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Opinión

Riu y México

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Opinión / Cicuta del Caribe

·        Giro en lucha contra el sargazo: proponen colocar barrera oceánica

·        Un mexicano clase media gana entre 250 y mil 400 pesos diarios: BM

·        Turismo verde, una tendencia al alza tras la pandemia: Allianz Travel

·        Una investigación halla montañas de azúcar en el fondo del océano

·        Vacunas: desde salvar vidas por minuto a ser futuro de la medicina

Por: Carlos Águila Arreola

La edición 2021 de The Business Year, el proveedor de información económica y recursos comerciales y de inversión, dio a conocer que Carmen Riu, directora ejecutiva de Riu Hotels & Resorts, reveló que pretende seguir invirtiendo en México, país al que considera su principal destino internacional, sobre todo porque y “fue nuestra salvación” durante la reciente crisis por el coronavirus.

En una reciente entrevista con la revista —maneja información autorizada de los mercados en crecimiento alrededor del mundo—, la matriarca de la mayor firma hotelera mallorquina, señaló que desde la compañía esperan “buena actividad” durante el año 2022, aunque todavía tendrán que esperar para obtener rentabilidad.

“Esperamos que el nivel de actividad sea bueno, salvo más sorpresas de la covid-19. Sin embargo, la rentabilidad no se recuperará aún. Los costes han aumentado significativamente debido a la escasez de materias primas y el precio de la energía, pero la calidad no se puede tocar. Eso significa que todos los costes adicionales serán cargados en el margen de beneficios.”

Sobre qué hitos ha alcanzado y qué puede esperar la mayor cadena hotelera de Palma de Mallorca, Carmen Riu incidió en que la “clave” del éxito de su compañía es la reinversión de beneficios: “Incluso ahora, habiendo tenido que cerrar todos los hoteles en 2020 por la pandemia y habiendo trabajado duro para la recuperación, seguimos invirtiendo como siempre”.

“Lo hacemos para mantenernos fuertes y como fuente de empleo, estabilidad y oportunidades para nuestros trabajadores. El salto que se dio en 1991 con la apertura del primer hotel en Punta Cana, en la isla caribeña de República Dominicana, marcó el primer paso del gran crecimiento de Riu Hotels en América, donde actualmente contamos con más de 40 hoteles”, acotó.

Los proyectos más recientes fueron dos hoteles urbanos, sector en el que entramos por primera vez durante 2010, con el Riu Plaza Manhattan Square, que abrió sus puertas el 11 de febrero, mientras que el Riu Plaza Chicago tiene previsto abrir en 2024.

La potentada dijo a The Business Year que “para que se produzca una reconversión real en el sector turístico, más agentes deben estar involucrados. Tenemos otros proyectos interesantes, como la apertura del primer hotel en Senegal en 2022.

La cadena alcanzó durante 2021 un récord de ventas por medio de los turoperadores, año y medio después del retroceso causado por el efecto de la pandemia de la covid-19, recordó Carmen Riu, quien previó seguir creciendo en México, “nuestro principal destino internacional y nuestra salvación durante esta crisis sanitaria”, de acuerdo con el magazine.

“Lo cierto es que tras las restricciones de movilidad causadas por la pandemia, el mercado se hizo todavía más fuerte en todos los destinos de la república donde Riu tiene presencia, especialmente en el Caribe mexicano, superando con creces las expectativas tras la reapertura de nuestros hoteles

“Por ello, no tenemos más que palabras de agradecimiento y orgullo tanto hacia los turoperadores nacionales como obviamente a los clientes de México, quienes nos han permitido recuperar nuestra oferta hotelera a un ritmo más alto de lo esperado”, recordó la heredera del emporio turístico..

Menudencias
La Red de Monitoreo del Sargazo aseguró que la estrategia contra el alga es insuficiente porque apenas cubre uno por ciento de la costa, y propuso una que consiste en desviar el curso del vegetal mediante la colocación de una gran barrera oceánica de 60 kilómetros que despeje el canal de Cozumel, de la punta sur de la ínsula hacia Boca Paila. Se abriría 60 grados y están previstas entradas para la navegación.

La mayoría de mexicanos de clase media son trabajadores asalariados e independientes, y de acuerdo con los datos más recientes del Banco Mundial (BM) percibe ingresos de entre 13 y 70 dólares al día —un aproximado de 260 a mil 400 pesos diarios—, que a nivel mensual representarían entre siete mil 800 y 42 mil pesos. En el último nivel está apenas el uno por ciento de los actuales asalariados.

El turismo sostenible es una alternativa de creciente y acelerado interés entre los viajeros a nivel global, según diversos estudios de Allianz Travel, líder mundial en servicios de asistencia de viajes: seis de cada 10 familias afirmaron que prestarán más atención al impacto ambiental que generarán sus viajes en el futuro, y es que surgen nuevos desafíos para la recuperación turística ante la incertidumbre geopolítica, inflación y volatilidad cambiaria.

Una investigación publicada por la revista Nature Ecology and Evolution, hecha por el Instituto Max Planck de Microbiología Marina de Bremen, en Alemania, reveló cómo se produce y acumula azúcar en las praderas de pasto marino en forma de sacarosa, que ayuda a la reducción del dióxido de carbono que se produce en el océano. Los prados son más eficientes que los bosques terrestres; la sustancia sería liberada como el azúcar de mesa que conocemos.

Más de 20 enfermedades mortales —incluida la covid-19— pueden prevenirse por la inmunización. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera indispensables las vacunas. De hecho, la Alianza para la Vacunación señala que entre 1990 y 2019 contribuyeron a reducir a la mitad las muertes de niños menores de cinco años, y en países de bajos ingresos salvaron cinco vidas por minuto, previniendo hasta tres millones de muertes a nivel global cada año.

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El amor también se come: el vínculo secreto entre el nosotros y la comida

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Porque no sólo compartimos platos: en cada comida compartida se tejen historias, afectos y vacíos que hablan de cómo amamos, cómo nos vinculamos y cómo aprendimos a sentirnos acompañados.

Conciencia Saludablemente
Por: Picol Alex Barrera

Hay algo profundamente simbólico en invitar a alguien a comer. Las primeras citas suelen ocurrir alrededor de una mesa, las reconciliaciones incluyen cenas especiales y las celebraciones importantes casi siempre se acompañan de platillos compartidos. Si lo observas con atención, gran parte de nuestras interacciones sociales —y especialmente las amorosas— están mediadas por la comida. No es casualidad. Comer juntos es una de las formas más antiguas de construir vínculo.

Desde la antropología sabemos que compartir alimentos fortalece la cohesión social y genera sensación de pertenencia. En términos psicológicos, la comida actúa como un ritual: crea un espacio de intimidad, sincroniza tiempos y favorece la conversación. Investigaciones en conducta social han mostrado que comer en compañía aumenta la percepción de cercanía y cooperación entre las personas. Cuando dos personas comparten la mesa, no sólo comparten nutrientes; comparten atención, miradas, historias.

En el contexto de las relaciones amorosas, la comida se convierte en lenguaje. Cocinar para alguien puede ser una forma de cuidado; aceptar lo que el otro prepara puede vivirse como validación. Muchas parejas construyen recuerdos afectivos ligados a sabores específicos: “nuestro café”, “nuestro restaurante”, “la receta de aniversario”. El amor se ritualiza en la experiencia sensorial.

Pero quiero explicarte algo más profundo: este vínculo entre amor y alimentación comienza mucho antes de la pareja. Desde el nacimiento, el acto de alimentar está asociado al afecto y la regulación emocional. La lactancia o la alimentación temprana no sólo cubren una necesidad biológica; también calman, organizan el sistema nervioso y generan apego. El cerebro aprende que comer está ligado a sentirse seguro. Por eso, en la vida adulta, la comida puede convertirse en un sustituto simbólico del afecto.

Aquí es donde la dimensión emocional entra con fuerza. Muchas veces, en las relaciones amorosas, la comida no sólo es encuentro, sino compensación. Después de una discusión, aparece el “vamos a cenar para arreglarlo”. Frente a la distancia emocional, surge el intento de reconectar a través de un detalle gastronómico. Y aunque estos gestos pueden ser genuinos y positivos, también pueden encubrir dinámicas más profundas.

La psicología ha estudiado cómo las emociones influyen en la conducta alimentaria. El llamado emotional eating describe el consumo de alimentos en respuesta a estados emocionales, más que a hambre fisiológica. En relaciones donde existen carencias afectivas, ansiedad o inseguridad, la comida puede funcionar como regulador sustituto. No es raro que algunas personas experimenten mayor consumo de alimentos altamente palatables[i] en momentos de conflicto o soledad.

Además, el estrés relacional activa respuestas fisiológicas. Cuando vivimos tensión en la pareja, aumenta el cortisol, hormona vinculada al estrés, lo que puede modificar el apetito y favorecer elecciones menos saludables. Es decir, los conflictos amorosos no sólo duelen emocionalmente; también impactan en la forma en que comemos y metabolizamos, ¿les suena el cliclé de comer helado cuando se sufre por amor?, aunque es un simbolismo acunado por la cultura pop, también es ciencia.

Existe otro fenómeno interesante: la sincronización de hábitos alimentarios en la pareja. Estudios muestran que, con el tiempo, las parejas tienden a adoptar patrones similares de alimentación y estilo de vida así lo demuestra el estudio realizado por Homish y que tituló “Influencia conyugal en los comportamientos generales de salud en una muestra comunitaria”. Esto puede ser protector cuando ambos construyen hábitos saludables, pero también puede amplificar conductas poco favorables si la relación gira en torno a excesos constantes o a una dinámica donde la comida es el principal canal de conexión.

Es importante que sepas que la comida no es el problema. El problema aparece cuando el alimento sustituye conversaciones necesarias, cuando el “te cocino” reemplaza el “te escucho”, o cuando la mesa se convierte en el único espacio de intimidad. El amor necesita diálogo emocional, no sólo rituales compartidos.

También ocurre lo contrario: relaciones donde la comida se vuelve campo de control. Comentarios constantes sobre el peso, la apariencia o lo que el otro come pueden dañar la autoestima y generar ansiedad alimentaria. La nutrición, en estos casos, deja de ser placer y se convierte en vigilancia. Y el amor, lejos de nutrir, comienza a desgastar.

Por eso, cuando hablo de que “el amor también se come”, no me refiero sólo al acto literal de compartir alimentos, sino a la manera en que las relaciones nos nutren o nos vacían emocionalmente. Una relación sana favorece hábitos más equilibrados, promueve el autocuidado y genera bienestar psicológico. Una relación crónicamente conflictiva puede alterar el sueño, el apetito y la salud general.

Aquí es donde la terapia psicológica adquiere un papel fundamental. En el espacio terapéutico se exploran los significados que cada persona ha construido alrededor de la comida y el afecto. Se identifican patrones aprendidos en la infancia, se trabaja la regulación emocional y se fortalecen habilidades de comunicación en pareja. Enfoques como la terapia cognitivo-conductual o la terapia centrada en emociones han mostrado eficacia tanto en la mejora de la dinámica relacional como en la reducción de conductas alimentarias desreguladas.

La terapia también ayuda a diferenciar: ¿estoy comiendo porque tengo hambre o porque me siento solo? ¿Estoy ofreciendo comida como gesto amoroso o evitando una conversación incómoda? Estas preguntas no buscan culpar, sino generar conciencia, y si el apoyo para encontrar las respuestas se hace necesario pues al ser practicas normales dentro de nuestra sociedad, es difícil identificar y sobre todo aceptar que quizá no te estoy alimentando por amor, sino para llenar vacíos que muchas veces están en nosotros, pero que no podemos identificar si no es con la ayuda de algún especialista.

Nos mintieron, nos dijeron que la abundancia alimentaria refleja el éxito, nos dijeron que “Barriga llena, corazón contento” y que “Al hombre se le conquista por el estómago”, pues no, porque no todos los vacíos se llenan con comida, una mesa llena de comida no siempre significa éxito, con la barriga llena el corazón no se repara, por el contrario, puede descomponerse más y no, por supuesto no, la comida no es el factor determinante para que alguien te ame. 

Dicho lo anterior quiero dejarte con esta reflexión: compartir la mesa puede ser uno de los actos más bellos del vínculo humano. Cocinar juntos, descubrir sabores y celebrar alrededor de la comida fortalece la intimidad. Pero el amor no puede sostenerse únicamente con cenas especiales. Necesita escucha, validación, límites y cuidado mutuo.

Sí, el amor también se come, pero sobre todo, el amor verdadero nutre. Y cuando aprendemos a distinguir entre hambre emocional y necesidad afectiva, comenzamos a construir relaciones que alimentan el cuerpo sin dejar de cuidar el corazón.

[i] Alimentos palatables: productos diseñados o percibidos como altamente agradables al gusto por su combinación de azúcar, grasa y/o sal, junto con características sensoriales como textura y aroma. Estas propiedades estimulan el sistema de recompensa cerebral, aumentando el placer y la probabilidad de consumo repetido, más allá de las necesidades energéticas.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.


Si le interesa el tema se recomienda la lectura de…

Cuando la comida sustituye al amor: La Relacion Entre las Carencias Afectivas y Nuestra Actitud Ante la Comida de Geneen Roth (2016). Editorial Urano.

Este texto aborda la relación entre alimentación, emociones y vínculo afectivo desde una perspectiva psicológica accesible para público general.


Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

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Borrando el cliché: Más allá del romance un amor que sana

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Y colorin colorado el cuento no se ha acabado:la verdad incómoda detrás del romance ideal

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol. Alex Barrera

Ya llega, si, como todos los años, en el ambiente se siente, los corazones las flores y los muñecos de peluche inundan todo, y muchas personas esperan con ilusión que sus valentines les traigan el romance, y con ello un coctel químico que les de alegría al corazón, pero y, ¿si el amor no viniera a salvarte, sino a acompañarte?

El amor romántico suele presentarse como una promesa de rescate. Crecimos escuchando que “el amor todo lo puede”, que la persona correcta llegará a completarnos, que sufrir es parte natural de amar y que los celos son prueba de intensidad. Sin embargo, quiero invitarte a cuestionar esta narrativa. Porque cuando el amor se construye desde estereotipos poco realistas, lo que debería ser un vínculo nutritivo puede convertirse en una fuente constante de ansiedad, dependencia y desgaste emocional.

Desde la psicología sabemos que muchas de nuestras creencias sobre el amor no provienen de la experiencia consciente, sino de aprendizajes tempranos, modelos familiares y representaciones culturales reforzadas por el cine, la música y las redes sociales. El problema no es idealizar; el problema es cuando esa idealización se vuelve el estándar con el que medimos nuestras relaciones reales.

La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada por Mary Ainsworth, explica que la forma en que nos vinculamos en la adultez está profundamente relacionada con nuestras experiencias tempranas de cuidado. Cuando estas experiencias fueron inconsistentes o inseguras, es más probable que en la adultez busquemos relaciones que reproduzcan intensidad, incertidumbre o miedo a la pérdida, confundiendo activación emocional con amor profundo.

En México, los datos reflejan que las relaciones no siempre son espacios seguros. De acuerdo con la ENDIREH 2021 del INEGI, el 70.1% de las mujeres de 15 años o más ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y una proporción significativa ocurre en el ámbito de pareja. Esto nos obliga a preguntarnos: ¿qué narrativa estamos normalizando sobre el amor?

Uno de los clichés más dañinos es la idea de que el amor salva. Esta creencia coloca sobre la pareja una responsabilidad imposible: sanar heridas pasadas, llenar vacíos identitarios y resolver inseguridades profundas. Pero el amor no salva; el amor acompaña. Y hay una diferencia crucial.

Cuando creemos que alguien debe “rescatar” nuestra historia emocional, delegamos nuestra responsabilidad personal. Desde la perspectiva de la teoría de la autodeterminación, el bienestar psicológico depende del equilibrio entre autonomía, competencia y vinculación. Una relación sana fortalece estas tres dimensiones; no sustituye una por otra. El amor que sana no anula la individualidad, la respeta.

También es importante comprender el papel de la neurobiología. Estudios sobre el amor romántico muestran que en las primeras etapas se activan circuitos dopaminérgicos relacionados con recompensa y motivación. Esta activación puede generar euforia, idealización y pensamientos obsesivos. Pero esa fase no es permanente ni sostenible. Confundir enamoramiento con amor consolidado lleva a frustración cuando la intensidad disminuye y aparecen las diferencias reales.

Aquí es donde muchos vínculos colapsan: cuando el ideal romántico choca con la cotidianidad. En lugar de interpretar ese momento como una evolución natural, se vive como una pérdida. Y entonces aparecen intentos desesperados por recuperar la intensidad inicial, a veces a través de dinámicas conflictivas que reactivan adrenalina y apego ansioso.

Quiero explicarte algo fundamental: el amor sano no se mide por la intensidad del drama, sino por la calidad del vínculo. Se construye en la comunicación honesta, en la regulación emocional compartida y en la capacidad de sostener diferencias sin descalificar al otro. Autores como Sue Johnson (2019), desde la Terapia Focalizada en las Emociones, han demostrado que las parejas que desarrollan seguridad emocional muestran menor reactividad, mayor estabilidad y mayor satisfacción relacional.

Borrar el cliché implica aceptar que el amor no sustituye procesos personales pendientes. Ninguna relación puede compensar traumas no trabajados, autoestima frágil o miedo profundo al abandono. Cuando intentamos usar la relación como anestesia emocional, terminamos sobrecargando al vínculo. Exigimos que el otro nos complete, cuando en realidad deberíamos pedir que nos acompañe, al tiempo que le acompañamos en su propio proceso.

Aquí la terapia psicológica juega un papel central. No porque la relación esté “rota”, sino porque puede convertirse en un espacio de comprensión profunda. En terapia individual, se exploran patrones de apego, creencias irracionales sobre el amor y estilos de comunicación aprendidos. En terapia de pareja, se trabaja la reconstrucción del vínculo desde la responsabilidad compartida, no desde la culpabilización.

Y es aquí también donde debemos considerar que el psicólogo no es un conciliador que va a funcionar como referí dentro de la relación, o que será el salvador que repare la relación, muchas veces acudir a terapia significa entender que debemos dar un paso atrás como pareja para trabajar aquello que como individuo nos está haciendo falta.

La evidencia muestra que intervenciones basadas en terapia cognitivo-conductual y terapia focalizada en emociones mejoran significativamente la satisfacción y estabilidad de pareja, sin embargo, más allá de la técnica, el proceso terapéutico ofrece algo esencial: conciencia.

Cuando comprendemos que amar no es fundirse ni salvar, sino acompañar, cambia la forma en que nos vinculamos. El amor que sana no promete ausencia de conflicto; ofrece seguridad para atravesarlo. No exige perfección; construye aceptación. No condiciona el valor personal; lo reafirma.

También implica desmontar la idea de sacrificio como prueba máxima de afecto. Amar no es renunciar a uno mismo para sostener al otro. Es encontrar un equilibrio donde ambos puedan crecer. El amor saludable no se basa en la frase “sin ti no soy nada”, sino en “contigo elijo compartir lo que soy”.

Entonces piensa esto: si una relación te exige dejar de ser tú para mantenerla, no es amor que sana. Si te genera miedo constante a perder al otro, no es estabilidad, es activación ansiosa. Si te hace sentir insuficiente, no está construyendo, está erosionando.

Más allá del romance idealizado existe un amor más profundo y realista. Un amor que no salva, pero acompaña. Que no rescata, pero sostiene. Que no promete felicidad eterna, pero sí crecimiento compartido. Porque el “vivieron felices por siempre” es solo una ilusión, porque simplemente el por siempre no existe y en la vida la felicidad no es constante, un amor sano existe en el concepto de “caminemos juntos, eligiendo estar uno con el otro, enfrentando cada una de las etapas que la vida tiene”

Porque el verdadero acto revolucionario no es encontrar a alguien que te complete, sino aprender a vincularte desde la integridad. Y cuando eso ocurre, el amor deja de ser un mito cinematográfico para convertirse en un espacio seguro donde dos personas, imperfectas pero conscientes, deciden caminar juntas.

El amor no es un salvavidas; es un puente. Y cruzarlo requiere madurez, responsabilidad emocional y, cuando es necesario, la valentía de pedir ayuda.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
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Textos de interes:

Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The “what” and “why” of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268.

Fisher, H. (2004). Why we love: The nature and chemistry of romantic love. Henry Holt.

INEGI. (2021). Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021.

Johnson, S. (2019). Abrázame fuerte (ed. en español). Editorial Urano.

Lebow, J., Chambers, A., Christensen, A., & Johnson, S. (2012). Research on the treatment of couple distress. Journal of Marital and Family Therapy, 38(1), 145–168.

Si le interesa profundizar en el tema puede leer:
Abrázame fuerte. Sue Johnson. Editorial Urano.

Si te interesa la relación entre apego positivo, emociones y vínculos afectivos, este libro es una lectura muy valorada tanto por profesionales como por público general, especialmente para quienes buscan comprender y mejorar su vida amorosa desde una perspectiva emocional profunda

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