Opinión
La derrota maya de 1901, continúa vigente
“La Última Palabra”
Por: Jorge A. Martínez Lugo
El pasado 30 de julio se cumplieron 177 años del inicio de la Guerra de Castas. La creación del Territorio Federal de Quintana Roo el 24 de noviembre de 1902 fue una decisión geoestratégica político-militar de Porfirio Díaz para delimitar la zona de influencia geográfica y social de la Guerra de Castas y terminar con este conflicto que le impedía establecer el control de su soberanía en la frontera sur.
Era insostenible para la dictadura la existencia de un pueblo, una raza, que renunció al dominio de la sociedad mayor y vivía en la selva, donde creó su propia nación, se regía autónomamente -con territorio, estructura económica, política, militar y religiosa propia- y mantenía relaciones con un gobierno extranjero fuera de las reglas del gobierno nacional.
Buscaba también, con la creación del nuevo Territorio federal, acabar con la amenaza de ese gobierno extranjero, Gran Bretaña, de seguir expandiéndose al norte del Río Hondo. El objetivo mexicano era establecer-defender de una vez por todas la lejana y olvidada frontera sur; es decir, hacer valer en los hechos el Tratado sobre Límites Internacionales entre México y Honduras Británicas, firmado nueve años antes, el 8 de julio de 1893.
La Guerra de Castas –que para Paul Sullivan fue la más exitosa entre las rebeliones indígenas cimarronas en América Latina y el Gran Caribe al perdurar del 30 de julio de 1847 al 3 de mayo de 1901– fue herencia de los gobiernos criollos que prevalecían en la alejada Península de Yucatán, posterior y a pesar de la Independencia y la Reforma, que gobernaban como en los tiempos de la colonia, en plantaciones en condiciones de esclavitud, en una sociedad peninsular donde sólo habían dos razas: la criolla española gobernante y la maya esclavizada.
Quintana Roo fue la delimitación del coto de caza de la dictadura de Porfirio Díaz para cercar y derrotar a la última generación de generales mayas rebeldes, ya menguados y divididos, después de más de cincuenta años de guerra y para ello mostró la peor cara de la dictadura, al enviar a sus generales más sanguinarios como el propio Ignacio Bravo, Victoriano Huerta, entre otros.
LA TOMA DE LA CIUDAD SANTA
Al tomar Bravo la capital de la nación maya rebelde, Noj Kaaj Santa Cruz Xbalam Naj, hoy Felipe Carrillo Puerto, la encontró vacía; los mayas se replegaron a la selva aún más inhóspita; los persiguió a los pueblos-santuarios y el 3 de mayo de 1901 declaró ganada la guerra que inició en 1847, con un saldo de más de 250 mil muertos.
Al haber encontrado vacía la antigua ciudad santa, al no haber una última derrota tangible, Bravo hizo la declaratoria oficial que necesitaba el gobierno nacional y puso su nombre a la ciudad: Santa Cruz de Bravo y la hizo capital del Territorio Federal.
Se acabó la guerra, pero a los mayas no les llegó la paz ni la justicia que buscaban desde 1847.

CASTA DERROTADA, SIN GRACIA DE GUERRA
Al pueblo derrotado no se le concedió ninguna gracia de guerra, sino se le sometió como a una casta derrotada, marginada, excluida y discriminada; condiciones que ni la Revolución Mexicana pudo cambiar: la pobreza y la miseria del pueblo maya prevalecen hasta la fecha.
Hoy en día existen poco más de 200 mil maya-hablantes en Quintana Roo y unas 500 mil personas que se asumen como indígenas. Son los herederos genéticos de la antigua civilización maya que fue sometida por los españoles por 300 años de coloniaje; luego otros 200 años del México independiente y más tarde por Porfirio Díaz; actualmente, según las propias cifras oficiales del Inegi y Coneval, los mayas aparecen siempre entre los indicadores de mayor rezago y vulnerabilidad.
EL PERDÓN “HISTÓRICO” DE AMLO
El 3 de mayo de 2021, Andrés Manuel López Obrador pidió perdón al pueblo maya; si bien un ejercicio que intenta una relación de respeto, lo más importante es que estuviera acompaña de acciones para la reparación del “daño histórico”.
Fue un acto más de retórica histórica; la cuarta transformación no incluyó en la agenda al turismo masivo que expolia a la raza maya; tampoco se implementaron las urgentes respuestas a una clase social que sigue siendo tratada con simulación, indiferencia y condescendencia institucionalizada, cada 3 de mayo.
Igual que los gobiernos posrevolucionarios, no puso en marcha alguna política de estado de gran visión, para que la paz no sólo sea ausencia de la guerra de las armas; es difícil transformar todo en un sexenio, pero tampoco se pusieron las bases; ni siquiera se agendó.
El inicio de la Guerra de castas se celebra institucionalmente para la foto y las trilladas frases de la “deuda histórica”; pero todo el año se ejerce la derrota, en las condiciones de atraso y miseria, acreditado por las mismas estadísticas institucionales: una raza sin salida al progreso.
El gran espectáculo de riqueza del turismo para el primer mundo, es solo un espejismo para los mayas vivos, que ocupan los escalafones salariales más bajos, en una industria que de por sí mantiene a sus trabajadores por debajo de los niveles de pobreza laboral, en cuyos hombros descansan las riquezas que se fugan al extranjero sin pagar impuestos.
CONEVAL: LOS MAYAS EN EL FONDO DE LA POBREZA EXTREMA
El Coneval informó que en Quintana Roo, la pobreza creció entre 2018 y 2020 de 30.2 a 47.5% de la población total; en el fondo, están los mayas que habitan las comunidades y las colonias en los polos turísticos. En el mismo periodo la pobreza extrema creció de 3.8 a 10.6%; en el fondo, siguen estando los mayas.

COLONIAJE ESPAÑOL MODERNO
El turismo en Quintana Roo es la continuidad moderna del coloniaje español. Una industria que explota a los descendientes de la gran civilización milenaria como una marca, acaparada por una veintena de familias españolas que tienen a sus trabajadores mayas con salarios de hambre; igual que cuando llegaron en el siglo XVI.
Parafraseando a Nelson Reed en su obra clásica, lo que no lograron los ejércitos en más de 50 años –ni siquiera Ignacio Bravo en su proclamada victoria de 1901–, lo están logrado las nuevas instituciones de la modernidad implantadas con la retórica revolucionaria y ahora con la política neoliberal intocada por la 4T, con el “modelo agotado” del turismo.
Como plantea Edgar Robles Zavala en “Los múltiples rostros de la pobreza en una comunidad maya de la península de Yucatán”: “La pobreza y marginación se perpetuaron con el manto de la corrupción, la incapacidad institucional y los programas pocos focalizados…”.
Con el Gran Turismo Maya, hasta la cultura -último patrimonio que les quedaba-, está siendo expropiada por la marca del turismo salvaje. Los mayas, hoy, son sólo una marca, que se explota sin regalías.

¿PUEDE HABER SALIDA?
Si hubiera voluntad, visión de Estado y desapareciera la corrupción, podría haber diferentes salidas, las cuales tendrían que tomar en cuenta dos ejes:
1.- Que el turismo beneficie al desarrollo de las comunidades mayas; la economía del turismo (los gobiernos estatales y federal) se tiene que responsabilizar de la pobreza que rodea a los polos de crecimiento y a las comunidades indígenas de cada estado, al menos los tres de la península; y
2.- Un proyecto integral basado en el regreso a la producción agropecuaria para autoconsumo y mercadeo regional, de bajo impacto, a partir del concepto ancestral de la Milpa Maya.
¿Cuánto costaría implementar un programa piloto de una centena de milpas mayas durante un año –de entre una y tres hectáreas cada una– que incluya cuando menos diez proyectos en cada uno de los once municipios?
Casi nada costaría en términos económicos, pero al modelo neoliberal que goza de cabal salud en los estados, no le cabe este tipo de proyectos en la cabeza, tampoco a los gobiernos locales.
La derrota trajo la paz de la pobreza a los mayas; la Guerra de Castas está inconclusa; las causas de Jacinto Pat, Cecilio Chí y Manuel Antonio Ay continúan vigentes. Usted tiene la última palabra.

EN LA OPINIÓN DE:
El costo de un “nuevo” yo: la factura invisible de la autoexigencia
Querer cambiar puede convertirse en una carga, en este sentido los propósitos de año nuevo pueden convertirse en una trampa emocional
Conciencia Saludablemente
Psicol. Alejandra Barrera
Enero comienza cada año con un entusiasmo contagioso: gimnasios llenos, agendas nuevas, cursos promotores de “mejor versión de ti”, y tantas listas de propósitos que parecen promesas ineludibles. Sin embargo, también es la época en que la ilusión se encuentra con la realidad, y muchas de estas metas quedan resumidas en dos palabras dolorosamente familiares: frustración temprana. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué distingue un propósito que nutre del que desgasta? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver la autoexigencia con nuestra salud mental?
Motivación vs. autoexigencia: una línea que se rompe con facilidad
La motivación es un motor interno que nos impulsa hacia lo que valoramos: salud, aprendizaje, relaciones más profundas, productividad con sentido. En cambio, la autoexigencia está más cerca del juicio: “tengo que hacer más”, “debo lograr esto”, “si no, fracaso”. La diferencia parece sutil, pero en términos psicológicos marca un abismo. La motivación se alimenta de propósito y esperanza; la autoexigencia se alimenta de miedo y de comparaciones.
Algunos expertos en psicología del bienestar describen una distinción entre los tipos de motivación, mencionando que mientras que la motivación autónoma (aquella que surge del interés genuino o del valor personal) se asocia con mayor persistencia y bienestar, la motivación controlada (basada en presión interna o externa) se relaciona con ansiedad, burnout y abandono de metas. La autoexigencia cae en esta última categoría: nos presionamos a cumplir estándares que muchas veces no se alinean con nuestras necesidades reales, o que realmente no son deseos propios, sino que se sostienen en el ideal que queremos alcanzar a fin de complacer a otros o en lograr el estándar socialmente aceptado.
La trampa de los propósitos rígidos
Los propósitos típicos de año nuevo suelen ser rígidos: perder peso, correr alguna cantidad de kilómetros, leer cierto número de libros, renunciar a vicios “perjudiciales”. El problema no está en las metas per se, sino en su rigidez. Las metas inmutables presuponen un camino directo y sin tropiezos, lo cual es profundamente contrario al modo en que funciona la vida humana.
Modelos contemporáneos de fijación de objetivos, como el enfoque SMART (Specific, Measurable, Achievable, Relevant, Time-bound), sugieren que los objetivos sean específicos, medibles y alcanzables, pero también relevantes y sensibles a nuestra realidad personal. Si una meta no tiene en cuenta nuestro contexto emocional, físico y social, tiene altas probabilidades de convertirse en fuente de estrés y autoevaluación negativa.
Además, investigaciones en Journal of Personality and Social Psychology muestran que las resoluciones de año nuevo tienden a fallar porque se basan en cambios de comportamiento externos sin atender el estado interno que sostiene ese comportamiento. Por ejemplo, querer comer “perfectamente” sin explorar cómo lidias con el hambre emocional es un atajo errado. Lo que cambia la conducta a largo plazo es atender las raíces (emociones, creencias, hábitos automáticos), no solo la forma.
Por qué fallan los propósitos (y cómo reconocerlo sin culpas)
- Expectativas irreales: Muchos propósitos están diseñados más para impresionar a otros o cumplir un estándar social que para nutrir nuestro bienestar.
- Falta de autoempatía: Nos decimos “si fallo, significa que soy débil”, cuando en realidad el fracaso es parte del proceso de aprendizaje.
- Rigidez cognitiva: El cerebro humano no prospera en rigideces; prospera en adaptación. Las metas que no permiten flexibilidad emocional son proclives a derrumbarse bajo estrés.
- Comparación social: Las redes (y las vidas editadas que vemos en ellas) establecen estándares imposibles que agravan la sensación de insuficiencia.
Cómo plantear objetivos emocionalmente sostenibles
Si los propósitos de enero se diseñaran desde el autocuidado, en lugar de la autoexigencia, cambiaría radicalmente su impacto en nuestra salud mental. Algunas claves para replantear la narrativa:
- Haz preguntas, no decretos: En lugar de “voy a perder 10 kilos”, pregunta “¿por qué quiero perder peso?” “¿Qué beneficio voy a tener si pierdo peso?”
- Valora el proceso, no solo el resultado: Celebra cambios pequeños y consistentes. El refuerzo positivo es más eficaz que el castigo interno. Recuerda tus conductas negativas se crearon después de muchas repeticiones, por lo tanto quitarlas requiere el mismo tiempo, ten paciencia contigo mismo.
- Ajusta tus metas a tu realidad emocional: Si estás en un momento de estrés, quizás priorizar descanso, conexión o límites sea más saludable que embarcarte en objetivos exigentes, recuerda que el estrés no es un buen aliado para lograr objetivos por el contrario puede provocar retrocesos en tu proceso, si te exiges demasiado los resultados probablemente no serán lo que esperas, no porque no lo estés haciendo bien, sino porque estas presionando demasiado.
- Planea con flexibilidad: En vez de metas únicas y rígidas, establece marcos de intención: “quiero mejorar mi salud este año” después establece objetivos, medibles y alcanzables, ve de lo menos a lo más y se realista.
Estas recomendaciones no son una panacea mágica. Transformar comportamientos arraigados exige tiempo, paciencia y, sobre todo, gentileza interna. Y ahí es donde la salud mental y el autocuidado se encuentran. Si necesitas ayuda no dudes en pedírsela a especialistas de cada área, a veces es importante tener el acompañamiento adecuado para aprender a regular y encontrar los puntos que no estamos viendo, en la vista de alguien que nos lo hará saber de manera profesional y neutral.
Replantear la narrativa del “nuevo yo” desde el autocuidado
La narrativa imperante del “nuevo yo” suele prometer una versión más productiva, más delgada, más eficiente, más… Más de lo que quizás necesitas en este momento. El costo de esa narrativa suele pagarse con angustia, autoevaluación negativa y una relación deteriorada con nosotros mismos.
La psicología contemporánea nos ofrece una visión alternativa: el cambio duradero no ocurre desde la crítica implacable hacia uno mismo, sino desde la comprensión puntual de cómo funcionamos. Los enfoques basados en terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia cognitivo-conductual (TCC) han demostrado que trabajar con la flexibilidad psicológica, la aceptación emocional y la reorientación de valores personales es más efectivo y sostenible que perseguir estándares autoexigentes.
Por ejemplo, la ACT propone que la rigidez (aferrarse a metas fijas sin adaptación) genera sufrimiento, mientras que la apertura y la acción comprometida con los valores personales brinda una dirección significativa incluso en presencia de dificultad. En otras palabras, cambiar tu vida no tiene que parecer una batalla; puede parecer una construcción paciente y consciente.
En conclusión, los propósitos de año nuevo no están destinados a colapsar bajo el peso de la autoexigencia. Pueden ser una invitación a conocerte mejor, a descubrir qué te nutre y qué te agota, y a construir hábitos que se sostengan en tu bienestar emocional. La diferencia entre una meta que abruma y una intención que ilumina no es menor: radica en si la planteas desde la autoexigencia o desde el autocuidado. Este año, en lugar de prometerte un “nuevo yo”, pregúntate: ¿qué versión de ti merece apoyo, paciencia y compasión? A veces, eso es más revolucionario que cualquier resolución de enero.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
Para saber más en relación al tema puede revisar ls siguientes documentos.
Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2ª ed.). Guilford Press.
Doran, G. T. (1981). There’s a S.M.A.R.T. way to write management’s goals and objectives. Management Review, 70(11), 35–36.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.
Norcross, J. C., Mrykalo, M. S., & Blagys, M. D. (2002). Auld Lang Syne: Success predictors, change processes, and self-reported outcomes of New Year’s resolvers and nonresolvers. Journal of Clinical Psychology, 58(4), 397–405.
Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55(1), 68–78.
EN LA OPINIÓN DE:
Navidad, consumo y salud mental: cuando el gasto se convierte en ansiedad
La Navidad debería intensificar el amor, en cambio es una puerta abierta para la ansiedad.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol. Alex Barrera
Cada año, al llegar estas fechas me resulta imposible no pensar en aquel famoso villancico que cuenta la historia de un pequeño niño, que recorre el camino tocando un tambor y en el que encuentro sin duda el mensaje más tierno de Navidad. Y es que este niño carece de todo bien material, pero aun posee algo, algo que es gratis, la música de su tambor que lo acompaña también en su recorrido al encuentro con el que será el Rey, así, ese pequeño en medio del incienso, el oro y la mirra, logra la gran proeza hacer sonreír al niño dios y es que poco es tanto, cuando no se necesita mucho.
Navidad es la época de dar, pero ¿qué es lo que hay que dar? Resulta mi estimado lector, que conforme adviene diciembre, se instala una doble realidad: por un lado, las calles se iluminan, las canciones navideñas inundan espacios y la promesa de alegría parece omnipresente; por el otro, muchas familias sienten una presión creciente por cumplir con expectativas de consumo que parecen ineludibles, porque sí, Navidad, significa dar y dar significa gastar. En México, esta tensión entre celebración y gasto ha adquirido dimensiones cuantificables: según la consultora de mercados Kantar, los mexicanos planean gastar en promedio 6 mil 359 pesos en regalos navideños en 2025, un incremento de 15 % respecto al año anterior.
Estos datos, por sí solos, revelan un fenómeno económico —que tiene implicaciones claras en la intensidad del consumo—, pero también encubren una relación compleja entre la temporada navideña y la salud mental. Porque la Navidad, más allá de regalos y cenas, es un momento donde la expectativa social de felicidad y consumo muchas veces se superpone con presiones financieras, emociones ambivalentes y comparaciones sociales que pueden erosionar la estabilidad emocional de las personas.
El aumento del consumo y sus presiones
Las cifras de gasto proyectadas para esta temporada muestran que, incluso en medio de desaceleración económica, las familias mexicanas no sólo mantienen el consumo navideño, sino que lo intensifican. Kantar estima que el aumento en gasto promedio se acompaña de una mayor recurrencia a tarjetas de crédito y aprovechamiento de promociones como El Buen Fin o Black Friday para financiar compras que de otra manera serían difíciles de costear.
Adicionalmente, estudios como el de Ipsos señalan que hasta 54 % de los mexicanos aumentó su presupuesto para las celebraciones, con más del 50 % utilizando su aguinaldo para financiar estos gastos. Lo anterior no significa que su economía haya mejorado, sino que están dispuestos a gastar más. La combinación del costo de regalos, cenas, decoración, viajes y eventos sociales puede empujar a las familias a tensar sus recursos es aquí donde el asunto toma relevancia pues si bien en esta temporada se recibe dinero extra por aguinaldos, cajas de ahorro o incentivos navideños, los gastos se extienden pues las convivencias sociales aumentan, los gastos se elevan y casi siempre los gastos superan la entrada de dinero por lo que en muchos casos se recurre a endeudamiento innecesario y peor muchos establecimientos promueven el famoso pago tardío que impacta a los consumidores en meses como febrero, mes en el que ya no se cuenta con los incentivos extra, lo cual intensifica el desbalance económico.
Pero el impacto no se limita a las cifras del bolsillo: esas cifras repercuten en el bienestar emocional, generando ansiedad, estrés financiero, sentimientos de insuficiencia y, en algunos casos, crisis profundas de angustia.
¿Por qué el consumo navideño provoca ansiedad?
Desde una perspectiva psicológica, la relación entre consumo y emociones es compleja. Las festividades decembrinas suelen combinar:
- Expectativas sociales elevadas, que inducen comparaciones constantes (¿tengo que dar más y mejores regalos?).
- Presión económica, al intentar cumplir con roles tradicionales de dar y compartir, aun cuando los recursos son limitados.
- Cogniciones de autoevaluación negativa, al comparar lo que se tiene con lo que otros parecen ofrecer o recibir.
- Carga emocional acumulada, que se mezcla con recuerdos familiares, duelos no resueltos o expectativas no cumplidas.
La investigación en psicología del consumo y bienestar indica que la ansiedad financiera está asociada con síntomas de depresión, irritabilidad y conflicto familiar. Un estudio de la Journal of Consumer Psychology encontró que las decisiones de gasto impulsadas por presión social y no por necesidad pueden generar emociones negativas, mayor estrés y sentimientos de arrepentimiento posteriores. (Ver Jones et al., 2016, Journal of Consumer Psychology).
En el contexto navideño, donde la cultura del “mejor regalo”, la celebración perfecta y la constante comparación mediada por redes sociales es omnipresente, las emociones autoevaluativas pueden amplificarse, llevando a un círculo vicioso de sobreconsumo y malestar psicológico.
Deuda, culpa y arrepentimiento
El estrés financiero no es un concepto abstracto: se traduce en síntomas concretos de ansiedad somática (insomnio, tensión muscular), temor anticipatorio (preocupación constante por dinero) y emociones displacenteras persistentes. En muchos casos, las deudas contraídas en diciembre se convierten en cargas que persisten durante todo el año siguiente, alimentando sentimientos de culpa, resentimiento y desasosiego.
Además, existe evidencia de que las personas con historia de ansiedad o estrés crónico presentan respuestas más intensas a presiones económicas estacionales. Por ejemplo, investigaciones sobre estrés financiero y Salud mental han encontrado correlaciones significativas entre preocupación por dinero y aumento de ansiedad y síntomas depresivos (véase American Psychological Association, Stress in America Report).
En otras palabras, más allá de la simple emoción de gastar, hay un impacto emocional profundo asociado a la presión de cumplir con estándares culturales y expectativas consumistas.
Hacia una navidad más saludable emocionalmente
Este panorama no implica demonizar el consumo ni negar la importancia de las celebraciones, sino reconocer que el consumo excesivo y la ansiedad financiera pueden afectar seriamente la salud mental. Si bien recomendamos planear el gasto con anticipación —como lo hacen muchos mexicanos que ya utilizan su aguinaldo de manera estratégica— también es necesario integrar prácticas conscientes que prioricen bienestar sobre presión social.
Entre las acciones que pueden ayudar a mitigar este estrés están:
- Presupuestar con anticipación y apegarse a límites reales, evitando endeudamientos innecesarios.
- Promover celebraciones significativas, centradas en experiencias y relaciones más que en el valor material de los regalos.
- Establecer conversaciones abiertas sobre expectativas económicas en familia, reduciendo la carga emocional asociada al cumplimiento de roles.
Y, sobre todo, debemos recordar que la asistencia terapéutica puede marcar una diferencia sustancial. Un profesional de la salud mental no sólo acompaña en la gestión del estrés financiero, también ayuda a abordar las emociones subyacentes que intensifican la ansiedad navideña: comparaciones sociales, deseos de aprobación, perfeccionismo, recuerdos dolorosos o patrones de consumo impulsivo.
La Navidad puede ser una época de profundas emociones que van desde la alegría hasta la ansiedad. Cuando el consumo se convierte en una fuente de estrés crónico, no solo afecta la economía de las familias, sino también su bienestar emocional y la calidad de sus relaciones.
Integrar prácticas más conscientes, planear con realismo y buscar apoyo cuando las presiones se vuelven abrumadoras, no es renunciar a la celebración, sino construir un enfoque más saludable y sostenible que nos permita disfrutar de estas fechas sin sacrificar nuestra salud mental.
Así entonces sería prudente entender que tomar la filosofía de aquel niño del tambor es el camino más real y saludable para llegar a la navidad, pues en conciencia de lo que se tiene no podemos dar más y sin embargo no por ello deja de ser valioso, Porque la lección más grande de ese villancico es que ese niño ofreció el bello cantico de amor, pero nunca regaló el tambor.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque Biopsicosocial de manera privada.
Si le interesa también puede consultar en:
- Kantar: estudio sobre gasto promedio navideño en México (2025) El Imparcial
- Ipsos: incremento de presupuesto navideño y financiamiento Entre Veredas
- La Jornada: aumento del gasto navideño y uso de crédito La Jornada
- Journal of Consumer Psychology sobre consumo y emociones (Jones et al., 20
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