Opinión
El presidente mendaz
Opinión/ CICUTA DEL CARIBE
· Controversia por una campaña hacia turistas que muestra una cárcel
· Recibirían trabajadores mexicanos 12 días de vacaciones
· Países nórdicos son los más felices del mundo por quinto año en fila
· Mexicanos necesitan $842.78 para comprar la canasta básica
Por: Carlos Águila Arreola
La misma autollamada “Cuarta Transformación” exhibe como mentiroso a Andrés Manuel López Obrador, al menos en lo que concierne al “tren mal llamado maya”, como en su momento lo calificó el activista yucateco Pedro Regalado Uc Be, también integrante de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch´ Xíinbal.
Profesor en la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes (CEBA), donde también fue alumno, explica en entrevista que el colectivo de comunidades decidió luchar contra el ferrocarril porque no “vamos a consentir nuestra propia muerte porque el gobierno federal tiene una narrativa atractiva para los que estamos aquí abajo, pero los hecho van en contrasentido”.
“Está haciendo uso político de las causas indígenas, tratando de legitimarse diciendo que atiende una deuda histórica, pero no es así. Tan no es así que hoy los pueblos de la península de Yucatán (…) tenemos que luchar no solo contra las empresas que nos están despojando, sino contra el propio gobierno”, acusó el escritor mexicano en lengua maya.
“Ahora es el gobierno encabezando el «tren mal llamado maya», uno de los proyectos más destructores, amenazantes y orientado a nuestro exterminio como pueblo indígena. Se quiere convertir a la península en corredor industrial en el que la población ya no sería culturalmente indígena, sino un mero grupo de trabajadores, obreros precarizados en fábricas de las grandes empresas.”
El poeta, narrador y traductor, que también ha escrito con el seudónimo “Lázaro Kan Ek” se va duro contra “ya saben quién”: “El presidente miente, manipula, es un hipócrita, y creo que es maquiavélico con su costumbre de decir que él tiene otros datos porque nunca dice cuáles son, pero siempre sale con que los que tiene son los buenos, ya no sabemos cuándo dice o no la verdad”.
“De hecho, en el Estudio de Impacto Ambiental del Tren Maya —no confundir con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA)— dice literalmente que el etnocidio puede tener un giro positivo (en capítulo IV.4.11. / página 1329 del documento, nota de redacción). Eso significa que tienen pensado acabarnos, destruir nuestra cultura… de eso nos estamos defendiendo”, sentencia Uc Be.
Mendaz
López Obrador miente y manipula: el jueves 31 de marzo, hace menos de una semana, en Palacio Nacional, afirmó que “el Tren Maya cuenta con todos los permisos”, pero sigue sin publicarse la Manifestación de Impacto Ambiental del Tramo Cinco, necesaria para la obra.
“Sí se tienen todos los permisos de impacto ambiental, todo, todo. Y no solo son los permisos, es una convicción. No vamos a destruir la selva, no somos iguales”, aseguró el mismo día pero, otra vez, mintió: ni el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) ni la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) han presentado la solicitud para la MIA.
Tras una solicitud a la Unidad de Transparencia —órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación (Segob)—, la Semarnat reconoció que no hay ni ha sido ingresada una MIA para la nueva ruta del Tramo Cinco del Tren Maya, que recorrerá de Cancún a Tulum.
En la solicitud se pidió copia de la MIA en relación al quinto tramo, así como de los resolutivos, trámites y comunicaciones entre Semarnat y el Fonatur para la construcción del tramo. En respuesta, la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) notificó que de la revisión “no se desprende que haya ingresado alguna Manifestación de Impacto Ambiental”.
Lo único que se tiene es una solicitud de autorización provisional ingresada por Fonatur el 7 de diciembre de 2021; es decir, antes del primer cambio de trazado, ya que originalmente correría por la carretera federal 307 y ahora será prácticamente en la selva, sobre cavernas y cenotes.
“En la omisión de obtener las autorizaciones necesarias, tales como la autorización de tala y remoción de diversas especies forestales (cambio de uso de suelo), así como el deterioro y afectación de los recursos y especies endémicas y en peligro de extinción”, se añade en la respuesta.
Se cita que esas conductas se enmarcan dentro de los tipos contenidos en el Código Penal Federal, como en el artículo 418, que establece que se impondrá pena de seis meses a nueve años de prisión y multa por el equivalente de 100 a tres mil veces el equivalente a la Unidad de Medida y Actualización (UMA), al que ilegalmente corte, arranque, y tale uno o más árboles.
El valor de la UMA es de 96.22 pesos, por lo que la multa iría de los nueve mil 622 pesos a los 288 mil 660 pesos.
También se cita el artículo 420 Quáter, que establece que se impondrá pena de uno a cuatro años de prisión y de 300 a tres mil veces el equivalente a la UMA a quien no realice o cumpla con las medidas técnicas, correctivas o de seguridad necesarias para evitar daños o riesgos ambientales, que ordene o imponga la autoridad administrativa o judicial.
En este caso, la pena administrativa iría de los 28 mil 866 a los 288 mil 660 pesos.
Por su parte, la organización ambientalista Greenpeace se opuso e incluso clausuró en forma simbólica la construcción —devastación de acahuales, según “los (fallidos) datos” de López Obrador— del ferrocarril por el daño ambiental que está ocasionando, por lo que exige a López Obrador cancelar porque “no hay una MIA basada en estudios científicos y se está destruyendo la selva”.
López Obrador está obsesionado y violenta cualquier precepto legal que se oponga a su máximo capricho; seguramente se tendrá que resolver en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) porque con un permiso provisional, que permite iniciar trabajos sin autorización ambiental y el cambio de uso de suelo en terrenos forestales, se pretende justificar la devastación.
Menudencias
Controversia por campaña de la Secretaría de Turismo de Quintana Roo dirigido al turismo internacional, en especial al de Estados Unidos: el primero muestra una cárcel, mensaje de los peligros al comprar y consumir drogas. En un poster se observa a una mujer detrás de unos barrotes con un texto en inglés: “No conviertas tus vacaciones en una estancia permanente”. Otro que dice “La diversión más cool (popular) puede ponerte en un cooler (refrigerador)”, con la imagen de unos pies en una nevera forense.
Ampliarán patrones vacaciones, de acuerdo con la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), que se posicionó a favor de ampliar el periodo vacacional de los mexicanos, según su presidente José Medina-Mora Icaza, quien dice que el cambio será gradual: el primer año deberían aumentar a nueve días, después a 12 y posteriormente dos por año; los primeros dos serían tres por año. Actualmente, se otorgan seis días el primer año laboral.
Por quinto año consecutivo, Finlandia es el país más feliz del mundo, según la clasificación del Informe Mundial de la Felicidad. Las naciones nórdicas tienen muy buenas puntuaciones en esperanza de vida, PIB per cápita, apoyo social, baja corrupción y alta confianza social, en donde la gente se cuida mutuamente. Dinamarca es segundo, seguida de Islandia; Suecia y Noruega son séptimo y octavo. Suiza, Países Bajos y Luxemburgo del cuarto al sexto, con Israel como nueve y Nueva Zelanda completando el top ten.
Necesita mil pesos en promedio el mexicano para comprar la canasta básica —los 21 productos que más consumen las familias mexicanas: aceite, arroz, frijol, huevo, jitomate, azúcar, pan, tortilla, limón, carne (res, puerco o pollo—, según la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), que analiza precios máximos y mínimos con base en la alimentaria del Coneval. También se considera que sea suficiente para una familia mexicana de cuatro integrantes y que los productos brinden una alimentación adecuada:
EN LA OPINIÓN DE:
Esclavas antes que mujeres: la realidad del rol femenino en la modernidad
Conciencia Saludablemente
La modernidad prometió igualdad, pero la carga mental y las responsabilidades siguen pesando de forma desigual.
Por: Pisc. Alex Barrera
Existe un tipo de cansancio que rara vez se reconoce. No aparece necesariamente en el cuerpo ni deja marcas visibles, pero se instala en la mente como una sensación constante de responsabilidad. Es el agotamiento de pensar, recordar, anticipar y resolver. Un desgaste silencioso que muchas mujeres experimentan a diario y que revela una paradoja incómoda de la modernidad: aunque el discurso social habla de igualdad, en la práctica muchas mujeres siguen viviendo bajo una lógica de obligación permanente. Antes que mujeres, terminan siendo gestoras invisibles de la vida cotidiana de quien las rodea.
Cuando se habla de carga mental, no se trata simplemente de “tener muchas cosas que hacer”. Es algo más profundo. Implica ser quien anticipa los pendientes, quien recuerda las fechas importantes, quien piensa en lo que falta en casa antes de que alguien más lo note. Es coordinar citas médicas, planear comidas, organizar horarios escolares, prever gastos y, además, sostener emocionalmente a quienes comparten el hogar.
Este trabajo casi nunca aparece en las listas formales de responsabilidades, pero mantiene funcionando la vida diaria. En muchas familias, la mujer no sólo realiza tareas domésticas, también administra mentalmente el sistema completo del hogar. Y ese esfuerzo, aunque constante, rara vez es reconocido como trabajo.
La raíz de esta dinámica no es nueva. Durante miles de años, las sociedades humanas organizaron sus roles de forma relativamente clara: los hombres se encargaban de explorar, cazar o buscar recursos, mientras las mujeres gestionaban el cuidado de la tribu, y es que la naturaleza misma cargo en la mujer la importante labor de “preservar la especie” una especie de programación que se generó con el inicio de la vida porque hasta la naturaleza es “ella”.
La sociedad lo normaliza pues según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo del INEGI (2023) muestra que las mujeres dedican considerablemente más horas al trabajo no remunerado que los hombres. Sin embargo, el problema no se limita al tiempo invertido. Existe un trabajo mental difícil de medir: el esfuerzo constante de pensar en función del bienestar de todos.
Desde la psicología sabemos que la mente tiene recursos limitados. Cuando una persona mantiene múltiples pendientes activos de forma simultánea, el cerebro permanece en un estado de alerta constante. Esto incrementa el estrés y reduce la capacidad de descanso mental. No se trata de una cuestión de debilidad personal, sino de un funcionamiento natural del sistema cognitivo bajo presión continua.
Por eso muchas mujeres describen una sensación curiosa: sentirse agotadas incluso cuando no han realizado un gran esfuerzo físico. La fatiga proviene del procesamiento mental constante. La mente sigue organizando, planificando y anticipando incluso en momentos que deberían ser de descanso.
A esta carga se suma un elemento cultural que ha reforzado el problema durante generaciones. A las mujeres se les ha asignado socialmente el papel de cuidadoras principales. No siempre se dice de forma directa, pero aparece en frases cotidianas: “ella es más organizada”, “ella sabe cómo se hacen las cosas en casa”, “ella es mejor para cuidar”. Estas ideas, aparentemente inofensivas, terminan consolidando una distribución desigual de la responsabilidad. Estas creencias muchas veces han echado raíz en el sistema social marcando estereotipos por ejemplo en el ámbito laboral en donde se cree que la mujer tendrá un mejor desempeño en ciertos puestos de trabajo asociados al cuidado o la organización (como educación, enfermería, asistencia administrativa, trabajo doméstico o las relacionadas a la belleza) que se han feminizado históricamente, reforzando la expectativa colectiva de que las mujeres deben encargarse del bienestar de los demás.
La carga mental también incluye un componente emocional importante. En muchos hogares, las mujeres terminan regulando el clima afectivo: mediando conflictos, anticipando tensiones o suavizando discusiones. Este esfuerzo por mantener el equilibrio emocional del entorno también genera desgaste psicológico.
Quiero explicarte algo importante: este cansancio invisible es real. El cerebro necesita pausas para recuperarse. Cuando la mente permanece en vigilancia constante, el organismo responde activando los sistemas de estrés. La neurociencia ha demostrado que el estrés prolongado mantiene elevados los niveles de cortisol, lo que puede afectar el estado de ánimo, el sueño y la salud física.
A este fenómeno se suma otro factor silencioso: la culpa. Muchas mujeres han aprendido a creer que “deberían poder con todo”. Cuando aparece el cansancio o surge la necesidad de pedir ayuda, emerge una autocrítica inmediata. Para compensar esa sensación de insuficiencia, asumen todavía más responsabilidades, reforzando así el ciclo de sobrecarga.
Por eso es fundamental hacer una distinción clara entre capacidad y obligación. Que alguien tenga facilidad para organizar no significa que deba hacerlo siempre. Una distribución justa de responsabilidades no consiste únicamente en dividir tareas visibles, sino en compartir también la responsabilidad de planearlas.
No es lo mismo “ayudar” que corresponsabilizarse, en este tema somos las mismas mujeres las que haciendo uso de nuestra capacidad de auto cuidarnos debemos delegar actividades y aceptar que no todo se va a realizar en precisión a nuestras expectativas pues es aquí en donde posiblemente nos convertimos en ejecutoras de nuestra propia esclavitud psicológica.
En terapia psicológica, este tema aparece con frecuencia. Muchas mujeres llegan describiendo una sensación difusa de agotamiento con el argumento: “siento que si yo no lo hago, nadie lo hará”. El espacio terapéutico permite identificar la carga mental, cuestionar creencias aprendidas y desarrollar herramientas para establecer límites más saludables.
El trabajo terapéutico no se limita a manejar el estrés. También implica revisar los mandatos culturales que se han interiorizado durante años. Preguntas como: ¿de dónde aprendí que debo anticiparlo todo? o ¿qué pasaría si comparto esta responsabilidad? abren la puerta a reorganizar dinámicas familiares y de pareja.
Además, la terapia permite desarrollar estrategias prácticas: establecer acuerdos claros, delegar tareas completas —no solo partes— y aceptar que las cosas no siempre se harán exactamente como uno las haría. Soltar el control absoluto puede resultar incómodo, pero es un paso necesario para recuperar el equilibrio mental.
También es importante crear espacios personales libres de función. Momentos donde una mujer no esté cumpliendo ningún rol específico —ni profesional, ni materno, ni de pareja— sino simplemente existiendo. El descanso real no consiste solo en detener el cuerpo, sino en permitir que la mente deje de estar en vigilancia permanente.
La carga mental femenina no es únicamente un problema individual; es un fenómeno social con raíces culturales profundas. Sin embargo, reconocerlo es el primer paso para transformarlo.
Porque el agotamiento que no se ve también cuenta. Y cuidar la salud mental implica reconocer que pensar por todos, todo el tiempo, tiene un costo. Redistribuir la carga no es un acto de egoísmo; es una condición necesaria para relaciones más justas y vidas más equilibradas. La fortaleza femenina no reside en sostener más, sino en reconocernos como parte de sistemas en los que damos, pero también recibimos, esto es una condición necesaria para construir relaciones más justas, hogares más equilibrados y una vida donde las mujeres puedan ser algo más que preservadoras naturales de la especie.
**Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Si deseas contactar al especialista o necesitas ayuda terapéutica puedes comunicarte vía Whats App
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
EN LA OPINIÓN DE:
Más allá de la piel humana: una mirada psicológica al fenómeno therian
Conexión animal, la evolución de una identidad invisible más allá del cuerpo y lo humano.
Conciencia Saludablemente
Por: Psicol Alex Barrera**
En los últimos días ha crecido la visibilidad de personas que se identifican como therians, es decir, individuos que sienten una conexión profunda con un animal y que integran esa vivencia como parte importante de quiénes son. Este tema ha generado reacciones muy opuestas: desde la burla inmediata hasta la aceptación sin cuestionamientos. Como especialilsta en desarrollo y conducta humana, considero que ninguno de estos extremos ayuda a entender lo que realmente está pasando.
Empecemos por aclarar el termino, therianthropy proviene del griego y fue usado en el ámbito académico desde 1901 para describir transformaciones mitológicas humano-animal, Este uso del término aparece documentado desde principios del siglo XX en publicaciones como The Religious Systems of China de J.J.M. De Groot (1901). Su uso moderno como identidad surgió en comunidades en línea entre 1992 y 1994, fue en diciembre de 1994 cuando se propuso usar therianthropy como término general para describir esa identidad moderna. Popularizandose con mas fuerza en los ultimos años su versión corta “therian” para describir una identificación interna con animales.
Ahora es importante aclarar algo; en la mayoría de los casos, las personas que se identifican como therians no creen que su cuerpo sea literalmente el de un animal. Lo que describen es una experiencia interna: sienten que ciertos rasgos de un animal representan algo esencial de su personalidad o de su mundo emocional. Desde la psicología del desarrollo sabemos que, especialmente en la adolescencia, la identidad está en construcción. Es una etapa donde las personas prueban formas de definirse, buscan pertenecer y utilizan símbolos para explicarse a sí mismas.
Identificarse con un lobo, un gato o un perro puede ser una manera de expresar características propias —como independencia, sensibilidad o fortaleza— o incluso una forma de afrontar momentos difíciles. A veces, cuando alguien ha vivido rechazo, presión social o experiencias dolorosas, puede encontrar en una figura simbólica una sensación de protección o pertenencia. No toda forma de identificación simbólica es un problema de salud mental.
Dicho lo anterior, algunos seguidores de esta corriente han declarado, sentir una cola u otra parte animal como parte de su experiencia como “Therian”, refiriendose a ello como el síndrome del miembro fantasma, término clínico que se refiere a la experiencia en la que una persona que ha perdido una extremidad (por amputación o ausencia congénita) siente que esa parte del cuerpo todavía está presente. Puede percibir sensaciones como hormigueo, presión, movimiento e incluso dolor intenso en el miembro que ya no existe físicamente.Sin embargo, este fenómeno es una reacción neurológica que solo puede darse cuando el miembro pertenece a la figura humana y no a estructuras no humanas, pues en ese caso se estaría hablando de algún otro fenómeno disociativo.
Este tipo de declaraciones difundidas por medios de comunicacion y redes sociales ha hecho que muchas personas confundan o tergiversen el termino ¨Therian” llevando el simbolismo a la práctica de manera activa, es decir tomando actitudes del animal en cuestion domo es caminar en cuatro patas.
Es aquí donde se hace necesario hablar de los límites. Vivimos en sociedad y la convivencia funciona gracias a acuerdos compartidos sobre reglas y hechos concretos. Cuando una vivencia personal intenta trasladarse de manera literal al espacio público (por ejemplo, esperar ser tratado como un animal en contextos formales) surge una tensión comprensible. La vida social no puede organizarse únicamente en función de cómo cada persona se siente internamente.
Un aspecto clave de la madurez emocional es poder distinguir entre lo simbólico y lo literal. Puedo sentirme identificado con la fuerza de un león sin creer que biológicamente lo soy. Desde la psicología, lo que nos preocupa no es la originalidad de una identidad, sino si esta genera sufrimiento importante, aislamiento, conflictos constantes o dificultades para funcionar en la escuela, el trabajo o la vida diaria.
La pregunta no debería ser si alguien “está bien” o “está mal” por identificarse como therian. La pregunta relevante es: ¿esta identidad le ayuda a vivir mejor o le está causando problemas? ¿Puede diferenciar claramente entre su experiencia interna y la realidad compartida con los demás? Si la persona mantiene esa claridad y su vida cotidiana no se ve afectada de manera significativa, no necesariamente estamos ante un trastorno mental.
Al mismo tiempo, respetar a alguien no significa que toda vivencia deba convertirse en una obligación para los demás. La empatía implica escuchar y comprender, pero también mantener límites saludables que permitan la convivencia. Validar no es confirmar literalmente cada percepción; es reconocer que la experiencia tiene un significado para quien la vive.
En un espacio terapéutico, el trabajo no consistiría en ridiculizar ni en reforzar sin cuestionar la identidad, sino en explorar qué representa. ¿Qué está expresando esa conexión con un animal? ¿Qué necesidad emocional está intentando cubrir? ¿Hay algo que la persona esté tratando de proteger? Acompañar significa ayudar a ampliar la comprensión de uno mismo, fortalecer la autoestima y desarrollar herramientas para relacionarse mejor con el entorno.
También es importante considerar que las redes sociales pueden influir en la forma en que estas identidades se consolidan. Encontrar comunidades con intereses similares puede brindar apoyo y pertenencia, pero también puede reforzar ideas de manera rígida si no existe reflexión crítica. Por eso, el acompañamiento profesional puede ofrecer un espacio seguro para pensar, cuestionar y ordenar la experiencia.
Tratar de modificar violentamente un comportamiento sin ofrecer el acompañamiento adecuado, bajo la idea de que no tiene lógica, es esconder el síntoma sin preocuparse por el verdadero problema, que no va a desaparecer, sino que verá la luz de otra manera, y esa otra forma puede ser mucho más severa.
En conclusión, el fenómeno therian no debe abordarse ni con burla ni con aceptación automática. Desde una mirada psicológica responsable, el camino está en el equilibrio: respetar la vivencia personal, evaluar si existe malestar o dificultad en la vida diaria y mantener clara la diferencia entre identidad simbólica y realidad compartida. La tarea no es etiquetar ni juzgar, sino promover bienestar, claridad y una forma de identidad que permita vivir en armonía tanto con uno mismo como con los demás.
****Además de 10 años de experiencia como comunicólogo, ejerciendo el periodismo. Alex Barrera es también psicólogo por la UNAM con profundización en desarrollo humano.
Actualmente brinda terapia clínica con enfoque biopsicosocial.
Te interesan los temas de desarrollo humano y bienestar intégrate a https://bit.ly/Kumaneko-SaludyBienestar es Gratis.
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