sufrido el embate despiadado de las islas flotantes de sargazo, dejando la belleza de nuestras playas fuera del alcance de nuestros visitantes.
El mar de los sargazos de Verne, dejó de ser el único hace 6 años, otro segundo mar se formó enfrente de Africa y hoy todo el giro oceánico está plagado de islas flotantes del alga en lo que se conoce a partir del 2020 como el cinturón de sargazo del Atlántico.
Nuestros folletos promocionales turísticos han llegado a parecer una mentira para muchos visitantes que se toman selfies y reclaman frustrados el color de la marea marrón, donde el folleto prometía un azul turquesa.
Pero sin el ánimo de hablar de los efectos negativos ambientales o profundizar en lo económico donde hemos escrito ríos y ríos de tinta, hay que decir que hoy se logró dar un pequeño paso para un grupo de más de 60 esforzados quintanarroenses que podría ser un enorme salto para el Caribe Mexicano, en la lucha contra el sargazo.

Reunidos en el planetario Ka’yok’ de Cancún, nos dimos cita funcionarios, académicos, científicos, empresarios, operadores, limpiadores, ingenieros, industriales, oceanógrafos, biólogos, buzos, activistas ambientales y cuanto guerrero de nuestras playas, pudimos encontrar.
Se presentó la primera edición de la EIMAS que es el resultado de la experiencia de más de 12 años de sus participantes luchando contra los embates despiadados del alga masiva sobre nuestras playas.
Imagina lector, que esos 66 experimentados personajes cada uno lleva años enfrentando el sargazo desde su trinchera. En las playas de un hotel, en su planta industrial, en un laboratorio, en su oficina de Zofemat, en el aula universitaria, en una oficina o en la playa misma.
Esos 12 años de lucha de muchos de nosotros, culminaron en un primer documento, que logró ensamblar y coordinar la Agencia de Cooperación Alemana, GIZ.
Documento perfeccionable, que siempre estará inconcluso, que seguro sufrirá de mil transformaciones en el futuro y que ojalá así sea, pero que también logra demostrar que se pueden hacer políticas públicas con participación plena de la sociedad, en forma libre, abierta, transparente y que por más álgidas o difíciles que pudieran ser las discusiones, siempre es posible encontrar el camino de priorizar el Caribe Mexicano sobre nuestros egos, miedos y creencias.
Sin duda un éxito, es como una estación en el largo y arduo camino de proteger la belleza de nuestras playas.
Sabemos que hay mucho aún por descubrir, por probar, por encontrar y por eso no podemos más que estar contentos por el avance que tuvimos y por haber llegado a la impresión del primer documento sin matarnos en el intento, consientes que aún el enemigo a vencer es más fuerte que nosotros.
Aún no sabemos todo sobre la vida de ésta especie, su reproducción, las temperaturas a las que menguan sus poblaciones, cuando se hunde, cuando cambian las corrientes, su capacidad de afectar cuando se descompone en nuestras costas, los daños colaterales al pastizal marino, al arrecife, a los arenales o dentro de la selva, aún no hemos ganado la batalla final.
Eso si, hemos ganado muchas guerrillas, sabemos como pelear contra el monstruo, podemos hacerlo mejor, cierto, pero ya sabemos contenerlo, negarlo, debilitarlo, a veces nos gana, otras veces lo hincamos.
Hemos aprendido a no asustarnos, por el contrario invertimos recursos, ingeniería, equipo y procesos contra él.
La Secretaria de Ecología y Medio Ambiente del Estado, la Ing. Huguette Hernández estaba super contenta y agradecida, se le notaba muy satisfecha con el logro alcanzado y así lo expresó en su discurso. No es para menos, logró convertir la mesa de discusión del sargazo que se hizo para el Plan Estatal de Desarrollo en noviembre pasado en la mesa del sargazo compuesta por más de 66 miembros activos en la misma lucha, desde muy diversas trincheras pero contra el mismo enemigo. Quizá la hazaña de Huguette haya sido, lograr unirnos sin que nuestros egos nos desviaran del objetivo principal.
La presencia del Secretario de Turismo del Estado, Bernardo Cueto en representación de la Gobernadora, que quiso estar con nosotros, pero que por dificultades de agenda no pudo, así como de nuestra Presidente Municipal de Cancún Ana Paty Peralta, fueron el marco ideal para que la firma de un Convenio de Colaboración de todos en la misma lucha contra el alga, subiera de nivel el compromiso a más de 100 firmantes y pusiera las bases a lo que sigue: La implementación en la realidad.

Además, hoy me tocó ser parte de la mesa como Coordinador de la Mesa de Disposición Final por mi empresa de residuos GeoPlan y estoy siendo juez y parte como reportero por mi otra empresa Nukleo Web y este blog, por lo que preferí hacer esta reflexión sobre el compromiso que mis compañeros demostraron en éste esfuerzo e hice a un lado el rigor periodístico, no me importa, estoy feliz.
Le dije a la Gobernadora que la apoyaría y eso estoy tratando de hacer, ayer se lo dije a al Presidente y a Huguette desde el primer día de su gestión.
Los Quintanaroenses hemos enfrentado huracanes y reconstrucciones, vimos caer el flujo aéreo cuando los atentados del 2001 sobre las Torres Gemelas paralizaron el turismo, vivimos la influenza AH1N1 con ocupación cero, la terrible pandemia de Covid 19, hemos sufrido varías crisis económicas como la Subprime del 2008/2009 y mil y un batallas más.
Yo nos veo como: “Guerreros de nuestras playas”.

Cada miembro de la mesa del sargazo plasmó una parte de su vida en esto, más que todos el Hidrobiologo Esteban Amaro Mauricio que nos unió comprometido desde el día 1 y hasta el primer final de ayer, de la Red de Monitoreo del Sargazo de Quintana Roo.
También como quintanaroenses hemos aprendido a luchar, a seguir pedaleando, a no hincarnos ante la adversidad, hemos aprendido que si el mar nos da limones aprendemos a hacer limonada, así hicimos el Caribe Mexicano, convirtiendo la adversidad en desarrollo.
No nos detienen los huracanes, ni las crisis de terrorismo, ni económicas, ni políticas, ni virus, ni pandemias, somos Quintana Roo.
Con ese mismo espíritu seguiremos perfeccionando el Manejo Integral del Sargazo, cada una de sus etapas físicas, las barreras, las sargaceras, las técnicas de monitoreo, el entendimiento del clima costero, la limpieza, el manejo de personal, la logística, los equipos y máquinas, los contenedores y vehículos de transporte, seguro desarrollaremos procesos industriales de aprovechamiento y surgirán más y más productos, mejoraremos los centros de acopio y avanzaremos en la gestión del conocimiento, en el entendimiento de los efectos en la salud humana, en la forma como comunicamos al mundo ésto, seguramente mejoraremos en nuestra cooperación internacional, en la gestión de recursos, haremos más empresas, pondremos más bases.
Seguramente seguiremos sumando voluntades, ideas y experiencia a favor del Caribe Mexicano y de su sustentabilidad.
La Gobernadora dijo: Prosperidad Compartida, cuidemos esa prosperidad controlando el sargazo que nos recala.
Felicidades a todos …
EN LA OPINIÓN DE:
Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad
Conciencia Saludablemente
La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.
Por: Pisc. Alex Barrera
Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.
Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.
Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.
La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.
La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.
Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.
Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.
A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.
La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.
Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.
A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.
Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.
No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.
En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.
El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.
Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.
También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.
La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.
Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian
Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol Alex Barrera**
En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.
Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.
Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.
Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.
Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.
Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.
Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.
Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.
La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.
Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.
En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.
También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.
Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.
En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.
****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
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