Opinión
Legalización del cannabis en México: un paso para contener la guerra contra las drogas
Por: Dileri Olmedo
Los legisladores de México aprobaron el pasado 5 de marzo un proyecto de ley para legalizar la marihuana recreativa que podría convertirse en el mayor mercado de cannabis del mundo, la cámara baja del congreso mexicano aprobó sin mayores dificultades una iniciativa de ley dirigida a legalizar el uso recreativo del cannabis. La iniciativa fue enviada al Senado, donde también fue aprobada. La iniciativa mexicana no legaliza abiertamente el cannabis, sino que eleva la posesión personal máxima de dicha droga que es penalizada por la ley de 5 a 28 gramos. La posesión entre 29 y 200 gramos de cannabis es sancionada con una multa. Los mexicanos, al igual que los habitantes de Uruguay y Canadá, podrán utilizar el cannabis para fines recreativos, aunque de manera más limitada que en los referidos países.
La posesión que exceda este límite aún es sancionada con pena de prisión. La venta de cannabis todavía es considerada delito, de modo que los campesinos en los estados de Sinaloa, Chihuahua, Durango o Michoacán que obtienen exiguos ingresos mediante el cultivo del cannabis aún pueden acabar en la cárcel. A pesar de los límites de la iniciativa, la legalización de la marihuana es un hito simbólico de gran importancia para un país como México, actualmente inmerso en una cruenta guerra contra las drogas.
Un estudio comisionado en 2016 por el Senado mexicano reveló que los cárteles solían recibir ganancias anuales de entre 1 000 y 2 000 millones de dólares por la venta de cannabis en los Estados Unidos, lo que representaba entre 15% y 26% de los ingresos totales de dichas organizaciones criminales. Sin embargo, la importancia del cannabis en los ingresos de los cárteles ha disminuido drásticamente debido a su legalización en múltiples estados de EE. UU.
La criminalización del cannabis, empero, contribuye a la inflación descontrolada del sistema penitenciario mexicano. En 2018, 37 701 adultos y 3 072 adolescentes fueron acusados de “narcomenudeo”, es decir, de comercio de drogas ilícitas en pequeña escala. No obstante, la mayoría de quienes fueron indiciados por este delito (60% de los adultos y 94% de los adolescentes) no fue detenida por la venta de cannabis en sentido estricto, sino meramente por poseer entre 5 y 100 gramos de esta droga. Aún en términos de la legislación vigente, estas personas no debieron ser privadas de su libertad salvo en caso de que hubiesen cometido otros delitos, o se hubiesen comportado violentamente estando en posesión de la droga.
La iniciativa para la legalización del cannabis pone término a este tipo de detenciones. Sin embargo, como lo han manifestado las diputadas Laura Rojas y Lucía Riojas en sus críticas al proyecto, también contiene varias disposiciones que subvierten su propósito declarado de proteger tanto a los consumidores vulnerables como a los pequeños productores. La iniciativa, por ejemplo, autoriza a los particulares a cultivar cannabis para su propio consumo (hasta seis plantas por adulto, u ocho por domicilio). No obstante, quienes produzcan la droga deben obtener previamente un permiso de la Comisión Nacional contra las Adicciones. Riojas, señaló que esta regla perpetúa el estigma social existente sobre los consumidores de la droga.
La iniciativa legislativa también confiere a las autoridades poderes para acceder al domicilio de quienes produzcan cannabis sin requerir orden judicial para ello, con miras a comprobar el cumplimiento de la ley. Esto tiene un potencial efecto disuasorio en relación al registro de quienes actualmente cultivan la droga ilícitamente en sus viviendas, pues podrían preferir el sosiego que otorga la clandestinidad sobre eventuales inspecciones invasivas de su privacidad.
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Retomando lo anterior relatado podemos ver diversos aspectos, primeramente que los expertos temen que las corporaciones extranjeras sean los principales beneficiarios en lugar de los consumidores o los agricultores que forman el peldaño más bajo de la cadena de la droga.
Y por otro punto también existe la preocupación de que la legalización corre el riesgo de una reacción violenta de los cárteles de la droga que controlan el lucrativo comercio ilegal. En 2020, las autoridades mexicanas incautaron 244 toneladas de marihuana. Por su parte, algunos activistas a favor de la legalización dicen que el proyecto de ley se ha diluido, por ejemplo, al eliminar los planes para una nueva agencia dedicada a supervisar el mercado.
“Van a hacer que la ley sea inoperante”, dijo Lisa Sánchez, directora de México Unido contra el Crimen, un grupo que apoya la despenalización. A los activistas también les preocupa que las multas y la amenaza de prisión sigan vigentes por posesión de más de una onza. “La producción y venta serán legales, pero la posesión seguirá estando sujeta a la amenaza de acción policial, multas y posibles arrestos”, dijo Sánchez.
“No resuelve uno de los principales problemas en México: el mal uso de los recursos de seguridad y justicia”, agregó. Sánchez dijo que México tiene una gran capacidad de producción porque “la marihuana crece en condiciones naturales” sin los costos de energía requeridos en Canadá y otros lugares.
¿Qué beneficios puede traer a la sociedad mexicana el legalizar el uso lúdico del cannabis?
Los defensores de la legalización de la marihuana sostienen que el proyecto de ley tiene un alcance demasiado limitado, aunque represente un avance simbólico en el esfuerzo por poner fin a una guerra contra las drogas que ha costado más de 150.000 vidas. Con más de 120 millones de personas, México representaría el mayor mercado de marihuana del mundo por población. El cultivo podría convertirse en un gran negocio en México, un potencial impulso financiero para una economía muy golpeada por la crisis del coronavirus.
Dado lo anterior podemos concluir que a lo largo de los últimos 15 años, 150 000 personas (cifra que asciende a aproximadamente la mitad de los homicidios en México durante dicho periodo) han perdido la vida a consecuencia de la guerra contra las drogas. Otras 73 000 personas han desaparecido a resultas del conflicto. Esta historia sangrienta es la principal motivación para la legalización del cannabis en México.
A final de cuentas, se trata de un paso pequeño, pero significativo, en la contención de la guerra contra las drogas. La medida para permitir que las personas lleven hasta una onza (28 gramos) de cannabis y cultivar hasta ocho plantas en casa para consumo personal crearía lo que se ha descrito como ‘el mercado legal más grande del mundo’ en un país de 126 millones de personas. Los legisladores que apoyaron el proyecto de ley dijeron que “contribuiría a lograr la paz” tras la muerte de más de 300.000 personas en una sangrienta guerra con los cárteles.
Los partidarios esperan que la creación de un mercado legal y regulado prive a los cárteles de su mercado y ayude a sacar de las cárceles vacías a los pequeños consumidores de marihuana.
La despenalización de la mariguana es un paso arriesgado, pero por lo pronto eliminará toda la delincuencia criminal asociada al narcotráfico, que está causando verdaderos estragos”, Mario Vargas Llosa.
EN LA OPINIÓN DE:
Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad
Conciencia Saludablemente
La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.
Por: Pisc. Alex Barrera
Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.
Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.
Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.
La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.
La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.
Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.
Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.
A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.
La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.
Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.
A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.
Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.
No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.
En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.
El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.
Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.
También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.
La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.
Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian
Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol Alex Barrera**
En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.
Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.
Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.
Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.
Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.
Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.
Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.
Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.
La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.
Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.
En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.
También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.
Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.
En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.
****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
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