Opinión
EDUCACIÓN, EL OTRO SECTOR EN CRISIS
Dietario político
Por Juan Manuel Herrera
Este viernes 15 de mayo celebramos en México el Día del Maestro en plena fase tres de la pandemia del Covid-19 que ha puesto en jaque al sector de salud mexicano, pero que también evidenció carencias pedagógicas y tecnológicas que el magisterio arrastra desde el pasado siglo.
Para nadie es un secreto que la actual pandemia que llegó para quedarse, como advierte expertos de la Organización Mundial de la Salud, evidenció desigualdades que aquejan a la sociedad mexicana, y de las que Campeche no está exento. Son carencias producto de años de corrupción y recientes recortes presupuestales, y que implican grandes retos.
La educación tradicionalmente descansaba en un sistema de enseñanza presencial que reflejaba la enorme desigualdad de la población en acceso a la tecnología, y que nos hace recordar promesas electorales recientes, como el que todos tengan internet gratuito.
Nuestro país implementó buscando contener el contagio del Covid-19 el acuerdo mediante el cual se suspendieron las clases del periodo comprendido del 23 de marzo al 17 de abril de 2020 en las escuelas de educación preescolar, primaria, secundaria, normal y demás para la formación de maestros de educación básica del Sistema Educativo Nacional (SEN), así como aquellas de los tipos medio superior y superior dependientes de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Todos los niveles de enseñanza participarían en el “aislamiento voluntario preventivo, en sus hogares”, y a este acuerdo le siguió unos más que han ido extendiendo el periodo de suspensión hasta el 30 de mayo 2020. En las vísperas del Día del Maestro el gobernador Carlos Miguel Aysa González confirmó que no habrá retorno a clases el primero de junio por determinación del Comité Estatal de Seguridad en Salud que determinará el momento idóneo.
Ello como parte de las directrices del Consejo de Salubridad General, que la Constitución marca como “máxima autoridad” en una emergencia sanitaria. Nos encontramos en pleno pico de contagio, en la fase crítica de muertes y atención al Covid,, y en que de acuerdo al Programa de regreso a la llamada “Nueva Normalidad”, algunas entidades y municipios, los menos, empezarán a retornar a sus actividades de forma gradual y conforme a cuatro colores en que Campeche se ubica en rojo o crítico ascendente.
Niñas, niños y jóvenes, así como docentes y administrativos seguirán sin asistir a guarderías, escuelas y universidades, para no contraer y propagar la enfermedad, y como medida eficiente a fin de reducir en extremo la movilidad. Datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) esta medida provocó que más de 30 millones de alumnos de nivel básico, medio superior y superior, suspendieran las clases resguardándose en sus hogares, e involucró que a alrededor de 1.5 millones de profesores y trabajadores administrativos y de apoyo, tan sólo del sistema de educación básica, que va del nivel inicial a secundaria dejaran de trasladarse, y dar clases virtuales, en las que paradójicamente al menos un 30 por ciento del alumnado carece de acceso a tecnologías.
Saetillas…
En tiempos de cuarentena, sana distancia y aislamiento social, una de las herramientas para mantener a flote el Sistema Educativo Nacional (SEN), de acuerdo con la SEP, sería la educación digital o a distancia, pero muchos alumnos y docentes carecían de equipos y conocimientos digitales. La gran brecha digital existente ahora también será de aprendizaje, exclusión educativa y desigualdad social creciente…La situación se torna crítica porque a la par de problemas sanitarios y educativos hay un galopante desempleo, que en abril de acuerdo al Inegi, refleja 555 mil empleos menos…La cereza la dio el Coneval al revelar que hay siete millones nuevos de pobres…En el nuevo ciclo escolar 2020-2021 –con elecciones intermedias y relevo gubernamental en Campeche, deben implementarse estrategias de enseñanza práctica y remediar aprendizajes perdidos en el ciclo atípico e integrar conocimientos básicos necesarios que se tenían como objetivo en el semestre perdido de acuerdo al grado o nivel escolar, que en teoría y atropelladamente, finalizará; lo más importante será cuidar la salud emocional y mental de los estudiantes, a través de estrategias que ayuden a comprender mejor lo que hemos vivido como sociedad y que estaremos viviendo en los próximos meses y años por el “alto” en nuestras vidas…Expertos coinciden en que la salud es lo primero, y eso es indiscutible, pero el sector educativo deberá ser tomado en cuenta al igual que la salud emocional y mental de estudiantes y maestros, tenemos cuidar del futuro de México; las estrategias y planes buscando mejorar la enseñanza vendrán después…Aunque las carencias del sector salud son las de primera urgencia, tendrán que retomarse planteamientos de docentes que desde el sexenio pasado pugnaba por una verdadera reforma educativa y que no quedara en mera restructuración laboral sino de planes, contenidos y equipos…De acuerdo al informe “Los docentes en México” del Senado de la República de hace un lustro, desde el triunfo de la Revolución mexicana es patente el esfuerzo del Estado en formar y contratar una gran cantidad de docentes con el fin de universalizar la educación primaria y, posteriormente, los otros niveles educativos obligatorios. Se advertía que a fin de garantizar el derecho a la educación de todos los niños y jóvenes, el Servicio Educativo Nacional debería asegurar a maestros y alumnos la existencia de escuelas bien equipadas y un acompañamiento constante. Esto es especialmente necesario a los docentes de preescolar y primaria de los servicios comunitario e indígena, así como para los de telesecundarias y secundarias comunitarias que atienden a poblaciones que habitan en localidades rurales, generalmente en regiones de alta y muy alta marginación…Además se anticipaba que la cantidad de docentes de educación básica que se calcula estará en condiciones de solicitar su pensión en el mediano plazo, sobrepasaría la que arrojan los actuales flujos de egresados normalistas. “Esto debiese alertar a las autoridades educativas para estimar con mayor precisión el número de profesores que requiere formar el país en los próximos años”, aunque el Covid evidenció que poco o nada se avanzó y que muchos maestros siguen jubilándose anticipadamente ahora para no contagiarse… La 4T está siendo obligada a cumplir con sus postulados de no robar, no mentir y no traicionar, por lo que varios representantes delegacionales, como el Infonavit, tendrán que ser obligados a rendir cuentas ante quejas de usuarios, empresarios y burócratas por irregularidades y tropelías de su flamante encargado…Los titulares de la SHCP y la Segob reafirmaron su compromiso con Campeche en la entrega de partidas y mayor seguridad. El mando único y la militarización del país van viento en popa, aunque ambos temas no le son ajenos al actual ejecutivo de Campeche que puede presumir sus cartas credenciales en estos tópicos y que le son reconocidos por prominentes funcionarios del Gobierno de México… Nos leemos a la próxima.
EN LA OPINIÓN DE:
Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación
La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol.Alex Barrera**
En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.
En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.
Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.
La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”
Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.
Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.
Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.
La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.
Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.
Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.
En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
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EN LA OPINIÓN DE:
La cuesta de enero: finanzas, consumo y estrés emocional
El peso psicológico del dinero: enero, cobra la factura de diciembre con estrés emocional
Conciencia Saludablemente
Psicol. Alex Barrera**
Enero suele llegar con una resaca silenciosa. No sólo termina el periodo festivo; también aparecen los estados de cuenta, las deudas acumuladas y una sensación difusa de preocupación que muchos describen como “nervios”, pero que en realidad es ansiedad financiera.
Como profesional de la salud mental, he visto cómo este mes concentra un malestar particular: el cuerpo vuelve a la rutina, pero la mente queda atrapada entre obligaciones económicas y una percepción de escasez que no siempre se nombra, pero se siente.
El estrés financiero se define como la respuesta emocional y cognitiva ante la percepción de no contar con recursos suficientes para cubrir las demandas económicas actuales o futuras. No se trata solo de falta real de dinero, sino de la interpretación que hacemos de nuestra situación financiera. Esta percepción activa en el cerebro los mismos circuitos que otras amenazas: el sistema de alerta se enciende, aumenta el cortisol y se reduce la capacidad para planear, concentrarse y tomar decisiones con calma.
Diversos estudios han documentado que los problemas económicos se asocian de forma consistente con síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad e insomnio. Una revisión publicada en The Lancet Psychiatry señala que la inseguridad financiera incrementa significativamente el riesgo de trastorno mentales comunes, incluso en personas sin antecedentes previos. En enero, este fenómeno se intensifica porque coincide con pagos diferidos, créditos adquiridos en diciembre y el regreso a exigencias laborales y familiares. Que en contraste con el descanso que se tuvo por las fiestas, resulta especialmente avasallador debido al súbito cambio.
Desde la neurociencia, el fenómeno es comprensible. La preocupación constante por el dinero mantiene al cerebro en un estado de hipervigilancia. Investigaciones en psicología cognitiva muestran que la escasez —real o percibida— consume recursos mentales, reduciendo la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva (Mullainathan & Shafir, 2013). En otras palabras, cuando la mente está ocupada “sobreviviendo”, le queda poco espacio para pensar con claridad, lo que a su vez puede llevar a decisiones financieras impulsivas que perpetúan el problema.
Este círculo vicioso tiene un impacto emocional profundo. Las personas suelen experimentar culpa por “no haber previsto”, vergüenza por endeudarse o miedo constante al futuro. Estos afectos no son triviales: la evidencia sugiere que la vergüenza financiera se asocia con evitación, aislamiento social y menor búsqueda de ayuda, tanto económica como psicológica. Así, el estrés financiero no solo afecta al individuo, sino que deteriora relaciones familiares, dinámicas de pareja y el clima emocional del hogar.
Enero también pone en evidencia una narrativa cultural dañina: la idea de que los problemas económicos son exclusivamente resultado de fallas personales. Desde la psicología social sabemos que esta creencia incrementa el malestar, porque internaliza un problema estructural y lo convierte en una identidad: “soy irresponsable”, “no sirvo para administrar”. Estudios sobre estigmatización económica muestran que esta autoatribución negativa se asocia con mayores niveles de depresión y menor autoestima .
No es casual que el estrés financiero esté relacionado con conductas de riesgo para la salud. Investigaciones han encontrado asociaciones entre presión económica y aumento en consumo de alcohol, trastornos del sueño y síntomas psicosomáticos. El cuerpo, una vez más, expresa lo que la mente intenta contener.
Cuando los pensamientos negativos constantes invaden nuestra vida es imposible no caer en conductas poco favorables ya que disminuye la serotonina por lo que el cerebro busca una compensación, además dejamos de dormir por ejemplo lo cual nubla nuestra claridad y nos deja a la deriva para adoptar comportamientos que no parecen alineados a las dificultades, por ejemplo, comer de más, realizar compras innecesarias, episodios de ansiedad o psicóticos, así como cuadros de estrés crónico. Físicamente pueden presentarse, dolores de cabeza, migrañas, dolores de espalda entre otros.
En algunos casos incluso hay una mayor irritabilidad por lo que algunas personas se tornan especialmente violentas o suelen tener mal humor, lo cual afecta sus relaciones personales, o provoca situaciones que empeoran la situación como la pérdida del empleo o el aislamiento social.
Frente a este panorama, es importante decir algo con claridad: sentirse ansioso en enero es una respuesta humana ante la incertidumbre. Sin embargo, cuando esta ansiedad se vuelve constante, paralizante o empieza a interferir con la vida diaria, es una señal de que necesita atención. La psicología ofrece herramientas para intervenir en este punto crítico.
La terapia psicológica ayuda, en primer lugar, a diferenciar entre el problema real y la catástrofe anticipada. A través de enfoques como la terapia cognitivo-conductual, se trabaja la identificación de pensamientos automáticos asociados al dinero: “nunca saldré de esto”, “todo va a empeorar”, y se desarrollan estrategias para regular la ansiedad y recuperar una sensación de control . Además, el espacio terapéutico permite abordar emociones como la culpa y la vergüenza, que suelen ser el núcleo más doloroso del estrés financiero.
En muchos casos el acompañamiento profesional reduce significativamente los síntomas de ansiedad y depresión asociados a problemas económicos, incluso cuando la situación financiera objetiva no cambia de inmediato, mejorar la salud mental no requiere primero “arreglar” el dinero; muchas veces, es al revés
Enero, entonces, puede convertirse en algo más que un mes difícil. Puede ser un punto de inflexión para revisar la relación que tenemos con el dinero y con nosotros mismos. Entender que el estrés financiero es un fenómeno psicológico y social, no un fracaso individual, abre la puerta al autocuidado y a la búsqueda de ayuda. Porque cuidar la salud mental también es una forma de ordenar la vida económica: con mayor claridad, menos miedo y decisiones más conscientes.
Documentos de interés:
Frasquilho, D., Matos, M. G., Salonna, F., Guerreiro, D., Storti, C. C., Gaspar, T., & Caldas-de-Almeida, J. M. (2016). Mental health outcomes in times of economic recession: A systematic literature review. The Lancet Psychiatry, 3(7), 666–676. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(16)30059-1
Fitch, C., Hamilton, S., Bassett, P., & Davey, R. (2011). The relationship between personal debt and mental health: A systematic review. Mental Health Review Journal, 16(4), 153–166. https://doi.org/10.1108/13619321111202313
Hofmann, S. G., Asnaani, A., Vonk, I. J., Sawyer, A. T., & Fang, A. (2012). The efficacy of cognitive behavioral therapy: A review of meta-analyses. Cognitive Therapy and Research, 36(5), 427–440. https://doi.org/10.1007/s10608-012-9476-1
Mullainathan, S., & Shafir, E. (2013). Scarcity: Why having too little means so much. Times Books.
Richardson, T., Elliott, P., & Roberts, R. (2013). The relationship between personal unsecured debt and mental and physical health: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 33(8), 1148–1162. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2013.08.009
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte directamente por:
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