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Opinión

¡LAS MANCHAS, MANCHAS SON!

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Fila taxista

Sin miedo a la ley

Trío de tres

Joda, digo coda… 

Cierre del sindicato de taxistas, trajes guangos, tolerancia a la torpeza y seudo líderes adelantados

 

Para JAML, mi profesor por más de cuatro décadas

 

Por Héctor Cobá

 ¿Peralta cerrará, en el inicio de 2021, las puertas del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”?

¿Podrá ser candidato a gobernador de Yucatán: Rogerio Castro Vázquez?

Tras la guerra sucia contra Layda Sansores seguirá en el puesto Lezama

 

Enorme, enorme le quedó el puesto al representante de la Dirección General del Infonavit en Campeche Rafael Felipe Lezama Minaya. Lo que evidencia una extraña relación entre el secretario general y jurídico del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) en México Rogerio Castro Vázquez con el primero.

Máxime cuando el segundo trae una cauda de conflictivo desde la secundaria y preparatoria­ de 2016 en adelante su fama de hacedor de disturbios ha crecido: hostigador, extorsionador, golpeador de mujeres y secuestrador. Todavía no rebasa las cuatro décadas de edad y ya es ave de…, qué ave, es una parvada de mal agüero.

Este talante, a la larga, afectará, sin duda, el futuro político de Rogerio Castro Vázquez, exdiputado federal por el partido Morena, responsable de las telesecundarias de Yucatán. Si es que busca ser regidor, presidente municipal, diputado local, intenta de nuevo ser senador de la república o busca ser gobernador de su estado.

La prensa local de Campeche registra que el Infonavit tiene entre sus filas, un empleado que es un golpeador, y su jefe (Castro-jurídico) no tiene reparo alguno en tener un colaborador de ese tipo, contrario a la defensa de las mujeres. Aunque “su delegado” nacido de las filas del Partido Acción Nacional (PAN), brincó al exPartido Encuentro Social y hoy es totalmente ““moreno””, vende el garlito que es todo lo contrario.

No hay que olvidarlo, la cruel realidad se impone. En 2015, es candidato del exPartido Encuentro Social (PES) a la alcaldía de Campeche, donde su bandera era que “los ciudadanos están hartos de alcaldes deshonestos”, sin lograrlo. 2017, siendo síndico del Ayuntamiento se peleó con un agente de vialidad de la Secretaría de Seguridad Pública de Campeche porque se pasó un alto, no lo aceptó y le retuvieron el auto… Síndico se llevó a su hija y no la ha devuelto, tituló un periódico. “Uno de los precursores de la honestidad en el cabildo municipal, podría ser acusado de privación de la libertad de una menor -su primogénita- al separarla de su madre” (24 de julio de 2017). Fallido candidato a diputado local por el VII distrito electoral de mayoría relativa, por Tenabo, del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). El cierre de este año de la pandemia está en el cotidiano Crónica de Campeche, del 31 de enero de 2020. Acusado Rafael Felipe Lezama Minaya por acoso laboral, violencia de género e incapacidad por Claudia Valladares Guzmán tras laborar ella 12 años en el Infonavit-Campeche. Remate: Noticia nacional. Lezama instrumentó una campaña sucia en contra de Layda Sansores, tiempos más, tiempos menos, similar al Borolas Felipe Calderón Hinojosa, ambos de origen albiazul-panista. A pesar de que se subió al tren del triunfo de Morena, incluso así es acusado de instrumentar guerra sucia contra Layda Sansores, probable candidato a gobernador del estado de Campeche por Morena…

A sus 36 años Rafael Felipe carga sobre sus espaldas acusaciones de “secuestrador”, “acosador”, “golpeador”, “violento”, “guerrero sucio” y “hostigador” hasta que se demuestre lo contrario. Cuya inexplicable y oscura contratación resulta contraria a los servidores públicos que se esfuerzan en el servicio civil de carrera o como se le llame ahora, escalafón, u lo que sea, bla bla bla…

Su negativo currículum mancha de negro oscuro tirando a la oscuridad hasta el más inocente político que esté muy cerca de él.

¡Las manchas, manchas son!

En 2015, Rogerio Castro Vázquez, inició como diputado plurinominal por Yucatán en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión; ahí fue de 2015 a 2017, encargado de la presidencia de la Comisión de Transparencia y anticorrupción de la Cámara de Diputados.

Éste también investigó y defendió causas afines a la de cientos de trabajadores explotados y defraudados por Oceanografía y el Sistema de Administración de Bienes (SAE) durante el tiempo que la empresa estuvo asegurada por la desaparecida Procuraduría General de la República (PGR)

 

Asimismo, fue secretario de la Comisión de Ganadería de la Cámara de Diputados, y fue parte de las comisiones de Régimen, Reglamento y Prácticas Parlamentarias, así como de la comisión encargada de estudiar, analizar, evaluar y supervisar el funcionamiento de aduanas, puertos y aeropuertos nacionales. Cerca de los malos-malos.

Ya en 2017 Andrés Manuel López Obrador lo hace dirigente nacional de Morena, al nombrarlo coordinador de Organización en Morena Yucatán.

Antes que Castro Vázquez sea diputado federal se desempeñaba como docente, debido a que él es egresado de la Escuela Normal Rural Superior de Yucatán “Antonio Betancourt Pérez”, de la que egresó con el grado de profesor normalista

Una década antes, fue profesor de Educación Básica, docente de escuela secundaria Rafael Matos Escobedo, en Oxcutzcab, Yucatán y maestro de la escuela secundaria nocturna en Peto, Yucatán.

Enorme discordancia se ve, entre lo jurídico y lo educativo. Tal vez ahí reside el mal. Aguantar a Lezama Minaya, a pesar de sus exabruptos en menos de 10 años como remedo de administrador público desde su inicio hacia su cercano fin.

Ahora Rogerio Castro Vázquez quiere ser el candidato a gobernador de Yucatán por Morena; sin embargo, su protegido no abona a su intención. Parece se le olvidó plantear justicia e igualdad contra la corrupción.

Para los dos. A uno por bisoño, y el otro por bisoño. Hermanos del desconocimiento del contenido de la palabra análisis como parte de su quehacer cotidiano, político y administrativo. Sin mencionar su necesario desconocimiento de los pasos del proceso administrativo. Creen que el producto de la lengua es todo en política.

Fila taxista

Alejandro Peralta como contador se confunde tan solo con las vocales, Quiere la elección del nuevo dirigente del Sindicato de choferes, taxistas y similares del Caribe “Andrés Quintana Roo”, conocido popular como Sindicato de Taxistas de Cancún, a la voz de ya, desobedeciendo los lineamientos de las autoridades estatales del Trabajo, acerca de la prórroga de los comités ejecutivos sindicales en el estado, que permanezcan en el cargo hasta alcanzar el semáforo verde en Quintana Roo y se reduzca el porcentaje de riesgo de contagio del COVID19 (coronavirus). Disposición también instrumentada por las autoridades de la federal Secretaría del Trabajo.

Se le olvida que más del 40 por ciento de socios concesionarios o votantes, son más de 8 mil 500, mayores de 50 años, población de riesgo de contagiarse fácilmente del coronavirus…

Se le olvida que para una reunión de ese tipo tiene que autorizarla la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) en la nueva normalidad, si el gobierno estatal marca como límite 10 personas en una reunión, qué se cree este aspirante, que así dejara atrás a Heriberto Núñez y a Álvaro Rosado.

De pilón amenaza que si no hay dirigente electo a partir de enero él se verá obligado a cerrar las puertas del Sindicato “Andrés Quintana Roo”.

Su mala, pésima lectura de la realidad, parte de una reunión en Chetumal con el secretario de Gobierno del Estado Arturo Contreras, el que según Peralta ve su disposición para recomendar se lleve a buen término estas elecciones, él no ve ningún problema.

¿Será qué uno se pasa de crédulo y el otro de expresivo, adivine usted quién es quién?

(Peralta) también considera hay total acuerdo entre Heriberto Núñez, Álvaro Rosado y Alejandro Peralta de concretar las elecciones antes que finalice diciembre. Lo que disgustó al aspirante a dirigir el sindicato taxista es una frase de Erasmo Abelar: “quien no lo entendió”, al secretario de Gobierno del Estado, “es porque así le conviene”.

A lo que el acelerado respondió, “Erasmo Abelar, es responsable de 20 mil familias taxistas del Sindicato. Queremos marcar una postura firme, de no llegar a un acuerdo, este tema es muy serio, si el 1 de enero (de 2021), de no tener representación sindical, nos veremos obligados a cerrar las puertas de nuestro sindicato”.

Sin miedo a la ley

Los quintanarroenses, al menos de Cancún, unos no le tienen miedo al decreto sobre que es un delito no portar cubrebocas. Cientos caminan sin él en la ciudad cancunenses. Hecho que demuestra el enorme miedo que le tienen al señor Carlos Manuel Joaquín González con todo y su Decreto gubernamental.

Camiones y camionetas combi con gente parada sin respetar la sana distancia, la distancia social, algunos viajeros sin cubrebocas, otro(a)s viajan junto al conducto -algo prohibido-. Así no quieren el descenso al semáforo naranja contrario al amarillo, en el que los quintanarroenses se alejan drásticamente del semáforo verde.

Trío de tres

Una ladilla en el asterisco. Ni al secretario general y jurídico del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) en México Rogerio Castro Vázquez. Ni a al Alejandro Peralta, aspirante a dirigir los destinos del Sindicato de choferes, taxistas y similares del Caribe “Andrés Quintana Roo”. Mucho menos al representante de la Dirección General del Infonavit en Campeche Rafael Felipe Lezama Minaya, les pasa por la cabeza o le son familiares distinguir y separar las partes de un todo, o algo, para conocer su composición. Sin acercamiento, de manera individual o en conjunto de un estudio detallado de algo, en especial de una obra o de un escrito. ¡Que jodidos están!

Joda, digo coda…

Estas líneas que acaban de leer no son broma, Ojo: ¡no son broma! Son la puritita realidad en tres entidades eternamente hermanadas: Campeche, Quintana Roo y Yucatán.

Contracto: Twitter: @HctorCob y Facebook: Héctor Cobá

hectorcobacc@gmail.com

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Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad

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Conciencia Saludablemente

La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.

Por: Pisc. Alex Barrera

Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.

Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.

Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.

La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.

La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.

Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.

Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.

A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.

La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.

Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.

A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.

Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.

No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.

En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.

El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.

Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.

También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.

La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.

Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

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Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian

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Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol Alex Barrera**

En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.

Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.

Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.

Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.

Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.

Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.

Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.

Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.

La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.

Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.

En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.

También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.

Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.

En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.

****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

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