Opinión
¿Ni aeropuerto ni tren?
Opinión / Cicuta del Caribe
• Innecesaria base aérea en Tulum; aún puede ampliarse el de Cancún*
• Enésima suspensión contra Tramo 5 Sur; demanda por 26 mil mdd
• Chapur programa arribo a Punta Cana; ferrocarril prioritario para QR
• Acusan de ecocidio en isla de Cozumel a Gregorio Sánchez Martínez
• Caribe mexicano mariguano; tramita 50% de permisos para consumo
• Hot Sale 2002, del 23 al 31 de mayo; 12% gastarían más de $10 mil
Por: Carlos Águila Arreola
Para pronto: los que no piensan como Andrés Manuel López Obrador son neoliberales, conservadores, casi casi traidores a la patria. Seguramente así calificará en su vaniloquio o diatriba matinal a Daniel Almaguer Núñez y a Adrián Fernando Novelo Pérez; el primero, presidente del Consejo Ejecutivo de la Asociación de Ingenieros en Aeronáutica de México (AIA), mientras que el segundo es el juez primero de distrito del estado de Yucatán… le platico.
En marzo de 2019, recién cumplido su primer cuatrimestre como representante del Ejecutivo federal, en la conmemoración del 213 aniversario del natalicio del prócer Benito Juárez García, “su alteza pequeñísima” declaró que no haría imposiciones. Desde entonces a eso se ha dedicado, y si lo hace entre los inscritos al partido de su propiedad, ¿qué podría esperar el “pueblo bueno”?
Cierto, los gobiernos de antes no fueron lo que queríamos, pero el de ahora no es lo que necesitamos, y en ese sentido resulta que el aeropuerto de Tulum no es necesario, y en el Tren Maya “el engrudo ya se le está haciendo bolas” al inquilino de Palacio Nacional. Desde ahora vaticinamos que se termine o no el ferrocarril, empezará a rodar en diciembre de 2023, igualito que como ocurrió con otro de sus caprichos; el aeropuerto Felipe Ángeles.
David Almaguer Núñez es presidente del Consejo Ejecutivo de la Asociación de Ingenieros en Aeronáutica de México (AIA), considera que antes de construir un aeropuerto en Tulum se debería tomar en cuenta ampliar el de Cancún —“la distancia al lugar donde será edificado el de Tulum es de 118 kilómetros (73 millas)— y revivir la terminal de Cozumel.
El aeródromo de Tulum, como el Felipe Ángeles y el Tren Maya será hecho por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la opacidad que ello implica, operaría a partir de 2024 con capacidad para atender a cuatro millones de pasajeros al año, y el objetivo es detonar el crecimiento turístico, económico y social, dijo el general Gustavo Ricardo Vallejo Suárez, encargado de las obras.
Almaguer Núñez destaca que el de Cancún aún tiene capacidad para atender la demanda; además, fue construido con su ampliación en mente y es preferible la expansión. Tiene cuatro terminales para aviación comercial y una para vuelos privados o el conocido como FBO (Fixed Base Operations u Operaciones de Base Fija), a un costado de la Terminal 1, al noroeste del campo aéreo,.
En 2017 se inauguró la Terminal 4 y se aseguró que permitiría al aeropuerto incrementar su capacidad en 43 por ciento para atender hasta 31 millones de viajeros al año. Cifras del Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur) indican que de enero a diciembre de 2021 hubo 22.3 millones de pasajeros nacionales e internacionales, por lo que todavía no llega al punto de saturación.
“Las zonas aledañas al aeropuerto se considera que dan para una ampliación. Hoy tiene cinco terminales, y si con esas se ha cubierto perfectamente la demanda, lo ideal sería ampliarlo porque fue creado con ese propósito. Por ello es que no veíamos necesidad de abrir otro si el que ya existe está proyectado para expandirse”, asevera el ingeniero aeronáutico.
Según David Almaguer, nadie se ha acercado a la AIA o alguna otra asociación o colegio para consultar el punto de vista de otros actores de la industria aeroespacial: “No ha habido acercamiento entre dependencias y agrupaciones para tener ese asesoramiento desde un punto de vista externo”, sostiene el ingeniero… no vaya a pasar como en el tema de los controladores aéreos.

Oootra suspensión
El segundo personaje es el juez primero de distrito de Yucatán, quien el jueves otorgó una nueva suspensión provisional —ya son más de una decena contra el Tramo Cinco Sur— a petición del Consejo Nacional de Litigio Estratégico (CNLE), que dice defender y promover los derechos humanos, la democracia, la legalidad y la competitividad, impulsando procesos de trascendencia.
Adrián Fernando Novelo Pérez ordenó, respecto al Tramo Cinco Sur: paralizar cualquier acto que tenga como finalidad la continuación de su construcción, y a la Secretaría federal de Cultura (SC) y al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tomar las medidas necesarias para la protección de las zonas y piezas arqueológicas al paso del ferrocarril.
El Juzgado Primero de Distrito en Yucatán —que conoce todo lo relacionado con el Tren Maya— otorgó el miércoles 18 de mayo una nueva suspensión provisional al juicio de amparo indirecto presentado por el CNLE y habitantes de la región, por lo que se prohíbe cualquier obra relacionada con su construcción, infraestructura, remoción o destrucción de la biodiversidad del terreno.
La suspensión fue otorgada por considerar posibles afectaciones al derecho a un medio ambiente sano, pues la ejecución de un proyecto de infraestructura sin una autorización de impacto ambiental es suficiente para sostener que se pone en riesgo el ecosistema, el hábitat donde será construido, lo que incluye a la flora y fauna del lugar.
Además, se evidencian afectaciones al derecho humano a la cultura, pues las autoridades competentes no han realizado investigación, acceso, protección y conservación del patrimonio en la zona, por lo que el CNLE buscará que la suspensión se transforme en definitiva para preservar la legalidad, el medio ambiente y los derechos de los habitantes de la región afectada.
Previamente, una demanda multimillonaria presentada como acción colectiva por responsabilidad civil fue aceptada por un juzgado contra las constructoras contratadas para realizar las obras de los tramos Cuatro y Cinco del Tren Maya. Fue interpuesta por la Organización Nacional de Responsabilidad del Estado (ONRE), liderada por Jesús Alberto Guerrero Rojas.
La demanda “contra el ecocidio” involucra a cinco poderosas constructoras —cuatro mexicanas y una española— y exige la reparación del daño, calculado en 26 mil millones de dólares, por construir sin permisos ambientales, daños en miles de hectáreas de selva. Se trata de Grupo México, del magnate Germán Larrea Mota-Velazco; tres razones sociales de Ingenieros Civiles Asociados (ICA), de Bernardo Quintana Arrioja, y la trasnacional española Acciona.
La demanda fue admitida el 13 de mayo por el Juzgado Octavo de Distrito en Materia Civil, en la Ciudad de México, como la acción colectiva 22/2022, La documentación con la que se integró el expediente demuestra la devastación de 340 hectáreas de selva media y alta subperennifolia y subcaducifolia en excelente estado de salud”, además de “la muerte de unos 20 jaguares”.
Menudencias
José Antonio Chapur Zahoul, patriarca de Palace Resorts, dijo que el próximo hotel de la cadena se construirá en Punta Cana, República Dominicana, un proyecto a tres años. En el foro “Caribe mexicano: del éxito a la prosperidad”, que organizó la agencia española de noticias EFE, el magnate señaló que el Tren Maya es prioritario para Quintana Roo, porque aquí es donde se ofrece mayor rentabilidad por la llegada de miles de turistas al año.
La ambientalista cozumeleña Guadalupe Álvarez Chulim denunció la omisión y “tibieza” de la alcaldesa, la morenista Juanita Alonso Marrufo, así como de las delegaciones de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ante la devastación de manglares y humedales del de un proyecto ecocida que lidera el empresario Gregorio Sánchez Martínez, en la playa Palancar.
Sí hay citas para tramitar la visa sin entrevista, de acuerdo con la Embajada de Estados Unidos; empero, se debe considerar que puede tomar hasta un año tramitarla, ya que hay una acumulación mayor de solicitudes; al pagar la tarifa (160 dólares) eso se acepta. Para renovar en el Consulado de Mérida, la fecha más próxima, según la página oficial del Servicio de Citas, es el 4 de agosto de 2022, mientras que para las de primera vez es el 13 de diciembre de 2023
La novena edición del Hot Sale 2022 se realizará durante la próxima semana, del lunes 23 al martes 31 de mayo, y los compradores ya están a la expectativa de encontrar las mejores ofertas para sus compras en línea. De acuerdo con estadísticas de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), seis de cada 10 personas gastarán hasta tres mil pesos, 17 por ciento hasta cinco mil y 12 por ciento más de 10 mil pesos.
En 2022 se han ingresado 12 solicitudes para consumo de cannabis en México, de los que seis permisos fueron tramitados en Quintana Roo. La detención de consumidores con no más de cinco gramos de cannabis es ilegal. El pasado 11 de mayo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avanzó en la regulación de consumo personal al considerar inconstitucional el artículo 478 de la Ley General de Salud
EN LA OPINIÓN DE:
Navidad, consumo y salud mental: cuando el gasto se convierte en ansiedad
La Navidad debería intensificar el amor, en cambio es una puerta abierta para la ansiedad.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol. Alex Barrera
Cada año, al llegar estas fechas me resulta imposible no pensar en aquel famoso villancico que cuenta la historia de un pequeño niño, que recorre el camino tocando un tambor y en el que encuentro sin duda el mensaje más tierno de Navidad. Y es que este niño carece de todo bien material, pero aun posee algo, algo que es gratis, la música de su tambor que lo acompaña también en su recorrido al encuentro con el que será el Rey, así, ese pequeño en medio del incienso, el oro y la mirra, logra la gran proeza hacer sonreír al niño dios y es que poco es tanto, cuando no se necesita mucho.
Navidad es la época de dar, pero ¿qué es lo que hay que dar? Resulta mi estimado lector, que conforme adviene diciembre, se instala una doble realidad: por un lado, las calles se iluminan, las canciones navideñas inundan espacios y la promesa de alegría parece omnipresente; por el otro, muchas familias sienten una presión creciente por cumplir con expectativas de consumo que parecen ineludibles, porque sí, Navidad, significa dar y dar significa gastar. En México, esta tensión entre celebración y gasto ha adquirido dimensiones cuantificables: según la consultora de mercados Kantar, los mexicanos planean gastar en promedio 6 mil 359 pesos en regalos navideños en 2025, un incremento de 15 % respecto al año anterior.
Estos datos, por sí solos, revelan un fenómeno económico —que tiene implicaciones claras en la intensidad del consumo—, pero también encubren una relación compleja entre la temporada navideña y la salud mental. Porque la Navidad, más allá de regalos y cenas, es un momento donde la expectativa social de felicidad y consumo muchas veces se superpone con presiones financieras, emociones ambivalentes y comparaciones sociales que pueden erosionar la estabilidad emocional de las personas.
El aumento del consumo y sus presiones
Las cifras de gasto proyectadas para esta temporada muestran que, incluso en medio de desaceleración económica, las familias mexicanas no sólo mantienen el consumo navideño, sino que lo intensifican. Kantar estima que el aumento en gasto promedio se acompaña de una mayor recurrencia a tarjetas de crédito y aprovechamiento de promociones como El Buen Fin o Black Friday para financiar compras que de otra manera serían difíciles de costear.
Adicionalmente, estudios como el de Ipsos señalan que hasta 54 % de los mexicanos aumentó su presupuesto para las celebraciones, con más del 50 % utilizando su aguinaldo para financiar estos gastos. Lo anterior no significa que su economía haya mejorado, sino que están dispuestos a gastar más. La combinación del costo de regalos, cenas, decoración, viajes y eventos sociales puede empujar a las familias a tensar sus recursos es aquí donde el asunto toma relevancia pues si bien en esta temporada se recibe dinero extra por aguinaldos, cajas de ahorro o incentivos navideños, los gastos se extienden pues las convivencias sociales aumentan, los gastos se elevan y casi siempre los gastos superan la entrada de dinero por lo que en muchos casos se recurre a endeudamiento innecesario y peor muchos establecimientos promueven el famoso pago tardío que impacta a los consumidores en meses como febrero, mes en el que ya no se cuenta con los incentivos extra, lo cual intensifica el desbalance económico.
Pero el impacto no se limita a las cifras del bolsillo: esas cifras repercuten en el bienestar emocional, generando ansiedad, estrés financiero, sentimientos de insuficiencia y, en algunos casos, crisis profundas de angustia.
¿Por qué el consumo navideño provoca ansiedad?
Desde una perspectiva psicológica, la relación entre consumo y emociones es compleja. Las festividades decembrinas suelen combinar:
- Expectativas sociales elevadas, que inducen comparaciones constantes (¿tengo que dar más y mejores regalos?).
- Presión económica, al intentar cumplir con roles tradicionales de dar y compartir, aun cuando los recursos son limitados.
- Cogniciones de autoevaluación negativa, al comparar lo que se tiene con lo que otros parecen ofrecer o recibir.
- Carga emocional acumulada, que se mezcla con recuerdos familiares, duelos no resueltos o expectativas no cumplidas.
La investigación en psicología del consumo y bienestar indica que la ansiedad financiera está asociada con síntomas de depresión, irritabilidad y conflicto familiar. Un estudio de la Journal of Consumer Psychology encontró que las decisiones de gasto impulsadas por presión social y no por necesidad pueden generar emociones negativas, mayor estrés y sentimientos de arrepentimiento posteriores. (Ver Jones et al., 2016, Journal of Consumer Psychology).
En el contexto navideño, donde la cultura del “mejor regalo”, la celebración perfecta y la constante comparación mediada por redes sociales es omnipresente, las emociones autoevaluativas pueden amplificarse, llevando a un círculo vicioso de sobreconsumo y malestar psicológico.
Deuda, culpa y arrepentimiento
El estrés financiero no es un concepto abstracto: se traduce en síntomas concretos de ansiedad somática (insomnio, tensión muscular), temor anticipatorio (preocupación constante por dinero) y emociones displacenteras persistentes. En muchos casos, las deudas contraídas en diciembre se convierten en cargas que persisten durante todo el año siguiente, alimentando sentimientos de culpa, resentimiento y desasosiego.
Además, existe evidencia de que las personas con historia de ansiedad o estrés crónico presentan respuestas más intensas a presiones económicas estacionales. Por ejemplo, investigaciones sobre estrés financiero y Salud mental han encontrado correlaciones significativas entre preocupación por dinero y aumento de ansiedad y síntomas depresivos (véase American Psychological Association, Stress in America Report).
En otras palabras, más allá de la simple emoción de gastar, hay un impacto emocional profundo asociado a la presión de cumplir con estándares culturales y expectativas consumistas.
Hacia una navidad más saludable emocionalmente
Este panorama no implica demonizar el consumo ni negar la importancia de las celebraciones, sino reconocer que el consumo excesivo y la ansiedad financiera pueden afectar seriamente la salud mental. Si bien recomendamos planear el gasto con anticipación —como lo hacen muchos mexicanos que ya utilizan su aguinaldo de manera estratégica— también es necesario integrar prácticas conscientes que prioricen bienestar sobre presión social.
Entre las acciones que pueden ayudar a mitigar este estrés están:
- Presupuestar con anticipación y apegarse a límites reales, evitando endeudamientos innecesarios.
- Promover celebraciones significativas, centradas en experiencias y relaciones más que en el valor material de los regalos.
- Establecer conversaciones abiertas sobre expectativas económicas en familia, reduciendo la carga emocional asociada al cumplimiento de roles.
Y, sobre todo, debemos recordar que la asistencia terapéutica puede marcar una diferencia sustancial. Un profesional de la salud mental no sólo acompaña en la gestión del estrés financiero, también ayuda a abordar las emociones subyacentes que intensifican la ansiedad navideña: comparaciones sociales, deseos de aprobación, perfeccionismo, recuerdos dolorosos o patrones de consumo impulsivo.
La Navidad puede ser una época de profundas emociones que van desde la alegría hasta la ansiedad. Cuando el consumo se convierte en una fuente de estrés crónico, no solo afecta la economía de las familias, sino también su bienestar emocional y la calidad de sus relaciones.
Integrar prácticas más conscientes, planear con realismo y buscar apoyo cuando las presiones se vuelven abrumadoras, no es renunciar a la celebración, sino construir un enfoque más saludable y sostenible que nos permita disfrutar de estas fechas sin sacrificar nuestra salud mental.
Así entonces sería prudente entender que tomar la filosofía de aquel niño del tambor es el camino más real y saludable para llegar a la navidad, pues en conciencia de lo que se tiene no podemos dar más y sin embargo no por ello deja de ser valioso, Porque la lección más grande de ese villancico es que ese niño ofreció el bello cantico de amor, pero nunca regaló el tambor.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial de manera privada.
Si le interesa también puede consultar en:
- Kantar: estudio sobre gasto promedio navideño en México (2025) El Imparcial
- Ipsos: incremento de presupuesto navideño y financiamiento Entre Veredas
- La Jornada: aumento del gasto navideño y uso de crédito La Jornada
- Journal of Consumer Psychology sobre consumo y emociones (Jones et al., 20
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EN LA OPINIÓN DE:
Cuando el estrés se vuelve hogar
En una mente estresada por años, el silencio se vuelve territorios peligrosos ocultando el verdadero mal
Conciencia Saludablemente
Por. Psicol. Alex Barrera
Hubo un tiempo en el que el estrés era una señal de alarma: algo no estaba bien y el cuerpo pedía pausa. Hoy, para muchas personas, el estrés dejó de ser un estado pasajero y se convirtió en una forma de vida. Muchas personas sin darse cuenta aprendieron a vivir aceleradas, hiperconectadas y con la sensación constante de que, si no estamos ocupados o tensos, estamos fallando en algo. El problema no es solo vivir con estrés, sino volverse incapaz de vivir sin él.
Durante años hemos aprendido a vivir con el estrés como si fuera una condición natural de la adultez. “Así es la vida”, decimos, mientras normalizamos el cansancio crónico, la ansiedad constante y la sensación de que, si no estamos ocupados, algo anda mal. Poco a poco, sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos si el estrés es inevitable y comenzamos a organizarnos alrededor de él. El problema no es sólo que vivamos estresados, sino que a de que sabemos que existe, no sabemos ni como reconocerlo, es decir, sabemos que existe el estrés, pero no sabemos cómo se siente el estrés, y mucho menos como detenerlo, aunque suene duro muchos hemos desarrollado una incapacidad real para vivir sin estrés.
Y es que cuando el estrés se normaliza, el silencio incomoda. Los espacios de calma generan culpa y la tranquilidad se interpreta como pérdida de tiempo incluso hay quien al intentar detenerlo se encuentra con la respuesta automática del cerebro una rotunda negativa, como si el propio cuerpo se negara a abandonar ese estado. Y lo grave es que aunque el cerebro lo haya normalizado, el generar estrés mantiene los mecanismos del naturales del cuerpo provocando daños clínicos en la salud de las personas.
No hablo del estrés como respuesta adaptativa —ese mecanismo biológico que nos permite reaccionar ante una amenaza real—, sino de un estado permanente de activación que se vuelve identidad. Hay personas que no saben qué hacer cuando no hay pendientes, conflictos o urgencias. El silencio les incomoda. El descanso les genera culpa. La calma se percibe como improductiva, sospechosa, incluso peligrosa. En ese punto, el estrés deja de ser una reacción y se convierte en una forma de vida.
Desde la psicología sabemos que el cuerpo no distingue entre una amenaza real y una simbólica. El sistema nervioso responde igual a un león que a un correo electrónico. Cuando vivimos en estado de alerta constante, el organismo se adapta a esa intensidad. El cortisol y la adrenalina se mantienen elevados y, con el tiempo, el cuerpo aprende a funcionar así. Entonces ocurre algo paradójico: la calma empieza a sentirse extraña, y el estrés se vuelve familiar. Incluso necesario.
Esto explica por qué algunas personas, al tener un fin de semana libre, se enferman, se angustian o buscan inconscientemente un conflicto. No es mala suerte: es un sistema nervioso que no sabe bajar la guardia. La mente, acostumbrada al ruido, interpreta la quietud como vacío. Y el vacío, para muchos, resulta insoportable.
La cultura contemporánea ha hecho del estrés una medalla de honor. Estar ocupados es sinónimo de éxito. Dormir poco es señal de compromiso. Decir “no tengo tiempo” nos valida socialmente. Hemos romantizado el agotamiento al punto de sospechar de quien vive con calma. ¿Qué estará haciendo mal? ¿Por qué no corre como los demás? Así, el estrés deja de ser un problema y se vuelve un valor cultural.
Pero el cuerpo no negocia con las narrativas sociales. El estrés sostenido tiene consecuencias claras: trastornos del sueño, problemas digestivos, enfermedades cardiovasculares, irritabilidad, dificultades de concentración, distanciamiento social, ansiedad y depresión. Lo más grave es que muchas de estas señales se ignoran porque se consideran “normales”. Vivir cansados se vuelve la norma. Sentirse mal, el precio a pagar.
Hay otro aspecto menos visible pero igual de dañino: el estrés constante empobrece la vida emocional. Cuando estamos siempre en modo supervivencia, no hay espacio para el placer, la creatividad ni la introspección. Todo se vuelve funcional. Incluso las relaciones. Escuchamos a medias, convivimos con prisa, respondemos desde la reactividad. Vivir así no sólo desgasta el cuerpo; también nos desconecta de nosotros mismos.
Con frecuencia escucho frases como: “Si me relajo, pierdo el control”, “Si descanso, me atraso”, “Si bajo el ritmo, todo se desmorona”” Hay que seguir” y la más atros “Puedo con eso y más”, todas ellas de personas que puedo ver están a punto de desmoronarse. Detrás de ellas hay una creencia profunda: la idea de que sólo somos valiosos cuando estamos produciendo o resolviendo problemas. El estrés, entonces, se convierte en una forma de sostener la autoestima. Mientras estoy ocupado, existo. Cuando paro, me enfrento al vacío de no saber quién soy sin la urgencia.
En ese sentido, la incapacidad de vivir sin estrés no es sólo fisiológica; es también psicológica. El estrés funciona como anestesia. Mantiene la mente ocupada y evita preguntas incómodas: ¿estoy donde quiero estar?, ¿esto me hace sentido?, ¿qué estoy evitando sentir? Cuando bajamos el ritmo, esas preguntas aparecen. Y no siempre estamos preparados para escucharlas.
La ironía es que muchas personas buscan “manejar mejor el estrés” sin cuestionar por qué viven en un estado que lo genera de manera permanente han olvidado siquiera como se sentían, y casi puedo asegurar que ya ni siquiera lo distinguen. Hacemos yoga, meditamos cinco minutos, tomamos suplementos… pero regresamos a la misma lógica de exigencia. No se trata de eliminar el estrés —eso sería imposible—, sino de dejar de necesitarlo para sentirnos vivos.
Incluso el cerebro puede interpretar como amenazantes los ejercicios orientados a la calma y la relajación cuando ha pasado demasiado tiempo funcionando en modo de alerta. Desde la neurociencia sabemos que el sistema nervioso se adapta a los estados que se repiten con mayor frecuencia; si una persona vive bajo estrés crónico, su cerebro aprende que la activación constante es sinónimo de seguridad.
En ese contexto, prácticas como la respiración profunda, la meditación o el silencio corporal pueden generar incomodidad, ansiedad o inquietud, porque implican “bajar la guardia”. Al disminuir la estimulación externa, emergen sensaciones internas, emociones reprimidas o pensamientos evitados, lo que el cerebro interpreta como pérdida de control.
La amígdala, encargada de detectar amenazas, puede activarse ante esta quietud desconocida, enviando señales de alarma que se manifiestan como nerviosismo, tensión muscular o necesidad urgente de interrumpir el ejercicio. No es que la calma sea peligrosa, sino que resulta extraña para un sistema acostumbrado a sobrevivir desde la urgencia. Por ello, aprender a relajarse no siempre es placentero al inicio; es un proceso de reaprendizaje en el que el cerebro necesita tiempo y acompañamiento para reconocer que el descanso también es un estado seguro.
Aprender a vivir sin estrés no significa abandonar responsabilidades ni aspiraciones. Significa recuperar la capacidad de alternar entre acción y reposo reconociendo conscientemente cual es cual. Dejar que el sistema nervioso recuerde que la calma también es segura. Que no todo es amenaza. Que no todo es urgente. Que el descanso no es un premio, sino una necesidad biológica y emocional y de usar herramientas que me permitan disminuir el estrés en momentos precisos de la vida.
Este reaprendizaje no es sencillo. Para alguien acostumbrado a la hiperactividad, el descanso puede generar ansiedad, irritabilidad o incluso tristeza. Es como quitarle una muleta al cuerpo: al principio duele. Por eso, muchas personas fracasan en sus intentos de bajar el ritmo y concluyen que “no pueden”. No es que no puedan; es que están deshabituándose de un estado que se volvió adictivo.
Aquí es donde la terapia psicológica cobra un papel fundamental. No sólo para enseñar técnicas de relajación, sino para explorar qué función cumple el estrés en la vida de la persona. ¿Qué evita? ¿Qué sostiene? ¿Qué identidad refuerza? Acompañar este proceso permite construir una relación más sana con el tiempo, el cuerpo y las emociones.
Vivir sin estrés constante no es una utopía, pero sí un acto contracultural. Implica cuestionar mandatos, tolerar la incomodidad del silencio y redefinir el valor personal más allá del rendimiento. Implica, en muchos casos, aceptar que hemos estado sobreviviendo cuando podríamos estar viviendo.
Tal vez la pregunta no sea cómo eliminar el estrés, sino algo más incómodo y honesto: ¿qué parte de mí no sabe existir sin él? Mientras no nos atrevamos a responderla, seguiremos corriendo, no porque sea necesario, sino porque detenernos nos confronta con una calma que aún no sabemos habitar.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial de manera privada.
Si le interesa el tema puede profundizar en los siguientes textos:
American Psychological Association. (2020). Stress effects on the body.
https://www.apa.org/topics/stress/body
Describe cómo el estrés crónico mantiene al sistema nervioso en estado de alerta y dificulta la activación de respuestas de relajación.
Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. W. W. Norton & Company.
https://wwnorton.com/books/9780393707007
Explica cómo el sistema nervioso autónomo puede interpretar estados de calma como inseguros cuando el organismo está habituado a la hiperactivación.
Van der Kolk, B. (2014). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Viking.
https://www.penguinrandomhouse.com/books/215391/the-body-keeps-the-score-by-bessel-van-der-kolk-md/
Aborda cómo personas con estrés prolongado o trauma pueden experimentar ansiedad al intentar relajarse o meditar.
Thayer, J. F., & Lane, R. D. (2000). A model of neurovisceral integration in emotion regulation and dysregulation. Journal of Affective Disorders, 61(3), 201–216.
https://doi.org/10.1016/S0165-0327(00)00338-4
Expone cómo la regulación emocional deficiente hace que el sistema nervioso perciba la calma como una pérdida de control.
Treleaven, D. A. (2018). Trauma-sensitive mindfulness: Practices for safe and transformative healing. W. W. Norton & Company.
https://wwnorton.com/books/9780393709780
Analiza por qué prácticas de mindfulness pueden activar ansiedad en personas con sistemas nerviosos hipervigilantes.
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