Opinión
¡LAS MANCHAS, MANCHAS SON!
Fila taxista
Sin miedo a la ley
Trío de tres
Joda, digo coda…
Cierre del sindicato de taxistas, trajes guangos, tolerancia a la torpeza y seudo líderes adelantados
Para JAML, mi profesor por más de cuatro décadas
Por Héctor Cobá
¿Peralta cerrará, en el inicio de 2021, las puertas del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”?
¿Podrá ser candidato a gobernador de Yucatán: Rogerio Castro Vázquez?
Tras la guerra sucia contra Layda Sansores seguirá en el puesto Lezama
Enorme, enorme le quedó el puesto al representante de la Dirección General del Infonavit en Campeche Rafael Felipe Lezama Minaya. Lo que evidencia una extraña relación entre el secretario general y jurídico del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) en México Rogerio Castro Vázquez con el primero.
Máxime cuando el segundo trae una cauda de conflictivo desde la secundaria y preparatoria de 2016 en adelante su fama de hacedor de disturbios ha crecido: hostigador, extorsionador, golpeador de mujeres y secuestrador. Todavía no rebasa las cuatro décadas de edad y ya es ave de…, qué ave, es una parvada de mal agüero.
Este talante, a la larga, afectará, sin duda, el futuro político de Rogerio Castro Vázquez, exdiputado federal por el partido Morena, responsable de las telesecundarias de Yucatán. Si es que busca ser regidor, presidente municipal, diputado local, intenta de nuevo ser senador de la república o busca ser gobernador de su estado.
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La prensa local de Campeche registra que el Infonavit tiene entre sus filas, un empleado que es un golpeador, y su jefe (Castro-jurídico) no tiene reparo alguno en tener un colaborador de ese tipo, contrario a la defensa de las mujeres. Aunque “su delegado” nacido de las filas del Partido Acción Nacional (PAN), brincó al exPartido Encuentro Social y hoy es totalmente ““moreno””, vende el garlito que es todo lo contrario.
No hay que olvidarlo, la cruel realidad se impone. En 2015, es candidato del exPartido Encuentro Social (PES) a la alcaldía de Campeche, donde su bandera era que “los ciudadanos están hartos de alcaldes deshonestos”, sin lograrlo. 2017, siendo síndico del Ayuntamiento se peleó con un agente de vialidad de la Secretaría de Seguridad Pública de Campeche porque se pasó un alto, no lo aceptó y le retuvieron el auto… Síndico se llevó a su hija y no la ha devuelto, tituló un periódico. “Uno de los precursores de la honestidad en el cabildo municipal, podría ser acusado de privación de la libertad de una menor -su primogénita- al separarla de su madre” (24 de julio de 2017). Fallido candidato a diputado local por el VII distrito electoral de mayoría relativa, por Tenabo, del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). El cierre de este año de la pandemia está en el cotidiano Crónica de Campeche, del 31 de enero de 2020. Acusado Rafael Felipe Lezama Minaya por acoso laboral, violencia de género e incapacidad por Claudia Valladares Guzmán tras laborar ella 12 años en el Infonavit-Campeche. Remate: Noticia nacional. Lezama instrumentó una campaña sucia en contra de Layda Sansores, tiempos más, tiempos menos, similar al Borolas Felipe Calderón Hinojosa, ambos de origen albiazul-panista. A pesar de que se subió al tren del triunfo de Morena, incluso así es acusado de instrumentar guerra sucia contra Layda Sansores, probable candidato a gobernador del estado de Campeche por Morena…
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A sus 36 años Rafael Felipe carga sobre sus espaldas acusaciones de “secuestrador”, “acosador”, “golpeador”, “violento”, “guerrero sucio” y “hostigador” hasta que se demuestre lo contrario. Cuya inexplicable y oscura contratación resulta contraria a los servidores públicos que se esfuerzan en el servicio civil de carrera o como se le llame ahora, escalafón, u lo que sea, bla bla bla…
Su negativo currículum mancha de negro oscuro tirando a la oscuridad hasta el más inocente político que esté muy cerca de él.
¡Las manchas, manchas son!
En 2015, Rogerio Castro Vázquez, inició como diputado plurinominal por Yucatán en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión; ahí fue de 2015 a 2017, encargado de la presidencia de la Comisión de Transparencia y anticorrupción de la Cámara de Diputados.
Éste también investigó y defendió causas afines a la de cientos de trabajadores explotados y defraudados por Oceanografía y el Sistema de Administración de Bienes (SAE) durante el tiempo que la empresa estuvo asegurada por la desaparecida Procuraduría General de la República (PGR)
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Asimismo, fue secretario de la Comisión de Ganadería de la Cámara de Diputados, y fue parte de las comisiones de Régimen, Reglamento y Prácticas Parlamentarias, así como de la comisión encargada de estudiar, analizar, evaluar y supervisar el funcionamiento de aduanas, puertos y aeropuertos nacionales. Cerca de los malos-malos.
Ya en 2017 Andrés Manuel López Obrador lo hace dirigente nacional de Morena, al nombrarlo coordinador de Organización en Morena Yucatán.
Antes que Castro Vázquez sea diputado federal se desempeñaba como docente, debido a que él es egresado de la Escuela Normal Rural Superior de Yucatán “Antonio Betancourt Pérez”, de la que egresó con el grado de profesor normalista
Una década antes, fue profesor de Educación Básica, docente de escuela secundaria Rafael Matos Escobedo, en Oxcutzcab, Yucatán y maestro de la escuela secundaria nocturna en Peto, Yucatán.
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Enorme discordancia se ve, entre lo jurídico y lo educativo. Tal vez ahí reside el mal. Aguantar a Lezama Minaya, a pesar de sus exabruptos en menos de 10 años como remedo de administrador público desde su inicio hacia su cercano fin.
Ahora Rogerio Castro Vázquez quiere ser el candidato a gobernador de Yucatán por Morena; sin embargo, su protegido no abona a su intención. Parece se le olvidó plantear justicia e igualdad contra la corrupción.
Para los dos. A uno por bisoño, y el otro por bisoño. Hermanos del desconocimiento del contenido de la palabra análisis como parte de su quehacer cotidiano, político y administrativo. Sin mencionar su necesario desconocimiento de los pasos del proceso administrativo. Creen que el producto de la lengua es todo en política.
Fila taxista
Alejandro Peralta como contador se confunde tan solo con las vocales, Quiere la elección del nuevo dirigente del Sindicato de choferes, taxistas y similares del Caribe “Andrés Quintana Roo”, conocido popular como Sindicato de Taxistas de Cancún, a la voz de ya, desobedeciendo los lineamientos de las autoridades estatales del Trabajo, acerca de la prórroga de los comités ejecutivos sindicales en el estado, que permanezcan en el cargo hasta alcanzar el semáforo verde en Quintana Roo y se reduzca el porcentaje de riesgo de contagio del COVID19 (coronavirus). Disposición también instrumentada por las autoridades de la federal Secretaría del Trabajo.
Se le olvida que más del 40 por ciento de socios concesionarios o votantes, son más de 8 mil 500, mayores de 50 años, población de riesgo de contagiarse fácilmente del coronavirus…
Se le olvida que para una reunión de ese tipo tiene que autorizarla la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) en la nueva normalidad, si el gobierno estatal marca como límite 10 personas en una reunión, qué se cree este aspirante, que así dejara atrás a Heriberto Núñez y a Álvaro Rosado.
De pilón amenaza que si no hay dirigente electo a partir de enero él se verá obligado a cerrar las puertas del Sindicato “Andrés Quintana Roo”.
Su mala, pésima lectura de la realidad, parte de una reunión en Chetumal con el secretario de Gobierno del Estado Arturo Contreras, el que según Peralta ve su disposición para recomendar se lleve a buen término estas elecciones, él no ve ningún problema.
¿Será qué uno se pasa de crédulo y el otro de expresivo, adivine usted quién es quién?
(Peralta) también considera hay total acuerdo entre Heriberto Núñez, Álvaro Rosado y Alejandro Peralta de concretar las elecciones antes que finalice diciembre. Lo que disgustó al aspirante a dirigir el sindicato taxista es una frase de Erasmo Abelar: “quien no lo entendió”, al secretario de Gobierno del Estado, “es porque así le conviene”.
A lo que el acelerado respondió, “Erasmo Abelar, es responsable de 20 mil familias taxistas del Sindicato. Queremos marcar una postura firme, de no llegar a un acuerdo, este tema es muy serio, si el 1 de enero (de 2021), de no tener representación sindical, nos veremos obligados a cerrar las puertas de nuestro sindicato”.
Sin miedo a la ley
Los quintanarroenses, al menos de Cancún, unos no le tienen miedo al decreto sobre que es un delito no portar cubrebocas. Cientos caminan sin él en la ciudad cancunenses. Hecho que demuestra el enorme miedo que le tienen al señor Carlos Manuel Joaquín González con todo y su Decreto gubernamental.
Camiones y camionetas combi con gente parada sin respetar la sana distancia, la distancia social, algunos viajeros sin cubrebocas, otro(a)s viajan junto al conducto -algo prohibido-. Así no quieren el descenso al semáforo naranja contrario al amarillo, en el que los quintanarroenses se alejan drásticamente del semáforo verde.
Trío de tres
Una ladilla en el asterisco. Ni al secretario general y jurídico del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) en México Rogerio Castro Vázquez. Ni a al Alejandro Peralta, aspirante a dirigir los destinos del Sindicato de choferes, taxistas y similares del Caribe “Andrés Quintana Roo”. Mucho menos al representante de la Dirección General del Infonavit en Campeche Rafael Felipe Lezama Minaya, les pasa por la cabeza o le son familiares distinguir y separar las partes de un todo, o algo, para conocer su composición. Sin acercamiento, de manera individual o en conjunto de un estudio detallado de algo, en especial de una obra o de un escrito. ¡Que jodidos están!
Joda, digo coda…
Estas líneas que acaban de leer no son broma, Ojo: ¡no son broma! Son la puritita realidad en tres entidades eternamente hermanadas: Campeche, Quintana Roo y Yucatán.
Contracto: Twitter: @HctorCob y Facebook: Héctor Cobá
EN LA OPINIÓN DE:
Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación
La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol.Alex Barrera**
En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.
En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.
Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.
La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”
Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.
Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.
Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.
La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.
Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.
Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.
En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
¿Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar? Intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
La cuesta de enero: finanzas, consumo y estrés emocional
El peso psicológico del dinero: enero, cobra la factura de diciembre con estrés emocional
Conciencia Saludablemente
Psicol. Alex Barrera**
Enero suele llegar con una resaca silenciosa. No sólo termina el periodo festivo; también aparecen los estados de cuenta, las deudas acumuladas y una sensación difusa de preocupación que muchos describen como “nervios”, pero que en realidad es ansiedad financiera.
Como profesional de la salud mental, he visto cómo este mes concentra un malestar particular: el cuerpo vuelve a la rutina, pero la mente queda atrapada entre obligaciones económicas y una percepción de escasez que no siempre se nombra, pero se siente.
El estrés financiero se define como la respuesta emocional y cognitiva ante la percepción de no contar con recursos suficientes para cubrir las demandas económicas actuales o futuras. No se trata solo de falta real de dinero, sino de la interpretación que hacemos de nuestra situación financiera. Esta percepción activa en el cerebro los mismos circuitos que otras amenazas: el sistema de alerta se enciende, aumenta el cortisol y se reduce la capacidad para planear, concentrarse y tomar decisiones con calma.
Diversos estudios han documentado que los problemas económicos se asocian de forma consistente con síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad e insomnio. Una revisión publicada en The Lancet Psychiatry señala que la inseguridad financiera incrementa significativamente el riesgo de trastorno mentales comunes, incluso en personas sin antecedentes previos. En enero, este fenómeno se intensifica porque coincide con pagos diferidos, créditos adquiridos en diciembre y el regreso a exigencias laborales y familiares. Que en contraste con el descanso que se tuvo por las fiestas, resulta especialmente avasallador debido al súbito cambio.
Desde la neurociencia, el fenómeno es comprensible. La preocupación constante por el dinero mantiene al cerebro en un estado de hipervigilancia. Investigaciones en psicología cognitiva muestran que la escasez —real o percibida— consume recursos mentales, reduciendo la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva (Mullainathan & Shafir, 2013). En otras palabras, cuando la mente está ocupada “sobreviviendo”, le queda poco espacio para pensar con claridad, lo que a su vez puede llevar a decisiones financieras impulsivas que perpetúan el problema.
Este círculo vicioso tiene un impacto emocional profundo. Las personas suelen experimentar culpa por “no haber previsto”, vergüenza por endeudarse o miedo constante al futuro. Estos afectos no son triviales: la evidencia sugiere que la vergüenza financiera se asocia con evitación, aislamiento social y menor búsqueda de ayuda, tanto económica como psicológica. Así, el estrés financiero no solo afecta al individuo, sino que deteriora relaciones familiares, dinámicas de pareja y el clima emocional del hogar.
Enero también pone en evidencia una narrativa cultural dañina: la idea de que los problemas económicos son exclusivamente resultado de fallas personales. Desde la psicología social sabemos que esta creencia incrementa el malestar, porque internaliza un problema estructural y lo convierte en una identidad: “soy irresponsable”, “no sirvo para administrar”. Estudios sobre estigmatización económica muestran que esta autoatribución negativa se asocia con mayores niveles de depresión y menor autoestima .
No es casual que el estrés financiero esté relacionado con conductas de riesgo para la salud. Investigaciones han encontrado asociaciones entre presión económica y aumento en consumo de alcohol, trastornos del sueño y síntomas psicosomáticos. El cuerpo, una vez más, expresa lo que la mente intenta contener.
Cuando los pensamientos negativos constantes invaden nuestra vida es imposible no caer en conductas poco favorables ya que disminuye la serotonina por lo que el cerebro busca una compensación, además dejamos de dormir por ejemplo lo cual nubla nuestra claridad y nos deja a la deriva para adoptar comportamientos que no parecen alineados a las dificultades, por ejemplo, comer de más, realizar compras innecesarias, episodios de ansiedad o psicóticos, así como cuadros de estrés crónico. Físicamente pueden presentarse, dolores de cabeza, migrañas, dolores de espalda entre otros.
En algunos casos incluso hay una mayor irritabilidad por lo que algunas personas se tornan especialmente violentas o suelen tener mal humor, lo cual afecta sus relaciones personales, o provoca situaciones que empeoran la situación como la pérdida del empleo o el aislamiento social.
Frente a este panorama, es importante decir algo con claridad: sentirse ansioso en enero es una respuesta humana ante la incertidumbre. Sin embargo, cuando esta ansiedad se vuelve constante, paralizante o empieza a interferir con la vida diaria, es una señal de que necesita atención. La psicología ofrece herramientas para intervenir en este punto crítico.
La terapia psicológica ayuda, en primer lugar, a diferenciar entre el problema real y la catástrofe anticipada. A través de enfoques como la terapia cognitivo-conductual, se trabaja la identificación de pensamientos automáticos asociados al dinero: “nunca saldré de esto”, “todo va a empeorar”, y se desarrollan estrategias para regular la ansiedad y recuperar una sensación de control . Además, el espacio terapéutico permite abordar emociones como la culpa y la vergüenza, que suelen ser el núcleo más doloroso del estrés financiero.
En muchos casos el acompañamiento profesional reduce significativamente los síntomas de ansiedad y depresión asociados a problemas económicos, incluso cuando la situación financiera objetiva no cambia de inmediato, mejorar la salud mental no requiere primero “arreglar” el dinero; muchas veces, es al revés
Enero, entonces, puede convertirse en algo más que un mes difícil. Puede ser un punto de inflexión para revisar la relación que tenemos con el dinero y con nosotros mismos. Entender que el estrés financiero es un fenómeno psicológico y social, no un fracaso individual, abre la puerta al autocuidado y a la búsqueda de ayuda. Porque cuidar la salud mental también es una forma de ordenar la vida económica: con mayor claridad, menos miedo y decisiones más conscientes.
Documentos de interés:
Frasquilho, D., Matos, M. G., Salonna, F., Guerreiro, D., Storti, C. C., Gaspar, T., & Caldas-de-Almeida, J. M. (2016). Mental health outcomes in times of economic recession: A systematic literature review. The Lancet Psychiatry, 3(7), 666–676. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(16)30059-1
Fitch, C., Hamilton, S., Bassett, P., & Davey, R. (2011). The relationship between personal debt and mental health: A systematic review. Mental Health Review Journal, 16(4), 153–166. https://doi.org/10.1108/13619321111202313
Hofmann, S. G., Asnaani, A., Vonk, I. J., Sawyer, A. T., & Fang, A. (2012). The efficacy of cognitive behavioral therapy: A review of meta-analyses. Cognitive Therapy and Research, 36(5), 427–440. https://doi.org/10.1007/s10608-012-9476-1
Mullainathan, S., & Shafir, E. (2013). Scarcity: Why having too little means so much. Times Books.
Richardson, T., Elliott, P., & Roberts, R. (2013). The relationship between personal unsecured debt and mental and physical health: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 33(8), 1148–1162. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2013.08.009
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte directamente por:
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate ahttps://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
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