Opinión
PERIODISMO DE HECHOS, NO DE “CAUSA”
Por Juan Manuel Herrera
YUCATÁN.- En vísperas de lo que será la fase tres del Covid-19 en nuestro país –en que los contagios y defunciones alcanzarán su punto máximo–, se tiene otra epidemia: la de las noticias falsas que el Gobierno de México intenta contener mientras lucha contra el coronavirus, que registra 486 muertos y seis mil 297 casos confirmados hasta ahora.
El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, señaló que existen grupos de intereses que fabrican noticias falsas, que generan desinformación, que quieren confundir a la sociedad con fines políticos o de interés económico, posicionarse y manipular a la opinión pública.
Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), como el profesor Luis Ángel Hurtado, destacan que nuestra nación es la segunda con mayor difusión de noticias falsas a nivel mundial, sólo por detrás de Turquía, las que llevan a situaciones que derivan en cuadros de histeria colectiva. En la Junta Municipal de Pich en el fin de semana se vivió ya un episodio, en que hubo agresiones verbales y conato de violencia por bloqueos del acceso al poblado, tras difundirse noticias erróneas en redes de supuestos contagios masivos, toque de queda y cierre carretero en Carmen.
En el estudio de la UNAM las cinco redes sociales más utilizadas por los mexicanos son WhatsApp, YouTube, Twitter, Instagram y Facebook, esta última tiene más de 82 millones de usuarios, de los cuales un 88 por ciento –70 millones—asegura haber recibido algunos mensajes erróneos, y esa oleada de noticias falsas provocó una serie de desmentidos no solo del Gobierno de México sino de autoridades estatales de Campeche, en plena crisis epidemiológica.
Pululan informaciones falsas de supuestas familias contagiadas, cadáveres que no existen, aumentos en el precio de energía eléctrica, doctores inexistentes, falsos toques de queda, desmentidos sobre compras de equipo a China, audios que alertan de contagios masivos en nosocomios y plataformas petroleras, que provocaron en los últimos días que simpatizantes y detractores de la 4T y del presidente Andrés Manuel López Obrador, libren una airada discusión en las benditas redes sociales, que invariablemente trascienden a medios tradicionales.
Varios medios de comunicación acusan al Gobierno de México de ocultar el número real de muertos del Covid-19, pese a que estos señalamientos carecieran de evidencia e información verificada, lo que llevó al presidente López Obrador a quejarse de que estamos no solo en emergencia nacional sino en una temporada de zopilotes, y a la Secretaría de Gobernación a amonestar y sancionar a periódicos de Chihuahua que difundieron mentiras en disposición de supuestos muertos por el coronavirus.
Aquí se hace conveniente recordar métodos de periodistas mexicanos de gran trayectoria como el acaecido Vicente Leñero, oriundo de Jalisco, autor imprescindible en la literatura mexicana y el periodismo, que recomendaba “que no hay fuentes secretas, ni versiones no confirmadas. Hay hechos verificados y hay documentos. Se apuesta por un periodismo de hechos, no de causa”. La única causa del periodismo, decía Leñero, es la “causa colectiva de quienes juntos intentar escarbar más a fondo, más a fondo, las entrañas hondísimas, sensacionales siempre, de nuestra oscura realidad”. Y como expone en el prólogo de la Biblioteca Vicente Leñero Sólo Periodismo, el columnista Carlos Puig, releer a Leñero se vuelve hoy más necesario que nunca.
“En tiempos de confusión para el periodismo, de redes sociales, de la dictadura del clip y los algoritmos del Google y Facebook que inundan al lector con las noticias que quiere ver y no las que necesita leer; en un mundo de noticias falsas que se dan por ciertas, de rumores que se publican como verdades y en momento donde las fuentes innombrables son citadas, y usadas, para hacer pasar como hechos los que no son; es el mejor momento para volver a Leñero. Leñero el periodista. Del periodismo sin concesiones, pero sin atajos”.
Saetillas…
El gobernador Carlos Miguel Aysa González volvió a demostrar tablas y dar una nueva lección de política al destacar que es fundamental trabajar unidos con el Gobierno de México y proteger a la población, dejando a un lado los intereses de partido… Y es que para hacerle frente a la pandemia del Covid-19, y garantizar seguridad a su gente, el Ejecutivo campechano está en estrecha coordinación y comunicación con la titular de la Segob y el director general de Pemex, a fin de atender las necesidades de los sectores más vulnerables. Ataja rumores y politiquería de actores que incapaces en su labor culpan a otros de sus yerros, mientras siguen proselitismo en aras de locas aspiraciones futuristas…Otro que igual demostró efectividad es el experimentado constructor que dirige la Seduopi, Edilberto Jesús Buenfil Montalvo, que prosigue la obra pública en los 11 municipios, sin importar siglas o colores ejecutando dos mil 400 millones, y hace uso de sus contactos entre su gremio para que canalicen apoyos a diferentes necesidades de doctores que atienden el Covid-19 en el Hospital Manuel Campos y sin ceder a extorsionadores del pasado que con chantaje tenían prebendas familiares…El combate a la corrupción va en serio, insisten en la Función Pública y la delegación de los Programas Federales para el Desarrollo de Campeche, tal vez esto explique que representantes como el del Infonavit se han dado a la tarea de asistir a cualquier foro mediático, así sea de la farándula y el espectáculo en burdo intento de tapar corruptelas y yerros del junio venido a menor que lo encabeza en Campeche…Son otros tiempos, y parece que políticos del antaño lo entienden. El gobernador oriundo de Palizada reconoció que en estos momentos no hay nada más importante que el trabajo conjunto con la Federación buscando proteger a las familias campechanas, garantizando su seguridad y salud en la emergencia sanitaria… Así, se anticipa que en Campeche seguirá el trabajo de la mano del presidente López Obrador, a quien se agradece su solidaridad y apoyo al terruño…Fue simbólico el respaldo del gobernador campechano al presidente AMLO, pues de la entidad es originario el líder nacional del PRI, y caló fuerte la posición del también reconocido jurista ante el amago de gobernadores panistas, del MOCI e independiente con modificar el pacto federal e “independizarse” ante el poco apoyo a combatir el Covid-19 y el llamado a que no se endeuden…Aysa González se dijo respetuoso de la opinión de sus homólogos pero no la compartió, “porque el gobierno federal ha respaldo a Campeche en las acciones emprendidas en mejorar las condiciones de bienestar, y específicamente en el caso de la emergencia sanitaria que se vive”….Los cambios en los sectores del PRI y el Gobierno del Estado reiniciaron en Codesvi y la Dirección de Acción Cívica y Popular, y habrá más sorpresas en el gabinete legal y ampliado…Nos leemos la próxima semana.
EN LA OPINIÓN DE:
El amor entre paredes: el impacto invisible del espacio físico en la relación de pareja
El lugar donde se dan las relaciones puede calmar al cuerpo, facilitar la conexión emocional o intensificar el conflicto.
Conciencia Saludablemente
Por:Psicol Alex Barrera **
Llega febrero y es imposible por lo menos para las culturas occidentales no hablar del amor por ello este mes, mi estimado lector llenaremos este espacio de amor, no ese que nos dan a torrentes en las películas donde siempre triunfa el romance, o aquel de las novelas románticas donde los protagonistas pasan por todo para finalmente encontrarse en aquel paraje encantador donde pueden consumar su amor. No, hablaremos del amor en su forma genuina, ese que perseguimos incansablemente, aunque ya exista dentro de nosotros, pero que se seca porque no hemos encontrado la manera de acceder a él. Hablemos del amor como ese vínculo que está en el ambiente, ese lenguaje sagrado que habita en cada momento pero que tenemos que aprender a descifrar.
Iniciemos nuestro recorrido por febrero… iniciemos nuestro recorrido por el amor…
FACE 1. ¿Dónde habita el amor?
Pensar el amor únicamente como una experiencia emocional entre dos personas es una mirada incompleta. Las relaciones no sólo se sienten: se desarrollan en espacios concretos que influyen de manera directa en cómo nos acercamos, nos regulamos y nos vinculamos. El amor tiene química, sí, pero también tiene contexto.
Desde la psicología ambiental y la neurociencia afectiva, investigaciones clásicas de Roger Ulrich (1984) demostraron que la exposición a entornos con luz natural y menor ruido reduce la activación fisiológica y los niveles de cortisol. Estudios posteriores en neurociencia social, como los de Stephen y Rachel Kaplan sobre la Teoría de la Restauración de la Atención, muestran que los espacios ordenados y con estímulos moderados favorecen la regulación emocional. En términos simples: el cuerpo reacciona al espacio antes de que podamos interpretar lo que sentimos por la otra persona.
Cuando los espacios son caóticos, reducidos o sobreestimulantes, el organismo permanece en alerta. En ese estado, disminuye la tolerancia, se acorta la escucha y aumenta la reactividad emocional. Muchas discusiones de pareja no nacen del conflicto en sí, sino del cansancio corporal que produce habitar entornos que no permiten bajar la guardia.
Lo íntimo: el espacio donde el cuerpo se relaja
Los espacios íntimos (como el dormitorio o las áreas de descanso) cumplen una función emocional clave en la pareja. No están pensados sólo para dormir, sino para la regulación del sistema nervioso. Una iluminación inadecuada, ruido constante o temperaturas incómodas afectan la calidad del descanso, y con ello la disponibilidad emocional.
La ciencia es clara en este punto: la privación de sueño altera el funcionamiento del lóbulo prefrontal, región del cerebro encargada del control emocional y la toma de decisiones. Cuando el cuerpo no descansa, la paciencia se reduce y la irritabilidad aumenta. Así, lo que parece un problema de comunicación puede tener su origen en un espacio que no favorece el descanso compartido.
Un entorno íntimo que prioriza la calma, más que la estética, favorece la conexión emocional y la sensación de seguridad básica necesaria para el vínculo.
Los espacios exteriores: salir del encierro emocional
Los espacios exteriores (terrazas, patios, parques o incluso la calle) también influyen en la química de la relación. Compartir espacios abiertos reduce la sensación de encierro físico y simbólico, permitiendo conversaciones más flexibles y menos cargadas emocionalmente.
Desde la psicología se ha observado que el contacto con entornos abiertos y con elementos naturales disminuye la activación del sistema de estrés y mejora el estado de ánimo. No es casual que muchas conversaciones difíciles fluyan mejor caminando que sentados frente a frente en un espacio cerrado. El movimiento y la amplitud espacial facilitan una regulación emocional más natural.
Incorporar espacios exteriores en la vida de pareja no resuelve los conflictos, pero sí crea condiciones más favorables para afrontarlos.
Más allá de lo funcional, los espacios construyen identidad. Un hogar compartido comunica acuerdos, cuidados y reconocimiento mutuo. Cuando los individuos en una relación se sienten representados en el espacio, se fortalece el sentido de pertenencia, y la experiencia del nosotros; cuando uno queda excluido, el vínculo comienza a resentirse.
El espacio como parte del “nosotros”
El espacio puede decir, sin palabras: aquí hay lugar para ambos… o todo lo contrario. Incluso en el tema del romance el espacio debe enviar un mensaje claro “aquí podemos encontrarnos”.
La pasión necesita espacios que inviten a quedarse, no a huir. Luz cálida, orden visual, privacidad y ausencia de interrupciones permiten que el cuerpo se relaje y el deseo aparezca. Cuando el espacio baja el ruido externo, facilita la conexión interna, admitiendo una conexión más fluida con el otro. Crear un entorno para la pasión, no es decorar, es cuidar las condiciones donde la intimidad puede suceder.
Terapia psicológica y espacios relacionales
La terapia psicológica permite explorar cómo el entorno físico interactúa con las dinámicas emocionales dentro de las relaciones interpersonales. Ayuda a diferenciar qué conflictos pertenecen al vínculo y cuáles están sostenidos por estrés ambiental, agotamiento o falta de espacios de autorregulación.
Cuando observo cómo las parejas se relacionan, confirmo que el amor no solo se sostiene con palabras o emociones, sino con el cuerpo que habita un espacio en todas sus formas. El entorno modula el estrés, permite o bloquea el descanso, abre o cierra la comunicación y, finalmente, condiciona la intimidad.
Cuidar los espacios que compartimos es una forma silenciosa pero profunda de cuidar el vínculo. Cuando el lugar que habitamos nos permite bajar la guardia, mirarnos y respirar, la relación deja de resistir… y vuelve a encontrarse, porque el amor está en todos lados, y no sólo se siente se habita.
Si desea conocer mas sobre el tema se recomienda:
Evans, G. W. (2003). El entorno físico y el comportamiento humano. Madrid: Alianza Editorial.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano. y diplomado en psicología clínica.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Educar sin quebrar: cuando la exigencia inhibe la motivación
La exigencia constante, disfrazada de éxito, impone un precio invisible afectando a niñas, niños y jóvenes
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol.Alex Barrera**
En muchos hogares, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Continúa en la mesa, en la mochila revisada con prisa, en la pregunta que se repite casi de forma automática: “¿Cómo te fue?”, pregunta que a veces toma un tono inquisitivo en lugar de una ventana al diálogo, porque si, en este país el desempeño académico se convierte en medida de valor, esfuerzo y, en ocasiones, de afecto. Así, la escuela deja de ser sólo un espacio de aprendizaje y pasa a ser un escenario donde la motivación convive peligrosamente con el estrés.
En el ámbito educativo, la motivación ha sido entendida tradicionalmente como el motor del rendimiento. Sin embargo, cuando esta motivación se construye desde la exigencia constante y no desde el apoyo, puede transformarse en una fuente sostenida de presión emocional. Muchos estudiantes crecen escuchando narrativas parentales centradas en el “deber ser”: mejores calificaciones, mayor productividad, menos errores. Y aquí a tan corta edad inicia la búsqueda incesante por la aprobación externa y los estándares a cumplir que después nos convierten en adultos disfuncionales, repitiendo una y otra vez el ejercicio que nuestro cerebro aprende durante años bajo el mensaje implícito de que el reconocimiento llega cuando cumples, no cuando lo intentas.
Este tipo de discurso, aunque a menudo nace del deseo genuino de que los hijos “tengan un mejor futuro”, puede tener consecuencias profundas en la salud mental. Diversos estudios han señalado que la presión académica elevada se asocia con mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y agotamiento emocional en estudiantes de todos los niveles. Cuando el error se vive como fracaso y no como parte del aprendizaje, el miedo reemplaza a la curiosidad.
La narrativa de exigencia también afecta la forma en que los jóvenes construyen su autoestima. Si el valor personal se ancla exclusivamente al desempeño académico, cualquier tropiezo se percibe como una amenaza a la identidad. Esto resulta especialmente delicado en etapas de desarrollo donde la validación externa tiene un peso significativo. La motivación deja de ser intrínseca, es decir basada en el interés y el disfrute, y se vuelve una respuesta defensiva ante la expectativa ajena. “Solo soy bueno cuando cumplo lo que tú quieres y entonces quién valida mis emociones?”
Esta dinámica no solo afecta a los estudiantes; impacta a toda la familia. La tensión constante por cumplir metas educativas puede erosionar relaciones, aumentar los conflictos familiares y disminuir la satisfacción general con la vida escolar. El estrés académico y la ansiedad vinculada a las expectativas parentales pueden convertirse en repetidas fuentes de malestar que se arrastran durante años, incluso más allá de la etapa escolar y que incluso afecta la salud de los niños y jóvenes pues el estrés provoca la pérdida de sueño, apetito e incluso despierta en los estudiantes otros tipos de trastornos como pueden ser ansiedad o alimenticios.
Lo que como padres puede parecer lo correcto se convierte en el malestar de los adultos y es que, no es poco común observar que jóvenes con promedios sobresalientes durante su vida escolar enfrenten dificultades de adaptación en la adultez. Esto ocurre porque los sistemas de validación académica —claros, estructurados y predecibles— difieren considerablemente de los del ámbito laboral, donde el reconocimiento no siempre es inmediato ni está ligado a calificaciones visibles. Cuando una persona ha aprendido a medir su valor a través de resultados cuantificables, puede experimentar frustración, inseguridad o desorientación al enfrentarse a entornos donde el éxito depende de habilidades relacionales, tolerancia a la incertidumbre y gestión emocional, competencias que rara vez se enseñan explícitamente en la escuela, pero que se desarrollan con el acompañamiento positivo durante la edad académica, sobre todo durante la adolescencia cuando los jóvenes están aprendiendo sobre las emociones complejas.
Por ello como padres, tutores y educadores, debemos considerar que en lugar de asumir las calificaciones como un veredicto que habilita el regaño o la comparación, es necesario mirarlas como una herramienta de lectura del proceso del estudiante. Una calificación no sólo habla de un resultado, sino de áreas que pueden fortalecerse, habilidades que aún están en construcción y necesidades emocionales que requieren atención. Cuando los padres utilizan el desempeño escolar como punto de partida para dialogar, comprender y acompañar —y no como un instrumento de presión— se abre la posibilidad de construir vínculos de apoyo más sólidos, donde el error deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de aprendizaje compartido.
La parentalidad consciente en el ámbito educativo implica revisar el lenguaje que utilizamos. Preguntas como “¿qué aprendiste?”, “¿qué se te dificultó?” o “¿cómo puedo ayudarte?” cambian radicalmente la experiencia emocional del estudiante. Autores como Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en su libro El cerebro del niño / The Whole-Brain Child: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, señalan que el acompañamiento empático favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y fortalece la resiliencia, elementos clave para una salud mental sólida.
Esto no significa eliminar los límites ni abandonar las expectativas, sino transformarlas. La diferencia entre exigir y acompañar radica en el mensaje subyacente: mientras la exigencia suele decir “vales si cumples”, el acompañamiento comunica “vales, y por eso te ayudo a crecer”. Esta distinción es fundamental para que la motivación no se construya desde el miedo, sino desde el sentido y la confianza.
Por ello hay que recordar que un joven cuyo acompañamiento se centra en el apoyo y comprensión y no en la exigencia, guarda el mensaje interno de valía personal independiente del logro. Esto favorece adultos con mayor seguridad emocional, capaces de establecer relaciones más sanas, empáticas y colaborativas. En lugar de buscar aprobación constante o temer al error, quienes crecieron con acompañamiento suelen desarrollar confianza para aprender, adaptarse y vincularse desde el respeto mutuo. La exigencia, en cambio, tiende a reproducirse en relaciones adultas marcadas por la autoevaluación constante y la dificultad para sentirse suficiente. Acompañar no elimina los retos ni las metas, pero los sitúa en un marco de apoyo que enseña que el crecimiento es un proceso compartido, no una prueba de valor personal.
En un contexto educativo cada vez más demandante, cuidar la salud mental de estudiantes y familias no es un lujo, sino una necesidad. Cambiar la narrativa parental —de la presión al apoyo— no sólo reduce el estrés, sino que prepara a los jóvenes para enfrentar la vida con mayor equilibrio emocional. Al final, educar no es formar expedientes perfectos, y la escuela no debe ser una competencia exhaustiva por satisfacer las demandas externas, es el lugar donde se debe formar personas capaces de sostenerse a sí mismas más allá de cualquier calificación.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
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