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Baja hasta 80% ganancia de “cerillos” de supermercados por ley antibolsas

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Por Germán Arreola

CANCÚN, 3 DE FEBRERO DE 2020.- La prohibición de las bolsas de plástico como medida contra el cambio climático para proteger el medio ambiente está pegando a uno de los segmentos más vulnerables de la población, “pero eso no les importa a los ambientalistas, quizá porque no tienen abuelos”, dicen algunos empacadores adultos mayores.

Un sondeo de 5to Poder Periodismo ConSentido en uno de los mercados de comestibles de Benito Juárez y puestos de tamales, tacos, frutas, raspados y demás, demuestra que en comparación con algunos meses, los llamados cerillos –las personas que acomodaban en las bolsas de plástico los productos en las cajas de los supermercados– han visto reducidos sus ingresos hasta en 80 por ciento, por lo que hoy “medio viven”.

A seis meses de que las tiendas de autoservicio anunciaron que sólo acabarían con lo que tenían en stock –productos almacenados en espera de su venta o comercialización–, nos dimos una vuelta por las principales calles de Cancún para conocer cómo han reaccionado los locatarios, empacadores y clientes.

Frente a la zona de cajas de un supermercado, con los brazos apoyados en sus piernas y la cabeza agachada, don Pepe, un empacador de la tercera edad, toma un descanso sentado en una banca: la jornada ha sido algo larga y las ganancias pocas: “Hay gente que ya no te da nada de dinero, incluso aunque guardes pocas cosas o de plano ya no quieren que les ayudes”, dijo el señor de 72 años sobre la reciente prohibición de bolsas de plástico.

Don José, así como la industria del plástico y los empacadores de las tiendas comerciales se han visto muy afectados y hasta olvidados. “¿Qué vamos a hacer? Era un estímulo extra que teníamos, y de cierta manera dependíamos de esos ingresos. A mi edad es casi imposible que encuentre un trabajo”, cuestiona y lamenta.

Comentó que en un “día bueno” obtenía casi 250 pesos que le ayudaban con los gastos extra, ya que sólo recibe dos mil pesos mensuales de pensión: “La empresa no dice nada. Si alguno ya no quiere trabajar es su bronca porque no estamos adheridos a ella, no somos empleados, sólo recibimos las propinas. Si te conviene, sigues; si no, hay que buscarle”.

Para don Pepe, la prohibición de bolsas de plástico tiene más contras que beneficios porque es un producto que se utiliza mucho y aún no hay alternativas para sustituirlo. Además, agrega, la gente todavía no está acostumbrada a traer sus bolsas y se molesta porque no les damos cuando ya se les había avisado desde hace semanas que ya no se iban a dar.

En el recorrido se observó que la gente prefiere cargar sus artículos en bolsas de tela o costales, en mochilas o incluso en las manos cuando no se trata de muchos productos; sin embargo, hay quienes piden a los empacadores acomodar las cosas en el carrito del súper para que llevarlas a sus automóviles” “pero son los menos”, aseguró don Pepe.

Incultura

Doña Artemisa, adulta mayor de 76 años, de complexión robusta, también es empacadora desde hace tres años y asegura que tras los anuncios de la prohibición de bolsas de plástico ya no es lo mismo.

“Ahora nos piden meter todo a sus bolsas de tela, pero hay veces en la que lo hacemos y ya no nos dan dinero. Antes, por poquitas cosas te daban aunque sea unos pesos; ahora se lo llevan en la mano. Temo que lleguemos a ser obsoletos y pase como en el área de paquetería de algunas tiendas, que están desapareciendo porque ya nadie guarda nada”, señaló.

Los ingresos de los empacadores se han visto fuertemente mermados, además de que no tienen garantizadas condiciones dignas ni derechos laborales básicos, por tratarse de una labor voluntaria.

Doña Rocío ya cargaba con sus bolsas de tela cuando salía al mercado. Ahora que compra las croquetas de su perro o acude a hacer el “mandado”, todavía hay ocasiones en que tiene que recordar a los vendedores que no le den de plástico: “Me parece buena la medida, pero creo no termina por ser una respuesta adecuada porque lo correcto sería que prohibieran la industria del plástico, y así evitar que llegue a los consumidores”, refirió.

Durante el recorrido por el Mercado 23, vimos que son pocos los locales que cumplen con la prohibición de bolsas de plásticos, ya que todavía hay quienes tienen rollos completos o usan las biodegradables; además, los propios clientes las siguen pidiendo y apenas es una minoría la que carga sus propios recipientes.

Manuel, quien vende frutas y legumbres, es uno de los locatarios que ha dejado de dar bolsas de plástico porque considera que ya hay mucha contaminación y se debe pensar en el mundo que se le dejará a las próximas generaciones: “De momento usamos papel periódico, hacemos cucuruchos, que ya usaban desde antes, en lo que vemos qué se puede usar y así contribuir a mejorar la situación, aunque eso será lento”, expresó.

Sin embargo, no todos pueden emplear las mismas soluciones para cumplir con la prohibición de bolsas de plástico; a Rosa Ortiz aún no le afecta –en Cancún aún no se sanciona– pero cuando se multe se pregunta cómo venderá sus productos porque le gente no carga con recipientes: “La prohibición de bolsas de plástico me afecta porque cómo puedo darles los tamales a mis clientes. No los puedo poner en periódico porque se remoja o rompe”, señaló la vendedora.

Mientras algunos se ajustan a la nueva legislación ambiental, otros siguen con el debate de quién ha sido el más afectado, y luego toca el turno de decir adiós a los cubiertos, vasos, tapas, mezcladores y otros productos de plástico.

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Cristo, tres décadas viviendo a Bunbury: la historia del hombre que volvió su admiración arte

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5toPoder/Alex Barrera .- El público lo llama Cristo, su nombre real es Christopher; en los escenarios, sin embargo, es algo más que un nombre: es el eco persistente de una de las voces más emblemáticas del rock en español. Desde hace casi tres décadas, Christopher ha hecho de la imitación de Enrique Bunbury no solo un oficio, sino una forma de vida.

Su historia comenzó temprano. “Desde siempre me gustó cantar e imitar a diferentes artistas, pero a los 14 años conocí la música de Héroes del Silencio”, recuerda. Fue ahí donde algo cambió para siempre, aquel chico descubrió no sólo una banda, sino una identidad artística que lo acompañaría por casi tres décadas. “Desde ahí me especialicé en imitar a Enrique Bunbury”, dice con la naturalidad de quien encontró su rumbo sin saberlo.

Hoy, con 42 años, Christopher suma cerca de 30 años dedicados a construir una carrera que lo ha llevado a recorrer escenarios de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Colombia, Costa Rica y España. No lo dice con soberbia, sino con gratitud. “Nunca imaginé que una pasión de adolescente me llevaría tan lejos”, cuenta con orgullo sereno. Para él, este trabajo no es un pasatiempo ni un proyecto paralelo: “es su vida”, que dicho sea de paso se trasmite en cada show que da, pues en su andar ha tocado miles de corazones que encuentran en él un sentimiento que los vincula, la pasión por un artista.

Esa entrega total se refleja incluso en su imagen. Christopher decidió replicar los tatuajes de Bunbury y realizar cambios físicos para lograr encarnar lo mejor posible a su ídolo. No lo hace por vanidad, sino por una convicción clara: el público no sólo quiere escuchar, quiere ver. Quiere sentir que la experiencia es completa, que por unos minutos la frontera entre el artista original y su intérprete se vuelve difusa, en sus shows, la imitación no se limita al sonido; es una puesta en escena completa donde cada detalle cuenta.

Pero hay una línea que él cuida con especial celo: la distancia emocional con el verdadero Bunbury. Aunque una vez logró tomarse una fotografía con él, prefiere mantenerse lejos. No por desdén, sino por respeto al ritual que sostiene su trabajo. “Para hacer esto con el corazón, el artista tiene que estar en un pedestal”, explica. Mantener ese misticismo es, para Christopher, la clave de la magia. Conocer demasiado al ídolo podría romper la ilusión que alimenta su interpretación.

Esa visión revela una filosofía poco común en el mundo de los imitadores: más que copiar, Christopher busca honrar. Su meta no es reemplazar, sino rendir tributo desde un lugar profundamente emocional. Por eso habla de su oficio como algo casi sagrado, donde la admiración debe conservarse intacta para que la entrega en el escenario sea auténtica.

Incluso su futuro está ligado al de Bunbury. Christopher tiene claro que se retirará cuando lo haga su referente. Hoy el cantante español sigue activo a sus 57 años, lo que, según sus cálculos, le da al menos 15 años más de camino por recorrer. “Mínimo estaré en este mundo 15 años más, y los que se vayan sumando”, añade, con la certeza de quien ha hecho de la pasión un proyecto de vida. No lo dice con cansancio, sino con serenidad: su carrera tiene un horizonte definido, marcado por la trayectoria de quien inspiró su destino.

Mientras tanto, seguirá siendo Cristo para el público, Christopher para los más cercanos y, sobre todo, el hombre que decidió convertir la admiración en arte, con la que trazó un camino, usando la imitación como una técnica llena de devoción que a cada presentación demuestra que imitar no es copiar, sino interpretar con respeto, disciplina y una devoción que trasciende generaciones.

Como parte de su gira por México, Cristo se presentará en Cancún el próximo 14 de enero, donde ofrecerá al público una noche dedicada a revivir la esencia musical de Enrique Bunbury. El espectáculo promete una experiencia completa (sonora y visual) para los seguidores del rock en español que buscan reencontrarse con la emoción de los grandes escenarios.
Para mayores informes del evento puede presionar directamente este botón:

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EN LA OPINIÓN DE:

El costo de un “nuevo” yo: la factura invisible de la autoexigencia

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Querer cambiar puede convertirse en una carga, en este sentido los propósitos de año nuevo pueden convertirse en una trampa emocional

Conciencia Saludablemente

Psicol. Alejandra Barrera

Enero comienza cada año con un entusiasmo contagioso: gimnasios llenos, agendas nuevas, cursos promotores de “mejor versión de ti”, y tantas listas de propósitos que parecen promesas ineludibles. Sin embargo, también es la época en que la ilusión se encuentra con la realidad, y muchas de estas metas quedan resumidas en dos palabras dolorosamente familiares: frustración temprana. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué distingue un propósito que nutre del que desgasta? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver la autoexigencia con nuestra salud mental?

Motivación vs. autoexigencia: una línea que se rompe con facilidad

La motivación es un motor interno que nos impulsa hacia lo que valoramos: salud, aprendizaje, relaciones más profundas, productividad con sentido. En cambio, la autoexigencia está más cerca del juicio: “tengo que hacer más”, “debo lograr esto”, “si no, fracaso”. La diferencia parece sutil, pero en términos psicológicos marca un abismo. La motivación se alimenta de propósito y esperanza; la autoexigencia se alimenta de miedo y de comparaciones.

Algunos expertos en psicología del bienestar describen una distinción entre los tipos de motivación, mencionando que mientras que la motivación autónoma (aquella que surge del interés genuino o del valor personal) se asocia con mayor persistencia y bienestar, la motivación controlada (basada en presión interna o externa) se relaciona con ansiedad, burnout y abandono de metas. La autoexigencia cae en esta última categoría: nos presionamos a cumplir estándares que muchas veces no se alinean con nuestras necesidades reales, o que realmente no son deseos propios, sino que se sostienen en el ideal que queremos alcanzar a fin de complacer a otros o en lograr el estándar socialmente aceptado.

La trampa de los propósitos rígidos

Los propósitos típicos de año nuevo suelen ser rígidos: perder peso, correr alguna cantidad de kilómetros, leer cierto número de libros, renunciar a vicios “perjudiciales”. El problema no está en las metas per se, sino en su rigidez. Las metas inmutables presuponen un camino directo y sin tropiezos, lo cual es profundamente contrario al modo en que funciona la vida humana.

Modelos contemporáneos de fijación de objetivos, como el enfoque SMART (Specific, Measurable, Achievable, Relevant, Time-bound), sugieren que los objetivos sean específicos, medibles y alcanzables, pero también relevantes y sensibles a nuestra realidad personal. Si una meta no tiene en cuenta nuestro contexto emocional, físico y social, tiene altas probabilidades de convertirse en fuente de estrés y autoevaluación negativa.

Además, investigaciones en Journal of Personality and Social Psychology muestran que las resoluciones de año nuevo tienden a fallar porque se basan en cambios de comportamiento externos sin atender el estado interno que sostiene ese comportamiento. Por ejemplo, querer comer “perfectamente” sin explorar cómo lidias con el hambre emocional es un atajo errado. Lo que cambia la conducta a largo plazo es atender las raíces (emociones, creencias, hábitos automáticos), no solo la forma.

Por qué fallan los propósitos (y cómo reconocerlo sin culpas)
  1. Expectativas irreales: Muchos propósitos están diseñados más para impresionar a otros o cumplir un estándar social que para nutrir nuestro bienestar.
  2. Falta de autoempatía: Nos decimos “si fallo, significa que soy débil”, cuando en realidad el fracaso es parte del proceso de aprendizaje.
  3. Rigidez cognitiva: El cerebro humano no prospera en rigideces; prospera en adaptación. Las metas que no permiten flexibilidad emocional son proclives a derrumbarse bajo estrés.
  4. Comparación social: Las redes (y las vidas editadas que vemos en ellas) establecen estándares imposibles que agravan la sensación de insuficiencia.
Cómo plantear objetivos emocionalmente sostenibles

Si los propósitos de enero se diseñaran desde el autocuidado, en lugar de la autoexigencia, cambiaría radicalmente su impacto en nuestra salud mental. Algunas claves para replantear la narrativa:

  • Haz preguntas, no decretos: En lugar de “voy a perder 10 kilos”, pregunta “¿por qué quiero perder peso?” “¿Qué beneficio voy a tener si pierdo peso?”
  • Valora el proceso, no solo el resultado: Celebra cambios pequeños y consistentes. El refuerzo positivo es más eficaz que el castigo interno. Recuerda tus conductas negativas se crearon después de muchas repeticiones, por lo tanto quitarlas requiere el mismo tiempo, ten paciencia contigo mismo.
  • Ajusta tus metas a tu realidad emocional: Si estás en un momento de estrés, quizás priorizar descanso, conexión o límites sea más saludable que embarcarte en objetivos exigentes, recuerda que el estrés no es un buen aliado para lograr objetivos por el contrario puede provocar retrocesos en tu proceso, si te exiges demasiado los resultados probablemente no serán lo que esperas, no porque no lo estés haciendo bien, sino porque estas presionando demasiado.
  • Planea con flexibilidad: En vez de metas únicas y rígidas, establece marcos de intención: “quiero mejorar mi salud este año” después establece objetivos, medibles y alcanzables, ve de lo menos a lo más y se realista.

Estas recomendaciones no son una panacea mágica. Transformar comportamientos arraigados exige tiempo, paciencia y, sobre todo, gentileza interna. Y ahí es donde la salud mental y el autocuidado se encuentran.  Si necesitas ayuda no dudes en pedírsela a especialistas de cada área, a veces es importante tener el acompañamiento adecuado para aprender a regular y encontrar los puntos que no estamos viendo, en la vista de alguien que nos lo hará saber de manera profesional y neutral.

Replantear la narrativa del “nuevo yo” desde el autocuidado

La narrativa imperante del “nuevo yo” suele prometer una versión más productiva, más delgada, más eficiente, más… Más de lo que quizás necesitas en este momento. El costo de esa narrativa suele pagarse con angustia, autoevaluación negativa y una relación deteriorada con nosotros mismos.

La psicología contemporánea nos ofrece una visión alternativa: el cambio duradero no ocurre desde la crítica implacable hacia uno mismo, sino desde la comprensión puntual de cómo funcionamos. Los enfoques basados en terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia cognitivo-conductual (TCC) han demostrado que trabajar con la flexibilidad psicológica, la aceptación emocional y la reorientación de valores personales es más efectivo y sostenible que perseguir estándares autoexigentes.

Por ejemplo, la ACT propone que la rigidez (aferrarse a metas fijas sin adaptación) genera sufrimiento, mientras que la apertura y la acción comprometida con los valores personales brinda una dirección significativa incluso en presencia de dificultad. En otras palabras, cambiar tu vida no tiene que parecer una batalla; puede parecer una construcción paciente y consciente.

En conclusión, los propósitos de año nuevo no están destinados a colapsar bajo el peso de la autoexigencia. Pueden ser una invitación a conocerte mejor, a descubrir qué te nutre y qué te agota, y a construir hábitos que se sostengan en tu bienestar emocional. La diferencia entre una meta que abruma y una intención que ilumina no es menor: radica en si la planteas desde la autoexigencia o desde el autocuidado. Este año, en lugar de prometerte un “nuevo yo”, pregúntate: ¿qué versión de ti merece apoyo, paciencia y compasión? A veces, eso es más revolucionario que cualquier resolución de enero.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App


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Para saber más en relación al tema puede revisar ls siguientes documentos.

Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2ª ed.). Guilford Press.

Doran, G. T. (1981). There’s a S.M.A.R.T. way to write management’s goals and objectives. Management Review, 70(11), 35–36.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.

Norcross, J. C., Mrykalo, M. S., & Blagys, M. D. (2002). Auld Lang Syne: Success predictors, change processes, and self-reported outcomes of New Year’s resolvers and nonresolvers. Journal of Clinical Psychology, 58(4), 397–405.

Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55(1), 68–78.

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