Conecta con nosotros

Opinión

Covid redujo la vida

Publicado

el

Cicuta del Caribe LXVII

En 2020 caída fue mayor en Cdmx, el norte y la península de Yucatán
• Xcaret Xailing espera dos ferris que unirán Cancún con isla Cozumel
• Riviera Maya: megaparque temático y futurista de la familia Chapur
• Desciende el desempleo a costa de la precarización del nivel salarial
• Mexicanos se vuelven más agresivos; pierden capacidad de diálogo
• Caribe propone hoja de ruta para proteger el medioambiente marino

Por: Carlos Águila Arreola


Un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) reveló hace días que México ha perdido cuatro años en esperanza de vida debido a la pandemia. La covid-19 ha hecho retroceder al mundo en ese parámetro por primera vez en 70 años y, como toda región subdesarrollada, Latinoamérica se ha llevado la peor parte, más que África.

Otro análisis de 10 académicos latinoamericanos publicado el año pasado en la revista demográfica Genus, sugiere reducciones aún mayores en la esperanza de vida en la región (5.5 años en México). Otras investigaciones (Víctor García, del Colegio de México) aseguran que en 2020 la caída de la esperanza de vida en México fue mayor en la capital, el norte del país y la península de Yucatán.

Algunos mandatarios hicieron pobres esfuerzos para combatir los brotes en su país, ya sea minimizando la gravedad de la pandemia; ignorando a la ciencia o intervenciones críticas como el distanciamiento social y los cubrebocas. Todos cometieron al menos uno de esos errores, y varios todos, con consecuencias mortales debido a su inmoralidad y falta de ética.

Un trabajo de The Conversation, fuente independiente y sin fines de lucro de noticias, análisis y comentarios de expertos académicos internacionales, cita a Andrés Manuel López Obrador y a otros tres mandatarios y un ex presidente que, en mayor o menor medida, subestimaron la gravedad de la pandemia: Donald Trump, Jair Bolsonaro, de Brasil; Narendra Modi, de la India, y Alexander Lukashenko de Bielorrusia.

En el país no es que no hayan sabido qué hacer con la pandemia, es que tomaron la decisión de no hacerlo, acusa Laurie Ann Ximénez-Fyvie, microbióloga mexicana y doctora en Ciencias Médicas por la prestigiosa Universidad de Harvard, y autora del libro “Un daño irreparable. La criminal gestión de la pandemia en México”.

La científica criticó con dureza al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, llamado “zar del coronavirus”, y a su jefe López Obrador, a quienes recriminó porque manejaron la pandemia por criterios “más políticos que científicos” y nunca haber tenido una estrategia para contener los contagios y apostar por la llamada “inmunidad de rebaño”.

A la par
Esa decisión, además de criminal para las víctimas mortales y sus familias, y centenas de miles más de contagiados —menos para la legión de pejezombies, chairos y demás fauna morenística seguidora del mesías de Macuspana, que son los que niegan la estólida postura—, ha costado a México cuatro años de esperanza de vida.

En su momento, con 9.2 por ciento de pacientes por cada 100 mil habitantes muriendo a causa de la enfermedad, México tuvo la tasa de letalidad más alta del planeta. Estimaciones recientes muestran que probablemente ha sufrido 617 mil muertes, a la par de Estados Unidos y la India, ambas naciones con poblaciones mucho más grandes.

Una combinación de factores contribuyó a los brotes extremos y prolongados, y “un liderazgo” nacional inadecuado fue uno. A lo largo de la pandemia, López Obrador buscó minimizar la gravedad de la situación, incluso siguió realizando mítines antes de que el 23 de marzo de 2020 llegara el confinamiento; sin embargo, con frecuencia se negó a usar el cubrebocas.

Tras heredar un sistema de salud con fondos insuficientes cuando asumió en 2018, “Lopitos” aumentó solo ligeramente los presupuestos —expertos señalaron que los recursos para hospitales son insuficientes para la tarea que enfrentan—; incluso antes de que estallara la pandemia, la política de extrema austeridad fiscal dificultó mucho más abordar una crisis de salud.

Siempre negacionista a lo que no sea sus megaobras —Tren Maya, refinería Dos Bocas su aeropuerto Felipe Ángeles—, limitó la ayuda financiera para combatir la covid-19, lo que a su vez agravó el shock económico por la pandemia, alimentando la necesidad de mantener la economía abierta durante todo el año pasado, bien entrada la feroz segunda ola invernal, de la que México apenas está comenzando a salir.

Cuatro años menos es el cálculo que hace Patrick Heuveline, académico de la UCLA. Su estudio estima que en todo el mundo la esperanza de vida cayó en promedio dos años, un retroceso que no se había visto desde 1950. “Ese ha sido el impacto demográfico que ha dejado la crisis sanitaria durante 2020 y 2021. Es una pérdida sustancial”, afirma el investigador.

Desigualdad
El golpe no es igual: entre más de 98 países analizados, solo ocho perdieron cuatro años o más, cinco en Latinoamérica: México, Perú, Bolivia, Paraguay y Guatemala. De acuerdo con los cálculos de Heuveline, un mexicano tenía una esperanza de vida de 72.2 años en 2019, para finales de 2021 ya era de 67.9. Una mexicana esperaba vivir casi 78 años, ahora solo hasta los 74.2 años.

En una analogía, compara la esperanza de vida con la velocidad de un coche, lo mismo sucede con la esperanza de vida: se calcula cuántos años se espera vivir en promedio, si se toma en cuenta el año en que nació, su lugar de nacimiento y su sexo, así como otros factores demográficos, y si se asume que las condiciones de vida de un país no van a cambiar sustancialmente.

El indicador es sensible al acceso a la salud, la violencia o la pobreza. “La velocidad del coche, igual que las condiciones de vida, cambian, y asumir lo contrario es poco realista” —matiza el académico—, “pero la ventaja es que es un indicador estimado para prácticamente todos los países del mundo desde la segunda Guerra Mundial o, incluso, en algunos desde hace 200 años”.

El investigador usó ese parámetro para estudiar el efecto que tuvo la pandemia en la supervivencia humana, en comparación con otros eventos —VIH, guerras y genocidios provocaron caídas en los lugares que los sufrieron—: en siete décadas no había pasado nada que rasurara a tal grado el tiempo que la humanidad esperaba vivir.

Para calcular eso se utilizan tablas de mortalidad que suelen considerar la edad promedio de quienes mueren, y cuántos nuevos nacimientos se registran cada año. Se asume que si la población crece a un ritmo estable y si el número de muertes también se mantiene, no habrá cambios considerables en cuanto se espera que una persona viva en promedio.

Durante la pandemia hubo un subregistro mundial de las muertes por covid. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó que en 2020 y 2021 causó, de forma directa o indirecta, más de 15 millones de muertes, y solo se reportaron 6.2 millones, y “en México, el exceso de mortalidad es más o menos el doble que las muertes que oficialmente se reportaron por covid”, indica el académico.

Menudencias
Carlos Constandse Madrazo, vicepresidente de Grupo Xcaret, afirmó que la filial Xcaret Xailing espera dos nuevas embarcaciones que prestarán servicio en la ruta Cancún-Cozumel: “Esperamos dos ferris que tardarían entre dos o tres meses”. En promedio, la ruta a la isla reporta 300 mil pasajeros al mes; actualmente, esa empresa opera dos embarcaciones hacia Isla Mujeres, que tienen capacidad de 650 pasajeros cada una.

Ubicado frente al hotel Moon Palace, en terrenos de la familia Chapur, se erige Malltertainment Riviera Maya, proyecto de más de 100 millones de pesos que será un megaparque temático en 250 mil metros cuadrados que tendrá centro comercial, parque de diversiones, la pista más grande del mundo de go karts, globo aerostático y pista de hielo, entre otras amenidades, de acuerdo con el patriarca del grupo Palace Resorts, José Antonio Chapur Zahoul.

La tasa de desempleo alcanzó su nivel más bajo desde que inició la pandemia, sin embargo, fue a costa de la precarización del nivel salarial, de acuerdo con Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, Nueva Edición, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que revela que durante los últimos dos años han desaparecido más de dos millones 633 mil puestos de trabajo cuyas compensaciones superaban los tres salarios mínimos diarios.

Uno de cada tres mexicanos justifica el uso de la violencia como una manera de resolver conflictos, lo que hace a México el país más violento de una medición que abarca 10 de América Latina, señala el informe “Tendencias de honestidad en Latinoamérica 2022” elaborado por la Amitai, firma especializada en ética organizacional, que destaca que respecto a la medición de 2018 los mexicanos se han vuelto más agresivos, perdiendo la capacidad de diálogo.

La industria del Caribe fijó el rumbo para proteger el medio ambiente marino durante un encuentro del Centro Regional de Emergencia, Información y Capacitación por Contaminación Marina-Caribe. La décima reunión del comité directivo (cada dos años) se llevó a cabo en Curazao, Países Bajos, donde la Organización Marítima Internacional (OMI) manifestó su apoyo para prevenir la introducción de especies acuáticas invasoras y compartir mejores prácticas.

Compartir:
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EN LA OPINIÓN DE:

Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad

Publicado

el

Conciencia Saludablemente

La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.

Por: Pisc. Alex Barrera

Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.

Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.

Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.

La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.

La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.

Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.

Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.

A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.

La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.

Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.

A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.

Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.

No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.

En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.

El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.

Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.

También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.

La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.

Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.

**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

Compartir:
Continuar leyendo

EN LA OPINIÓN DE:

Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian

Publicado

el

Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.

Conciencia Saludablemente

Por: Psicol Alex Barrera**

En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.

Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.

Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.

Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.

Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.

Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.

Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.

Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.

La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.

Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.

En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.

También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.

Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.

En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.

****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.

Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.

Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App

Compartir:
Continuar leyendo

Facebook

RECIENTE

LAS + DESTACADAS

CONTACTO: contacto.5topoder@gmail.com
Tu opinión nos interesa. Envíanos tus comentarios o sugerencias a: multimediaquintopoder@gmail.com
© 2020 Todos los registros reservados. 5to Poder Periodismo ConSentido Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier uso de los contenidos sin permiso previo.